jueves, 15 de noviembre de 2018



PASAJES DE "LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (51)
CAPÍTULO III
La casa del abuelo
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Después de soltar esta perorata, el abuelo, estirando y encogiendo párpados y labios, se agarró a la silla, luego a la mesa, se cambió de mano por dos veces el bastón y dando un fuerte resoplido, consiguió por fin sentarse.
Como si el quejido fuera una señal de inicio, mi madre aprovechó la ocasión para bendecir la mesa, como hacíamos todos los días.
―Te damos gracias, Señor, por el alimento que tan generosamente nos concedes. Fortalece nuestro cuerpo y aumenta nuestra fe para que, siendo fieles al Evangelio, compartamos un día con nuestros hermanos mejores manjares en la mesa celestial de tu Reino.
―Amén ―respondimos todos al unísono, no con tanta devoción como deseosos de paladear cuanto antes las exquisitas judías estofadas que Petra nos había preparado.
Mi madre, atenta como siempre al más necesitado, creyó que era urgente atender a Jeremías, y en un tono jovial le dijo:
―Ea, Jeremías acércame el plato, que por ser nuestro invitado, te voy a servir el primero.
Jeremías se sonrió y, una vez servido, sin esperar a que las judías llegaran a nuestros platos, sumergió la cuchara en el suyo y las fue engullendo con tanta animosidad que cuando mi madre concluyó la ronda, preguntó:
―¿Se puede repetir?
―Si hijo, faltaría más ―dijo mi madre, escanciándole otros dos buenos cazos de judías.
―Si quieres, puedes comerte las mías ―arguyó el abuelo quién, entornando los ojos, quizás recordando épocas pasadas, exclamó resignadamente:
―Ya no me vuelve el apetito, aunque tenga delante unas buenas judías con chorizo.
Durante unos minutos sólo se oyó una sinfonía de percusión en la que las cucharas, como improvisadas baquetas, golpeaban con energía los platos, hasta que el abuelo, que asistía resignado al espectáculo, tomó la palabra para decirnos lo que seguramente había estado rumiando en los últimos meses de soledad:
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domingo, 11 de noviembre de 2018



CONCIERTO EN LA CATEDRAL DE VALLADOLID

El pasado viernes, cuantos nos acercamos a la Catedral, tuvimos ocasión de escuchar al coro "Schola Antiqua", dirigido por Juan Carlos Asensio, en un Concierto enmarcado dentro de los Actos Conmemorativos del IX Centenario del Fallecimiento del Conde Ansúrez, repoblador de la ciudad de Valladolid.

La "Schola Antiqua", desde su fundación en 1984, ha venido actuando en festivales en Europa, Estados Unidos, Centroamérica, Próximo Oriente y Japón. Su amplia discografía incluye trabajos dedicados al canto mozárabe, al canto gregoriano y a reconstrucciones históricas de polifonía. Entre sus proyectos para este curso figuran su participación en el Festival de Música sacra de Bogotá, en la Capilla Palatina de Aquisgrán, en la abadía de Ciervaux y la reconstrucción de las Vísperas Solemnes de Confesores de José Nebra junto a La Grande Chapelle.

En la primera parte, este coro madrileño interpretó magistralmente, varios oficios de difuntos de canto hispano visigodo (mozárabe) que surge de la unificación del rito litúrgico hispano en el Concilio de Toledo de 633, bajo la tutela de San Isidoro de Sevilla.

La segunda parte estuvo dedicada al "officium defunctorum" en una bella conjunción de voces en polifonía gregoriana.

Ambas actuaciones que corresponden a música de réquiem en tiempos del Conde Ansúrez (1037-1119), fueron muy aplaudidas por el entendido público que llenaba el amplio espacio de la seo herreriana.

Este concierto, es el segundo de un total de cuatro que ha sido organizado por la Fundación Joaquín Díaz y el Ayuntamiento de Valladolid y se completará los días 22 y 23 con un simposio en el que cinco expertos hablarán, en la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, sobre las distintas músicas medievales.

