domingo, 28 de febrero de 2021

 

EL LETRAHERIDO

 

 

 

 

Emborronan las nubes el cielo

en un atardecer de amenazante lluvia.

 

La humedad refresca los labios

del hombre que hiciera, a golpe de poema,

en otro tiempo y en otras bocas, florecer suspiros.

Abandonado a su suerte,

ya no mira el calendario,

ni el torpe caminar

le impide perseguir su sueño.

Busca sin descanso los mejores versos

que jamás escribiera nadie

y hoy, las agónicas luces

abocetan siluetas en un marco perfecto.

Bullen bajo el sombrero, ideas infinitas

mientras sus lentes aprecian el panorama

de la tarde que se va como la vida

sin poder detener la huida de la nube,

ni el fulgor menguante que se pierde

camino de la noche.

 

Las gotas comienzan a caer y, al mismo tiempo,

se abren como flores los paraguas;

mas el suyo quedó olvidado

bajo el estéril árbol del perchero.

Un olvido más ¡y van!... No importa,

el sonido del agua sobre la marquesina

le recuerda las notas que el piano derrama

cuando Lang Lang interpreta  

el Concierto número cuatro de Beethoven.

 

"¡Ya está!",se dice. Solo me falta plasmar en papel la melodía.

 

Para no olvidarlas, repite bajo la lluvia palabras hermosas,

concatenando versos luminosos plenos de belleza

que va rimando al ritmo de sus pasos,

hasta alcanzar el portal de la pensión en la que vive.

 

Empapado, emborrona varias cuartillas

con cientos de versos, rememorando confusas notas,

que, al sorprenderle el rosicler, no le dicen nada.

 

Hoy ha rozado la inspiración,

mañana volverá una vez más a intentarlo.

 

Fotografía de Mar Luna.

 

 

 

 

 

 

 

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domingo, 21 de febrero de 2021

 

PASAJES DE "CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA" (75)

CAPÍTULO XI

La Tertulia

 

 

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Hacía tiempo que con Daniel no sostenía una conversación que fuera más allá de comentarios que intercambiábamos sobre asuntos de estudios; entre otras razones porque mi amigo vivía cada vez más entregado a todas las obras caritativas y a los actos piadosos que el Padre Oquendo le solicitaba. Recordando que había sido muchas veces mi paño de lágrimas, quedé con él para salir a charlar y para desahogarme del malestar que arrastraba a raíz del incidente habido con mi padre. ¡Yo era así de egoísta!

Como esperaba, le encontré dispuesto a ayudarme. Me escuchó con toda la paciencia del mundo durante varios minutos, hasta que tuvo oportunidad de intervenir para aconsejarme con suma delicadeza que tuviera paciencia y que no me tomara los contratiempos tan a pecho, ya que, según él, la vida era tan hermosa que no merecía la pena estar disgustado ni un solo minuto.

―Las preocupaciones que nos angustian en estos momentos carecerán de sentido dentro de muy poco tiempo, porque las circunstancias actuales y quienes las provocan, se van continuamente modificando. La vida ―filosofó― es un recorrido corto o largo, según se mire, salpicado de alegrías y sinsabores que hemos de ir afrontando con serenidad, sabiendo que a su término nos conducirán a un final trascendente que, estoy seguro, será maravilloso y cuya felicidad no tendrá fin.

Animado por la profundidad y franqueza de su razonamiento, no tuve ningún reparo en formularle una pregunta que, en otras circunstancias, me hubiera abstenido de hacerle.

―Ahora que te veo muy animado a iniciar la carrera sacerdotal, ¿no has pensado que estarás de por vida sin sentir el afecto de una mujer? ¿No te preocupa el no dejar descendencia?

Daniel arqueó las cejas y me contestó, con una leve sonrisa en sus labios:

―¡Claro que lo he pensado! El goce de tener una mujer que te acompañe y te comprenda, debe de ser maravilloso; pero lo que ocurre en mi caso es que todas esas posibles satisfacciones carecen de valor ante la llamada que he recibido de Dios. “El Señor, ha incendiado mi pecho” ―me dijo― y en cada ocasión en que tengo la oportunidad de ayudar a algún necesitado, siento que colaboro con la labor redentora de Jesús, de manera que afianzo mi vocación porque esa actitud me hace sentirme inmensamente feliz.

