domingo, 3 de febrero de 2019


NIEBLA


No existe el horizonte;
la línea que divide cielo y tierra
se ha borrado. Apenas alcanzo a ver
el contorno de tu cuerpo,
enlazado al mío,
como siempre.
Me cerca la soledad y me lleno
de todos los temores de la infancia.
Llevo mis manos a la cara
para poder palpar carne mortal
tiritando de frío, o de temor
a perderte entre la gente.
Soy un ciego provisional de tu belleza,
a pesar de que siempre creí
que, en una nube, serías más hermosa.
Me desgarra la soledad de este invierno frío y duro
del amenazante dolor que asoma el rostro
entre la niebla,
junto al de otros rostros y otras voces,
hoy, inexistentes.
La realidad se impone y los sueños
se desvanecen antes de que el tímido sol
despeje las incógnitas de mi existencia.

¡Cuántas veces lo imaginado es pura fantasía!
Parpadea cerca de mí
la luz intermitente del semáforo
cediéndome el paso, pero el miedo
sigue atenazándome y ni siquiera
me atrevo a cruzar la calle.
Siempre me he sentido cómodo en mi mundo,
y, por eso, conocer otros mundos, otras realidades,
me parecen tentaciones encaminadas a llevarme
a la otra orilla del deseo
que se me incita sugerente, ofreciéndome
lo que me falta, lo que ansío,
aunque lo tenga casi todo,
porque tú caminas a mi lado,
como siempre
aunque la pertinaz niebla se empeñe
en ocultarme tu rostro.


Fotografía de Pilari Santana Hernández





2 comentarios:

  1. Parece que la niebla deshilacha la realidad más palpable. Un abrazo.

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  2. La niebla oculta la verdad, la desfigura y juega con los sentimientos, mientra llegue el momento en que el rayo de sol, al disiparla, muestre la realidad de lo que nos rodea. Gracias, María José, por tu aportación.

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