domingo, 30 de julio de 2017


REFLEXIONES CAROLINGIAS  (XVIII)

Tomaba cada noche un kiwi para regular el intestino, hasta que descubrió que el miedo a lo desconocido le producía el mismo efecto.

Desde 2010, no se considera a la elle como una letra. Alguien se dio cuenta de que se trataba, simplemente, de una ele sorda que había que nombrarla dos veces para que atendiera.

Le atraían todas las mujeres que tuvieran por nombre, Margarita, Azucena , Rosa, Hortensia, Violeta, etc. Resolvió el problema cuando conoció a Flor.

El 12 de octubre de 1492, casi nadie hizo caso al marinero que gritó: ¡Tierra! Durante la travesía, lo había dicho varias veces cuando los arenques en conserva que comía, tenían arena.

Era un ser desafortunado. Ni siquiera ganó el Concurso de dobles de sí mismo.

Decía que moría de amor por ella, cuando en realidad era el desamor el que le estaba matando.

Si dices que te gusta el blanco, y al poco rato el negro, no eres, necesariamente, una persona sin criterio. Puede que seas mulato.

Estuvieron hablando mucho tiempo de cosas intranscendentes, hasta que fueron al grano. Fue cuando se comieron una paella.

Después de que el jefe lo llamara  a su despacho, canceló el viaje que tenía proyectado a Tailandia: ya sabía lo que era comer sapos y culebras.

Nunca entenderé por qué a una forma de llover, se le llama aguacero ¿No sería más lógico reservar este término para la sequía?

Aquella muchacha había perdido el rumbo de su vida, hasta que encontró un amigo que le enseñó a bailar rumbas.

Sumar y restar resultan operaciones sencillas, cuando son, respectivamente, a tu favor o en tu contra.

 

 

 

 

 

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