jueves, 30 de enero de 2020



Crónicas de mi Periódico                    30 de enero de 2020

EL TIEMPO PASA


El tiempo pasa/nos vamos poniendo viejos/yo el amor no lo reflejo como ayer./
En cada conversación/cada beso cada abrazo/se impone siempre un pedazo de razón.
Así comienza la letra de una de las canciones del cantautor cubano Pablo Milanés que, como ven, canta sobre la transformación de los fogosos sentimientos de juventud, en otros más atemperados y racionales. Con el paso del tiempo, se moderan los impulsos vitales e incluso hasta los andares; el ritmo se sosiega, porque la anatomía no da para más.

Estos cambios físicos suelen ir acompañados de otros mentales que nos permiten observar, desde la atalaya de los años vividos, el discurrir de los acontecimientos actuales con "un pedazo de razón" como reza la canción. Estamos físicamente menos ágiles, pero mucho más maduros de mente, hasta el punto de que no nos creemos, sin más ni más, aquello que vemos o escuchamos y con la reflexión intentamos explicarnos el proceder de quienes conforman nuestro entorno.

Mientras observo desde mi ventana el goteo continuo de la lluvia, me pregunto si la lugarteniente de Maduro habrá pisado suelo español o la habrán llevado en volandas hasta la sala Vip del aeropuerto. Tengo curiosidad por saber cómo el ministro Ábalos ha permanecido media hora con ella sin decir nada, simplemente saludándola. ¿Cuántas veces se habrán estrechado las manos? ¿Cuántas miradas cómplices se habrán dirigido? Para desentrañar este misterio, los guionistas de "Cuarto Milenio" puede que hayan hecho acopio de interrogantes para varios capítulos.

Otro enigma por resolver es llegar a conocer cómo una actriz puede permanecer ochenta y cuatro años sin ser descubierta. Aconsejo a nuestra amiga Benedicta hacer una protesta formal ante el Sindicato de Cazatalentos de nuestra subvencionada y poco exitosa industria cinematográfica. Por otra parte, no ha habido en esta edición y van...ninguna sorpresa sobre los ganadores de las estatuillas goyescas. El resultado ya lo conocían al menos 200.000 telespectadores que este año se han negado a contemplar la Gala y sus astracanadas. El escritor, Arturo Pérez Reverte, ha escrito sobre las mal aprovechadas subvenciones que recibe el cine y las escasas que se otorgan a los escritores. Debe ser cuestión de preferencias, o quizás, una reacción lógica contra los que sistemáticamente recuerdan a los políticos el nulo caso que hacen de los consejos de la RAE.

Y en esta confrontación de los unos contra los otros, surge "el pin parental", ¿una herramienta imprescindible para atajar los problemas de la convivencia de género o un adoctrinamiento en el pensamiento único? Depende de qué lado te encuentres. En este país los grandes temas que deberían ser inmutables, gobierne quien gobierne, no se consensan, simplemente se eliminan para ser nuevamente cortados de raíz, cuando el gobierno cambia de color.

No sé si en la desgracia conseguiremos aunar esfuerzos. El amenazante coronavirus puede que nos brinde la oportunidad de hacerlo y mientras tanto, no lejos de donde vivo, un hermoso edificio se ha restaurado y los propietarios han patentizado sus preferencias decorativas del modo que muestra la fotografía. No cabe mejor descripción gráfica de un desacuerdo.



Fotografías de Rosario Fernández García y del autor.









jueves, 23 de enero de 2020



NIEBLA


No existe el horizonte;
la línea que divide cielo y tierra
se ha borrado. Apenas alcanzo a ver
el contorno de tu cuerpo,
enlazado al mío,
como siempre.
Me cerca la soledad y me lleno
de todos los temores de la infancia.
Llevo mis manos a la cara
para poder palpar carne mortal
tiritando de frío, o de temor
a perderte entre la gente.
Soy un ciego provisional de tu belleza,
a pesar de que siempre creí
que, en una nube, serías más hermosa.
Me desgarra la soledad de este invierno frío y duro
del amenazante dolor que asoma el rostro
entre la niebla,
junto al de otros rostros y otras voces,
hoy, inexistentes.
La realidad se impone y los sueños
se desvanecen antes de que el tímido sol
despeje las incógnitas de mi existencia.