Ya no tuve valor para preguntarle por otra de las dudas que me carcomía como era la de conocer su opinión acerca de que si después de pasado un tiempo no se sentiría cansado y defraudado con la decisión tomada. Era una cuestión que también me afectaba a mí, cuando me preguntaba si los años no acabarían por apagar la belleza de Cécile y, consiguientemente, mi amor por ella. Prudentemente, y teniendo en cuenta que se trataba de su propia hermana, permanecí en silencio. Esa cuestión que me inquietaba, la tenía reservada para don Julián.

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jueves, 18 de febrero de 2021

 

CARTA AL AMIGO INVISIBLE  (II)

 



 

 

Querido amigo:

Ayer fue Miércoles de Ceniza y muchos practicantes se quedaron con las ganas de recibirla, debido a la existente Ley sobre la limitación de aforos en las iglesias. Ya sabemos que la nueva cepa inglesa es muy contagiosa y que el Estado vela por los creyentes para que su mermado número no disminuya, pero no se ha molestado en dotar  al clero de trajes "EPIS", ni ha escalonado el acceso a los templos siguiendo criterios de vulnerabilidad, ni mucho menos ha levantado el confinamiento a los contagiados o a los posibles difusores del virus. Sin embargo, todas esa medidas y más que hubieran hecho falta, se han tomado en Cataluña con tal de que la votación en esa región de España fuera masiva. ¡Vano intento! Al final, ya sabemos que. únicamente, el 25% de catalanes son independentistas, aunque nos quieran hacer creer lo contrario y nos tachen de "cenizos".

Ayer, precisamente ayer, nuestro amigo, Fernando Simón, habrá sabido que, contando cuarenta días, comienza con el Domingo de Ramos la Semana Santa, hecho que en una de sus últimas apariciones desconocía. Y es que su trabajo es agotador y no es extraño que en varias ocasiones, el pensamiento se le obnubile.

Mientras tanto, nuestros políticos han decidido declarar al lobo especie protegida, impidiendo el control de sus poblaciones en todo el solar patrio. Lo curioso del caso es que en esta decisión, han votado Comunidades que no tienen un solo ejemplar de este animal en su territorio. Eso me anima a pensar que muy pronto, Castilla y León podrá decidir sobre las capturas de anchoas en el País Vasco o sobre el número de jabalíes que asolan las cosechas en Andalucía. El hombre, en este caso el ganadero, es el que debería ser declarado especie protegida, pues se encuentra en peligro eminente de extinción. Hace unos días los lobos mataban a cincuenta y nueve ovejas en Villalonso (Zamora) en una finca vallada. ¿Cuándo recibirá el ganadero la indemnización por el desastre? ¿Y por el lucro cesante? ¿Cuánto tiempo tardaremos en que hechos similares se repitan?

Te pongo al corriente, de que la Audiencia Provincial de Madrid ha absuelto a Cristina Cifuentes de su controvertido "Máster". A los pocos segundos, los que están de acuerdo con los jueces, solo cuando sus sentencias les favorecen, se han apresurado a mofarse de la Justicia. Lo de siempre.

También te pongo al corriente de que el Tribunal Supremo ha revocado la decisión de la Junta de Castilla y León por la que toque de queda comenzaba a las 20.00 h. A partir de ahora, queda establecido como casi en toda España en las 22.00 h. Como en el caso anterior, algunos procuradores se han apresurado a pedir la dimisión de Mañueco, Igea y ¿Casado? y a que los afectados exijan indemnizaciones. A ninguno se le ha ocurrido agradecer las posibles vidas salvadas por tan valiente medida. Como ves, España no tiene arreglo.

¡Ah! De la vacunación a mayores y a personas con enfermedades de riesgo no se sabe nada. Tengamos paciencia. En el verano estaremos todos vacunados—nos han dicho—. Otra cosa es que, a lo peor, no figures en la lista de los vivos.

Que tengas un buen día, amigo invisible.

