domingo, 17 de septiembre de 2017

REFLEXIONES CAROLINGIAS  (XIX)

Porque tenía un cuadro que representaba a una gitana bailando, decía que se trataba de una pintura de la Escuela Flamenca.

En la primera vez que a Eustorgio le invitaron a una fiesta, le indicaron que al final se brindaba copa en alto. Eutorgio no asistió. Le pareció una barbaridad arrancar un árbol.

Si estás desorientado, la solución no es buscar el Norte, sino el Oriente.

Al cruzarse en la calle se miraron… y se miraron, sin prisa. Estaban en un paso de cebra.

Era tan pobre, que aliñaba su parca comida con mucho ajo, para que se le repitiera.

Después de los atentados, de pura rabia, arrancó todos los imanes… del frigorífico.

Con el primer amor casi se ahoga en un mar de dificultades. El segundo fue un océano de incomprensión. Al final, vivió tranquilo en tierra firme, aunque era en una isla desierta.

Estudio informática para tener una amor en cada puerto…USB.

Viendo los Informativos, se me han quitado las ganas de comprar las entradas para ir a ver “Los Miserables”.

¿Me preguntan ustedes si vive aquí “el indeciso”?  Pues no sé…La verdad es que los apodos…No estoy seguro…A veces uno no sabe…Si lo supiera de fijo…………..

Le aseguraron que los filetes de lenguado no tenían espinas, pero no se lo creyó. Hace años, su pareja le dijo una cosa parecida referida al amor.

Le parecía imposible que, hasta la fecha, no hubieran bautizado a un Ciclón, categoría 5, con el nombre de su mujer.



jueves, 14 de septiembre de 2017

PASAJES DE “LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS” (38)

CAPÍTULO II
La  bienvenida
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El señor Facundo, impecablemente uniformado, indicó claramente al maquinista que no tuviera prisa en reiniciar la marcha; adelantándose al grupo, colocó el banderín bajo el sobaco izquierdo, agarró la empuñadura con la mano del mismo lado y aún pudo sujetar la gorra entre el pulgar y el índice, antes de iniciar una leve inclinación ante mi madre, dar la mano a mi padre y pronunciar solemnemente: «Don Álvaro… Señora… ¡Sean bienvenidos!»; dicho lo cual, se retiró discretamente, dirigiendo sus pasos hacia la cabecera del convoy, con la convicción de haber superado con nota la prueba protocolaria, amén de la función propia del cargo. Así, satisfecho, con gallarda apostura, se caló la gorra y desplegó el banderín. Al instante, el tren resopló varias veces, lanzando al impoluto ambiente impresionantes bocanadas de humo grisáceo, a las que siguieron otras de menores dimensiones, hasta que, como un coloso desperezándose del letargo, comenzó a avanzar lentamente, aumentando progresivamente el ritmo de sus latidos metálicos, al tiempo que menguaba de tamaño para, por último, desaparecer entre las encinas del «Cubeto», camino de Zamora.
El señor Rogelio, en su dilatada existencia, había visto partir muchos trenes y ahora filosofa, acordándose de los otros «trenes» que no supo coger a tiempo y que le hubieran proporcionado, tal vez, mejores oportunidades en su vida; por eso, medio impedido, repetía, mañana tras mañana, la misma frase, que pude oír nítidamente: «¡Ay, Señor, Señor…! ¿Será éste el último tren que pierdo?» Y se quedaba dormitando hasta el mediodía, cuando iba a buscarle la Edelina.
Lucía fue la siguiente en cumplir con el ritual de bienvenida. Con evidente alegría, corrió a abrazar y besuquear a mi madre, besó a la tata, estampó en nuestras angelicales caras dos sonoros besos por cabeza, pero, quizás por complejo de inferioridad o por respeto, se detuvo ante mi padre y musitó con un hilillo de voz: «primo…», bajando la cabeza. Detrás, Mariano, el Mecagüen, por lo común, resuelto vociferador, entrometido y mal hablado, permanecía inmóvil, sin saber qué hacer, temeroso de no dar la talla, sin duda deslumbrado ante nuestra «señoritinga» presencia. Primerizo en recepciones, con el gaznate seco por el aguardiente desayunado, la situación le desbordaba. Sujetaba, como señal de respeto, la boina entre las manos, dejando al descubierto en su cabeza torrada por el sol, un delator círculo de piel blanca. No pude por menos de acordarme de las explicaciones que el padre Olaberzábal nos hacía en clase de Ciencias, cuando señalando con un puntero las partes de que consta un volcán, declamaba, acompañando cada palabra con un ligero contoneo de su cuerpo: «Cámara magmática, cono volcánico, chimenea, cráter, lava, gas y cenizas, ¿queda claro?» concluía, mientras el extremo del puntero describía ondas en el aire al pronunciar «cenizas». El tío Mariano, llevaba en su calva dibujado el cráter de un volcán, del que salían como cenizas ondulantes, largos y escasos pelos que la brisa matutina movía sin rumbo fijo. Seguramente en su pecho, que haría las veces de cámara magmática, se fraguaban juramentos difícilmente reproducibles, que luego, por el cráter adventicio de su boca, arrojaba durante minutos, unas veces, uno tras otro, sin venir a cuento, o bien, dependiendo de las circunstancias, en un instante, propulsaba el exabrupto más contundente, pretendiendo con la fuerza del lanzamiento, alcanzar las esferas celestiales. Estas distintas formas de perturbar el santoral se correspondían fielmente con los tipos de volcán, «hawaiano» o «estromboliano», que el mismo Padre Olaberzábal me hizo aprender en otra de sus magistrales clases.
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domingo, 10 de septiembre de 2017


