domingo, 18 de febrero de 2018


REFLEXIONES CAROLINGIAS  (XXIII)

Odiaba a los afiladores porque siempre caminaba por el filo de la navaja.

Acentuaba pie y escribía "pié". Por eso, quizás, "le cantaban" los calcetines.

"Cierra las Puertas", "Antes de entrar en casa, sacúdete los pies en la alfombrilla", " No hables tan alto" etc. etc. El marido de la diva soportaba estoicamente estos reproches pues sabía que su mujer estaba representando la ópera "Norma" de Bellini.

Ninguno de mi familia necesitamos foco alguno ni pantalla, para producir sombras chinescas—afirmó Chu Li Hong, propietario del Restaurante " La Muralla de Pekín"—. Nos basta con que salga el sol— afirmó.

Al entrar en el hospital, creyó que en la Planta de vascular únicamente le pesarían, pero le operaron de la carótida.

Con una mujer de 120 Kg y tres hijas que no bajaban de los 100 Kg., aquel hombre, sin necesidad de dormir, tenía pesadillas.

Se vanagloriaba de tener "una percha" estupenda y un cuerpo fuerte como el de un armario ropero, pero no tenía éxito entre las mujeres porque era muy "polilla".

Si grande fue la alegría cuando le notificaron que pronto tendría un Auto, mayor fue la tristeza al seguir leyendo y comprobar que se trataba de un Auto de procesamiento.

La amaba y necesita decírselo por carta, pero jamás se atrevió para no resultar reiterativo con los signos de admiración.

El amor es como un árbol hermoso en el que te puedes apoyar, te cobija del sol y te protege de las primeras gotas de lluvia, pero, ¡cuidado!, aléjate de él en caso de tormenta.

Las nueve de la mañana, siempre eran para aquel tendero minorista, cuarto y mitad de día.

La primera vez que la invitaron a jugar al subastado, se hizo acompañar de su marido por si acaso tenía la suerte de las principiantes.




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