 

Fotografía de Víctor Varela

domingo, 14 de febrero de 2021

 

PASAJES DE "LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (75)

CAPÍTULO V

El tío Caparras

 

 

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Cuando íbamos de camino, lo primero que hice fue darle la noticia de la invitación de don Matías para asistir a la mañana siguiente a su escuela de verano.

―Ya te lo dije cuando fui a buscarte a la estación ―me respondió―; en casa del cura se pasan muy buenos ratos. Lo que ocurre es que no soy muy constante, porque a veces don Lucio se pasa con el cuidado de la huerta y ya uno va estando harto de trabajar sin recibir una peseta a cambio. El verdadero profesor, cuando enseña, no debe pedir nada a sus alumnos. Yo mismo estoy dispuesto a enseñarte hoy a pescar ranas y atrapar pájaros con liga, y no pienso cobrarte nada. Lo hago sencillamente porque no comprendo cómo con la edad que tienes estás tan atrasado en estos menesteres.

―En Valladolid, los pájaros abundan en el Campo Grande, pero no se pueden cazar, y las ranas no las he visto ni cuando acompaño a mi padre por las orillas de la Esgueva. ¿De qué me servirá lo que me quieres enseñar? ―pregunté a mi primo.

―Nunca se sabe lo que te puede ocurrir en la vida. Hasta hoy has comido gratis. ¿Y mañana…? Mira: yo, a la par que me distraigo, saco un dinero vendiendo los pájaros a Rufino, el del bar de la Plaza, y las ancas de rana a don Antonio y doña Concha, ese matrimonio de forasteros que tienen casa en el callejón de la Plaza, así me puedo comprar un bocadillo de anchoas o una lata de mejillones y me libro de la monotonía de las patatas.

A medida que nos alejábamos del pueblo, camino del Cubeto, notaba que Jeremías disminuía la frecuencia de sus pasos. Las aletas de su nariz se hinchaban aspirando voluptuosamente el aire cargado de aromas provenientes del regato; elevando la frente, cerraba los ojos e incluso movía los labios sin articular palabra. Parecía que entre el regato y él existía una comunicación intangible, un idilio permanente que dulcificaba la expresión de su rostro, otorgándole la placidez de la felicidad completa. Era tal la transformación que experimentaba que se diría que su angustia vital, la pobreza familiar, el desprecio de las chicas y la soledad en la que se desenvolvía, desaparecían cuando sus pies contactaban con la pradera. La caña, que sobrepasaba su estatura en un par de palmos, le ennoblecía como la lanza a don Quijote, y a pesar de que yo no podía presumir de carnes, al ser de inferior estatura y mostrarme ciegamente obediente a sus indicaciones, me convertía en un Sancho Panza, siempre dispuesto a embarcarme en nuevas aventuras. Hasta ese momento, mis amigos sólo eran meros acompañantes de juegos o interlocutores de conversaciones triviales, en cambio, Jeremías se mostraba ante mí tal cual era; me abría su corazón en cada conversación, me transmitía los conocimientos que consideraba imprescindibles en su mundo, aunque sirvieran de poco en el mío, y en su devenir amoroso, no mostraba ningún pudor en proclamar su amor por Rosita la de la Nicanora, su particular Dulcinea, que pese a la negativa expresa de la muchacha, constituía el motor de su existencia, sin percatarse de que se trataba de un sueño imposible de alcanzar.

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jueves, 11 de febrero de 2021

 

LA SEÑORITA LUISA

 

 

 

Miró por la ventana y vio la calle huérfana de viandantes, casi tan deshabitada como su casa en la que ella era la única ocupante. Una débil, pero pertinaz lluvia fue la causa de que, hipnotizada por el deslizar de gotas en los cristales, regresara a cuarenta años atrás. Entonces, la vida le sonreía y su esbelto y firme cuerpo de adolescente atraía las miradas masculinas, cuando caminaba con gesto decidido por la calle principal de su pueblo, cabecera de comarca, ataviada con un traje sastre de topos que alargaba su figura; figura que se balanceaba, torpemente, por culpa de unos zapatos de medio tacón recién estrenados.

