jueves, 15 de noviembre de 2018



PASAJES DE "LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (51)
CAPÍTULO III
La casa del abuelo
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Después de soltar esta perorata, el abuelo, estirando y encogiendo párpados y labios, se agarró a la silla, luego a la mesa, se cambió de mano por dos veces el bastón y dando un fuerte resoplido, consiguió por fin sentarse.
Como si el quejido fuera una señal de inicio, mi madre aprovechó la ocasión para bendecir la mesa, como hacíamos todos los días.
―Te damos gracias, Señor, por el alimento que tan generosamente nos concedes. Fortalece nuestro cuerpo y aumenta nuestra fe para que, siendo fieles al Evangelio, compartamos un día con nuestros hermanos mejores manjares en la mesa celestial de tu Reino.
―Amén ―respondimos todos al unísono, no con tanta devoción como deseosos de paladear cuanto antes las exquisitas judías estofadas que Petra nos había preparado.
Mi madre, atenta como siempre al más necesitado, creyó que era urgente atender a Jeremías, y en un tono jovial le dijo:
―Ea, Jeremías acércame el plato, que por ser nuestro invitado, te voy a servir el primero.
Jeremías se sonrió y, una vez servido, sin esperar a que las judías llegaran a nuestros platos, sumergió la cuchara en el suyo y las fue engullendo con tanta animosidad que cuando mi madre concluyó la ronda, preguntó:
―¿Se puede repetir?
―Si hijo, faltaría más ―dijo mi madre, escanciándole otros dos buenos cazos de judías.
―Si quieres, puedes comerte las mías ―arguyó el abuelo quién, entornando los ojos, quizás recordando épocas pasadas, exclamó resignadamente:
―Ya no me vuelve el apetito, aunque tenga delante unas buenas judías con chorizo.
Durante unos minutos sólo se oyó una sinfonía de percusión en la que las cucharas, como improvisadas baquetas, golpeaban con energía los platos, hasta que el abuelo, que asistía resignado al espectáculo, tomó la palabra para decirnos lo que seguramente había estado rumiando en los últimos meses de soledad:
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domingo, 11 de noviembre de 2018



CONCIERTO EN LA CATEDRAL DE VALLADOLID

El pasado viernes, cuantos nos acercamos a la Catedral, tuvimos ocasión de escuchar al coro "Schola Antiqua", dirigido por Juan Carlos Asensio, en un Concierto enmarcado dentro de los Actos Conmemorativos del IX Centenario del Fallecimiento del Conde Ansúrez, repoblador de la ciudad de Valladolid.

La "Schola Antiqua", desde su fundación en 1984, ha venido actuando en festivales en Europa, Estados Unidos, Centroamérica, Próximo Oriente y Japón. Su amplia discografía incluye trabajos dedicados al canto mozárabe, al canto gregoriano y a reconstrucciones históricas de polifonía. Entre sus proyectos para este curso figuran su participación en el Festival de Música sacra de Bogotá, en la Capilla Palatina de Aquisgrán, en la abadía de Ciervaux y la reconstrucción de las Vísperas Solemnes de Confesores de José Nebra junto a La Grande Chapelle.

En la primera parte, este coro madrileño interpretó magistralmente, varios oficios de difuntos de canto hispano visigodo (mozárabe) que surge de la unificación del rito litúrgico hispano en el Concilio de Toledo de 633, bajo la tutela de San Isidoro de Sevilla.

La segunda parte estuvo dedicada al "officium defunctorum" en una bella conjunción de voces en polifonía gregoriana.

Ambas actuaciones que corresponden a música de réquiem en tiempos del Conde Ansúrez (1037-1119), fueron muy aplaudidas por el entendido público que llenaba el amplio espacio de la seo herreriana.

Este concierto, es el segundo de un total de cuatro que ha sido organizado por la Fundación Joaquín Díaz y el Ayuntamiento de Valladolid y se completará los días 22 y 23 con un simposio en el que cinco expertos hablarán, en la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, sobre las distintas músicas medievales.

Dada la elevada calidad de los participantes, será muy interesante poder asistir tanto a las audiciones así, como al propio simposio.

