jueves, 24 de noviembre de 2016

NO CULPES AL KARMA...

La tarde lluviosa y tristona, reclamaba una actividad lúdica en un espacio confortable y para ello nada mejor que ir al cine. En la oferta cinematográfica de los Multicines, se ofrecían toda suerte de películas, unas de terror, otras policiacas o thrillers que, a juzgar por sus pósteres podían entristecernos aún más, así que nos decidimos por: "No culpes al karma...", con la única intención de pasar el rato, y he de decir que acertamos, porque ese objetivo se alcanzó debido al ágil ritmo que la directora María Ripoll ha sabido imprimir al film y a la genial interpretación de Verónica Echegui, la protagonista. De lo demás poco que resaltar, pues el guión es enormemente simple y convencional aunque esté basado en la novela de Laura Norton. En la película, Verónica Echegui, interpreta el personaje de Sara, un pretendido prototipo de joven de nuestra juventud actual, que lucha ingenuamente por sacar adelante un proyecto empresarial tan disparatado como utópico, en el cual sufrirá numerosas vicisitudes y reveses que ella achaca repetidamente a su destino (el karma) cuando en realidad se debe a su bisoñez, a su alocada manera de ver la vida y a sus continuas inseguridades. Para colmo de desgracias, sus padres y hermana conforman una familia totalmente desestructurada, en la que no encontrará apoyo sino todo lo contrario. Tampoco le sonríe la faceta amorosa con un novio distante y a distancia, aunque el recuerdo del primer amor mantenga encendido el objetivo de conseguirlo, tal vez, en algún momento.

No resulta original el personaje de Sara, a medio camino entre Amélie y Bridget Jones, mujeres con múltiples adversidades en su vida a las que van venciendo como modo de supervivencia. Del mismo modo, la alternancia de diálogo y recitación por parte de los personajes de música pop, ya lo hemos visto, con mayor profusión y éxito, en películas como "El otro lado de la cama" o su continuación "los dos lados de la cama".

En resumen: una película menor, entretenida con gags ocurrentes y una Verónica Echegui que luce, interpretativamente hablando, por encima de todo el elenco.

No quiero pasar por alto la calificación moral;  "Mayores de 12 años", a todas luces insuficiente. No creo que para niños de esa edad sea muy edificante contemplar múltiples relaciones extra matrimoniales, onanismo, familia desestructurada, infidelidad explícita, consumo de alcohol y de estupefacientes etc. etc..  todo ello relatado de una forma festivamente deliciosa, lo que hace que su mensaje subliminal, tenga mayor repercusión. Luego nos quejamos de que nuestros jóvenes se inicien cada vez a edad más temprana en relaciones sexuales y consumo de drogas, cuando les mostramos estos hechos como normales y divertidos. ¡Así nos va!

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