¡Cuántas veces lo imaginado es pura fantasía!
Parpadea cerca de mí
la luz intermitente del semáforo
cediéndome el paso, pero el miedo
sigue atenazándome y ni siquiera
me atrevo a cruzar la calle.
Siempre me he sentido cómodo en mi mundo,
y, por eso, conocer otros mundos, otras realidades,
me parecen tentaciones encaminadas a llevarme
a la otra orilla del deseo
que se me incita sugerente, ofreciéndome
lo que me falta, lo que ansío,
aunque lo tenga casi todo,
porque tú caminas a mi lado,
como siempre
aunque la pertinaz niebla se empeñe
en ocultarme tu rostro.

Fotografía de Juan Jesús García Visa.



domingo, 19 de enero de 2020


EL IRLANDÉS

Ir al cine a visionar una película dirigida por Martin Scorsese en la que los principales papeles están reservados a actores como Robert De Niro (Frank Sheeran), Al Pacino (Jimmy Hoffa), Joe Pesci (Russel Bufalino) y Harvey Keitel (Angelo Bruno), entre otros, es un excelente aval para presagiar que la cinta no nos va a defraudar.

Aunque la obra dura tres horas y media, es tal el interés que suscita para quienes gustamos del cine bien hecho que, pese a que el metraje podría quizás acortarse un poco, la habilidad de Scorsese para conducir la acción y la excelente interpretación de los actores, hacen que este aspecto pueda ser considerado, incluso, como un factor positivo.

La historia está filmada desde la óptica de un decrépito mafioso (Frank Sheeran, "El irlandés") que relata las tres últimas décadas de su vida, desde la amargura de saberse autor de múltiples asesinatos sin que los sentimientos de arrepentimiento acudan a él en los momentos previos al desenlace fatal, que sospecha, no tardará en llegarle. Frank es un veterano de la Segunda Gran Guerra, posteriormente camionero, que se enrola como sicario en la mafia de Filadelfia, dirigida por Jimmy Hoffa, líder del sindicato de camioneros que desapareció de forma misteriosa en 1975 y del que, hasta el momento, nada se sabe sobre su paradero.

La narración de las tropelías cometidas durante los años 50, 60 y 70 del siglo pasado y las conexiones con el crimen organizado y con las corrientes políticas del momento, constituyen  el hilo conductor de unos hechos que podrían constituir una miniserie.

El ritmo que imprime Scorsese a esta narración es mucho más pausado que el que se aprecia en filmes anteriores Como "Casino"," Los infiltrados" o "Pandillas de Nueva York", quizás para que el excepcional trío de protagonistas, se luzca con interpretaciones deslumbrantes, poniendo de relieve no solo el lado enormemente violento de sus vidas, sino también sus traumas y sus miedos, lo que reviste a la cinta de un tono intimista en el que el espectador llega a empatizar y compadecerse de la vergonzante crueldad de estos asesinos reducidos a la penosa situación humana a la que les conduce el inexorable paso de los años.

A destacar el maquillaje, que resulta sorprendente, al mostrar el devenir del tiempo en las facciones de los protagonistas, dotándoles del aspecto adecuado a cada época, lo que da continuidad y realismo a la acción. Otro tanto podría decirse del vestuario, muy conforme  a la moda de cada momento. Igualmente, resultan adecuados los temas musicales empleados que ponen una acertada nota de tristeza al oscuro mundo del hampa.