LA REFORMA

Crónicas de mi Periódico                       10 de septiembre de 2017   

LOS  EFECTOS  DEL  ALCOHOL

Tristemente, he tenido la oportunidad de convertirme en un improvisado reportero gráfico que ha podido captar las marcas que indican el recorrido efectuado por un vehículo conducido por un conductor ebrio que en la madrugada del pasado domingo, día 3, atropelló  en Santa Pola (Alicante) a tres jóvenes, segando la vida de uno de ellos de tan sólo 17 años de edad. Sus familiares y amigos no dejan de llorar su pérdida y en el lugar en el que tuvo lugar el accidente han elevado un improvisado altar con objetos personales y flores que recordarán, durante algún tiempo, a este joven deportista.

El tiempo, que casi todo lo borra, se encargará de ir apaciguando la rabia que ha producido este hecho en la villa marinera; no así para sus padres que lamentarán de por vida, como su proyecto de futuro más hermoso se ha frustrado por la acción de un irresponsable.

Desgraciadamente, este accidente no es un hecho puntual. Casi a diario, las noticias que dan cuenta de accidentes de circulación que terminan con víctimas mortales ocasionados por conductores que conducen bajo los efectos del alcohol o las drogas, suele ser habitual.

El consumo de estas sustancias entre la juventud es, actualmente, precoz y preocupante. Parece que no hubiera otro medio de divertirse que no fuera acudir a estas sustancias. No puedo ocultar mi desagrado cuando observo a jóvenes dirigiéndose a lugares previamente concertados, con sus bolsas repletas de botellas. Resulta fácil advertir, que algunos, son menores de edad.

Las consecuencias de estos comportamientos suponen, a corto plazo, el ingreso en el Servicio de Urgencias, de varios de estos incontrolados bebedores, con el consiguiente perjuicio para los que, sin buscarlo, deben de ser atendidos de sus dolencias. Después, la cartilla sanitaria de sus padres cubre, sin coste alguno, la atención que se les ha dispensado.

A largo plazo, los efectos son más perniciosos. Las enfermedades hepáticas y una amplia gama de psíquicas, hacen de estos individuos, seres muy pocos aptos para desempeñar cualquier tipo de trabajo, en una sociedad cada vez más competitiva. Su fracaso personal, es una rémora que les acompañará de por vida.

La solución de este grave problema no es fácil, pero parece evidente que la información desde edades tempranas en el propio hogar y en el centro en el que estudian, puede hacer que los futuros conductores sean conocedores de las graves consecuencias que conlleva conducir bajo el efecto de sustancias nocivas.

Muertes como las de este joven santapolero, no deberían repetirse.



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jueves, 7 de septiembre de 2017




FERNANDO  SALDÓN  BARCENILLA

El pasado día 4, ha tenido lugar en la Biblioteca Pública de Palencia la inauguración de una maravillosa exposición de dibujos a plumilla, obra del artista palentino Fernando Saldón Barcenilla.

Este excelente dibujante al que he tenido ocasión de conocer a través de Facebook, es un verdadero artista en el arte de dibujar a plumilla, con el mérito añadido de que es totalmente autodidacta y de que esta afición en nada tiene que ver con la profesión que ejerció durante años, antes de haber alcanzado la edad de jubilación.

El trazo firme y el gusto con que recrea monumentos y escenas de su querida Palencia, ciudad en la que nació y reside, sorprende por la limpieza del trazado en esta técnica, siempre complicada, que aumenta su dificultad cuando se trata de plasmar obras arquitectónicas.

