jueves, 16 de septiembre de 2021

 

FÁBULA DE LA LIEBRE PRESUMIDA

 

 

 

Teniendo que soportar un clima extremo y en una zona árida que sustentaba un ecosistema de matorral salpicado de encinas y robles que cobijaban multitud de plantas, algunas aromáticas como la retama o el tomillo, nació nuestra protagonista, una liebre que se distinguió desde sus primeros días por su precocidad para detectar aromas y sus enormes orejas que la capacitaban para escuchar sonidos de muy baja intensidad.

Dotada de un pelaje suavísimo y de un color que mimetizaba perfectamente con el hábitat, hicieron que esta liebre saltarina fuera, desde lebrata, vistosa, elegante y muy bella. El día que pudo verse en una charca quedó encantada con su figura y su ego aumentó cuando comprobó que era la más ágil de cuantas nacieron aquella primavera.

Pronto empezó a retar  en divertidas carreras a sus compañeras, pudiendo constatar que era la primera de todas, pues en velocidad, cabriolas y regates, no la superaba ninguna. Estas cualidades hicieron que se volviera presumida y que mirara a sus compañeras con aires de superioridad, hasta el punto, de que cuando alcanzó la madurez suficiente para poder aparearse, sometía a los pretendientes a carrera extenuantes y los carrizos pudieron escuchar de sus labios: "Solo será digno de mí, quien me supere en mis acrobacias".

Una tarde en que trataba de deslumbrar a sus congéneres con habilidades casi circenses, tuvo la mala fortuna de que, al caer, una de sus patas se introdujo en una diaclasa, fracturándose. Los chillidos de la libre resonaron en el valle, al tiempo que, desde aquel instante, cesaran sus exhibiciones, sus aires de superioridad y su despliegue de vanidades. Suerte tuvo que, tras soldarse la fractura, pudo conservar la vida.

MORALEJA: Todo lo que tienes lo has recibido gratis. No alardees de tus facultades. No eres superior a nadie, sencillamente, eres diferente.

 

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