domingo, 30 de septiembre de 2018




VALLADOLID DE MODA

Si en el medio rural existe un grave problema de despoblación, no es menos cierto que en las ciudades está ocurriendo un hecho diferente pero que guarda cierta analogía con el anterior. Se trata de un éxodo masivo del comercio hacia Hipermercados y Centros Comerciales situados en la periferia, originando un empobrecimiento de la vida comercial en el centro de las urbes.

Hace años, fueron los Concesionarios de automóviles los primeros en buscar espacios de mayor extensión y la medida pareció lógica. A ellos les siguieron establecimientos de venta de muebles, de electrodomésticos, supermercados, bricolaje, salas cinematográficas, centros de moda, de ocio etc,. etc., que han ido reduciendo a la mínima expresión la actividad comercial en los Cascos Históricos y barrios de las ciudades y, ya se sabe, que sin actividad comercial, la alegría que proporciona el ir y venir de las gentes y la iluminación de escaparates desaparece, con lo que la sensación de abandono y soledad entristece y resta "vida" al acontecer diario de las ciudades.

En un intento de que al menos los Comercios de ropa no recalen en otras latitudes, se ha organizado en Valladolid, la 15ª Gala del Comercio bajo el lema: ¡Dale ritmo al comercio!, con una exhibición de propuestas y novedades para la próxima temporada en la que han participado 22 establecimientos de la ciudad; Gala que ha tenido lugar en el Teatro Calderón de la Barca, en donde se había instalado una impresionante pasarela en la que han desfilado mayores y pequeños ante un numerosísimo y entendido  público.

Os podéis imaginar que, al no ser algo que me motivara especialmente, no hubiera asistido a este acontecimiento, pero el hecho de que mis dos nietas de 6 y 4 años desfilaran por segundo año consecutivo, ha sido sobrado reclamo para acercarme a ver este evento.

¡Ah! Cerca de mí se encontraba la madrina de la Gala, Norma Duval, que deslumbró con su espectacular belleza, pero en dónde estén mis nietas...


jueves, 27 de septiembre de 2018


YUCATÁN

Llevamos más de dos semanas con un calor impropio de septiembre. Ni siquiera los paseos vespertinos nos alivian de soportar temperaturas cercanas a los 30 ºC; es por eso, que cafeterías o recintos con aire acondicionado hayan sido las tablas de salvación a las que nos hemos acogido, para soportar estos rigores térmicos.

Entre estos recintos, los cines representan una alternativa muy a considerar, pues amén de refrigerarnos, puedan darnos la ocasión de pasar un rato divertido. Esta y no otra fue  la razón por la que decidimos visionar la película "Yucatán". Tanto mis amigos como yo, no entramos engañados pues no esperábamos ver un cine de gran contenido temático, al contrario, animados por la propaganda televisiva, buscábamos imágenes divertidas y refrescantes con las que pasar unos momentos placenteros.

Pero, ¡oh desilusión! La cinta, con un argumento del que se podían haber sacado secuencias ocurrentes, es una sucesión de gags más que previsibles que no son capaces de arrancar las carcajadas del público. La sinopsis de la película es ésta: dos veteranos timadores de cruceros de lujo (Luis Tosar y Rodrigo de la Serna) que decidieron trabajar por separado debido a la rivalidad que les ocasiona una bailarina (Stephanie Cayo) vuelven a unir sus fuerzas en un crucero que desde Barcelona ha de llevarles hasta Cancún, pasando por Casablanca, Tenerife, Brasil y la selva de Yucatán. La razón: timar a un afortunado ganador de varios millones de euros obtenido en un sorteo de Euromillones (Joan Pera). Para lograr su objetivo, emplearán todo tipo de argucias y trampas, al estar su conducta muy alejada de cualquier tipo de ética.

Resulta penoso comprobar el escaso aprovechamiento interpretativo que el director y coguionista, Daniel Monzón, hace de los protagonistas del que se salva por su honestidad y buen hacer, Joan Pera. En resumen, una cinta de nivel muy bajo y un nuevo fracaso del cine español tan necesitado de buenos títulos que superen la dura competencia que las Compañías telefónicas están llevando a cabo con sus ofertas de películas para ver en casa.