Dada la elevada calidad de los participantes, será muy interesante poder asistir tanto a las audiciones así, como al propio simposio.

Fotografía de Santos Pintor Galán

jueves, 8 de noviembre de 2018




LAS FINANZAS DE BARTOLO



(Obra teatral en tres Actos)

ACTO PRIMERO
(En el despacho del Director de una conocida Entidad Bancaria)

Bartolo— Buenos días. ¿Se puede?
El Director— Pase y siéntese, por favor, don...
Bartolo— Bartolo Paniagua, para servirle.
El Director—Encantado de conocerle, don Bartolo. Ya me ha indicado mi secretaria,  que un caballero deseaba conocerme para invertir unos ahorrillos.
Bartolo— Así es, señor Director. Tengo una pequeña cantidad de dinero ahorrada, repartida en varias entidades bancarias y quisiera unificarla en su Banco, teniendo en cuenta las condiciones que publicitan en el exterior.
El Director— ¿De qué cantidad estaríamos hablando?
Bartolo— De unos quinientos mil euros, que pueden ser más cuando venda unos terrenos que tengo en el pueblo.
El Director—¡Enhorabuena, amigo! Ha dado usted con el Banco apropiado. Acogiéndose  a nuestra oferta de cuenta "Banca Azul", por ese dinero le podríamos dar un 1% que llegaría al 2% si la cantidad total llegara al millón, además de una tarjeta de crédito y acceso a nuestra web on-line, todo ello totalmente gratis.
Bartolo— ¿Tendría comisión de mantenimiento?
El Director—En absoluto, don Bartolo. Mientras yo sea el director de esta sucursal, usted no pagará ninguna comisión. Es una atención personal que tengo con clientes VIP, como usted.
Bartolo— Siendo así, cuente con un cliente más.
El Director— Excelente, amigo. Yo me encargaré de todo. No obstante necesito que me firme las correspondientes autorizaciones y los contratos de la nueva cuenta, de la tarjeta de crédito, de la autorización on-line y otras minucias.
(Una hora más tarde, después de haber firmado no menos de treinta veces)
El Director—Bueno, pues ya lo tenemos todo. Considere esta entidad como su propia casa y si tiene algún problema, no dude en acercarse hasta nuestra Entidad en donde será convenientemente atendido.
Bartolo— Gracias, muchas gracias.
El Director— De nada, don Bartolo. Ha sido un placer.


ACTO SEGUNDO
(En la misma Entidad Bancaria, seis meses más tarde)
Bartolo (dirigiéndose a una empleada)— Buenos días. Desearía hablar con el Director. Empleada—El Director no se encuentra en la Oficina y no creo que regrese en toda la mañana, pero no se preocupe que yo estoy aquí para resolver sus dudas.
Bartolo—Verá, señorita, hace seis meses que deposité mi dinero en la cuenta "Banca Azul" y todavía no he recibido los intereses y me han cargado un dinero en concepto de "comisión de mantenimiento"
Empleada— "Banca Azul"..."Banca Azul"... ¡Ah, sí! Era una cuenta que tuvimos hace un tiempo pero que ya no existe. Su depósito habrá sido transferido a una libreta de ahorro, "La Libreta Blanca", que no produce interés alguno, de ahí que no haya recibido ninguna  remuneración y, por supuesto, esta cuenta lleva una pequeña comisión de mantenimiento.
Bartolo—¡Pues sí que estamos bien! ¿Y cómo es que no me han avisado?
Empleada— Eso supondría haberle enviado una carta y le hubiéramos tenido que cobrar el sello. Nosotros miramos por el dinero de nuestros clientes.
Bartolo—¿Existe algún medio de que no me cobren la comisión de mantenimiento?
Empleada—¡Naturalmente! Solo tiene que domiciliar la nómina.
Bartolo—Siendo así... Mañana la domicilio aquí.Adiós y gracias.

