jueves, 1 de noviembre de 2018

NOVIEMBRE LLUVIOSO

Poco a poco, lentamente,
desciende de lo alto
el susurro plañidero de ángeles tristes.
Desasosiego de una tarde gris,
lágrimas resbalando por vidrios que pierden
su misión de ser atravesados por miradas.
Parece interminable el lamento melancólico
que me destempla, como el repique
incesante de campanas tocando a muerto.
No existe la esperanza de que cese
este diluvio no deseado.
Entre suspiros, añoro la claridad de tus ojos
que eran para mí la claridad de la mañana,
y no cesa de invadirme la añoranza.
Cuando estabas junto a mí,
nunca llovía, o mejor dicho,
la lluvia no nos afectaba el ánimo.
Bajo el paraguas, los nubarrones
nunca fueron grises. Tatareábamos canciones
bendiciendo las gotas que empapaban
los hombros no protegidos,
por mucho que juntáramos los cuerpos
y se refugiaran los labios del uno
en el otro, con cualquier pretexto.
Cuando estabas junto a mí,
nunca llovía, porque nada del mundo exterior
nos afectaba. No había soledad,
ni existía la duda ni el deseo inacabado...
Ahora, hundo los pies en los charcos de la vida
aunque me encuentre contemplando
tras cristales, el goteo de recuerdos que no cesan.


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