domingo, 31 de mayo de 2015

PASAJES DE "CECILE.AMORÍOS Y MELANCOLÍAS...." (15)

CAPÍTULO II
La Amistad
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Con todo, prefería que a nuestra casa viniera Goyita, que siempre me saludaba con una sonrisa y el consabido: “Alvarito, guapo, ¿está tu hermana?”, y no la enigmática Cristina. Ésta tenía una peculiar forma de apretar el timbre, que me impulsaba como un resorte a observarla por la mirilla y a ordenar a tata Lola que abriera la puerta. Era mi forma de no olvidarla y, a la vez, no ahondar en la supurante herida. ¡Pero todo era en vano! Desde mi cuarto distinguía entre las risas de las muchachas la voz melódicamente aguda de Cristina, con sus inflexiones y carraspeos. Adivinaba la sonrisa angelical con la que adornaba su cara cada vez que pronunciaba una palabra. Sobre el libro abierto veía materializarse los cabellos dorados que, sugerentes, ocultaban en cada movimiento de cabeza, los hoyuelos de sus mejillas cerca de la comisura de la boca. ¡Aquella boca que habría besado, sin duda, su novio, el plastón de Felipe!
Estos pensamientos me hundían en la más profunda de las miserias. Decididamente el mundo no era justo conmigo. Tenía que haber nacido dos años antes para poder competir de igual a igual con ese petulante grandullón que, además de robarme el amor de mi vida, se jactaba de ser el botín más codiciado entre las féminas de las Carmelitas.
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jueves, 28 de mayo de 2015

ZAMORA

Se aproxima la fecha. El día uno de Junio, daré una pequeña charla en la Biblioteca Pública de Zamora. Los recuerdo de mi niñez en aquella ciudad, acuden con la inocencia y la frescura de esa etapa de mi vida y me surge, espontáneamente, la necesidad de escribir unos versos agradecidos a la ciudad que me acogió como si hubiera nacido en ella.


Siento en mi pecho la ilusión cercana
de verte reflejada, reluciente,
en espejos del Duero, bajo el puente
al despuntar el sol cada mañana.

Muéstrame como antaño, tan galana,
la beldad ensoñada del ausente
y dame de beber de aquella fuente
con que sacias la sed del alma humana.

La sombra de tus muros fue cobijo
en donde hallé mirándolos, fortuna,
al sentirme querido como hijo.

En mí, la dulce sensación perdura
del recuerdo, que me hace ser prolijo,
en un canto de amor, hecho escritura.

Fotografía: Santos Pintor Galán

jueves, 21 de mayo de 2015

PASAJES DE  "LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (16)
CAPÍTULO IV
Conociendo el pueblo
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Aunque en un primer momento, Petra me había impresionado con su tétrico aspecto, esta mujer ocultaba bajo su rudo aspecto, un corazón noble y una actitud de servicio como la que sólo pueden tener aquellas personas que desde su nacimiento vienen a este mundo a estar a las órdenes de otros. En este caso, Petra estaba orgullosa de servir a mi abuelo, «su señorito», y tenía a gala tanto los muchos años de servicio como que su propia madre hubiera quitado los pañales al ahora su jefe, objeto de sus actuales desvelos.
Nada más verme, corrió a ofrecerme un gran vaso de leche y unas magdalenas, diciéndome cariñosamente:
―Come rapaz, que entavía tienes mucho que crecer.
 La leche invitaba a la degustación; tenía tanta nata que retirándola con una cucharilla la coloqué encima de una de las magdalenas, jugando a imaginarme a Cristina vestida de novia. «¡Qué guapa estás!» ―pensé inconscientemente―. «¡Estás para comerte!» ―pensé con todo mi ser―, y allí mismo me convertí en un incruento caníbal al engullirme tres «Cristinas» con el hambre propio de mi edad.
La leche no se parecía en nada a la que puntualmente, cada mañana, Julián el lechero, con su jumento y su tartana, nos llevaba a nuestra casa de la calle del Regalado.
Más de una vez, cuando tata Lola observaba al hervirla que sólo una débil telilla ascendía en el cuece leches, le faltaba tiempo para recriminarle al día siguiente:
 ―Julián, otra vez te han visto «bautizando» las garrafas en el Caño Argales.
 A lo que Julián respondía con una pícara sonrisa:
―Allí enjuago las garrafas después del reparto; sólo las enjuago.
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domingo, 17 de mayo de 2015


MARÍA BARBANCHO PRESENTA SUS NOVELAS

El pasado viernes, día 15,tuvo lugar en la MICROBODEGA Urbana de Valladolid, un encuentro literario auspiciado por la librería "El sueño de Pepa", en la que escritora barcelonesa afincada en Madrid, María Barbancho, dio a conocer al público vallisoletano, dos de sus novelas: "La hoguera del odio" y " Galo Zuri".

