domingo, 2 de julio de 2017

REFLEXIONES CAROLINGIAS (XVII)

El avaricioso siempre tiene empachada a la gallina de los huevos de oro.

Se dice de Adán, que desde aquel día fatal, no volvió a comer manzanas ni aunque estuvieran en compota; también cuentan, de él que no se le pasó por la imaginación conocer a más mujeres.

Se dedicaba, únicamente, a las ventas al por mayor. A las ventas al por menor las tenía pánico, por si le acusaban de corruptor de menores.

Cuando se casaron hicieron separación de bienes. De separación de males no dijeron nada.

¿Habrá cosa más tonta que perder un imperdible?

Sólo una hermosa sirena, será capaz de enamorarme—decía. Y mira tú por dónde, alcanzó su sueño: ¡En el Cuerpo de Bomberos!

Sentía verdadero pavor por los topos, pero en su vestuario tenía dos blusas de topitos.

Cuando a Johann Sebastian Bach, le nombraron maestro de capilla del príncipe Leopold de Anhalt, un cortesano comentó: " ¿Ese es el nuevo maestro de capilla? ¡Bachhhh!" Desde 1717 no se conoce un envidioso mayor.

El último pez que ves en un acuario, siempre es el delfín.

A partir del día en que Mateo, estudiante de ingeniería, conoció a Sofía, dedicó todo su tiempo al estudio de la Filosofía.

Porque cojeaba de una pata, sus congéneres se reían de él. Los ciempiés son crueles.

Como era gótico, cuando murió su madre, nadie le dio el pésame.











2 comentarios: