domingo, 29 de octubre de 2017



 
SEMINCI  2017

En la mañana del sábado, se ha hecho público el palmarés de la 62 Semana Internacional de Cine de Valladolid, SEMINCI, otorgando el máximo galardón: la Espiga de Oro, a la película de Tarik Saleh "The Nile Hilton Incident", que también ha conseguido el Premio al Mejor Director y al Mejor Guión. La película versa sobre la corrupción y el crimen en el Egipto prerrevolucionario.

El Fallo del .Jjurado Internacional de esta 62 edición, ha sido hecho público por boca de su portavoz, el guionista y director de cine Ray Loriga, que ha tenido que escuchar leves abucheos por parte de la crítica especializada, que daba como favorita a la cinta "The Party", que a la postre se ha tenido que conformar con un premio menor, la Espiga Arcoíris" y que ni siquiera obtuvo el Premio del Público que recayó en "L´Insulte" de Ziad Doueiri.

La Espiga de Plata fue para el largometraje de Choé Zhao, "The rider" que obtuvo también el de Mejor Actor (Brady Jandreu) y el Premio Pilar Miró al Mejor Nuevo Director. La cinta narra la historia real de una joven promesa del rodeo que sufre un accidente, que le impide alcanzar sus sueños.

Las películas, "L´Insulte", "The Party" y "La librería" (reseñada en este mismo blog el jueves), fueron las más taquilleras, en un festival que ha elevado hasta los 93.000, el número de espectadores, lo que indica el interés que suscita este Certamen, que se celebrará el próximo año del 20 al 27 de octubre, teniendo como país invitado a Colombia.

Para los cinéfilos, añado el Palmarés de esta 62 edición:

Espiga de Oro.

‘El incidente del Hilton Nilo’, de Tarik Saleh.

Espiga de Plata

‘El jinete’, de Chloé Zhao.

Premio del Público

‘El insulto’, de Ziad Doueiri (Sección Oficial) y 'Las dos sirenas', en Punto de Encuentro.

Premio Fipresci

‘Daha’, de Onur Saylak.

Mejor Actriz

Laetitia Dosch, por ‘Montparnasse Bienvenüe’. Agnieszka Mandat-Grabka, por ‘El rastro’

Mejor Actor

Brady Jandreau, por ‘The Rider’.

Mejor fotografía

‘Soy un rayo de sol en la Tierra’, de Ágnes Pádózdi.

Mención especial

‘Marea humana’, de Ai Weiwei.

Premio Miguel Delibes al mejor guion

‘El incidente del Nilo’, de Tarik Saleh.

Premio Pilar Miró al mejor director novel

Chloé Zhao, por ‘The Rider’.

Espigas a los cortometrajes

‘La mirada’, de Farnoosh Samadi, Espiga de Oro; y ‘Un hombre se ahoga’, de Mahdi Fleifel, Espiga de Plata.

Premios de Punto de Encuentro

‘Asco’, de Tereza Nvotová. Primer premio al largo; ‘Británicos por la gracia de Dios’, de Sean Dunn, Premio al mejor corto extranjero; ‘Matria’, de Álvaro Gago, Mejor corto español; y ‘La bella y la jauría’, de Kaouther Ben Hania, Mención especial del jurado.

Premios de Tiempo de Historia

‘La libertad del diablo’, de Everardo González, Primer premio; ‘Tierra natal’, de Ramona S. Díaz, Mención especial; y ‘Lo que le ocurre a ella’, de Krysty Guevara-Flanagan, Mejor corto documental.

DOC España

‘Verabredung’, de Maider Oleaga.

Premio de la Juventud

‘Daha’, de Onur Saylak (Sección Oficial) y 'La bella y la jauría' (Punto de Encuentro).

Castilla y León en corto

‘Vida y muerte de Jennifer Rockwell’, de Javier Roldán, y ‘Ya no te quiero’, de Francisco Hervada.

Espiga Arcoíris

'The Party', de Sally Potter.

Premio Sociograph

'El insulto', de Ziad Doueiri.

Premio Seminci Joven

'Sing Street, de John Carnet', y 'La gran enfremedad del añor', de Michael Showalker.

Premio Blogos de Oro

'El insulto', de Ziad Doueiri.

 

 

jueves, 26 de octubre de 2017

LA LIBRERÍA

 Con esta estupenda cinta de Isabel Coixet (estreno mundial), proyectada tras la Gala Inaugural el pasado día 21, dio comienzo en Valladolid, la 62 Semana Internacional de Cine (SEMINCI), que con más de 350 sesiones, a lo largo de ocho días y medio, dará vida cultural a la ciudad y a España, pues no en balde es considerado por muchos, como el mejor Festival de Cine a escala nacional, aunque, desgraciadamente, carezca del seguimiento informativo del que otros gozan; pero a eso ya estamos acostumbrados en Castilla y León.

Volviendo a la película en cuestión, diré que es un film exquisito e intimista que atrapa la atención del espectador desde las primeras secuencias. La sinopsis es la siguiente: Corre el año 1959, cuando una joven y atractiva viuda, Florence Green (Emily Mortimer), se instala en una pequeña localidad de Inglaterra con la idea de realizar el sueño de su vida: abrir una librería. Cuando por fin consigue poner en marcha su pequeño comercio, se encuentra con la educada, pero hostil oposición, de buena parte de sus habitantes ante la novedad que supone la presencia de una librería en una zona que ha carecido, hasta esa fecha, de este tipo de establecimientos. Sin embargo, no todos serán dificultades para Florence, pues contará con el apoyo de Mr Brundish (Bill Nighy) y de la pequeña Cristine (Honor Kneafsey), que será una buena ayuda en la librería. Una historia así, forzosamente habría de tener un final feliz, y lo tiene. El esfuerzo y la constancia de la librera, se ve, a la postre, recompensado.

La película, basada en una novela homónima de Penélope Fitzgerald, es una apuesta personal de Isabel Coixet, que vio en el guión y, concretamente en la figura de Florence, muchas de las propias aspiraciones personales: la lucha de una mujer que se enfrenta en solitario con un mundo que le resulta indiferente, cuando no hostil. La elección de la protagonista de instalarse en esa pequeña población, no responde únicamente a su amor por los libros, sino por concederse la oportunidad de revivir el lugar en donde conoció el amor y fue feliz. Como vemos, todo un trasfondo de sublime romanticismo, estupendamente contado que cuenta con una ambientación muy acorde y una fotografía que es pura delicia.

Aunque desconozco cuál será la fecha de su proyección comercial, pienso que no ha de transcurrir mucho tiempo antes de que se anuncie su visualización en los circuitos cinematográficos. Por tanto, anotad este título y tenedlo bien presente a la hora de elegir un film sobrado de sensibilidad y buen gusto.


domingo, 22 de octubre de 2017

REFLEXIONES CAROLINGIAS  (XX)

Por su forma de vestir y de peinarse, decían de aquella mujer que estaba un poco loca, pero a él le tenía loquito.

No he conseguío que el musasso séspabile. El caso é que entendí al maetro que tenía talento, pero depué maclaró, que lo que quiso desir era, que "ta lento".

Decía ser antitaurino de toda la vida, pero eso no le impedía, en ocasiones, ponerse el mundo por montera.

El amigo que quiero que conozcas es este—dijo, refiriéndose a mí—. Pero ella miró hacia el oeste.

Hasta que no lo pruebas, te piensas que la diferencia entre la miel y la hiel es solo una letra.         

Tenía toda la razón, el enamorado que a su novia le decía: Si no te quitado nada, ¿Por qué me robas el sueño?

Para no tener que llorar dos veces, pelé cebollas viendo los telediarios.

Aseguraba ser bilingüe, porque hablaba otro idioma cuando no tenía puesta la dentadura.

Desde que se jubiló, notaba que los calcetines de ejecutivo se le caían.

Cuando bato dos huevos para hacer tortilla, una pregunta me ronda la cabeza: ¿Se estarán produciendo ondas gravitacionales?

Me parece una falta de tacto, que mientras esperas a que te reciba un doctor, estés escuchando en música ambiental: "La vida breve" de Manuel de Falla.

Un enigma para el que me gustaría escuchar una explicación coherente, sería saber el motivo que le lleva a cantar, a un pájaro enjaulado.     


Fotografía de Santos Pintor Galán





jueves, 19 de octubre de 2017

EUFORIA

Canto una canción
a las tardes tibias,
de mañanas claras,
con suspiros ciertos
en plumas de almohadas
               que no pesan nada.
Desde el aire recio  
a la noche larga
se alejan de mí,
porque los recuerdos,
los negros recuerdos,
               apenas son nada.
Habito un planeta
de duendes y hadas,
de amores que empapan
calando mis huesos,
haciéndome rico
              sin querer yo, nada.
Quizás la locura
me mueva a la danza,
y mientras combato
dolores y penas,
alejo a la muerte
               ¡que al cabo, no es nada!


Fotografía de Maribel Diez Salgado

domingo, 15 de octubre de 2017

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PASAJES DE "CÉCILE, AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA" (39)
CAPÍTULO V
La Acogida
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Era evidente que el corazón de Daniel tenía unas dimensiones fuera de lo común. Me alegré de tener a alguien a mi lado dispuesto siempre a hacerte un favor, y lamenté no haberle conocido antes.
Lanzado como estaba, me atreví a sugerirle a mi amigo:
―En el caso de que Cécile acepte, no sabremos de qué hablar pues apenas nos conocemos ¿Qué te parece si le pedimos que salga hoy con nosotros y así vamos rompiendo el hielo? ―pregunte, interesadamente.
―Puede que sea una buena idea, ahora se lo diré a ver qué le parece.
Y fue a decírselo al salón, mientras yo me quedé en el cuarto, impaciente, mordiéndome las uñas, con el semblante de todos los colores como las casacas de los soldaditos de plomo, ensartado por el aguijón de la ilusión, como las mariposas al corcho, y romántico como si con el acompañamiento de un violín acabara de escribir una rima de Bécquer del libro de las Cien Mejores Poesías que permanecía abierto frente a mí. Al cabo de unos minutos Daniel me abrazó sonriendo:
―¡Todo listo, muchacho! ¡Todo listo! ¡Cécile ya se está arreglando! ¡Vamos a disfrutar lo que nos queda de este año!
Los tres anduvimos por la calle, charlando y riéndonos de las cosas más nimias. Nos deteníamos ante cualquier escaparate ojeando artículos que pudiéramos incluir en nuestra carta a los Reyes. Cécile cogía del brazo a su hermano, aunque, en ocasiones, si me separaba de ambos, me atraía hacia ella, soltándome cuando me tenía cerca. Pícaramente, repetí la maniobra al menos en tres ocasiones y en todas ellas obtuve el premio de sentir su mano sobre mi brazo, atrayéndome. Daniel, ajeno a estos movimientos, se esforzaba en señalar monumentos y lugares dignos de ser mostrados a Nacho.
―La Academia de Caballería es uno de los edificios más bonitos de esta parte de la ciudad ―dijo al alcanzar la Plaza de Zorrilla―, pero en la parte antigua se encuentran casi todos los monumentos.
―Está bien enseñarle arte ―sugerí―, pero no todo van a ser monumentos; también hemos de llevarle a las zonas típicas de tapeo y de eso tú sabes un rato. Y no hay que olvidarse de que Goyita ―dije, aviesamente―, necesitará rellenar de vez en cuando su tanque de combustible. No estaría de más, que ojeáramos algunas confiterías.
Ambos sonrieron, pero fue Cécile quien me regañó achuchándome el brazo y diciéndome con dulzura:
―Álvaro: no seas malo.
                                                                              ....................................
Fotografía del autor.

jueves, 12 de octubre de 2017


HABLEMOS (PARLEM)

(Obra teatral en 3 Actos)

ACTO PRIMERO
(Salón de la casa de Dª Reme)

Mariam(Entre sollozos)— Mamá, mamá. ¡Qué desagraciada soy!
Dª Reme—Hija, no me asustes. ¿Qué te pasa ahora?
Mariam—Lo de siempre, mamá: he tenido una discusión con el imbécil de Paco.
Dª Reme— ¿Otra vez?, ¿pero no os habíais reconciliado el lunes?
Mariam— Sí, pero a los dos días ya estábamos lo mismo. En cuanto se aproxima el fin de semana, no deja de lastimar mis sentimientos y sufro mucho, mamá.
Dº Reme— ¡Pobre hija mía! Cómo siento lo que te ocurre, aunque en honor a la verdad he de decirte, que al matrimonio no fuiste engañada. Sabías de qué pie cojeaba Paco.
Mariam—Lo sabía mamá, pero pensaba que con la convivencia podía hacerle cambiar.
Dª Reme—Ya te dijimos papá y yo que eso era muy difícil. Hay algunos hombres muy cabezotas que no dan nunca su brazo a torcer. De todas formas, haz un último intento, ¿por qué no pruebas a ceder tú un poco y evitas discusiones?
Mariam— No puedo, mamá. No puedo. Sería tanto como renegar de mis íntimas convicciones. Sería tanto como renunciar a lo que más he querido desde pequeña. Es muy fuerte, mamá, muy fuerte. Como mujer, no debo ceder en aquello que considero inviolable, en aquello que he defendido hasta ahora con uñas y dientes.
Dª Reme— Te he parido, Mariam, y sé que desde pequeña te has mantenido firme en la defensa de tus ideales, pero como no cedas, tenemos divorcio a la vista.
Mariam(llorando a moco tendido)— Solo me pasan a mí estas cosas y ahora tengo que volver a casa y convivir con ese estúpido.
Dª Reme— Mira hija: las mujeres tenemos infinitas armas para hacer entrar en razón a nuestros maridos. Úsalas tú también. Haz un esfuerzo. Proponle un plan para ceder un poco cada uno. Hace unos años, con tu padre me pasaba lo mismo. Después, ambos apartamos nuestras diferencias y ahora somos muy felices. Anda, regresa a tu casa y luego me cuentas.

ACTO SEGUNDO
(Apartamento de Mariam y Paco)

Paco (leyendo el periódico)— ¿Qué tenemos para comer hoy?
Mariam (visiblemente enfadada)— A lo mejor nada. He estado hablando con mi madre y dice que así no podemos seguir.
Paco— Tu madre... tu madre ¿Que te va a decir tu madre si es de tu misma opinión?
Mariam— Porque es una mujer sensata. Me ha aconsejado que intentemos, acercar posturas o esto se va al garete.
Paco— De acuerdo. ¿Qué me propones?
Mariam— Que empecemos por darnos gusto en cosas sencillas, por ejemplo, en los postres. Mira: mañana, a pesar de que me resulta empalagoso, tomaremos merengue y pasado mañana tendremos de postre, helado de azul pitufo y frutos del bosque que sé que a ti te repatea ¿Te hace la propuesta?
Paco— De acuerdo,  lo intentaremos. Que por mí no quede.

ACTO TERCERO
(Madre e hija hablan por teléfono, una semana después)

Mariam—Mamá, mamá. Estoy como loca. He seguido tus consejos y todo va sobre ruedas.
Dª Reme—¿Lo ves, hija?
Mariam—Empezamos en darnos gusto en los postres, continuamos por comprar cada uno nuestro periódico favorito y hemos acabado por ponernos de acuerdo en el color de las cortinas. Ahora, en el salón, son blancas con un ribetito monísimo en morado y en el dormitorio son rojas con volantes azules, que es un primor verlas al despertarme.
Dª Reme— Si lo tuyo era fácil, hija. Más trabajo me costó a mí, encontrar toallas verdiblancas, para que el bético de tu padre estuviera a gusto.
Mariam— Me ha costado, mamá. Ya sabes que desde pequeña, soy como tú, hincha del Barça...
Dª Reme—También a él le habrá costado lo suyo. Desde niño es socio del Real Madrid.
Mariam— Gracias, mamá. Creo que hemos encontrado la clave para ser felices. 
Dª Reme— Me alegro. hija. Ahora solo tienes que tener cuidado cuando haya un derby, y sobre todo en la champions.
Mariam— Lo tendré, mamá, lo tendré. Gracias y un beso.

FIN




domingo, 8 de octubre de 2017


PASAJES DE LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS(39)
CAPÍTULO II
La bienvenida
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Jeremías, tardó en aproximarse, pero finalmente, también besó a mi madre y a la tata, pasó por delante de mi padre, ignorándole, y deslizó la mano por la cabeza de Tinín, sin mirarle, porque su atención quedó atrapada ante el encanto de Margarita, a la que no se atrevió a besar. A mí me saludó con una sonrisa nerviosa, para volver otra vez la vista hacía mi hermana, más concretamente hacia los pequeños promontorios que delataban el desarrollo de la jovencita, preocupada de un tiempo a esta parte en llevar algún libro o carpeta que tapara esa parte de su cuerpo. No me sentí cómodo por la interesada mirada de Jeremías; creí por un momento ocupar el segundo lugar en las preferencias de mi primo para las futuras andanzas estivales. En aquellos momentos comprendí que Jeremías era mucho más hombre que yo; a mí no me terminaba de cambiar la voz, los pelillos del bigote, apenas se me insinuaban en las comisuras de los labios y lo que era más definitivo: las amigas de mi hermana me gustaban simplemente por su belleza y por ser mayores que yo, sin que hasta el momento me hubiera preguntado por qué ellas también, ocultaban su delantera con la carpeta de dibujo.
 Terminado el ceremonial de bienvenida, Lucía, ya más desenvuelta, sugirió:
―Primos: ¿Qué os parece, si nos vamos yendo a casa? Seguro que estáis deseando refrescaros.
Luego, dirigiéndose a su marido, con un tono de voz más autoritario, le conminó:
―Mariano: ¡No te quedes ahí plantado como un pasmarote y acarrea el equipaje!
 El tío Mariano tardó unos segundos en reaccionar. Venciendo la inercia, movió lentamente su cuerpo hacía las maletas, para finalmente mascullar unas palabras que nadie de los presentes alcanzó a entender. Con un gesto de cabeza, ordenó a Jeremías que le imitara, se colocó la boina y juntos agarraron los bultos de mayor tamaño. Los demás les seguimos, bastante aliviados de peso, hasta una tartana que el abuelo había dispuesto para que su familia no tuviera que humillarse desplazándose a pie por las angostas calles del pueblo, tragando polvo y sorteando boñigas, siempre cuesta arriba, hasta alcanzar su casa.
El pequeño trayecto se presentaba como un reto, un desafío más a mi capacidad de aguante, que tuve que soportar estoicamente con la garganta anhelante de agua fresca. Mariano, látigo en mano, dirigía desde el pescante el carromato, acompañado de Lucía. Los demás, un tanto hacinados, ocupábamos el recinto tartanero, sudorosos, rodeados de maletas, amparados del sol únicamente por un toldillo, en parte deshilachado. Detrás, caminaba Jeremías con el sombrero de paja ocultándole el rostro. Del pantalón, holgado de cintura, sujeto por un único tirante en bandolera, emergían unas piernas delgadas, musculosas y tostadas, siempre dispuestas a ejercitarse dando patadas a todo canto que se interpusiera en su camino. Con una vara de mimbre en la mano diestra se ayudaba para espantar las moscas, al tiempo que con la boca, imitaba el zumbido de los insectos que supuestamente defenestraba, para después añadir en cada ejecución: «Te maté, mosca asesina, ya no entrarás en mi “cosina”». Cada poco, levantaba la cabeza para asegurarse de que seguíamos sus movimientos, para luego continuar con los silbidos, simulando ignorarnos. La figura de mi primo me recordó en aquel momento, tal vez por la vara de mimbre o por la tonalidad de la piel, al imaginado gitano Antonio Torres Heredia, dirigiéndose a Sevilla a ver los toros, mientras, «a la mitad del camino, cortó limones redondos y los fue tirando al agua hasta que la puso de oro». Este trocito del Romancero Gitano lo aprendí de memoria leyendo, a escondidas de mi padre, el libro que tenía oculto en la biblioteca, junto a otro de Miguel Hernández, detrás de varios volúmenes de poesías de José María Pemán.

                                          ...........................................                                                    



jueves, 5 de octubre de 2017

LA REFORMA
Crónicas de mi Periódico              5 de octubre de 2017

LIBRERÍA  OJANGUREN

Hace tan solo unos días, a punto de comenzar el otoño, estación en la que se produce la caída de las hojas, miles de ellas se han venido al suelo de repente. No me refiero a las poéticas y amarillentas hojas de los árboles, sino a las que formaban parte de un auténtico arsenal de buenos libros, que han dado vida y cultura a Oviedo desde el año 1856.

En septiembre, ha muerto de inanición, una magnífica librería a la que le temblaron las piernas, como a tantas otras, por un virus dañino bautizado como ANT (avance de las nuevas tecnologías), complicado con una patología severa producida por una bacteria propagada por las ondas en forma de e-books. Sin embargo, algunos expertos creen, que la verdadera causa del fallecimiento ha sido el germen actualmente más agresivo que se conoce, el AIDI (avance incontenible de la incultura).

Y es que, en el momento actual, nuestra sociedad está sufriendo una auténtica inversión en la escala de valores; inversión que arraiga con fuerza entre los más jóvenes que prefieren un video juego a un buen libro, sustituyendo la lectura apacible y educativa por el discurrir de horas y horas ante la pantalla del televisor o de la video consola. En general, se puede afirmar, que los educadores: padres y profesores, no somos capaces de inculcar a las nuevas generaciones el hábito por la buena lectura y como resultado, estamos asistiendo a la proliferación de mentes poco creativas, expertas en el conocimiento de la vida y milagros de cantantes o de jugadores de fútbol y tremendamente ignorantes en el aspecto cultural, lo que les está cerrando las puertas al conocimiento de un mundo interior rico y enormemente gratificante.

Esa inversión en la escala de valores de la que hablaba, conduce a creer que gastar 15 euros—precio medio de una novela—, parezca un dispendio, en tanto que para asistir a un concierto de un conjunto musical famoso, sea frecuente ver acampados durante varios días a cientos de jóvenes haciendo cola, provistos de una entrada cuyo precio nunca es inferior a 50 euros.   

También parece un avance social, que los libros de texto hayan de ser gratuitos, cuando este criterio debería aplicarse, únicamente, para los que verdaderamente carezcan de medios económicos que les impidan adquirirlos. Lo que no cuesta, no se valora. Os invito a que visitéis el blog de mi amigo, el escritor Antonio José López Serrano: https://topitocava.wordpress.com/ y leáis el artículo: ¿Libros de texto gratuitos? No, gracias.


Estos y otros hechos, conducen al goteo incesante de cierre de librerías, motivo que habría de llevarnos a la reflexión. Visitar con frecuencia estos establecimientos y adquirir su mercancía, es siempre la mejor inversión que podemos hacer, a corto, medio y largo plazo.

domingo, 1 de octubre de 2017


CAFÉ  L´ETOILE  (2ª Parte)

(Continuación)

Aquella tarde fue mágica, no solo por tenerla a mi lado, sino porque al dar por terminada su presencia entre nosotros, me levanté galante con el deseo de acompañarla; acompañamiento que no desechó. Por el camino, tuvimos ocasión de hablar de nuestras ocupaciones. Ella se sintió fascinada por mi oficio de poeta, más que por el hecho de que dijera estar estudiando Derecho, y yo me quedé sorprendido al conocer que su máxima aspiración consistía, en perfeccionar su técnica para llegar un día a dejar volar su tutú en el ballet de Paris. De hecho, nuestro primer encuentro concluyó cuando nos despedimos ante un portal de la rue Royale que anunciaba  en grandes rótulos la existencia de una academia de baile. En el mismo portal, me confesó sin ambages que deseaba volver a verme  — proposición que hasta la fecha ninguna mujer me había hecho—, y quiso que intercambiáramos nuestros números de teléfono. Decidí no darle el mío por temor a que descubriera mi dedicación exclusiva en la brasería, pretextando que madame Delanied, dueña de la pensión en donde me alojaba, no permitía el uso del teléfono a sus pupilos. Le dije que la llamaría desde una cabina, cuando tuviera posibilidad de hacerlo, pues entre mis clases de Francés y de Derecho y la búsqueda continúa de inspiración, tenía ocupado todo mi tiempo. Giselle, no debió quedar muy convencida de mis razonamientos y noté una sombra de sospecha en sus ojos; sospecha que creo se incrementó, cuando en las siguientes ocasiones en las que tuve la fortuna de pasear junto a ella por la ribera del Sena, comprobó que mi vocabulario no mejoraba y que no era capaz de mostrarle ningún poema, más allá de cuatro versos mal escritos.

Quizás para asegurarse de que no la estaba engañando, me pidió con insistencia que le dedicara alguna de mis composiciones poéticas. Al verme en un compromiso del que dependía la continuidad de nuestra relación, me vi en la necesidad de copiar algunos poemas poco conocidos de Ronsard, Baudelaire o Paul Claudel, entre otros. Procuraba leérselos sin que se quedara con el escrito, para que no pudiera descubrir el plagio. En un principio, el halo romántico que imprimía a la declamación, fue suficiente para vencer distancias hasta ese momentos inalcanzables, con lo que tuve la oportunidad de besarla: al principio, al concluir el poema y más tarde, antes y después de cada verso. ¡Oh là là!
En las espaciadas tardes de nuestros encuentros, notaba que su pasión por mí se acrecentaba, aunque no tanto como la que yo sentía por ella, hechizado por la elegancia de su atuendo y la delicada forma de decirme: "Je t´aime".

Todo sueño tiene un despertar y el mío se produjo de manera inesperada cuando uno de los escritores asiduos a la tertulia, visitó casualmente la brasería donde trabajaba. El muy ladino, en todo el tiempo en el que permaneció en el local, ni siquiera me dirigió la palabra; tan solo al pagar la consumición, dejó caer unas monedas sobre la bandeja, diciéndome despectivamente: "Pour vous, grand poète".

La noticia debió correr como la pólvora entre los intelectuales de L´Etoile, hasta llegar a oídos de Giselle, porque en mi siguiente comunicación telefónica, solo escuché improperios salidos de su boca a una velocidad vertiginosa y con una entonación un tanto airada, sin ahorrarse epítetos de grueso calibre hacia mi persona. Entre el torbellino de palabras, pude traducir que no soportaba el engaño, que había sido un tramposo y que no me molestara en llamarla, porque nuestra relación había concluido. Ni siquiera me dio la oportunidad de poder explicar el porqué de mi proceder, pues, bruscamente, cortó la comunicación. El altar en el que había colocado a la bella Giselle, se me vino abajo. Aquella delicada manera de tratarme que tanto me agradaba se hizo añicos y no pude evitar compararla con Margot, la malencarada  y vulgar dependienta de la boucherie en donde realizaba mis compras.

Totalmente desilusionado y aún sabiendo que yo era el burlador, taché de mi agenda su número de teléfono, en un ataque de amor propio, para no caer en la tentación de llamarla de nuevo. A los pocos días me despedí de la brasería, por si acaso se arrepentía de lo que me había dicho y decidía buscarme. De esta manera tan poco romántica, finalizó mi primera experiencia amorosa en Paris. De Giselle, conservé durante algún tiempo, el aroma que desprendía su cuerpo al abrazarla y su grácil figura dando saltitos, como buena bailarina de ballet, cuando nos encontrábamos. Después, el recuerdo se fue diluyendo hasta desaparecer.

Una vez repuesto de la decepción, seguí intentando focalizar mi existencia en llegar a ser un prestigioso poeta. Pensaba, ingenuamente, que en un día no muy lejano, París se rendiría ante la calidad de mis versos, y que dada mi naturaleza impenitentemente enamoradiza, pronto encontraría una musa con la que soñar de nuevo. ¡Qué equivocado estaba!