La exposición consta de 30 dibujos, de los cuales los 15 primeros pertenecen a la Palencia actual y los otros 15 a edificios o enclaves ya desaparecidos o transformados, que nos dan una excelente retrospectiva de la siempre amable y coqueta Palencia.

Como la muestra permanecerá abierta hasta el día 15 de este mes, hago un llamamiento para que, los que tengáis ocasión, no dejéis de visitarla. Os aseguro que os encantará.

Mi enhorabuena a Fernando por su concienzudo trabajo que continúa perfeccionando junto a nuevas técnicas pictóricas en el taller de pintura del Centro San Juanillo de la capital. Y también mi agradecimiento por la cariñosa manera con la que me acogió y por haber querido posar conmigo, demostrando así, que además de un gran artista es un excelente amigo.


domingo, 3 de septiembre de 2017



FÁBULA DE EL RELOJERO INTRANSIGENTE

Algo o mucho debía tener que ver su profesión de relojero con la forma en la que Néstor llevaba su vida. Pendiente de lo que dictaban las inexorables manecillas del reloj, estaba siempre atento a que la exactitud rigiera su andadura. Néstor había distribuido el organigrama de su quehacer diario de forma que todo tuviera que suceder en la hora y el minuto prefijado. Ya fuera invierno o verano, se levantaba a la misma hora, siempre comía al mediodía, en la siesta invertía quince minutos, treinta a la lectura, una hora exacta a pasear y cuarenta minutos a comprobar el funcionamiento de los relojes que reparaba y, por supuesto, la cena tenía que estar a las nueve para poder acostarse a las diez en punto. Todo, absolutamente todo lo demás ―aseo, relaciones personales, etc., etc.― tenía que ocurrir siempre en su momento y a tiempo tasado.

De haber estado soltero, la cuadriculada forma de vivir su existencia no hubiera pasado de una excentricidad personal, que reafirmaría el conocido dicho: "Hago de mi capa un sayo"; lo malo es que Néstor tenía familia, a la que exigía el mismo horario, controlando cronómetro en mano las entradas y salidas de mujer e hijos. Si alguna vez la comida no estaba lista a la hora preestablecida o algún hijo llegaba tarde a casa, la intransigencia de su carácter descargaba sobre el transgresor una bronca de efectos contundentes. Eso sí, la reprimenda duraba exactamente diez minutos.

Un día recibió del Sr. Obispo un encargo importante: con motivo de la limpieza llevada a cabo en la torre de la Catedral, se quiso reparar el reloj, que llevaba varios años parado, y el prelado pensó en Néstor para llevar a buen fin esta tarea. A ella nuestro relojero dedicó dos horas justas durante tres semanas, tiempo que le pareció suficiente. Pero, ya fuera por la complejidad de la maquinaría o porque ésta estuviera muy desgastada, el día de la inauguración, ante autoridades y público, convocados para escuchar los toques de las doce de la mañana, el reloj no sonó más que once veces. Néstor quedó corrido, lamentando no haber dedicado más tiempo a la reparación. Rojo de vergüenza fue el hazmerreír de sus conciudadanos y destinatario del comentario jocoso del Obispo: "No se preocupe, señor relojero, este reloj vale perfectamente para dar las horas en Canarias".

MORALEJA: No seas intransigente con los demás. Tú también cometes errores.

 

 

 

 

jueves, 31 de agosto de 2017

AMOR  LEJANO

Mar y cielo se han fundido
en abrazo enamorado.
¡Oh atardecer dorado!
Las gaviotas ya se han ido
a reunirse en su nido
con sus amores cercanos.
Los nuestros, por ser lejanos,
no ven el mismo horizonte,
tú en el río y yo en el monte.
¡Cómo pasan los veranos!   

domingo, 27 de agosto de 2017

EL  OTRO  GUARDAESPALDAS

Hace tan sólo dos días, ha tenido lugar en España,  el estreno de esta película de acción, cuyo fin no creo que sea otro que el de entretener. La sinopsis de la cinta, es la siguiente: Un agente de interpol, venido a menos, Michael Bryce (Ryan Renolds), recibe el encargo de proteger a un asesino a sueldo, Darius Kincald (Samuel L. Jackson), que en ocasiones anteriores ha intentado acabar con su vida. El motivo por el que Michael tendrá que ejercer, contra su voluntad, de guardaespaldas de Darius, radica en que este último es la única persona que puede testificar en el juicio que se sigue en La Haya contra un malvado dictador, interpretado por Gary Oldman. Desde Inglaterra, en donde se encuentran, hasta La Haya, sufrirán toda serie de contratiempos, puesto que el dictador intenta desde la cárcel, que sus secuaces eliminen a esta pareja. Paralelamente y en segundo plano, está los intentos de Michael de sacar de la cárcel, a la mujer de Darius, la bella Sonia (Salma Hayek).