Por cierto, la bajada de unos céntimos en el precio de la localidad, no es motivo suficiente para atraer a un público cada vez más entendido.

domingo, 23 de septiembre de 2018



PASIÓN DE OTOÑO

Descansan en el escritorio
un revoltijo de pentagramas, aún en blanco.
En una de ellos, he dibujado unos pocos acordes inconexos,
en un vano intento de componer una sinfonía que describa
la sonrisa con que muestras al mundo,
la belleza de tu alma encerrada
en un cuerpo, grácilmente juvenil.

Las guirnaldas de flores con las que ciñes tu frente
me persiguen en sueños que no cesan.
¡Cómo plasmar el derroche de belleza
que desprenden en cascada,
los rizos por los que suspiro!
¡Y cómo transponer en música
la mirada del primer encuentro!

La caricia de tu voz me balancea arrullándome
en cada inflexión, en cada sonido emitido
por tu garganta prodigiosa.
En pleno otoño, resurge la primavera del alma.
Vuelvo a intentar escribir algunos compases ¡en vano!
No hay musicalidad que exprese el sentimiento.
La felicidad es una música celestial
compuesta por ángeles que, únicamente,
escucha el pecho enamorado.

Yo la siento cada vez que te tengo a mi lado
y se escinde, delicadamente, cuando te alejas.
Eres el éxito clamoroso de una obra musical apenas iniciada,
mi mejor composición de notas no escritas
volando por el aire sin atreverse a posarse en el papel pautado,
por no mancillar la sinfonía de tu virginal mirada.

Fotografía de David Dunistkiy





jueves, 20 de septiembre de 2018


LA REFORMA
Crónicas de mi Periódico                       20 de septiembre de 2018

LOS  PLÁSTICOS

Conocidos desde la antigüedad, los plásticos, como tales, comienzan su andadura en el siglo XIX con la vulcanización del caucho y desde principios del XX , con el descubrimiento de la baquelita. Desde entonces, se cuentan por miles los plásticos que cada día se incorporan a nuestra vida cotidiana y por millones las aplicaciones que nos hacen vivir con mayor bienestar. 

Desde el punto de vista químico, son compuestos orgánicos sintéticos o semisintéticos procedentes del petróleo, de alto peso molecular, formadas por cadenas de polímeros.  Resistentes, flexibles, limpios, baratos, impermeables y fáciles de fabricar, han ido abriendo constantemente el abanico  de sus aplicaciones, a medida que se conocían sus ventajas. Desde el inicial nailon al archiconocido plexiglás, el celofán, los vinilos, etc. etc., cada uno de ellos encontraba un lugar apropiado en “el mundo feliz” que sustituía ventajosamente a los demás materiales preexistentes.

Estas sustancias usadas para casi todo poseen, además, una cualidad propia de los mismos dioses: la inmortalidad, o al menos, la longevidad que les hace prácticamente eternos. Y esta cualidad que parecía hacerles enormemente atractivos, se ha convertido con el tiempo en su peor defecto. ¡Son prácticamente indestructibles! Cabe preguntarse si a ninguno de sus inventores se le ocurrió advertir que materiales así no deberían existir al presentar tan obstinada resistencia al reciclaje. Recientes estudios constatan que el plástico supone el 80% de la contaminación marina, necesitando algunos de ellos más de quinientos años para su natural desaparición.

Decía don Miguel Delibes que vivir setenta u ochenta años estaba muy bien, pero que vivir mucho más tiempo nos resultaría terriblemente aburrido por buena que fuera nuestra salud, ya que lo vivido, como la historia o la moda, se repite a intervalos regulares de tiempo.

No sé si los plásticos, una vez desechados de su original uso, sentirán este aburrimiento, lo que sí que estoy seguro es de que aburren a los que asistimos a su indestructible presencia y no digamos nada de la fauna marina que muere engañada al tratar de digerir tan sugerente pitanza.

El gobierno de turno, que siempre mira por hacer la vida de los ciudadanos tan desagradable como pueda, ha iniciado una campaña cuyos efectos consideran la panacea para disminuir el consumo de las bolsas de plástico y, ahora, nos alivian el bolsillo de la odiosa caderilla cúprea, que teníamos destinada para el cepillo del santo de nuestra devoción. Por algo se empieza, pero alguna medida mucho más seria habría que tomar para que las ingentes cantidades de plástico en desuso, no acaben con nosotros después de haber exterminado a las ballenas.

