jueves, 26 de mayo de 2016



EN EL COLEGIO DE LOS P.P. DOMINICOS DE ARCAS REALES (Valladolid)

Nada mejor, en esta semana en la que celebramos la Traslación de N.P. Santo Domingo, que visitar un Colegio que bulle en Fiestas en honor de su Fundador. La fecha se había fijado con antelación para que en la cita compartiéramos alegría y formación cultural a partes iguales.
Tenéis que comprenderme. La charla que he impartí ayer en el Colegio en donde durante cuarenta años ejercí la docencia, ha tenido una significación especial para mí. El reencuentro con mis compañeros, con las caras de un alumnado adolescente: niños, hace cinco años y con la Sala de Usos Múltiples, convertida en un impresionante auditorio, ha hecho posible que repitiera algunos pasajes de mi novela que contienen recordatorios de los consejos que di, no pocas veces y que al final acabé plasmando en letra impresa. Me he sentido rejuvenecido y revitalizado, hasta el punto de creer que todavía seguía en activo. Una hermosa experiencia con la que he querido terminar mi peregrinaje por distintos Colegios e Institutos de nuestra España. Por este año, ya vale. Tengo ante mí el reto de nuevas rutas para el Curso venidero. Esta labor  comunicadora la seguiré haciendo mientras las fuerzas no me abandonen, porque la ilusión es muy difícil que desaparezca en quien es feliz compartiendo palabra y sentimiento.


Como en cada una de mis anteriores visitas, el alumnado ha estado atento y respetuoso en la charla; sorprendido, a veces, por lo que la lectura de un texto puede aportar. Al finalizar mi exposición, sus interesantes preguntas, me han dejado entrever esa tierna impresión que aún tienen sobre el mundo, consecuencia lógica de su corta experiencia vital.

Con la firma de ejemplares, en riguroso orden, y la promesa de todos los asistentes de visitar mi blog, para ver este reportaje, he abandonado las instalaciones del Colegio que considero un poco, o un mucho, mío.

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