Fue una época feliz de su vida en la que tuvo muchos pretendientes, algunos muy bien posicionados, pero la honestidad presidía todos sus actos y únicamente perseguía, como en un cuento de hadas, el verdadero amor. Josema, un amigo de la pandilla, de ojos claros, locuaz y zalamero, atrajo su atención. Gracias a él amó y fue amada y, siguiendo las costumbres de la época, el día en que el muchacho la cogió de la mano fueron oficialmente novios haciendo pública demostración de su amor ante parientes y amigos que creyeron, como ella, en una relación que habría de durar el resto de su existencia.

Poco más de tres meses duró ese estado de éxtasis total en el que permaneció zambullida en las dulces sensaciones del primer amor. El diablo, que todo lo enreda, hizo que Josema quisiera compatibilizar su ardores juveniles con otra muchacha de atrayente aspecto y ella no lo consintió. A partir de entonces, en una localidad pequeña, una mujer que había tenido novio quedaba excluida de toda posibilidad de que algún otro varón tuviera la osadía de acercarse a beber  de los labios que ya habían saciado a otra boca.

Dispuesta a abrirse camino y a comenzar una nueva vida, decidió establecerse en la ciudad con el escueto bagaje de una pequeña maleta, una máquina de escribir portátil y sus conocimientos de mecanografía. Tenía una fe ciega en sus posibilidades laborales y en su desarrollo personal, tras dejar atrás el amargo linchamiento de sus convecinos. Pronto encontró trabajo, amigas y toda una serie de admiradores y pretendientes. Pero ya fuera por el desengaño primero o porque ninguno cumpliera  con sus expectativas, fue dejando pasar el tiempo, acomodándose  a su soltería y a vivir a su albedrío.

La lluvia arreciaba y el golpeteo en los cristales de unos pequeños granizos, la sacó de su ensimismamiento. "He de preparar la cena"—se dijo. Por el pasillo fue reflexionando sobre su actual situación. Por una parte, gozaba de una libertad plena, pero, por otra, echaba en falta a alguien  con quien compartir sus íntimas aspiraciones, una persona que le proporcionara compañía y llenara su soledad en las oscuras noches sin luna.

"No se puede tener todo—razonó de nuevo—.¿Quién me asegura que él no me protestaría este caldo y mi tortilla de jamón?"

Sentada en el sofá, ante el café que saboreaba tras la cena, retomó la lectura de una romántica novela y se dispuso a escuchar la tercera Sinfonía de Brahms, esperando pacientemente que la melodía  del tercer Movimiento la tranquilizara y la alejara, como otras veces, de los malos pensamientos. El gato, a sus pies, emitió un ronroneo placentero.

Fotografía de David Dubnistkiy

 

 

 

 

domingo, 7 de febrero de 2021

 

HAIKUS DEL CORTO FEBRERO

 

 

 

Sabed maridos:

Después de "Las Águedas"

hay sacrificios.

 

Días de lluvia

para que el campo pueda

vestir de verde.

 

Con los disfraces,

la gente se divierte

en carnavales.

 

Se ven cigüeñas

fabricando sus nidos

en las iglesias.

 

El mes se acaba

alargando las tardes,

también el alba.

 

Fotografía de José Manuel Onrubia Baticón.

 

 

jueves, 4 de febrero de 2021

 

LA DISTANCIA

 

 

 

La distancia habla.

Percibo su voz a través del bullicio

 y del rumor de la fuente en que bebí.

 

La percibo en las mil imágenes

que pugnan por revivir lo vivido

y en los incontables rostros

atrapados en el recuerdo.

 

La lejanía más que una distancia medible,

es una sensación pasada

que no termina de amortiguarse,

es un contemplar sin tener el paisaje delante,

aunque el lienzo permanezca vivo,

matizado, quizás, porque la memoria

resalta los momentos felices

para hacernos creer

que aún no perdimos la juventud

ni el miedo a lo desconocido.

 

En la distancia, los amores frustrados se amortiguan

y brotan con inusitada fuerza

los amores que hacen posible

que el vivir siga teniendo sentido.

 

A pesar de que la distancia nos separa

de lo que jamás retornará,

sigo alimentando la esperanza

de que un día podré abrazar

el ensueño que me persigue noche y día.

 

 

Fotografía de María Teresa Álvarez.