jueves, 10 de agosto de 2017

FÁBULA DE LA GATA RICA

Nacida entre algodones, criada con leche de la mejor calidad, alimentada con exquisiteces de sabor a anchoa, ricas en complejos vitamínicos y, diariamente bañada  con champús olorosos que le dotaban de un pelo algodonoso y resplandeciente, aquella gatita disfrutaba de una vida plena de caricias y afectos. Entre siesta y siesta, siempre a temperatura uniforme, saltaba graciosamente entre cojines de seda y sillones tapizados. Ni una sola vez fue castigada ni tuvo que escuchar las reprimendas de su dueña por hacer sus necesidades en donde no debía, o por arañar las patas de algunos muebles de caoba...

Un mañana, aprovechando un descuido de su protectora, se deslizó sigilosa por la angostura de la entreabierta puerta y, escaleras abajo, consiguió acceder a la calle. ¡Todo un mundo de nuevas sensaciones se abrió ante ella! Hasta un congénere, un tanto desaliñado, pero solícito, le mostró un contenedor de basura, en cuya base, algún desaprensivo había depositado una bolsa de desperdicios. Probó con fruición sabores desconocidos y, animada por la gratificante experiencia, no se opuso a que su acompañante la hiciera suya, aunque quizás, el improvisado novio, sorprendido por el refinado olor que desprendía el pelo de su amada, se alejó rápidamente de ella una vez satisfecho su deseo.
Tiritando de frío, pasó la noche bajo el contenedor, emitiendo lastimeros maullidos que alertaron a los viandantes y a la propietaria, que la buscaba sin desmayo. Ésta, entre lloros, la acogió de nuevo, proporcionándole un baño reparador con abundante cantidad de componente antiparasitario, con lo que la gatita recobró su aspecto anterior y volvió a gozar de todos los beneficios  de gata de alta alcurnia.

Al poco tiempo, su benefactora se dio cuenta del estado de preñez, imposible de disimular entre los rizos de su pelo de Angora, y decidió aquella misma tarde visitar la clínica veterinaria y eliminar la cuadrilla de mininos sin pedigrí que amenazaban con ocupar sus estancias. Al escucharla, nuestra protagonista se apostó junto a la puerta, y en la primera ocasión en la que ésta se abrió, corrió rauda en busca de una libertad presumiblemente difícil e incierta, pero que la posibilitaría alumbrar el fruto de sus entrañas.

MORALEJA: Hasta los animales evitan el aborto.

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