Apenas he comenzado a visualizar la cinta, tuve la impresión de que se trataba de una película que ya había visto con anterioridad. Los diálogos groseros entre los protagonistas, con intención de resultar graciosos para el espectador, no cumplen con este fin y parecen repetición de otros entablados entre parejas de personalidades opuestas, que hemos tenido ocasión de presenciar, en numerosas ocasiones, en diferentes películas. Por otra parte, la aparición en la cinta de Salma Hayek, no parece justificada, salvo si lo que se pretendía era alegrarnos la vista con su presencia o defraudarnos con la utilización sexista que de ella se hace.

No todo, sin embargo, es negativo en esta inconsistente película. Las escenas de acción, están muy bien conseguidas, resultando espectaculares en algunos momentos, en los que desde la butaca, te sientes perseguido por los sicarios del dictador. La tecnología aplicada a la filmación de películas, es casi una constante de los nuevos tiempos y en esta ocasión, el resultado es excelente.

En resumen, una cinta floja de final previsible, a ratos entretenida, que divertirá a algunos; a mí, no. El precio de la localidad, quedó amortizado por las dos horas en las que disfruté de una temperatura muy agradable, en una tarde en el que el calor del exterior agobiaba.

jueves, 24 de agosto de 2017

PASAJES DE "CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA" (37)
CAPÍTULO V
La Acogida

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Completamente repuesto, entablé conversación con madame Stéphanie, respondiendo a la pregunta que había quedado en el aire:
―De momento, tenemos que hacer planes para ver qué lugares de la ciudad son los más interesantes para visitar, pues el novio de Margarita, mi hermana mayor, llegará en unos días. Precisamente venía a hablar con Daniel acerca de esta cuestión.
―No te será difícil encontrar museos y monumentos maravillosos ―argumentó la anfitriona―. Esta ciudad conserva todavía la huella de un pasado glorioso. Y por si fuera poco, hay rincones con mucho sabor y enormemente románticos.
La charla se continuó no menos de media hora, intercambiando opiniones sobre los temas más diversos. Charlotte y su madre se disputaban la palabra. Daniel y yo respondíamos cuando podíamos con frases más cortas; en cambio, Cécile permanecía en silencio, observándonos. Hasta este hecho, que contrastaba con la insulsa locuacidad de Arancha, era para mí un factor atrayente.
Casi al final, cuando Daniel me instaba a que fuera con él a su cuarto, madame Stéphanie me dijo solícita:
―No tengas ningún reparo en consultarme cualquier duda que tengas con el francés. Me haces un favor, porque así recuerdo la gramática, que la tengo un tanto olvidada. ¡Ah! y en lo sucesivo llámame simplemente Stéphanie, así me sentiré un poquitín más joven ―sonrió.
Cuando salí del salón, tuve la impresión de haber vivido unos momentos maravillosos e imborrables en mi existencia. A ello contribuyó la educación y el elegante porte de mis anfitriones, que .me habían hablado como un adulto, siendo la primera vez que me trataban así, lo que me hizo sentirme importante. También tuvo que ver, por qué no, la decoración de la estancia, con divanes y muebles auxiliares estratégicamente diseminados y coronados de búcaros de porcelana, cuando no de marcos de plata o de lámparas de sobremesa; el piano, adosado a la pared, cerca de la ventana, me agradó especialmente. Todo, absolutamente todo, desprendía buen gusto y glamour. Pero por encima de cualquier consideración, la presencia de Cécile fue clave para que aquella tarde resultara inolvidable. Algo dentro de mí me decía que la sensación era recíproca. Hay miradas que no engañan.


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domingo, 20 de agosto de 2017


 

En la pandilla de Juan, uno de sus componentes, Ceferino, siempre llevaba la voz cantante. Ya estuvieran echando la partida, viendo la tele o paseando, era raro que no diera la opinión de cualquier tema del que se hablara, por ajeno que le fuera, absolutamente convencido de que su punto de vista era el más acertado. Si la conversación atañía a temas personales, también lo suyo era, sin duda, lo mejor.

