domingo, 22 de agosto de 2021

 

FÁBULA DE LA LOMBRIZ PESAROSA

 

 

Apenas tomada conciencia de su existencia, la lombriz de tierra de nuestro relato comenzó  a lamentarse de su pequeño tamaño, de su hábitat y del modo en que tendría que asegurar su alimento, indispensable para poder subsistir.

Tener que vivir enterrada en vida comiendo desechos orgánicos, esperar a que la lluvia proporcionara humedad a su piel y estar siempre atenta  a los ruidos que topos y erizos emitían buscándola como presa, le producían un gran pesar que angustiaba su diario vivir.

Muchas veces se preguntaba, por qué no había tenido la suerte de ser un gusano de seda. Sus congéneres le habían descrito la fabulosa vida que llevaban  estos lepidópteros que gozaban del favor de los niños que les alimentaban, dándoles  cuantas hojas de morera quisieran, después, dormían un plácido sueño y por último se convertían en mariposas y podían volar… ¡Qué maravilla! ¡Si él pudiera un día volar y elevarse sobre la tierra que horadaba…!

Su abuela, que era una lombriz longeva y muy sabia, viéndola tan pesarosa, le hizo una reflexión que le hiciera recapacitar sobre las ventajas que suponía ser un anélido: “Mira, chiquitina, no tienes que envidiar a los gusanos de seda, ellos se convierten en mariposa y tienen una vida muy corta, tú vivirás mucho más. Piensa que al alimentarte, realizas una labor fundamental e indispensable para los Ecosistemas: enriqueces los substratos, aireas el terreno contribuyendo a que sea más fértil y además eliminas los residuos orgánicos. ¡Es una labor de la que te sentirás orgullosa!—Le explicó, la anciana—. En cuanto a permanecer mucho tiempo bajo tierra, te comentaré un secreto: Por las noches podrás salir a la superficie y, protegida bajo un rosal, las aves depredadoras no se atreverán a molestarte por temor a herirse con las espinas del arbusto. Desde allí podrás observas la bóveda celeste y las innumerables estrellas que pueblan el firmamento. ¡Es un espectáculo grandioso que desearás contemplar siempre que te sea posible!”

La pequeña lombriz tomó nota de los consejos de su abuela y pudo comprobar que, a medida que se hacía mayor, más le gustaba la labor que realizaba. Contemplar de noche la luna y las estrellas, le compensaban del eficaz trabajo diario.

MORALEJA: Dios te ha creado dándote la forma precisa y te ha colocado en el lugar adecuado para que hagas un mundo mejor.

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