ACTO TERCERO
(En el mismo lugar, otros seis meses después)

Bartolo (visiblemente enfadado se dirige a un empleado)— ¡Quiero hablar con el Director!
Empleado— Por favor, señor, baje el volumen de voz. En este momento no tenemos Director porque estamos en un proceso de reestructuración de nuestra Red de oficinas bancarias. Pero yo le puedo atender. ¿Qué desea?
Bartolo— Deseo saber por qué me siguen cobrando la comisión de mantenimiento en "La Libreta Blanca ", si ya domicilié la nómina.
Empleado— Es que desde hace unos meses, la domiciliación de la nómina no es suficiente, se necesita hacer un Seguro de Vida, tener domiciliados tres recibos y realizar un gasto mensual con la tarjeta de crédito de al menos quinientos euros.
Bartolo— Pero esto no es lo que yo firmé inicialmente. ¡Me siento estafado!
Empleado—Lo siento caballero, pero son normas que nos vienen de arriba y yo no puedo hacer absolutamente nada.
Bartolo— En ese caso, mañana mismo retiro el dinero.
Empleado— Puedo hacerlo cuando desee, pero le advierto que el coste de un cheque bancario es de trescientos euros.
Bartolo—Pues lo saco en efectivo.
Empleado— Si decide hacerlo así, tardaremos unos días en tenerlo disponible.
Bartolo—¡Me da igual! Me lo llevaré aunque tenga que contratar una furgoneta.
Empleado (hablando a Bartolo en tono paternal)— Piénselo bien. No debería decir yo esto, pero todos los bancos hacemos lo mismo. Además, fuera, en el barrio, hay gente que puede enterarse de que tiene dinero en casa y...Compréndalo cada vez hay más ladrones...
Bartolo(enfadadísimo y confuso abandona la entidad mientras masculla)—Ya sé que hay ladrones fuera. Ahora he comprendido que también los hay dentro.
FIN




domingo, 4 de noviembre de 2018


REFLEXIONES CAROLINGIAS (XXIX)

Como se jactaba de conseguir todo lo que deseaba mediante sobornos, alguien le preguntó si había hecho un máster en "La Soborna".

Me gusta el chocolate con churros. ¡Qué porras!

Se ha sabido ahora que cuando Felipe II dijo: "No envié mis naves a luchar contra los elementos", no se refería a los agentes atmosféricos.

Una mujer se disgustaba porque le habían dicho que su marido se pasaba horas y horas discutiendo en el bar. Hasta que le explicaron qué era el VAR.

Al comentar a sus amistades de que confraternizaba con las ideas de Franco, le negaron el saludo. Mientras tanto, Franco Maldonni, filósofo y pensador de tales ideas, permanecía ajeno a este hecho.

En cinco minutos, consiguió pescar tres peces, lo que aumentó considerablemente su autoestima. Lástima que vaciara la pecera.

Siempre exageramos un poco cuando hablamos de las virtudes de nuestros hijos, pero la exageración alcanza el no va más, cuando ponderamos a los nietos.

A la vuelta de la esquina, la vida te puede sorprender gratamente—le dijeron—. Pero en la vejez, solo recordó haber recibido esquinazos.

Al nacer, por su condición de infanta, le impusieron los nombres de Cristina, Margarita, Isabel, Ana, Beatriz, Cristeta, Leocadia. Pero pasó a la posteridad como reina Leocadia, porque una institutriz le recomendaba, de niña, leer cada día.

Aspiraba a llegar a ser el mejor en todo. Por eso, en los momentos de bajón, se tomaba una aspirina.

Se compró una caja, metió su dinero y lo sacaba, automáticamente, cuando lo necesitaba. No precisaba clave de acceso ni pagaba cuota de mantenimiento.