Cuando la cuadrilla iba de vinos, la voz autorizada de Ceferino, no tardaba en decir: “Este vino no está mal, pero el que tengo en mi bodega, le supera con creces. Se lo compré a un amigo que…”. Si en la conversación surgía el tema de los destinos veraniegos, Ceferino, parecía haberse recorrido el mundo entero al afirmar: “Nada es comparable al aire puro que se respira en el pueblo de mi cuñada; allí, ni siquiera los tísicos necesitan medicación…”. Tampoco se quedaba corto elogiando a su mujer: “¡Mira que he comido paellas en mi vida!, pero como las que hace mi mujer, ninguna. Yo creo que es el toque especial que da al rehogado…”. Por supuesto, tampoco olvidaba el autobombo: “Dibujo y pinto, bastante bien. Modestia aparte, he expuesto en varios Centros Cívicos con críticas muy elogiosas. No sé a dónde podría haber llegado si me hubiera dedicado en cuerpo y alma a la pintura, pero tampoco era cosa de humillar a mis compañeros de academia. Además…”

Los amigos de pandilla, escuchaban y callaban para evitar discusiones, porque en caso de contradecirle, sabían que Ceferino se alteraba, elevando el volumen con el que trataba de argumentar lo que, difícilmente, era defendible.

Un día, Juan, quiso invitar a sus amigos y esposas, para inaugurar el chalet que había  adquirido recientemente. El chalet, estratégicamente ubicado en la cima de una colina, era una edificación de dos alturas que poseía unas vistas maravillosas. En el sótano, además del garaje, Juan, había hecho construir una magnífica bodega, que causó la admiración de los visitantes. Las paredes, decoradas con cuadros al óleo, llevaban la firma de su mujer. “Son de Clara—dijo Juan, con toda sencillez— Estuvieron expuestos en Roma y París, pero estos, le parecieron tan apropiados para la bodega, que no quiso venderlos”. Al escuchar este comentario, Ceferino, enrojeció de envidia, máxime cuando el anfitrión, dirigiéndose a él le enseñó el muestrario de botellas que descansaban horizontalmente, esperando el turno de ser consumidas  y le dijo: “Cefe, tú que entiendes, elige el vino apropiado. Tienes de la Ribera del Duero, Rioja, Cigales, Toro, Rueda, Albariño… y si te gustan extranjeros, también encontrarás de Oporto, Burdeos, y aquel Tokaj de Hungría, de elaboración complicada, que por su dulzor, es pura ambrosía como vino de postre. Esas botellas, concretamente, las adquirimos en nuestro último viaje, en el que visitamos, además de los países balcánicos, aquellos otros que constituyeron el imperio austrohúngaro.” Ceferino, anonadado y abrumado, no supo siquiera cuál de ellos ligaría mejor con los entremeses y, para que no quedara al descubierto su ignorancia, prefirió que fuera Juan el que eligiera.

El plato estrella de la comida, una espléndida paella extraordinariamente presentada, hizo que un ¡Ohhhh! se escapara de la garganta de los comensales al contemplarla; exclamación que se prolongó al degustarla. El arroz estaba en su punto y los ingredientes le daban un sabor inigualable. “¿Cuál es el secreto de este maravilloso manjar?”—preguntó una de las invitadas. “No hay secreto—dijo, Clara, sin darse importancia—. Soy alicantina y lo vengo haciendo toda la vida al modo que me enseñó mi madre”. Ceferino, entre dientes, sólo acertó a decir: "No está mal", permaneciendo callado el resto de la comida y de la sobremesa, recapacitando en cómo, personas que le superaban en todos los campos en el que se creía un experto, no alardeaban de lo que poseían.

Parece ser, que lo visto y comido en esta jornada festiva, tuvo la virtud de hacer que, a partir de entonces, Ceferino, fuera más comedido en sus juicios.

 