Por todo lo dicho, creo que "El irlandés" es una gran película  con unos protagonistas que demuestran en grado sumo su saber interpretativo y con un director que mueve la trama con destreza y oficio y que hace que algunos de ellos y la propia película, puedan ser considerados como serios aspirantes a la obtención de los Premios Oscar. Sería lo justo para lo que considero como una obra maestra del Séptimo Arte.

jueves, 16 de enero de 2020



PASAJES DE ·CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA" (64)
CAPÍTULO X
La Ambición

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Esta frase, que quedó flotando en el ambiente junto a las volutas de humo, la pronunció cerrando los ojos y levantando los brazos, como si estuviera declamando. Otras muchas muletillas de este tipo escucharía en los días venideros; con ellas jalonaba su exquisita conversación, siempre educada y correcta, tratando en todo momento de no establecer distancias entre profesor y alumno. Al principio desconocía si esas filigranas lingüísticas eran de su propia invención o si procedían de textos ajenos, que retenía en la memoria para adorno de su entretenida conversación. Con el tiempo, y a medida que aumentaban mis conocimientos literarios, me fue desvelando el origen de algunas de estas frases y la obra de la que procedían, aunque, en general, eran producto de su invención y las pronunciaba tan espontáneamente y con tanto gracejo, que le retrataban como un hombre culto y singularmente genial. A mí tanto me daba que fueran suyas o que procedieran de otros escritores, porque lo que yo admiraba de mi profesor era el oportunismo con el que las insertaba en nuestro diálogo y la vena poética que rezumaba al declamarlas.
Las primeras clases fueron algo áridas y de duro trabajo, dado mi supino desconocimiento para poder diferenciar el tipo de oración que se me proponía y el lugar en que debía ubicarla en una clasificación que él se esforzaba en explicarme, atendiendo a si eran simples o compuestas, y dentro de éstas, si pertenecían al grupo de coordinadas, subordinadas o de yuxtaposición, con las consiguientes subdivisiones de cada una de ellas. ¡En fin!, un lío morrocotudo del que no sabía salir airoso, aunque mis fallos nunca le desanimaban, al contrario, recitando teatralmente, me decía: “Tu desconocimiento es enorme, como un océano ―para luego, con un sonrisa, añadir―: Pero no te preocupes, que en lo profundo de los océanos se encuentran los tesoros más valiosos”.
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domingo, 12 de enero de 2020



PASAJES DE "LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (64)

CAPÍTULO IV
Conociendo el pueblo


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En aquella cocina uno se podía poner de cualquier manera, menos cómodo. En un ambiente tan cargado, tenía la impresión de que el banco y los taburetes estarían impregnados de hollín o de grasa, y decidí continuar de pie, intentando aspirar el poco aire que circulaba por el pasillo.
Cuando mi tía entró en la cocina, me besó y me dijo con la mejor de las intenciones:
―He preparado para ti una comida especial; espero que te guste. Tenemos de primero, arroz a la zamorana y, si te quedas con hambre, conejo al «mecagüen» ―dijo, entre sonrisas.
―El arroz me encanta ―apostilló Jeremías―, pero ya es la cuarta vez que como conejo esta semana.
―No te quejes y da gracias a Dios ―le contestó Lucía―, que a tu padre, esta temporada, se le está dando bien bichear en los bardos del Parranda.
―Con tanto bichear, un día de estos a padre le va a sorprender la guardia civil y va a tener que dormir en el cuartelillo.
―¡Ojalá, bendito de Dios! Así apreciará lo que tiene en casa y de paso deja descansar el hígado. No creo que los guardias le den aguardiente para desayunar ―dijo Lucía, tomando con una cuchara de brezo un poco de arroz para hacer la probatura.
―¡Exquisito! Ya va cogiendo el punto. Lo voy a retirar del fuego para que repose y, entre tanto, Jeremías, vete poniendo la mesa ―dijo Lucía, satisfecha.
Hasta ese momento, yo creía que poner la mesa consistía en vestirla con el mantel, sacar las servilletas y colocar todo lo necesario para poder comer, como platos, vasos y cubiertos, pero en casa de mis tíos tenía otro significado, porque todo lo que hizo Jeremías fue separar la gaveta de la pared, arrimar el banco y los taburetes, colocar encima de la mesita una gruesa plancha de madera y anunciar:
―Madre, ya está puesta la mesa.
Con la mesa «puesta» en medio de la cocina, el arroz a la zamorana viajó, en brazos de Lucía desde el hogar hasta la plancha de madera, donde reposó tan sólo el tiempo que tardó mi tía en repartir a cada uno una cuchara de madera.
―Vamos a comer rápido, antes que se nos pase el arroz, como le sucedió a Justina, la Piquer, que cantando coplas de su artista favorita, no se dio cuenta de que de moza es cuando una tiene que echarse novio y ahora a los cuarenta está más sola que la luna ―comentó Lucía en tono jocoso.
―¿No esperamos a padre? ―preguntó Jeremías.
―Como esperemos a tu padre ―respondió Lucía― puede que en vez de arroz, comamos engrudo. Mariano hace lo mismo que un buen representante de vinos; no vendrá a comer hasta que no haya visitado la última cantina. Si viene a pie, a gatas, o lo tienen que traer, pronto lo sabremos. A veces no sé como el Mecagüen da con la casa ―concluyó Lucía, mofándose del apodo de su marido.
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jueves, 9 de enero de 2020