Le dijeron que almidonara el cancán y luego se preguntaba por qué el vestido se le ceñía al cuerpo y su pareja de sabuesos caminaba con el rabo y las orejas tiesas.






jueves, 1 de noviembre de 2018

NOVIEMBRE LLUVIOSO

Poco a poco, lentamente,
desciende de lo alto
el susurro plañidero de ángeles tristes.
Desasosiego de una tarde gris,
lágrimas resbalando por vidrios que pierden
su misión de ser atravesados por miradas.
Parece interminable el lamento melancólico
que me destempla, como el repique
incesante de campanas tocando a muerto.
No existe la esperanza de que cese
este diluvio no deseado.
Entre suspiros, añoro la claridad de tus ojos
que eran para mí la claridad de la mañana,
y no cesa de invadirme la añoranza.
Cuando estabas junto a mí,
nunca llovía, o mejor dicho,
la lluvia no nos afectaba el ánimo.
Bajo el paraguas, los nubarrones
nunca fueron grises. Tatareábamos canciones
bendiciendo las gotas que empapaban
los hombros no protegidos,
por mucho que juntáramos los cuerpos
y se refugiaran los labios del uno
en el otro, con cualquier pretexto.
Cuando estabas junto a mí,
nunca llovía, porque nada del mundo exterior
nos afectaba. No había soledad,
ni existía la duda ni el deseo inacabado...
Ahora, hundo los pies en los charcos de la vida
aunque me encuentre contemplando
tras cristales, el goteo de recuerdos que no cesan.


domingo, 28 de octubre de 2018


CUENTO  VENECIANO

Con la mirada limpia de quien desea conocer el mundo que le rodea, se pasaba horas y horas escrutando tras los visillos del mirador, el pasar ajetreado de los gondoleros que surtían de aperos y víveres a los habitantes de Venecia, mientras bordaba en finas telas, banderolas, gallardetes, reposteros... que luego su padre vendería a la gente más influyente de la ciudad para ornamento de sus casas y ejércitos.

A sus dieciséis años, Valeria puso como excusa ser este mirador el lugar más tranquilo de la mansión, para observar el paso de las gentes que cruzaban el puente sobre el canal y el discurrir de las embarcaciones por el mismo. Entre los gondoleros, uno acaparaba su atención. Destacaba entre todos los demás por su apostura y belleza. Se sentía cautivada por su melena rubia, el cuidadoso manejo con el que movía el remo y el balanceo cadencioso  con el que resaltaba a cada vaivén, la armónica proporción de un cuerpo juvenil y musculoso. 

Desde que escuchara: "¡Buongiorno, Fabrizio!" al cruzarse su góndola en la angostura del canal, con la de un compañero, el nombre de Fabrizio se grabó en su mente, de tal manera que soñaba con el momento en que pudiera llamarle a viva voz, pues, sin darse cuenta, ya lo musitaba cada vez que su amor platónico pasaba ante el mirador.

No pudiendo vencer por más tiempo esta tensión emocional, un buen día, Valeria tuvo el atrevimiento de descorrer el visillo y agitar su mano saludándole. Fabrizio detuvo entonces su góndola ante el balcón e inclinándose respetuosamente, confesó a la dama, no haber visto jamás belleza alguna que pudiera compararse a la suya. A partir de ese encuentro, Fabrizio se detenía ante el mirador cada vez que su tarea le llevaba por el canal en donde se encontraba la casa de la joven, que ya, venciendo toda timidez, intercambia con él pequeñas pláticas sin que su padre fuera sabedor de ellas.

De los primeros galanteos, pasaron sin percatarse a los requiebros amorosos y a la mutua confesión de sus amores, de manera que se hizo famosa una cancioncilla que se escuchaba en todas las plazas de la ciudad.

Non sarai innamorato
se non ami, come Fabrizio
adora la dolce Valeria.
Un amore,talmente puro,
Venezia mai lo conobbe.

No tardó mucho tiempo Gennaro Montepussi, padre de Valeria, en conocer estos amoríos que le causaron un hondo pesar, pues él había concertado matrimonio para su hija, con el primogénito de un rico comerciante de la ciudad, de manera que, a partir de ese instante, recluyó a su hija en una estancia situada en la parte más elevada de la casa cuya ventana daba a la parte opuesta a la que se encontraba el canal.