Y, mientras escribo este alegato, yo, estúpido de mí, utilizo cada vez más el dinero de plástico.




domingo, 16 de septiembre de 2018


REFLEXIONES CAROLINGIAS (XXVIII)

No le agradaba tener que llevar brackets. Se los ponía a regañadientes.

Hace dos meses que murió mi gato y hoy he decidido repartir el pienso sobrante (únicamente indicado para felinos capados) entre gatos callejeros. Tengo los brazos llenitos de arañazos.

No puedo evitar pensar, que cada vez que limpio la afeitadora, el lavabo se lleva parte de mis cenizas.

Si cuando te digo ¡Amor, amor!, dices que soy redundante, ¿por qué te callas cuando te regalo rosas, rosas?

Sospecho que mi novia me ha dejado. Le escribí un whatsapp que decía:” Querida Francis…”.Ella se llama Leonor. Os pregunto, si al coincidir la “n” como cuarta letra,  ¿no creerá que se trata de un error?  Me temo lo peor.

Tenía tal falta de preocupación por la limpieza de su coche, que cuando lo llevaba a lavar parecía que lo hubiese tuneado.

Físicamente no era una joven muy afortunada, pero a todo el mundo le caía muy bien. Se llamaba Engracia.

Le denunciaron por no detenerse en un stop. En su descargo manifestó que ya había suficientes parados.

No deja de ser un atropello, calmar la sed con zumo de naranja ¡Pobres naranjas! Arrancadas del árbol, exprimidas y después encerradas en un recipiente, sin pulpa de nada.

Se adaptaba a cualquier profundidad por muy íntima que fuera la conversación. No en balde, era un experto buceador.

Si para concienciarte de que el plástico dura mucho tiempo, te cobran unos céntimos, ¿qué no habríamos de pagar para entender que el hombre es eterno?

Desde lo de Judas, una docena puede constar de once unidades.




jueves, 13 de septiembre de 2018




FÁBULA DE LA PERDIZ ALICORTADA

n un paisaje idílico, entre la pinada y el carrascal, discurría la vida de un gran número de especies animales y vegetales. Ambos biotopos se encontraban encumbrados sobre dos elevaciones del terreno y separados, el uno del otro, por unos cuantos centenares de metros y por una nava, en cuya parte más profunda se podía percibir el sonido de las aguas cantarinas de un arroyo, que saciaba la sed de los animales y actuaba, para algunos de ellos, como frontera infranqueable.

                    En este bucólico paraje nació y creció nuestra perdiz que, antes de abandonar la compañía de sus protectores padres, supo que la fortaleza de sus alas le proporcionaba la facultad de atravesar la nava sin ninguna dificultad. Contando con la compañía de sus hermanos y congéneres, esquivaba la posibilidad de caer en manos de sus depredadores, segura de que la juventud le proporcionaba fuerza y reflejos para escapar del riesgo que corría cada día.

                    Un domingo otoñal de límpido cielo azul, ella y el bando de sus acompañantes se sobresaltaron con el estruendo de sonidos cuya intensidad iba en aumento, y decidieron volar repulladas, intentando atravesar cuanto antes la nava. Escuchó, entonces, un sonido seco, al tiempo que una de sus alas recibía un impacto que le hizo perder altura, hasta dar con sus huesos en tierra. Sintiendo el ladrido de los perros y el griterío de los cazadores, aún tuvo fuerzas para peonar y esconderse entre los carrascos, burlando a los perseguidores. A partir de ese día, la vida de nuestra protagonista fue un auténtico suplicio. No sólo tenía que soportar un agudo dolor en su extremidad, sino que debía protegerse de los depredadores sin la ayuda del resto del bando. Sacando fuerzas de donde no las había, peonando unas veces y en otras con pequeños vuelos, fue reponiéndose del percance. El tiempo en que estuvo forzosamente aislada, aprendió mil trucos para sobrevivir: agudizó vista y olfato; supo distinguir el canto de un macho en libertad del que lo hacía como reclamo, encerrado en una jaula; se aplicó en el conocimiento del terreno y, escarmentada, se alejaba cuanto podía al advertir la presencia humana y los odiosos sonidos que les acompañaban. Valiéndose únicamente de su coraje y de su deseo de superación, consiguió poseer un vuelo casi normal, de manera que, al finalizar la temporada de caza, con la herida cicatrizada, se unió al primitivo bando, gozando desde las alturas del impresionante paisaje que se contemplaba a sus pies.