jueves, 17 de agosto de 2017




 
PASAJES DE " LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (37)
CAPÍTULO II
La bienvenida
           Mi padre, alargando la cabeza por la ventanilla, nos aseguró que el pueblo seguía estando en su sitio. Haciendo de pregonero, leyó en voz alta el nombre del municipio, que se encontraba escrito con letras mayúsculas, impresas en el frontis lateral de la estación sobre auténtica cerámica talaverana, e inmediatamente movilizó al personal. Con suficiente antelación, había dispuesto las maletas, listas para la descarga, mientras nosotros, en fila, esperábamos pacientemente el desembarco. La maniobra fue un éxito, porque cada uno actuó según el plan previsto, entre otras cosas, porque el protocolo a seguir se repetía en cada parada y las indicaciones paternas eran muy parecidas: «Consuelo, Margarita, Lola: coged una maleta cada una sin haceros daño. Tinín: baja el primero. Alvarito: asegúrate que no nos dejamos nada en el vagón. Yo bajo con el niño, y cuando tome posición en el andén, me vais dando las maletas. ¡Deprisita! ¡No os durmáis!, el tren no espera».
 Con toda sinceridad he de decir que, aunque nuestra llegada no fuera el acontecimiento social más esperado del verano, al menos la estación no estaba desierta. Además del anciano señor Rogelio, al que su nuera, la Edelina, tan pronto hubiera desayunado, sentaba todas las mañanas en un banco del andén con el pretexto de «así, se distrae», nos esperaba la embajada enviada por el abuelo. Delante del repetido edificio ferroviario, abierto a los cuatro vientos, se encontraba, banderín rojo en ristre, el jefe de estación, señor Facundo; un poco más atrás, los primos de mi padre, Lucía y Mariano, y donde el escueto piso de cemento se continuaba con la tierra, el hijo de ambos, Jeremías, que con su carta, constituía la promesa de un verano distraído e inolvidable. Con él había jugado algunos días el pasado verano y aún así, me costó trabajo reconocerle, tal era el estirón que había experimentado, y sobre todo el cambio en sus facciones, ahora más angulosas y varoniles. «Parece un hombre delgadito», pensé, mientras me aseguraba de que todo el equipaje se hubiera descargado, en espera de los inevitables saludos, que no tardarían en producirse.
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domingo, 13 de agosto de 2017



LA INCONSISTENCIA DEL AMOR

                                                  
                             (Obra teatral en 3 Actos)

 

ACTO PRIMERO

(Discoteca. Sábado noche)

A—Me gustas mucho.

B— ¿Quéeee?

A— ¡Que me molas un montóooon!

B— ¡Ah! , ¿Sí? (No sé de qué me suena esta cara). A mí, tú también.

A—Vale. Pues si eso, luego quedamos.

B—Tú verás, antes de las cinco no me tomo el último mojito.

A—Sobre las cinco te busco y nos enrollamos.

B—O.K. Pero si ves que mis caderas resisten, te esperas un poco más.

A—De acuerdo. Ciao.

B—Ciao.

ACTO SEGUNDO

(Apartamento de los padres de uno de ellos. Domingo al mediodía)

B— ¡Ha sido maravilloso!

A— ¡Ha sido fantástico!

B—Es que el amor hay que currárselo.

A—Sí, porque como no te lo curres… ¡no te jalas una rosca!  

B—Ya ves, tanto tiempo yendo a la disco y tuvo que ser anoche cuando coincidiéramos.

A—El amor tiene estas cosas. Yo creo que es el destino.

B—Conocerte y sentir mariposas en el estómago, fue todo uno. Por cierto, que las jodias no hacen más que revolotear ¿tú no tienes hambre?

A—¡Pues claro! Desde hace dos horas tengo un hambre de la leche, pero como el amor es servicial, estaba esperando a que te levantaras y fueras al burger o al italiano. Ya sabes, los domingos no abren nada.

B— Es verdad. ¡Qué asco! ya casi nadie quiere trabajar el domingo y el burger más próximo, está a dos manzanas.

A—Bueno, si me quieres, no es tanto.

B—Ya, pero lo malo es que ya no tengo monis. La vieja me dio lo justo para el sábado. Últimamente está muy tacaña.

A—Pues a mí me ocurre lo mismo. Mis padres no se dan cuenta de que estamos en edad de divertirnos y casi no me dan ni para gasofa del buga.

B— ¿Qué hacemos?

A— Se me ocurre una idea. Decimos que hemos dormido en casa de un amigo y así por lo menos, las mariposas del estómago comen algo. Ja,ja,ja.

B— ¿Tú crees que colará? Eso ya lo he dicho otras veces.

A— ¡Claro que cuela! Con tal de ver que no nos ha pasado nada, se pondrán tan contentos.

ACTO  TERCERO

(En la calle. Domingo 14.00 h.)

A—Adiós, cielo. Ya nos llamamos y quedamos.

B—Llámame, si quieres, pero con esta sociedad tan materialista en la que nos ha tocado vivir, es muy difícil que sobreviva un amor tan puro como el nuestro.

A—Bueno, ya procuraré mover el corazón de los viejos, a ver si sueltan mas pelas.

B— No, si no es eso. Es que me gustaría conocer a otras personas. No me perdonaría haberme enrollado contigo sin tener más experiencias.

A—Pues ahora que lo dices, vas a tener razón. Yo, no me atrevía a confesártelo, pero tengo la misma sensación. Además la distancia mata el amor y vivimos en urbanizaciones alejadas.