Al percatarse Fabrizio de que su amada no acudía a su llamada, paraba cada día su góndola ante el mirador y entre lágrimas exclamaba repetidamente: "¡Ti amo, Valeria!", con la esperanza de obtener respuesta. Ponía tanto ardor en su declamación, que pronto encontró el apoyo incondicional de amigos y viandantes que unían sus voces a las de él en un intento de que el clamor llegara a los oídos de su amada. Fue tal la empatía de este gesto de amor desgarrado que pocos días después, los venecianos optaron por congregarse ante la Torre dell´Orologio y, coincidiendo con la última campanada de las doce de la mañana, lanzar como una sola voz su plegaria enamorada: "¡Ti amo, Valeria!"

Imposible que el dux no escuchara desde el cercano Palacio Ducal esta unánime declaración de amor y de que no se enterara del motivo que lo originaba, por lo que mandó llamar de inmediato a Gennaro, al que le habló de esta manera:

"El amor es el don más preciado que se ha concedido a la especie humana. Quien ama ya es rico, pues posee la felicidad con la que podrá vencer los avatares de la vida. Fabrizio con su actitud ha demostrado que el amor por tu hija es puro y que es capaz de hacer cualquier cosa por conseguirlo. No te avergüences de emparentarte con un humilde gondolero, pues a partir de mañana, entrará a mi servicio y será quien dirija mi nave cuando tenga necesidad de salir de Palacio"

Gennaro acepto de buen grado las indicaciones del dux y Valeria retornó al mirador desde el que pudo seguir platicando con Fabrizio hasta el día en que unieron sus vidas para siempre.

Cuenta la leyenda, que si estás verdaderamente enamorado, todavía puedes escuchar  en el sotoportego de le acque, una voz que rasga el silencio de la noche:"¡Ti amo, Valeria!"

Fotografías de Pura Muñoz y Antonio Maeso.





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jueves, 25 de octubre de 2018

LA REFORMA
Crónicas de mi Periódico                       25 de octubre de 2018

63 SEMANA INTERNACIONAL DE CINE DE VALLADOLID

El pasado día 20, ha tenido lugar en el emblemático teatro Calderón, la inauguración de la 63 Semana Internacional de Cine (SEMINCI, no SEMINCHI como algunos pronuncian). Bárbara Lennie, leyó unas palabras del director del certamen, Javier Angulo que anunció un nuevo premio, la Espiga Verde que premia el mejor film sobre el cambio climático.

La primera Espiga de Honor de esta edición fue para el actor Matt Dillon que lo recibió de manos de José Coronado (ambos habían  protagonizado minutos antes, a su entrada sobre la alfombra verde, una interminable sucesión de "selfies" e innumerables firmas de autógrafos). También se premió al cineasta iraní en arresto domiciliario, Mohammad Rasoulof, que envió un video grabado desde su casa y prometió hacer un Skype con los espectadores de la SEMINCI que se ha vertebrado en torno a su obra.

El Jurado Internacional está compuesto en esta edición por Lucía Cedrón, Bárbara Goenaga, Inge de Leeuww, Marta Menyei. Manuel Pérez Estremera y del portugués, Miguel Gomes que lo preside y que alabó las virtudes del cine de su país, homenajeado este año.

Documentales de Bergman, secciones de Castilla y León en corto y en largo y el ciclo de la Década Prodigiosa dieron pasa al ya habitual In Memoriam, con nombres como Aznavour, Yvonne Blake, Milos Forman o Vittorio Taviani.

Esther García y Almudena Carracedo presentaron Tiempo de Historia, Punto de Encuentro y Spanish Cinema y anunciaron que el martes Geraldine Chaplin hará entrega de la Espiga de Honor a Juan Antonio Bayona: el mismo día que lo recibirán Iciar Bollaín, Eduardo Fernández y el programa Versión Española. La gala se cerró con la participación de Carlos Saura que recordó su relación con Ingmar Bergman.