Tras una brillante presentación que corrió a cargo del escritor vallisoletano, Dioni Arroyo, María, expuso con gran conocimiento y soltura, el escenario en que sitúa la acción de sus novelas, que no es otro que la etapa convulsa por la que atravesó Europa con ocasión de los horrores nazis; etapa felizmente concluida, hace setenta años. La lucha entre el bien y el mal, entre dominadores y dominados, se percibe y se desarrolla, a decir de la autora, en su relato. Esta lucha que ha sido una constante a lo largo de todas las civilizaciones, tiene su continuidad en la sociedad actual bajo formas no tan execrables, pero igualmente dramáticas. Este comentario dio oportunidad para establecer un animado coloquio entre los asistentes, que contribuyó a crear un ambiente distendidamente literario y amigable.

Después vendrían las inevitables fotos de rigor y la firma de ejemplares a las que María, se prestó solícita, con la que concluyó este acto de presentación, tan intensamente enriquecedor.

Doy desde blog. mi enhorabuena a María Barbancho por su fecunda intervención y desde hoy mismo comienzo la lectura de "La hoguera del odio", de la que pienso dar mi opinión, una vez concluida su lectura.

jueves, 14 de mayo de 2015

CALOR EN PRIMAVERA


Hace un día caluroso,
de puro fuego es un horno
calentándose el entorno
de políticas peleas.
Mejor será, no las leas:
evitarás más bochorno.

Campea el azul y grana
sobre el estandarte blanco.
Siento la herida en el flanco
del que no tuvo fortuna.
Al menos blanca es la Luna
contemplada desde el banco.

Nos pasamos la semana
buscando "un algo"  distinto,
 y a veces, no sé qué pinto
contando de otros, historias,
si  para mí son victorias
olores como el jacinto.

Cuando dices: primavera,
 el calor siempre se pasa.
¡Llena de flores tu casa
que ocupen cada rincón!
y en el centro del salón
pon una Luna de gasa.

Notarás pronto el alivio
con la estancia perfumada.
Que no te falte una almohada
donde poder reclinar
la mente para pensar
que está a tu lado, la amada.







domingo, 10 de mayo de 2015


SUEÑOS Y...SUEÑOS

Ensimismado en la conclusión de un poema dedicado, como siempre, a la mujer que le tenía obnubilada la razón, no se percató de que faltaban tan sólo diez minutos para llegar al despacho. Rápidamente, se enfundó los pantalones , deslizó el peine sobre el cabello y agarrando la americana, bajó precipitadamente las escaleras. Por el camino, extrajo de uno de los bolsillos la corbata y se la anudó al cuello mientras mentalmente repasaba las estrofas de su reciente composición. Reconoció, que tampoco hoy, había sabido plasmar sus sentimientos con la profundidad de los grandes poetas y presintió que aquella tarde no ilusionaría a su amada con la lectura de unos versos treméndamente lánguidos e inexpresivos. Habían pasado tan sólo unos meses desde que se conocieran. El bufete donde él trabajaba, distaba muy poco de un comercio dedicado a la venta de colchones y somieres, en donde ella prestaba sus servicios. Así, la proximidad hizo, que ambos coincidieran en una cafetería cercana. Desde el primer momento sintió por la muchacha una atracción irresistible y cuando tuvo ocasión de entablar conversación con ella, le manifestó su inclinación por la poesía, recitándole cada tarde, como prueba de su afición y del creciente deseo de conquistarla, la lectura de unos versos. En su encuentro diario, ésa era la excusa perfecta para iniciar la conversación. Sin embargo, a medida que agotaba el caudal de su exigua producción poética, tenía cada vez más dificultades para cumplir con el ritual de bienvenida. Aquella tarde, para salir del paso, no tuvo más remedio que copiar unos versos de Neruda. Al leérselos, notó un brillo especial en los ojos de su amada.
—Son exquisitos—dijo, ella—.Sigue componiendo para mí. ¡Quiero seguir soñando con tus versos!
Viendo nuestro joven abogado, que le sería imposible continuar con la farsa, no tuvo más remedio que confesar sus carencias poéticas.  
—En realidad, los versos no son míos. Pertenecen a Neruda. He agotado el caudal de mi parca inspiración. Sólo quiero hacerte feliz y he buscado unos versos que estuvieran a la altura de mis sentimientos.
La muchacha sonrió, agradeciendo la sinceridad del pretendiente, y mirándole a los ojos, le comentó;
—Agradezco tu franqueza. ¡Ojalá yo pudiera sincerarme como tú, con mis clientes! Mira: cuando tengo que vender un colchón, pondero de tal manera su elasticidad y textura, haciendo tanto hincapié en sus bondades, que  los futuros compradores acaban creyendo que, con tan sólo descansar en él, sus sueños  superarán a los de los demás mortales. ¿Ves? Yo también falseo la verdad, para conseguir mis objetivos.
Luego, mirándole con dulzura añadió:
— Regálame cada día un poema, aunque no sea tuyo. ¡quiero seguir soñando! ¡quiero que juntos soñemos!— Y, bajando el tono de voz, casi en un susurro, concluyó diciendo con una pícara sonrisa:— Cuando llegue el momento, yo te garantizo los otros sueños.