MORALEJA: Con tesón y constancia, puedes superar los momentos difíciles.

Acuarela de Manuel Malillos Rodríguez


domingo, 9 de septiembre de 2018



PASAJES DE “CÉCILE.AMORÍOS Y MELÁNCOLÍAS DE UN JOVEN POETA” (49)

CAPÍTULO VI
La ilusión

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       A petición de Tinín, volvió a contar el origen de todos los apodos del pueblo, incluido el suyo, y añadió a la lista uno que nunca habíamos oído.
―¿Conocéis a Coné, la hija de Saturnino, el pastor de Mayalde?
―No la recuerdo. Ya sabes que yo para los nombres... ―dijo mi madre.
―Pues del nombre es de lo que se trata. Cuando fue a servir a Salamanca y dijo que se llamaba Coné, a los amos les pareció que eso no podía ser, porque no existe santa Coné, y sacaron la partida de nacimiento de la muchacha. En el papel aquel figuraba que su gracia era Eugenia y se descubrió el pastel. Dijon que la culpa fue de su padre, que en el bautizo, al preguntarle don Matías qué nombre quería poner a su hija, contesto: “Ugenia”, a lo que don Matías, que es muy leído, le dijo: “Saturnino: con E, se pone con E” y el torpe del pastor replicó: “Pues póngala como usted quiera. Venga, pues que se llame Coné”.
Todos reímos la anécdota e incluso a mí me pareció que se lo acababa de inventar, pero Petra me dijo muy seria:
―Too, mira, si no te lo crees, vas y se lo preguntas a don Matías, aunque el hombre está ya con la cabeza que no le funciona del todo. El último año, el día de la Fiesta, subido al púlpito comenzó la prédica diciendo: “Queridos feligreses... queridos feligreses” y de ahí no se arrancaba, hasta que salió por peteneras: “Queridos feligreses, hoy veis a vuestro cura, más alto que otras veces” y se desatascó. A partir de entonces, en cada misa del domingo, en cuanto comienza a decir. “Queridos feligreses...” hay un grupillo de jóvenes que a coro añade: “hoy veis a vuestro cura más alto que otras veces” y las mozas se parten el culo, riendo.
        Tinín, lloraba de risa con las historias que Petra nos contaba. Risa que se nos fue contagiando a los demás, a excepción de mi madre, a la que le parecían burdos los relatos y malsonantes las palabras empleadas por su insólita compañera de mesa. Con cara de circunstancias, ponía a cada comentario su punto de compasión, añadiendo: “Cómo siento lo de María la Perdiz”, “Pobre Faustino” o “don Matías ha sido muy buen sacerdote, pero los años no perdonan” mostrando con ello su gran corazón y deseando que de esta manera, Petra callara y no desvelara más miserias; miserias que, con toda seguridad, acabarían en los oídos de doña Camino y de don Ignacio. Fue en balde: Petra continúo hablando sin parar todavía un buen rato, a pesar de que mi madre, disimuladamente, había retirado la botella del campo visual de su sirvienta.

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jueves, 6 de septiembre de 2018