Por último, el equipo técnico y artístico de "Tu hijo" salió al escenario para dar paso a la proyección de esta película con la que comenzaba la 63ª Seminci.

La gala estuvo salpicada con chistes y chascarrillos de Eva Hache que actuó como animadora entre las distintas presentaciones, con diferente grado de aceptación entre los asistentes. En la gala de clausura está prevista la presencia de Nick Nolte. Será el próximo sábado 27

Solo me queda desear una estupenda semana de cine en la que me gustaría que, alguna de las cuatro producciones españolas que se presentan en la sección oficial, obtuviera la codiciada Espiga de Oro.


domingo, 21 de octubre de 2018


FÁBULA DEL GRANJERO MALNACIDO

n el pueblo tenía fama de trabajador, pero muchos opinaban que su celo por aumentar la producción del ganado de su propiedad, excedía con creces los límites de lo sensatamente permitido, hasta el punto de que era considerado por sus vecinos como un auténtico maltratador de animales. En su avaricia, ordeñaba repasando hasta dos y tres veces las ubres de las sufridas vacas y ovejas, para conseguir que la cantidad de leche extraída alcanzara límites de récord. Si no lo conseguía, les disminuía su ración de pienso o les fustigaba con un mimbre que tenía para la ocasión, mientras, entre juramentos, se dirigía a las bestias como si pudieran entenderle: "Malditas criaturas —decía—; no valéis para nada. Ya os enseñaré a que dupliquéis el valor de cuanto coméis".

El discurso y el enfado continuaba en su casa, donde su mujer tenía que seguir soportando una retahíla de absurdos razonamientos: "Mientras yo viva, ningún animal tendrá cabida en mi granja si no produce en relación con lo que come, y me importa un pito si está preñada o no".

En su misma casa vivían su hija y su yerno, que le habían hecho abuelo de tres hermosas criaturas, las dos últimas nacidas hacía muy pocas fechas de un parto doble, al año de que hubiera venido al mundo la primera. Dada la juventud de la madre y el escaso tiempo habido entre embarazos, de sus pechos no brotaba  leche suficiente para alimentar a los recién nacidos. Una tarde, cuando nuestro granjero regresaba de los establos, escuchó la voz rotunda del yerno, increpando a su hija, en una alocución preparada de antemano, para intentar que el granjero cayera en la cuenta de su malvado proceder: "¡Vaya mujer más enclenque que tengo! En dos años de matrimonio sólo has tenido tres hijos y no tienes leche suficiente, a pesar de que comes cuanto quieres. !No sé que voy a hacer contigo!"

Al oírlo, el granjero, enfurecido, salió en defensa de su hija: "No vuelvas a hablar así a mi hija. Si no tiene leche es porque los embarazos han venido muy seguidos y no ha podido recuperar todas las energías". "Exactamente igual. le ocurre ganado que usted explota" le replicó el yerno, que había estado esperando la ocasión para afear su despótica postura.

El granjero malnacido, a regañadientes, comprendió el razonamiento, y dicen que a partir de ese momento fue más cuidadoso en el trato con los animales de su granja.

MORALEJA: No maltrates a los animales. Son como tú, seres vivos.

