jueves, 25 de febrero de 2016



ENCUENTRO EN LEÓN

Tal y como estaba previsto, el martes 23, visité el Colegio Maristas Champagnat de León. Hacía tiempo que la charla sobre mi novela: "Cécile. Amoríos y melancolías de un joven poeta", había sido programada con esmero por la profesora Dª Camino Salvador, excelente docente y mejor persona, cuya preocupación por la  buena formación literaria de sus alumnos, es encomiable.

El Acto resultó entretenido y provechoso, gracias a la actitud respetuosa y atenta del alumnado. Durante casi dos horas, disfruté exponiendo las razones que me llevaron a escribir una obra que intenta despertar en los jóvenes lectores, la afición por la poesía y por la música clásica. En el audiovisual con el que amenicé la charla, abundaron los ejemplos poéticos e insinuantes audiciones musicales.

El coloquio que  se desarrolló a continuación, puso brillante colofón a esta entrañable visita. Después de firmar ejemplares di por concluida mi estancia en tan espléndido Colegio del que conservaré por siempre su entrañable acogida, junto a un grabado de la catedral de León que recibí como inmerecido obsequio, por parte de la Dirección del Centro.

Por la tarde, de 6 a 8, estuve en la librería PASTOR, firmando ejemplares de mis novelas, en donde recibí la vista de cuantos leoneses quisieron acercarse a saludarme. Mi agradecimiento a todos ellos por su gentileza, así como a la Dirección y empleados de tan emblemática librería, por el excelente trato y la disponibilidad dispensada.


En suma, una feliz y provechosa jornada. ¡Gracias, León!

domingo, 21 de febrero de 2016


DESTINO: LEÓN

Este Blog que actúa como vocero de mis inquietudes literarias, en múltiples facetas que abarcan desde la primicia poética a la crítica novelista, quiere hoy convertirse en el feliz anunciador de la visita que el martes, 23 de febrero, realizaré a la ciudad de León.

No es éste, lugar adecuado para describir la belleza de cuantos monumentos jalonan con su belleza esta ciudad, pero sí quiero resaltar que León atesora, además de su riqueza arquitectónica, de la que es muestra destacada la Catedral, un ámbito cultural muy importante, en donde el Colegio Maristas Champagnat realiza una labor digna de resaltar, celebrando, año tras año, el DIA de las LETRAS LEONESAS, ya en su XXX edición. Y como quiera que su labor  de difusión literaria no se ciñe únicamente a escritores leoneses, es por lo que tengo el privilegio de haber sido invitado a exponer en sus instalaciones, mi última novela. "Cécile. Amoriós y melancolías de un joven poeta", cuya lectura ya han realizado alumnos adolescentes que cursan sus estudios en dicho Centro.

Agradezco, sinceramente, esta atención y espero que la charla, junto con el audiovisual que proyectaré sobre mi novela no les defraude.

Por la tarde, de 18,00 a 20,00 h., tendré el privilegio de reunirme en la librería PASTOR, sita en la Plaza de Sto. Domingo,  con amigos, conocidos y cuantas personas  quieran acercarse. Allí os espero y firmaré, si es vuestro deseo, ejemplares de mis dos novelas.

De estos acontecimientos, os tendré informados en sucesivas entradas.

jueves, 11 de febrero de 2016

PASAJES DE "LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (23)

CAPÍTULO I
El Viaje
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Y es que, en efecto, mi madre era, en los momentos difíciles, nuestro paño de lágrimas, pero sobre todo poseía una gran virtud: «escuchaba». A cada uno le dedicaba el tiempo necesario. Margarita ―¡la muy pesada!― estaba casi siempre pegada a ella; le cuchicheaba al oído mil y una confidencias, seguramente relacionadas con su estrenada pubertad, (digo esto, porque a veces, haciéndome el distraído, escuchaba: «…Margarita, no debes comportarte así, con tus catorce años, ya eres una señorita») y jamás, por muy cargante que estuviera, la apartaba de su lado. Con mi hermano Tinín jugaba cuanto fuera preciso, al tiempo que reía sus «gracias», mientras le cubría de besos. Y conmigo… bueno, me da un poco de vergüenza decirlo, pero se ganó mi confianza desde el momento que le confesé estar enamorado de Cristina, la amiga íntima de Margarita y al oír la noticia, no se rió de mí, al contrario, con gesto grave, se me acercó, susurrándome en tono confidencial: «Pórtate como un caballero; Cristina es una gran chica y tú debes ser digno de ella». Esta respuesta confirmaba, de manera inequívoca, lo que desde hacía algún tiempo venía observando al ducharme: equidistante de mis tetillas, sobre la piel blanca que cubría mi esternón, afloraba una incipiente pelambrera. Efectivamente, a pesar de mi voz un tanto aflautada, a mis doce años ya era un hombre «de pelo en pecho», apto para iniciarme en galanteos amorosos. Cristina encontraría en mí el hombre de sus sueños, del que se sentiría orgullosa cuando paseáramos nuestro amor en la plazuela Santa Cruz. ¡Qué importaba la edad! ¡Qué importaban unos cuantos centímetros de menos! El amor acabaría imponiéndose, aún a pesar de que ella coqueteara con Felipe, un grandullón de quinto de bachillerato que pasaba por ser el botín más codiciado entre las féminas de las Carmelitas. ¡Qué plastón de tío!


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domingo, 7 de febrero de 2016

PASAJES DE "CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS..." (23)

CAPÍTULO V
La Acogida
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En la puerta, quedamos en contactar en cuanto supiéramos el día en que llegaría Nacho, y nos saludamos intercambiando besos de despedida.
―Es una costumbre muy francesa ―intentó justificar Daniel, cuando besó a mi hermana.
―Es una costumbre que no hay que perder ―dije mientras besaba a Cécile.
―No seas malo… no seas malo ―repitió la muchacha, con gesto complaciente, antes de que su figura se perdiera escaleras abajo.
Era tal la ilusión que sentí al cerrar la puerta, que creí que una nueva resurrección se operaba dentro de mí. Recapitulando los momentos vividos, compuse este sexteto que titulé “Algo está cambiando” en referencia a la ilusión que la presencia de Cécile me proporcionaba.

ALGO ESTÁ CAMBIANDO
Por fin la oscura noche ve la aurora.
El corazón ya libre y antes preso,
quiere lanzar al aire melodías.
Revivo con pasión, hora tras hora,
el momento feliz, tu dulce beso,
que borró de mi ser melancolías.

Aquella noche pensé con todo fundamento, que el Cielo, de cuya existencia llegué a dudar, se ocultaba en algunas personas de este mundo. Y yo acababa de encontrarlo. ¡El Cielo era Cécile!
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Fotografía de Santos Pintor Galán