jueves, 26 de julio de 2018




FÁBULA DE LA CALIZA HUMILDE

u gestación fue costosa, hubo que esperar varios millones de años a que la Corteza terrestre se enfriara y los materiales que la componían se consolidaran. Hasta ese momento permaneció oculta en el subsuelo, hasta que una clara mañana del siglo XII la hicieron aflorar a la superficie. Tomó conciencia de que era un hermoso bloque calizo cuando se percató de la interesada mirada de los canteros, que hacían cábalas sobre el destino que le darían. Por ellos supo que el lugar de su nacimiento era una localidad llamada Hontoria y por apellido “de la Cantera”, lo cual era marchamo de calidad y excelencia.

Sabía que alguna vez sería fragmentado, pero el impresionante, lejos de apenarse, se alegraba de que con su división pudiera contribuir a consolidar el hogar de una gran cantidad de lugareños. Soñaba con ser, cuanto antes, útil a los demás. Pero el tiempo pasaba y nadie se atrevía a trocear su impresionante tamaño, y empezó a creer que no poseía ninguna calidad y que, por tanto, no se realizaría su sueño de poder ser benefactora de la humanidad.

Hubieron de pasar tres siglos más para que, ¡por fin!, el bloque fuera convenientemente partido y trasladado a la capital, concretamente a los pies de una catedral que se estaba construyendo en Burgos. La alegría de todos los fragmentos del bloque fue enorme cuando supieron que formarían parte de un edificio tan colosal; alegría que aumentó cuando sintieron cómo el cincel del cantero los modelaba para ser parte integrante de las agujas caladas con que se remataban las torres de la fachada principal.

Desde ese momento, la piedra caliza vio recompensada su humildad, atisbando desde lo más alto, día y noche, una ingente cantidad de personas que quedaban maravilladas al contemplar la belleza de la catedral, de la que ella era una parte visible e importante.


Moraleja
…” El que se humille será ensalzado” (Lucas 14:11)
Acuarela de Manuel Malillos Rodríguez


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