domingo, 18 de marzo de 2018


REFLEXIONES  CAROLINGIAS  (XXIV)

Como era un desastre jugando al golf, los amigos le compraron un bastón blanco para que recorriera con él, las calles de cada hoyo.

Se pasó la vida intentando hacer que su vida fuera un círculo perfecto, hasta que de mayor se dio cuenta de que no tenía una esquina en dónde refugiarse.    

Era un poeta tan estricto consigo mismo que, cuando escribió un haiku con dieciocho silabas, estuvo varia semanas haciendo un cursillo intensivo de Zen.

Buscó, buscó y rebuscó un "enchufe" hasta obtener un puesto bien remunerado y que no le supusiera demasiado trabajo. Después, el esfuerzo le fue quemando y al final murió electrocutado.

Desde que le abandonara su mujer, escribía, "mi ogar", cuando se refería a su casa, para indicar que la que ocupa en su vida el primer lugar, se había ido.

Creía que si le operaban la lengua haciéndosela bífida como la de una víbora, conseguiría ser bilingüe y lo único que consiguió fue convertirse en una mala persona.

Cateto: Persona palurda, torpe, inculta. Ahora vas, y con este significado, enuncia el teorema de Pitágoras.

Su oficio era pegar carteles pero, el día antes de morir asesinado, se equivocó y dijo que pegaba cárteles.

¿Conocerían los egipcios la existencia de la estafa piramidal?

Era un empresario tan comprometido y tan deseoso de crear empleo que, cuando jugaba al ajedrez, daba de alta en la Seguridad Social a todos los peones.

Automáticamente, cuando leía un artículo que "no le olía bien", ponía en funcionamiento el extractor de malos olores.

En época de elecciones y, por si acaso, el corrupto se compraba unos botos.










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