Acuarela de Manuel Malillos Rodríguez


jueves, 18 de octubre de 2018



PASAJES DE "CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA" (50)
CAPÍTULO VI
La ilusión
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Por último, actuando mejor que una actriz dramática, Petra pasó bruscamente de la risa al llanto y concluyó reconociendo:
―¡Qué solita estoy! No me queda ni marido ni familia. Si no fuera por este santo ―dijo, señalando a mi padre, que en ese momento entraba en el primer sueño―, no sé dónde hubiera comido las castañas este año. Vamos a la cocina ―dijo a tata Lola, dando un respingo―, que buen vajillero nos espera y eso que ahora me se está poniendo un dolor, asín sobre la parte de la rabadilla, que no sé yo como acabaré el día. Como sea la “asiática” estoy amolada.
Antes de marcharse, como una buena prestidigitadora, sacó, en una hábil maniobra, un pañuelo de la manga, se lo llevó a los ojos, después a las narices y se sonó los mocos. De estar Domi en la escalera, hubiera oído el estrépito.
Cuando las tatas abandonaban el salón, mi madre suspiró aliviada, disimulando, de paso, con su gemido, el ronquido paterno.
Margarita, aprovechó la ocasión de pillar desprevenido a mi padre, para pedir lo que no estaba segura se le concediera.
―Papá, papá ―gritó, despertando a su progenitor―; Nacho y yo hemos pensado que podíamos hacer en casa un guateque de despedida. Mañana hará mucho frío para estar por la calle y si queremos ir a bailar tendríamos que hacerlo solos, y ya sabemos que eso no os parece bien...
―Por mi parte ―respondió mi padre, que acaba de entrar en el mundo real―, creo que está muy bien pensado. Tenéis mi permiso y creo que también el de tu madre. Aquí estaréis al resguardo de algunas lenguas viperinas que buscan el menor motivo para socavar el prestigio de mi linaje.
Con las bendiciones paternas conseguidas, el resto fue coser y cantar. Avisamos a nuestros amigos que, como era de esperar, se alegraron por la noticia. Yo me encargué al día siguiente de retirar las sillas y las mesitas auxiliares para improvisar una pista de baile en la que pudiéramos evolucionar con soltura, y Margarita se ocupó de la intendencia.
―Con dos docenas de “medias noches” será suficiente ―calculó―. Estos días estamos empachados con tanto dulce y tanta comida.
No dije nada para no enfadar a mi hermana, pero conociendo a Goyita, me pareció el avituallamiento un poco escaso. A Tinín le indicamos el funcionamiento del pick-up y le confirmamos en el cargo de pinchadiscos. No queríamos que el crío se sintiera marginado. También fue él el encargado de hinchar los globos y de ayudarme a decorar el salón con serpentinas y guirnaldas. El ambiente a conseguir debía ser lo más parecido al de un salón de baile y, aún a riesgo de parecer inmodestos, creo que lo conseguimos.                                                                                                                              ...................................
                             

domingo, 14 de octubre de 2018


PASAJES DE "LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS"(50)

