jueves, 28 de abril de 2016

 PUNTADAS CON HILO

Mercedes, observó, cómo un nubarrón oscurecía la escasa luz de la tarde decadente y no tuvo más remedio que hacer un descanso en su tarea. La aguja con la que cosía, quedo prendida en la falda que estaba confeccionando y sosteniendo la cabeza entre sus manos, meditó sobre las palabras que minutos antes escuchara por boca de doña Remedios, su mejor clienta hasta ese día: "Tiene que hacerse autónoma. No puede seguir trabajando en la ilegalidad. Está cometiendo un fraude"— le había dicho en tono displicente.
No recordaba, exactamente, desde hacia cuantos años trabajaba para doña Remedios. Debían ser muchos, porque, por aquel entonces,  su marido era un modesto funcionario con aspiraciones políticas. Coqueta como pocas, doña Remedios pretendía no desmerecer en elegancia, de las esposas de otros funcionarios situados en escalafones superiores al de su cónyuge. Para ello, fotografiaba maniquíes expuestos en los escaparates de las mejores tiendas  de su ciudad y acudía presta a casa de Mercedes, para que por un módico precio, le hiciera una copia del vestido, lo más parecido posible al original, eso sí, introduciendo algunas variantes, para que el modelo a lucir, resultara exclusivo. Mercedes, no tenía más remedio que aceptar  el encargo, agobiada por su situación económica. Aunque cosía desde muy joven, parece ser que sus jefes "se olvidaron" de cotizar por ella, de manera que, cuando una enfermedad adelantó su jubilación, la pensión que le correspondía, era a todas luces insuficiente para cubrir sus necesidades básicas. Hacer pequeños encargos de confección fue su única salida.
Poco a poco, con el transcurso del tiempo, las aspiraciones del marido de doña Remedios se fueron cristalizando, hasta alcanzar la Subsecretaría de un Ministerio. Fue la época en la que Mercedes no daba abasto para atender la ingente cantidad de modelitos que su elegante clienta le demandaba. Pero un mal día, todo se vino al traste cuando el Subsecretario se percató de que el fraude en que estaba incurriendo su esposa podía ser descubierto, arruinando así, su Carrera política. " A partir de ahora, nada de pagar sin factura. Olvídate de acudir a tu modista, a menos ¡claro está! que se dé de alta en el Régimen de Autónomos" —inquirió a su esposa.
Como un loro de repetición, doña Remedios , transmitió el requerimiento a Mercedes, que, muy a su pesar, no pudo dar satisfacción a tan distinguida dama, pues de seguir su advertencia, hubiera visto esfumarse su escasa pensión.
Se había hecho de noche, cuando Mercedes reemprendió su tarea. Con inusitada rabia, dio una puntada con hilo y se dijo para sí: "Tenía que tirar de otros hilos para que la gente supiera en dónde se ha vestido "la subsecretaria", pero una, aunque pobre, tiene sus principios y a mí me enseñaron a no hacer daño a nadie".


1 comentario:

  1. Increíble cómo se mantiene una imagen, que por las circunstancias que sea, cuando se sobresale en el status social, se decide mantener limpia e impoluta. Nos olvidamos que por mucho que escondamos las porquerías debajo de la alfombra, si no intencionada o de forma accidental, cualquiera puede levantarla y ver lo que hay debajo. Un relato en el cual la conciencia va unida tanto a una imagen como a una necesidad. Gracias Carlos por saber reflejar de forma tan sencilla e imaginativa situaciones tan al día en ésta sociedad.

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