PASAJES DE “LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS” (49)
CAPÍTULO III
La casa del abuelo
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Si sorprendido estaba por la confesión que acababa de oír, lo que verdaderamente me tenía perplejo era la diversidad de personalidades que cabían en la apepinada cabeza de mi primo. En la estación se mostró interesado, como un chico mayor, por los pechos de Margarita; en el camino fue un niño-bufón para Tinín, matando moscas y haciendo payasadas, y ahora, a mí me hablaba con la hondura de una persona de edad, con su correspondiente historial de sufrimiento.
¿Quién era el verdadero Jeremías?
Para que mi primo, no continuara haciéndome preguntas de difícil contestación, abrí el balcón y levanté la persiana, saliendo a la galería interior, y desde allí contemplé el jardincillo, que en otro tiempo, complementaba el esplendor de tan noble casa. Estaba más o menos como el año anterior, es decir, ¡hecho una pena! La pérgola, o lo quedaba de ella, seguía rodeando a la fuentecilla sin que el cisne mutilado que coronaba el grupo escultórico central hubiera encontrado su pico, ni mucho menos el ala derecha. El conjunto era todo un canto a la impotencia. En lo que debió ser un jardín del Edén, apenas se dibujaban los parterres donde crecieron, para recreo de la vista y del olfato, la menta, el tomillo y la lavanda. Junto a la tapia habían sobrevivido milagrosamente una madreselva y un don Diego de día, que se aferraban a la pared como quien se aferra a la vida. A su alrededor zumbaban los abejorros, atraídos, quizás, por alguna planta melífera. Faltos de agua y de poda, los rosales trepadores se habían convertido en varales bravíos, emergentes entre la maleza que se encontraba por doquier, amenazando con borrar definitivamente el paseo donde el bisabuelo Damián, dicen, se fumaba un puro cada vez que incorporaba una nueva finca a su patrimonio.
Cerré los ojos y por un momento me imaginé heredero de la colosal fortuna. Los parterres, compitiendo en belleza, se tendían a los pies de los rosales que, desafiando la gravedad, ascendían por la pérgola hasta cubrir de flores columnas y viguetas. El cisne lanzaba constantemente agua por su pico, amenazando con batir alas y alcanzar el cielo. En un rincón del paseo, cogidos de la mano, sumergidos en mil fragancias, Cristina, me miraba embelesada, esperando el tierno beso…
―¡Jeremías! ¡Alvarito!, bajad a comer.
La voz de tata Lola, había cortado de raíz, el último de mis ensimismamientos, devolviéndome a la cruda realidad.
En el pasillo, antes de entrar al comedor, mi madre, frunciendo el ceño, me preguntó:
―¿De qué hablabais Jeremías y tú? Tinín me ha preguntado por el significado de una palabra que no me atrevo a repetir.
―Nada mamá; el niño quería saber qué es un escaño.
―Ah, bueno, no sabes cómo me tranquilizas. De todas formas, la próxima vez procura responderle tú, que para eso eres mayor.
―Descuida mamá, así lo haré ―respondí mientras mis mejillas se ruborizaban por haber mentido a la persona que más quería.
                                                           ……………………………………………


domingo, 2 de septiembre de 2018


EL CABALLERO DE VILLAMANRIQUE (2ª Parte)

Cuentan que, muerto ya el padre,
quiso dejar su memoria
escrita para la historia
en versos que relataran
pensamientos que guiaran
a otros hombres a la Gloria.

En coplas de pie quebrado
criticó la vanidad,
del tiempo, la cortedad,
de la ambición, la locura
ensalzando el alma pura
que anhela la sobriedad.

Puesto que el trance final
es la muerte ¡Qué tristeza!
¿De qué sirve la riqueza?
¿De qué valen los honores?
¿De qué los fatuos fulgores
cuando ruede tu cabeza?

Con estos sabios consejos,
quiso advertir a la gente
que, tras el mundo presente,
aguarda la eterna dicha
y sería una desdicha
vivir sin ser consecuente.

Empeñado en mil batallas,
en alguna escaramuza,
le atravesó la gamuza,
cerca de Garcimuñoz,
un acero que veloz
en su camino se cruza.

Entre sus ropas oculto
encontraron este escrito
redactado como un grito:
“¡Oh mundo!, pues que me matas…”,
queriendo decir que acatas,
resignado, el fin maldito.

En Uclés quedó enterrado
escuchándose lamentos
cuando en los duros momentos
bajó su cuerpo a la fosa,
lugar en donde reposa
el genio con sus talentos.

¡Señor de Villamanrique!
Te dedico este homenaje
porque tuviste el coraje                              
de vivir con valentía
haciendo de la poesía
el arma de tu mensaje.

Que tu vida sea el ejemplo
atrayente, en que se mira
esa alma que suspira
por conseguir don divino
caminando con buen tino
hasta alcanzar lo que aspira.