CAPÍTULO III
La casa del abuelo
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Sentados en el comedor aún tuvimos que esperar unos minutos a que las tatas terminaran de acicalar al abuelo. La estancia era la mejor conservada de la mansión. Disponía de una mesa de grandes dimensiones, de un robusto aparador ochavado de tres cuerpos y de una vitrina a juego, piezas fabricadas en roble de gran calidad, que fueron adquiridas por el bisabuelo al habitar la casa. En un rincón, haciendo chaflán, dos robustas palomillas sostenían un tablero triangular, encima del cual resplandecía el altavoz de una gramola, junto a la que se apilaban varios discos de vinilo. Las paredes estaban prácticamente desnudas, a excepción de una Sagrada Cena y de un enorme calendario señalando el mes de enero, como si se quisiera indicar que en esa casa el tiempo se había detenido justo cuando falleció la abuela. Del techo pendía una lámpara de ocho brazos, que además de no guardar la equidistancia entre ellos, delataban la ausencia de bastantes colgantes de cristal. Uno de los caprichos de mi antepasado fue decorar el techo con pinturas ilustrativas de ninfas y bacantes que danzaban entre hojas de vides y mil motivos alegóricos más relacionados con la vendimia, que debió ser su obsesión cuando, después de comprar un buen numero de dehesas, decidió adquirir cualquier majuelo que se pusiera a tiro, para ser digno hijo de la comarca La Tierra del Vino, que le vio nacer. Las ninfas semidesnudas se divertían jugando en un corro que abarcaba el perímetro del techo, dejando en el centro espacio suficiente para toda una constelación de estrellas. Dada la altura de la habitación, no hubiera sido difícil imaginar que las estrellas formaban parte del mismísimo cielo, si no fuera porque aquí y allá el estuco se había desprendido, dejando al descubierto inexpresivas manchas blancas que rasgaban las estrellas y mutilaban parcialmente la belleza de las sílfides.
A eso de las dos y media apareció el abuelo en el quicio de la puerta. Los pellejos de su cuello, apenas rozaban el de la camisa, y el maniquí de su esqueleto se hundía entre las hombreras del traje gris de los domingos, que parecía dos tallas más grande, tal era la merma en carnes que el enfermo había experimentado en los últimos tiempos.
Cargando el peso del cuerpo en el bastón que empuñaba su mano izquierda, a duras penas levantó el brazo derecho y, con voz entrecortada, discursó a modo de saludo:
―Señores: ¡esto es lo que hay! ¡Constantino González, quién te ha visto y quién te ve! ―hizo una pausa. Con la salud que tenía hace unos años ¿quién me iba a decir a mí que acabaría siendo un hombre agoterado, a punto de derribo?
―Tino, no se fatigue y siéntese a comer ―dijo mi madre―. Lo que le conviene ahora es reponer fuerzas. La familia estamos aquí para ayudarle. Comiendo cosas de gusto recobrará el apetito y en poco tiempo se encontrará mejor.
―Gracias, hija, pero si comiera algo, ¡no iríamos mal! Lo jodido es que junto a la Macrina se me han ido también las ganas de comer y eso que la Petra se esfuerza en hacerme buenos guisos, pero, apenas pruebo bocado, la comida me da en rostro y si acaso le cojo afición al gallo en pepitoria, al poco rato me vienen las ganas y tengo que orinar; no acabo el goteo y de seguida, llegan los escozores, así que cuando vuelvo a la mesa a reemprender la tarea, para mí el gallo ha dejado de cantar.
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jueves, 11 de octubre de 2018


BOLONIA, VENECIA…

Parece Bolonia una ciudad en la que el tiempo medieval haya quedado detenido bajo sus soportales. Se palpa en el ambiente, un aire docto y culto que hace que al recorrer sus calles se tenga la sensación de estar viviendo placenteramente en otro siglo. La Piazza Maggiore con la Fuente de Neptuno, las Basílicas de san Petronio y San Stefano, las torres Asinelli y Garisenda, etc. etc. hacen de esta ciudad una joya del pasado. Con todo, para mí Bolonia tiene el enorme valor sentimental de contener en la basílica de Santo Domingo, los restos del santo fundador de la Orden Dominicana, motivo por el que elegí esta ciudad italiana como motivo fundamental para realiza mi periplo por esta nación que vibra con la azzurra. 

Venecia es una ciudad diferente. Descubrirla implica llegar a ella por vía marítima por medio de un vaporetto y si de por sí el viaje merece la pena por la cantidad de edificios nobles que se  divisan en sus orillas, una vez que arribas a los embarcaderos, la belleza de la ciudad te subyuga. Sale a tu encuentro el Palacio Ducal que te lleva a la espectacular Plaza de San Marcos en donde se encuentra la Basílica del mismo nombre, il Campanile y la Torre del Reloj.

 Recorriendo un entramado de callejuelas, se van descubriendo iglesias, palacios, puentes sobre los canales, lugares de ensueño recorridos por una ingente cantidad de personas que, intentan captar con sus cámaras desde la belleza arquitectónica que la ciudad brinda con largueza, hasta el tipismo de los gondoleros o la estampa de terrazas repletas de comensales. El ambiente festivo inherente a la actividad turística, se desborda de hechizo cada noche en la Plaza de San Marcos en donde los quintetos musicales amenizan hasta la medianoche veladas que ponen colofón a jornadas vividas con intensidad.

Os ofrezco una pequeña muestra de lo captado en ambas ciudades con el deseo de haceros partícipes de mi viaje por tierras italianas.