B—Todo se nos ha puesto en contra. Ni siquiera hemos tenido suerte con la época que nos ha tocado vivir.

A—Así es, bonita. Esta sociedad está enfermiza y parece no tener remedio.

B—Adiós cariño. Fue bonito ¿Verdad?

A—Fue muy bonito. Jamás te olvidaré. Te quiero. Ciao

B— Ha sido lo más bonito que me ha ocurrido nunca. Ciao, mi vida. Ciao.

FIN

 

Nota del autor.- He señalado a los intérpretes como A y B, sin especificar sexo, ya que se trata de una obra posmoderna.  

jueves, 10 de agosto de 2017

FÁBULA DE LA GATA RICA

Nacida entre algodones, criada con leche de la mejor calidad, alimentada con exquisiteces de sabor a anchoa, ricas en complejos vitamínicos y, diariamente bañada  con champús olorosos que le dotaban de un pelo algodonoso y resplandeciente, aquella gatita disfrutaba de una vida plena de caricias y afectos. Entre siesta y siesta, siempre a temperatura uniforme, saltaba graciosamente entre cojines de seda y sillones tapizados. Ni una sola vez fue castigada ni tuvo que escuchar las reprimendas de su dueña por hacer sus necesidades en donde no debía, o por arañar las patas de algunos muebles de caoba...

Un mañana, aprovechando un descuido de su protectora, se deslizó sigilosa por la angostura de la entreabierta puerta y, escaleras abajo, consiguió acceder a la calle. ¡Todo un mundo de nuevas sensaciones se abrió ante ella! Hasta un congénere, un tanto desaliñado, pero solícito, le mostró un contenedor de basura, en cuya base, algún desaprensivo había depositado una bolsa de desperdicios. Probó con fruición sabores desconocidos y, animada por la gratificante experiencia, no se opuso a que su acompañante la hiciera suya, aunque quizás, el improvisado novio, sorprendido por el refinado olor que desprendía el pelo de su amada, se alejó rápidamente de ella una vez satisfecho su deseo.
Tiritando de frío, pasó la noche bajo el contenedor, emitiendo lastimeros maullidos que alertaron a los viandantes y a la propietaria, que la buscaba sin desmayo. Ésta, entre lloros, la acogió de nuevo, proporcionándole un baño reparador con abundante cantidad de componente antiparasitario, con lo que la gatita recobró su aspecto anterior y volvió a gozar de todos los beneficios  de gata de alta alcurnia.

Al poco tiempo, su benefactora se dio cuenta del estado de preñez, imposible de disimular entre los rizos de su pelo de Angora, y decidió aquella misma tarde visitar la clínica veterinaria y eliminar la cuadrilla de mininos sin pedigrí que amenazaban con ocupar sus estancias. Al escucharla, nuestra protagonista se apostó junto a la puerta, y en la primera ocasión en la que ésta se abrió, corrió rauda en busca de una libertad presumiblemente difícil e incierta, pero que la posibilitaría alumbrar el fruto de sus entrañas.

MORALEJA: Hasta los animales evitan el aborto.

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domingo, 6 de agosto de 2017


ROSA DE PASIÓN

¿Cuál es tu flor más hermosa?

La rosa.

¿De qué color se te antoja?

Pues, roja.

De esta elección ¿La razón?

Pasión.

 

Hoy, sólo siento emoción

al ver tu rostro encendido,

feliz, porque he conocido,

rosa roja, de pasión.

 

 

 

jueves, 3 de agosto de 2017


 
LA REFORMA

Crónicas de mi Periódico                3 de agosto de 2017

 PEATONALIZAR

Este asunto de peatonalizar calles, nos resulta altamente gratificante cuando leemos o escuchamos la noticia en algún medio de comunicación. Acostumbrados a soportar continuas subidas de todo tipo de impuestos municipales, en pro de una ciudad más habitable, nos sentimos embargados de una íntima satisfacción, al saber que nuestros dineros se emplean ¡por fin! en obras provechosas y que otra calle de nuestra querida ciudad, se incorpora a las que ya gozan del Paraíso idílico de las no contaminadas.