Fotografía: Santos Pintor Galán







jueves, 7 de mayo de 2015

PASAJES DE " CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS....."  (14)
CAPÍTULO II
La Amistad

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Luego, intentando que la conversación tomara otros derroteros más apropiados para los oídos de su hija, dijo a ésta:
―Margarita, arréglate que vamos a ver si en “El Palacio de Cristal”, queda algún retalito de piqué que nos haga juego con la falda rosa.
―Sí, mamá. ¿Llamamos a doña Engracia y a Goyita?
―Mejor vamos solas, no se nos vaya a hacer demasiado tarde.
Esta contestación era una prueba de la bondad de mi madre. Sabía por experiencia que doña Engracia sufría cuando no encontraba “retalitos” para su hija y se veía obligada a comprar, del paño apetecido, la pieza entera si no quería que su hija fuera enseñando las carnes; por eso, muchas veces, tras salir de las tiendas sin comprar mercancía alguna, decía auto-convenciéndose:
―A ver si una mañana, con tiempo, empiezo a comprarle ropita a mi niña, pero créeme, que con la pereza que me da el salir de casa, lo voy dejando de un día para otro y me temo que luego voy a tener que hacerlo todo deprisa y corriendo, pues, conociendo la belleza de Goyita, cuando menos lo piense, se me presenta en casa del brazo de un cadete.
Al oír tan optimista comentario, me preguntaba si también entre los cadetes existirían cadetes espirituales y cadetes carnales, y si entre los “carnales” habría alguno al que no le importaría no salir retratado de cuerpo entero el día de su boda.

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domingo, 3 de mayo de 2015


J.M. Barbot

He tenido la fortuna de asistir el pasado 17 de abril, en una conocida librería vallisoletana, a la presentación del Poemario: "Ulises desconcertado" del que es autor J.M. Barbot, seudónimo bajo el que oculta su auténtico nombre, un joven burgalés, al que conozco desde su nacimiento. Espero que la amistad que me une tanto a él como a su familia, no distorsione mi opinión sobre su obra.
Vaya por delante, que la puesta en escena resultó tan sencilla como efectiva. Nuestro autor estuvo muy acertado en la declamación de sus versos,  interpretando con voz cálida, ardor y sentimiento, cada uno de ellos, lo que le confiere un plus añadido, pues el atento oyente percibe el recital creyéndose ser el destinatario único de su sentir interior. ¡Gran virtud!
Centrándonos en el contenido del Poemario, escrito en un periodo que abarca ocho años, se percibe la lógica evolución poética desde la fogosidad de la primera juventud a la templanza que lleva consigo el paso de los años. Este Ulises que busca y pregunta desesperadamente sin cesar desde la inestabilidad del navegante, se vuelve en poemas posteriores, un tanto reflexivo sin abandonar el barco, pero navegando ya, en aguas más tranquilas. Incluso el desconcierto de los primeros momentos, encuentra su sosiego en una Penélope, tan intensamente soñada, que parece ¡por fin! encontrada. Quizás influenciado por su profesión de arqueólogo, aprecio en su escritura, cierta minuciosidad en el empleo del léxico, un continuo afán en la reconstrucción del puzzle existencial y, a la postre, el desconcierto que lleva implícito comprobar que lo que antaño anheló, ha perdido vigencia. Él mismo se da cuenta de que: pasado un tiempo, nada es lo mismo. En realidad, nada es lo mismo para ninguno de nosotros. La pequeña transmutación diaria, nos lleva a apetecer, sucesivamente, otras Itacas, otras aguas diferentes del inmenso océano de la vida.
En la actualidad, componente del grupo poético Poekas, del madrileño barrio de Vallecas, es incesante su actividad poética. Por ello, espero con fruición, la aparición de su próxima publicación. Ulises sigue navegando...