EL ROSCÓN DE REYES

Volver al trabajo tras unos días de descanso, produce en el ánimo, una resistencia difícil de superar. Tras la ducha, Raimundo se dispuso a desayunar con evidente desgana. Tenía la moral baja, y el estómago le protestaba con sensación de llenura, después de unos días en las que había abusado del marisco, de los dulces y de los licores tan propios de las fechas precedentes y a los que su organismo no estaba acostumbrado a ingerir en tanta cantidad. Quiso acompañar el café con un trocito de pan con fiambre, pero su mujer se lo desaconsejó: "No tomes el jamón de york. Aún queda mucho roscón de Reyes y ya sabes que la nata lo puede echar a perder".

Ante tan precisa recomendación, dirigió la mirada hacia un extremo de la península de la cocina. Todavía, encerrado en una brillante caja, descansaban los restos del roscón del día anterior. Quedaba bastante más de la mitad, si bien se encontraba horadado en varios puntos y mancillado por la curiosidad de su hijo pequeño, siempre dispuesto a encontrar el regalo escondido y el haba. El primero sería para el explorador y el haba, para su padre, al que entregaba la legumbre entre las risas de la familia.
Tomó un trocito del empalagoso dulce, no pudiendo evitar que la nata manchara sus labios y parte cayera sobre el mantel. "Maldita nata", dijo, para luego arrepentirse,  porque por similitud fonética, recordó a Natalia, una joven recién licenciada que ocupaba desde noviembre el puesto de asesora en la misma consultoría en la que él trabajaba y en la que no había dejado de pensar desde entonces. Se limpió la boca con cuidado, meditando la locura que suponía para un hombre casado como él estar absorto repasando imágenes que su cerebro reproducía sin cesar.

"¿Me puedo firmar este escrito o espero un poquito, don Raimundo?" Peticiones como esta o parecidas, resonaban en sus oídos con musicalidad aterciopelada y cuando ella se colocaba a su lado para señalarle el lugar exacto en donde debía estampar la firma, tardaba a propósito un tiempo en encontrar las gafas, se las colocaba sin ninguna prisa e, incluso, hacía un comentario banal sobre el tiempo; todo con tal de sentirse embriagado, por unos instantes, por el aroma que exhalaba la joven.

Aquel siete de enero, al incorporarse al trabajo, Natalia le recibió con la mejor de las sonrisas. "¿Sabe, don Raimundo? El director me ha dado una gran sorpresa: me ha concedido el traslado a Madrid en donde podré reunirme con  mi amorcito". Un silencio de segundos invadió la estancia. "¿No me dice nada?" . "Sí, sí, claro... me alegro mucho. Perdona, estaba despistado", respondió Raimundo totalmente atorado.

"Bueno, antes de despedirme—dijo la joven— quiero darle las gracias por la cordialidad con que me ha tratado en el corto espacio de tiempo que he compartido con usted. No lo olvidaré fácilmente". "Para mí también será difícil olvidarte", agregó Raimundo, sin que su subordinada se percatara del verdadero sentido de sus palabras.