Fotografía de Santos Pintor Galán

jueves, 8 de noviembre de 2018




LAS FINANZAS DE BARTOLO



(Obra teatral en tres Actos)

ACTO PRIMERO
(En el despacho del Director de una conocida Entidad Bancaria)

Bartolo— Buenos días. ¿Se puede?
El Director— Pase y siéntese, por favor, don...
Bartolo— Bartolo Paniagua, para servirle.
El Director—Encantado de conocerle, don Bartolo. Ya me ha indicado mi secretaria,  que un caballero deseaba conocerme para invertir unos ahorrillos.
Bartolo— Así es, señor Director. Tengo una pequeña cantidad de dinero ahorrada, repartida en varias entidades bancarias y quisiera unificarla en su Banco, teniendo en cuenta las condiciones que publicitan en el exterior.
El Director— ¿De qué cantidad estaríamos hablando?
Bartolo— De unos quinientos mil euros, que pueden ser más cuando venda unos terrenos que tengo en el pueblo.
El Director—¡Enhorabuena, amigo! Ha dado usted con el Banco apropiado. Acogiéndose  a nuestra oferta de cuenta "Banca Azul", por ese dinero le podríamos dar un 1% que llegaría al 2% si la cantidad total llegara al millón, además de una tarjeta de crédito y acceso a nuestra web on-line, todo ello totalmente gratis.
Bartolo— ¿Tendría comisión de mantenimiento?
El Director—En absoluto, don Bartolo. Mientras yo sea el director de esta sucursal, usted no pagará ninguna comisión. Es una atención personal que tengo con clientes VIP, como usted.
Bartolo— Siendo así, cuente con un cliente más.
El Director— Excelente, amigo. Yo me encargaré de todo. No obstante necesito que me firme las correspondientes autorizaciones y los contratos de la nueva cuenta, de la tarjeta de crédito, de la autorización on-line y otras minucias.
(Una hora más tarde, después de haber firmado no menos de treinta veces)
El Director—Bueno, pues ya lo tenemos todo. Considere esta entidad como su propia casa y si tiene algún problema, no dude en acercarse hasta nuestra Entidad en donde será convenientemente atendido.
Bartolo— Gracias, muchas gracias.
El Director— De nada, don Bartolo. Ha sido un placer.


ACTO SEGUNDO
(En la misma Entidad Bancaria, seis meses más tarde)
Bartolo (dirigiéndose a una empleada)— Buenos días. Desearía hablar con el Director. Empleada—El Director no se encuentra en la Oficina y no creo que regrese en toda la mañana, pero no se preocupe que yo estoy aquí para resolver sus dudas.
Bartolo—Verá, señorita, hace seis meses que deposité mi dinero en la cuenta "Banca Azul" y todavía no he recibido los intereses y me han cargado un dinero en concepto de "comisión de mantenimiento"
Empleada— "Banca Azul"..."Banca Azul"... ¡Ah, sí! Era una cuenta que tuvimos hace un tiempo pero que ya no existe. Su depósito habrá sido transferido a una libreta de ahorro, "La Libreta Blanca", que no produce interés alguno, de ahí que no haya recibido ninguna  remuneración y, por supuesto, esta cuenta lleva una pequeña comisión de mantenimiento.
Bartolo—¡Pues sí que estamos bien! ¿Y cómo es que no me han avisado?
Empleada— Eso supondría haberle enviado una carta y le hubiéramos tenido que cobrar el sello. Nosotros miramos por el dinero de nuestros clientes.
Bartolo—¿Existe algún medio de que no me cobren la comisión de mantenimiento?
Empleada—¡Naturalmente! Solo tiene que domiciliar la nómina.
Bartolo—Siendo así... Mañana la domicilio aquí.Adiós y gracias.

ACTO TERCERO
(En el mismo lugar, otros seis meses después)

