domingo, 20 de noviembre de 2016

REFLEXIONES CAROLINGIAS (X)

Era tanta la afición que sentía por su profesión, que, cuando colgó las botas, el ex guardameta de un modesto club de fútbol, invirtió sus ahorros en una Parafarmacia

"¡Vete a freír churros!"—Le ordenó una mujer a su marido—"¡Desde que te levantas, ya estás mandando! —respondió, contrariado, el hombre—."¿No ves que son las cinco de la mañana y hasta las seis no abro la churrería?".

Concertaron una cita después de un tiempo de intercambio epistolario. A ella la conoció en persona, a su perro, en animal.

Un ambicioso seminarista, anhelaba llegar a ser un día Papa. Después de saber quiénes eran los ganadores del Premio Nobel, decidió dedicar menos tiempo al estudio de las Sagradas Escrituras y más tiempo a practicar con el armonio.

El Arco Iris debería disparar flechas de colores.

Estaba tan angustiado, que sólo en los días despejados, era consciente de que el cielo existía.

Cuando se encontraban, se saludaban y se despedían con dos besos. Para ella eran besos de amistad y para él de amor. Ella no lo sabía.

Su novia le dio calabazas y él se lo agradeció. Era por Halloween.

Hay árboles muy vergonzosos que se sonrojan al llegar el otoño y otros que palidecen al comprobar su desnudez.

Tenía tanto dinero, que en los análisis de sangre, en vez de salirle bajo en hierro, le daba alto en oro.

Su ingenuidad llegaba a tal extremo, que creía que tomando sopa de letras, éstas se ordenarían en su cerebro y conseguiría ser un buen escritor.

Gravemente herido por un engaño amoroso, al poco tiempo moría por un fallo multiexistencial, al no poder superar el desengaño.


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