De vuelta a casa, Raimundo preguntó por el roscón. " No queda nada, papá. Nos lo hemos comido entre mis hermanos y yo—dijo el niño pequeño—, pero te he guardado el haba".




domingo, 5 de enero de 2020


GOZOSO DÍA


Hoy no hablaré
de corazones desgarrados
ni del discurrir del tiempo,
cilicio contumaz de la existencia.
Hoy, solo voy a dejarme arrastrar
por la corriente del amable recuerdo,
hasta donde pueda,
hasta que el ahíto cerebro
grite no querer más,
inundado de ideales sensaciones.

Que mi boca cante lo que calló hasta ahora
y lata el corazón sin temor a lastimarse.
Al iniciar la senda de un nuevo año
siento la fuerza adicional
del sol acariciándome el cuerpo
con dubitativos rayos.

Quiero añorar tus manos y presagiar
la suavidad de su roce en mi rostro.

¿Vanas ilusiones? Lo desconozco...

Pero se han vuelto a iluminar las oscuras grutas
en donde reposan amenazantes pensamientos.

Hoy solo quiero sentir el amor
por las venas endurecidas de mi ser,
con un deseo enorme de vivir esperanzado
y de poder hacer en paz mi recorrido.

Fotografía de Pedro de la Fuente.


jueves, 2 de enero de 2020



LA LOTERIA DEL NIÑO



(Obra teatral en cuatro Actos)
ACTO PRIMERO
(Conversación telefónica entre Marisa y su hijo Guillermo)

Guillermo—¿Mamá?
Marisa—Sí, dime, Guillermo.
Guillermo—Mira, te llamo para decirte que Pepi y yo pensamos pasar el fin de año en Cancún. La pobre está muy estresada con el trabajo y a mí me ocurre lo mismo. Necesitamos unos días de descanso y tomar aire. Nos espera un comienzo de año de aúpa.
Marisa—Pues me parece estupendo, hijo. Ahora tenéis edad para gozar de la vida.
Guillermo—¡Claro, mamá! Lo que pasa es que no nos vamos a llevar a los niños y hemos pensado que la pequeña se quede con los padres de Pepi, Lucía con su tía Lola, David con su tío Roberto y que Guillermín vaya a vuestra casa. Con quince años ya es bastante responsable y apenas os dará que hacer.
Marisa—Sin problema, hijo. Tráenos a Guillermín esta misma tarde y vosotros disfrutad de la vida.
Guillermo—Ahora mismo te lo llevo. Mañana cogemos el avión y regresaremos cuando los niños comiencen el curso
Marisa—Me parece muy bien. Tu padre y yo no pensábamos salir esta tarde, así que puedes venir cuando quieras.
Guillermo—Gracias, mamá. Os lo dejo en el portal, porque no quiero perder tiempo. Estoy repartiendo niños por toda la ciudad. Un beso para papá y otro para ti.
Marisa—Gracias, hijo. Que tengáis un buen vuelo y que lo paséis muy bien. Besos para Pepi.

ACTO SEGUNDO
(En casa de los abuelos. Marisa y Alfonso)

Alfonso— Marisa, ¿quién ha llamado?
Marisa— Ha sido Guillermo. Dice que se va a pasar una semana de vacaciones a Cancún con Pepi y que nos van a dejar esta tarde a Guillermín para que pase estos días con nosotros.
Alfonso—Así, ¿sin avisarnos antes? Este hijo se debe pensar que sus padres no tienen planes. ¡Precisamente hoy que íbamos a cenar con los Meléndez!
Marisa—Ya lo sé, Alfonso, pero no vamos a chafarles las vacaciones. Ya sabes cómo es Pepi. Más vale que nos aguantemos y tengamos la fiesta en paz.
Alfonso— La fiesta la tendrán ellos, porque ahora estaremos diez días sin salir de casa. Ya sabes que Guillermín no sabe más que estar con la consola y ver la televisión.
Marisa—Bueno, Alfonso, diez días se pasan enseguida. Mira. ya están llamando al timbre.
(La abuela entre grandes aspavientos saluda a su nieto Guillermo)
Marisa— ¡Guillermín, pero qué guapo estás! ¿Qué crecido te encuentro! Pero, ¿cómo traes tanto equipaje?
Guilermín—Es el equipo de sonido, vieja. Ya sabes: el sintetizador, la mesa de mezclas, algunos instrumentos y todo lo que se necesita para ser un buen rapero. ¡Ah! tengo que insonorizar con cartones de huevos la habitación. No quiero molestar a los colegas vecinos.
Alfonso (hablando entre dientes)—No sé si le prefería antes cuando se quedaba horas y horas embobado ante el televisor.
Marisa (en voz baja)—Calla, Alfonso, que no te oiga el niño. Hagamos lo posible para que sienta cómodo. No vayamos a tenerla con sus padres.
Alfonso—Lo que tú digas, cielo.