Bartolo (visiblemente enfadado se dirige a un empleado)— ¡Quiero hablar con el Director!
Empleado— Por favor, señor, baje el volumen de voz. En este momento no tenemos Director porque estamos en un proceso de reestructuración de nuestra Red de oficinas bancarias. Pero yo le puedo atender. ¿Qué desea?
Bartolo— Deseo saber por qué me siguen cobrando la comisión de mantenimiento en "La Libreta Blanca ", si ya domicilié la nómina.
Empleado— Es que desde hace unos meses, la domiciliación de la nómina no es suficiente, se necesita hacer un Seguro de Vida, tener domiciliados tres recibos y realizar un gasto mensual con la tarjeta de crédito de al menos quinientos euros.
Bartolo— Pero esto no es lo que yo firmé inicialmente. ¡Me siento estafado!
Empleado—Lo siento caballero, pero son normas que nos vienen de arriba y yo no puedo hacer absolutamente nada.
Bartolo— En ese caso, mañana mismo retiro el dinero.
Empleado— Puedo hacerlo cuando desee, pero le advierto que el coste de un cheque bancario es de trescientos euros.
Bartolo—Pues lo saco en efectivo.
Empleado— Si decide hacerlo así, tardaremos unos días en tenerlo disponible.
Bartolo—¡Me da igual! Me lo llevaré aunque tenga que contratar una furgoneta.
Empleado (hablando a Bartolo en tono paternal)— Piénselo bien. No debería decir yo esto, pero todos los bancos hacemos lo mismo. Además, fuera, en el barrio, hay gente que puede enterarse de que tiene dinero en casa y...Compréndalo cada vez hay más ladrones...
Bartolo(enfadadísimo y confuso abandona la entidad mientras masculla)—Ya sé que hay ladrones fuera. Ahora he comprendido que también los hay dentro.
FIN




domingo, 4 de noviembre de 2018


REFLEXIONES CAROLINGIAS (XXIX)

Como se jactaba de conseguir todo lo que deseaba mediante sobornos, alguien le preguntó si había hecho un máster en "La Soborna".

Me gusta el chocolate con churros. ¡Qué porras!

Se ha sabido ahora que cuando Felipe II dijo: "No envié mis naves a luchar contra los elementos", no se refería a los agentes atmosféricos.

Una mujer se disgustaba porque le habían dicho que su marido se pasaba horas y horas discutiendo en el bar. Hasta que le explicaron qué era el VAR.

Al comentar a sus amistades de que confraternizaba con las ideas de Franco, le negaron el saludo. Mientras tanto, Franco Maldonni, filósofo y pensador de tales ideas, permanecía ajeno a este hecho.

En cinco minutos, consiguió pescar tres peces, lo que aumentó considerablemente su autoestima. Lástima que vaciara la pecera.

Siempre exageramos un poco cuando hablamos de las virtudes de nuestros hijos, pero la exageración alcanza el no va más, cuando ponderamos a los nietos.

A la vuelta de la esquina, la vida te puede sorprender gratamente—le dijeron—. Pero en la vejez, solo recordó haber recibido esquinazos.

Al nacer, por su condición de infanta, le impusieron los nombres de Cristina, Margarita, Isabel, Ana, Beatriz, Cristeta, Leocadia. Pero pasó a la posteridad como reina Leocadia, porque una institutriz le recomendaba, de niña, leer cada día.

Aspiraba a llegar a ser el mejor en todo. Por eso, en los momentos de bajón, se tomaba una aspirina.

Se compró una caja, metió su dinero y lo sacaba, automáticamente, cuando lo necesitaba. No precisaba clave de acceso ni pagaba cuota de mantenimiento.

Le dijeron que almidonara el cancán y luego se preguntaba por qué el vestido se le ceñía al cuerpo y su pareja de sabuesos caminaba con el rabo y las orejas tiesas.






jueves, 1 de noviembre de 2018

NOVIEMBRE LLUVIOSO

Poco a poco, lentamente,
desciende de lo alto
el susurro plañidero de ángeles tristes.
Desasosiego de una tarde gris,
lágrimas resbalando por vidrios que pierden
su misión de ser atravesados por miradas.
Parece interminable el lamento melancólico
que me destempla, como el repique
incesante de campanas tocando a muerto.
No existe la esperanza de que cese
este diluvio no deseado.
Entre suspiros, añoro la claridad de tus ojos
que eran para mí la claridad de la mañana,
y no cesa de invadirme la añoranza.
Cuando estabas junto a mí,
nunca llovía, o mejor dicho,
la lluvia no nos afectaba el ánimo.
Bajo el paraguas, los nubarrones
nunca fueron grises. Tatareábamos canciones
bendiciendo las gotas que empapaban
los hombros no protegidos,
por mucho que juntáramos los cuerpos
y se refugiaran los labios del uno
en el otro, con cualquier pretexto.
Cuando estabas junto a mí,
nunca llovía, porque nada del mundo exterior
nos afectaba. No había soledad,
ni existía la duda ni el deseo inacabado...
Ahora, hundo los pies en los charcos de la vida
aunque me encuentre contemplando
tras cristales, el goteo de recuerdos que no cesan.