Luego, cuando la obra llega a su término, después de unos cuantos meses de inevitables molestias (¡qué se le va a hacer!), nos damos cuenta de que ese Paraíso soñado, no es tal. La contaminación química, aquella que todos deseamos eliminar, no comienza a disminuir hasta las once de la mañana, hora en que los camiones que abastecen a las tiendas dejan de actuar. Procure, hasta esa hora, no pasear confiadamente por esas calles, bajo grave riesgo de morir atropellado. Después, también ha de hacerlo con precaución, pues en alguna de ellas, la circulación de taxis está permitida, amén de la lógica presencia motorizada de policías o de ambulancias ¡Faltaría más! En el resto de la jornada, no acabe de confiarse, pues durante todo el día, los sufridos ocupantes de los garajes de la zona, pueden hacer uso de su legítimo derecho a utilizarlos. Posiblemente, sea este colectivo el más afectado. Ellos, han visto vulneradas las originales condiciones de compra, pues cuando adquirieron su vivienda en un emplazamiento céntrico con garaje incluido, nunca pensaron que para acceder a él, tendrían que hacer, día tras día, una yincana, a velocidad reducida, sorteando peatones de mirada sorprendida, algunos de los cuales les dedican epítetos, no necesariamente cariñosos. En su recorrido, también han de salvar el obstáculo del cada vez mayor número de terrazas instaladas. Estas, amenizan el descanso de los vecinos con las más variadas conversaciones que sustituyen (no sé si ventajosamente), la contaminación química por la acústica.


Muy a tener en cuenta es también el impacto que sobre el pequeño comercio tiene la peatonalización. Algunos comercios se ven obligados a cerrar, porque no todo el mundo tiene la energía suficiente para cargar con sus compras y así, mientras el centro de la ciudad languidece, las Grandes Superficies situadas en el alfoz, se frotan las manos.

Otra de “las ventajas” de la peatonalización, se evidencia en los días de lluvia. El pavimento de estas calles, no tiene la consistencia del asfalto y el trasiego diario de los camiones de reparto, provocan ondulaciones y baches que son charcos o piscinas, cuando la lluvia hace acto de presencia.

Con estas premisas, ustedes pensarán que soy enemigo de la peatonalización. ¡Nada más lejos de la realidad! Como a cualquier españolito, me gustan todo tipo de mejoras que hagan mi espacio vital más saludable, eso sí, siempre que las consecuencias negativas que conllevan, no me afecten y, por el momento, mi calle no figura en la lista de las que el ayuntamiento piensa dedicar a “uso exclusivo de peatones”.

Otro tanto me sucede/nos sucede, cuando se habla de nuevas zonas verdes. Hasta la plantación de un solo árbol, merece la aprobación general, aunque su ubicación se realice en un minúsculo espacio entre dos coches aparcados en batería. Lo malo es que el arbolito crece y crece y ya conozco a un amigo al que el ramaje impide conocer si es día o de noche. Todos contentos, menos él, que paga una elevada factura de consumo eléctrico que se elevará, considerablemente, cuando se vayan cerrando las centrales nucleares. Pero de este tema, ya hablaré en otro momento. A ver si para entonces, antes de opinar sobre lo que a cada uno nos conviene, somos un poco más solidarios.






 

domingo, 30 de julio de 2017


REFLEXIONES CAROLINGIAS  (XVIII)

Tomaba cada noche un kiwi para regular el intestino, hasta que descubrió que el miedo a lo desconocido le producía el mismo efecto.

Desde 2010, no se considera a la elle como una letra. Alguien se dio cuenta de que se trataba, simplemente, de una ele sorda que había que nombrarla dos veces para que atendiera.

Le atraían todas las mujeres que tuvieran por nombre, Margarita, Azucena , Rosa, Hortensia, Violeta, etc. Resolvió el problema cuando conoció a Flor.

El 12 de octubre de 1492, casi nadie hizo caso al marinero que gritó: ¡Tierra! Durante la travesía, lo había dicho varias veces cuando los arenques en conserva que comía, tenían arena.

Era un ser desafortunado. Ni siquiera ganó el Concurso de dobles de sí mismo.

Decía que moría de amor por ella, cuando en realidad era el desamor el que le estaba matando.

Si dices que te gusta el blanco, y al poco rato el negro, no eres, necesariamente, una persona sin criterio. Puede que seas mulato.

Estuvieron hablando mucho tiempo de cosas intranscendentes, hasta que fueron al grano. Fue cuando se comieron una paella.

Después de que el jefe lo llamara  a su despacho, canceló el viaje que tenía proyectado a Tailandia: ya sabía lo que era comer sapos y culebras.

Nunca entenderé por qué a una forma de llover, se le llama aguacero ¿No sería más lógico reservar este término para la sequía?

Aquella muchacha había perdido el rumbo de su vida, hasta que encontró un amigo que le enseñó a bailar rumbas.

Sumar y restar resultan operaciones sencillas, cuando son, respectivamente, a tu favor o en tu contra.