TERCER ACTO
(Los abuelos comentan en el salón, mientras un ruido ensordecedor atruena la casa)

Alfonso—Llevamos seis días sin movernos del salón y cinco llamadas de atención de los vecinos por exceso de ruido. Ya sólo faltan los municipales.
Marisa— No seas cascarrabias, Alfonso. El niño tiene mucha imaginación y grandes cualidades musicales. No debemos interrumpir su creación artística. ¡Calla!, que parece que abre la puerta.
Guillermín— "A mí me da pena/ ¿qué pasa con mi cena?/ No salgo del tajo/ y todo trabajo/ tiene recompensa,/ Quisiera una hamburguesa/ y también una pizza/ troncos daros prisa/ tengo que estar fuerte/ un nieto como yo es una suerte..
Marisa—Ahora mismo baja el abuelo al burger y te compra la cena. ¿Quieres algo más?
Guillermín—"Querer tomate, no es mucho disparate./Nuggets, media docena/completarán la cena/ y también un spray rojo,/ no estoy de antojo".
Alfonso—¿Me quieres decir, para qué quieres el spray?
Guillermin—"El ambiente es importante/ para ser un buen cantante./El spray es el apero/ de todo buen rapero./Viejo, ya comprenderás/ que con color cantas más/".
Alfonso—Esto es una locura, Marisa.
Marisa— Haz lo que te ha dicho, no vayamos a disgustar al niño. Total, ya sólo faltan tres días.    

CUARTO ACTO
(Guillermo recoge a su hijo tras venir de vacaciones)

Guillermo—¿Mamá?
Marisa— Dime, hijo.
Guillermo—Que baje Guillermín, que no puedo aparcar y aún tengo que recoger a los otros tres.
Marisa—¿Pero no puedes subir a darnos un beso y contarnos algo del viaje?
Guillermo— Qué más quisiera yo que tener un rato libre. En el viaje, lo hemos pasado bien. ¿Cómo se ha portado el niño?
Marisa— Genial, hijo. Es un gran artista muy metido en su trabajo. Los vecinos han conocido sus canciones y a nosotros nos ha decorado una habitación en rojo y ha quedado monísima.
Guillermo—Lo que yo os decía. Tengo un genio en casa. Las molestias que pueda dar las paga con creces. Bueno, ya baja. Adiós. Un beso. Ya nos veremos.
Marisa—Adiós, Guillermo. Cuídate. Reparte besos para los niños y uno especial para Pepi.
Guillermo— Eso está hecho. Nos vemos.

(En el sofá del salón, los abuelos descansan repanchingados)

Alfonso— En la lotería del niño, este año no hemos tenido suerte. ¡Si nos hubieran dejado a la pequeña!
Marisa— No te quejes, Alfonso. El niño nos ha decorado la habitación pintando en rojo los cartones de huevos.
Alfonso— No, si no me quejo. ¡Pero qué manera de comer hamburguesas! Si está unos pocos días más, nos toca la aproximación al Gordo. ¿Sabes lo que pienso?
Marisa—Dime.
Alfonso—Si Dios nos da salud, el próximo fin de año nos vamos a una Casa Rural los dos solitos.
Marisa— No seas egoísta. La felicidad de nuestro hijo es lo primero y ya sabes cómo es Pepi.

(Alfonso se echa las manos a la cabeza, mientras cae el telón)

FIN