domingo, 15 de febrero de 2026

 

CURSILLO ACELERADO


 

 

(Obra teatral en tres Actos)

 

ACTO PRIMERO

(En casa de los Rodríguez)

 

RICARDA— No sé cómo puedes pasarte todo el día ante el televisor. Cinco horas viendo Teledeporte y otras tantas escuchando insulsas charlas de políticos que dicen una cosa y luego hacen otra.

SEGIS— Mujer, no hago mal a nadie. Estuve cuarenta años esperando estos momentos. Ahora jubilado, puedo hacer lo que me dé la gana.

RICARDA— ¡Que te crees tú eso! Sentado, engordas, te sube el colesterol y pierdes agilidad física, y estoy más que segura, que también mental. Lo que tienes que hacer es empezar a ayudarme en las tareas domésticas y aprender algo más de cocina que no sea hacer unos tristes huevos fritos. Ahora mismo te voy a enseñar a cocinar algo sencillito, para que si a mí me pasa algo, te puedas defender.

SEGIS— Quiera Dios que tal cosa no suceda, pero si tuviera esa desgracia, nunca me faltaría alguna vecinita dispuesta a echarme una mano.

RICARDA— ¡Calla, desgraciado! ¿Quién crees que cocinaría para un viejo de dentadura postiza? Mira, Segis, déjate de tonterías y vamos a empezar haciendo patatas con níscalos "al estilo de la abuela".

SEGIS— Por favor, no me mientes ahora a tu madre que creo que me ha sentado bien el desayuno.

RICARDA— Pues era una santa, que lo sepas. Si estuviera aquí otro gallo te cantaría.

SEGIS— En eso tienes razón, porque a las siete de la mañana ya estaba dando guerra.

RICARDA— Dejemos a mi madre en paz y gloria y apunta esta receta de patatas con níscalos: En una cazuela se echa aceite y las patatas cortadas en dados, y se rehoga junto con cebolla y ajos. Una vez rehogadas, añades pimentón y viertes los níscalos, bien limpios y cortados en trocitos, junto con la sal, perejil y un vasito de vino blanco. Se deja cocer media hora a fuego lento y ya está. ¿Ves que fácil?

SEGIS— ¡Facilísimo! ¿Dónde están los níscalos, la sal la cebolla, los ajos y todo los mejunjes que tengo que añadir?

RICARDA— Pues los buscas y si ves que no hay, los vas a comprar como he hecho yo toda la vida. ¡Madre mía, qué hombres! ¡Estos maridos de antes son unos inútiles!

SEGIS— Bueno, Ricarda, aunque solo sea por no oírte renegar, haré lo que me pides.

RICARDA— Claro, Segis, por algo tienes que empezar y así tu cariñín se coge el portante y se va a la peluquería, y luego con Pachuqui se toma un café, que desde el ultimo teñido no la veo. ¡Si es que una vive como una esclava! Ya es hora de que vaya poniendo en práctica lo que vi en "Espartaco".

 

ACTO SEGUNDO

(Segis en la cocina)

 

SEGIS (hablando entre dientes)— Esta mujer se cree que todo es tan sencillo. He tardado dos horas en encontrar la cazuela apropiada. Las patatas las tenía escondidas en el trastero y encima me he cortado el dedo con el cuchillo. Menos mal que creo que los níscalos son rojizos y no se notará el colorcillo rosa. En cuanto rehogue todo lo que he podido encontrar en el frigo, me bajo a comprar los níscalos y una garrafa de vino, porque siempre es bueno que sobre algo para el cocinero. En cuanto a la sal, creo que con cuarto kilo tendré suficiente. En esta vida hay que ser saleroso. Tampoco estará mal que compre alguna cebollas más y lo que se me vaya ocurriendo. Causaré sensación con mi plato. Cuando lo tenga hecho, lo bautizaré como: "Níscalos al estilo Segis".

 

ACTO TERCERO

(En el hospital)

 

RICARDA— Segis , ¿qué me has hecho que estoy tan malita?

SEGIS— Nada, cariño. Creo que tomaste demasiadas patatas con níscalos o con lo que fuera.

RICARDA— ¿Cómo que con lo que fuera?

SEGIS— ¿Tú sabes qué precio tenían los níscalos? Aprovechando que el ‘súper’ está en la autovía, cerca de un pinar, recogí todas las setas rojizas que asomaban entre la tamuja.

RICARDA— ¡Ay de mí, desgraciado! ¡Me has envenenado!

SEGIS— Que no, mujer, que no es para tanto. Total sólo has ido diez veces al servicio, y dice el doctor que eso te irá limpiando. Además piensa que tu maridito te ha ahorrado un montón de dinero.

RICARDA—Juro que si salgo de esta te mataré. Pero... ¿cómo es que a ti no te ha pasado nada?

SEGIS— Pues porque no las comí. Llegué tan cansado de andar por el pinar, que en cuanto las rehogué me bebí media garrafa de vino y me quedé dormido.

RICARDA— ¡Te mato! ¡Juro que te mato! Ahora ayúdame, que parece que tengo ganas de ir otra vez al baño. Los dolores de vientre no se me pasan.

SEGIS— ¡Qué poco sufridas y escandalosas sois las mujeres! Cada vez te pareces más a tu madre.

(Vuela una zapatilla por el aire, mientras cae el telón)

FIN

 



 

 

 

 

jueves, 12 de febrero de 2026

 

LA VIDA DE MAGÍN PUERRO

-XXIX-

 

 

 

 

Celebramos el bautizo

con toda la algarabía

que da la chiquillería

en trance tan señalado

y como estaba mandado

se desahogó la María:

 

—“Ya no quiero más preñeces

¡ay, maridito del alma!

es necesaria la calma

en el contacto sexual

sin que sea inusual

perder un día la salma.

 

Tengo ganas de volar,

dejar atrás la rutina

de este bar; la medicina

para volver a tener

ese cuerpo de mujer

que tiene la Josefina”—.

 

Cuando dijo, “Josefina”,

(la hija del secretario)

creí en el comentario

adivinar unos celos

inventados o recelos,

en el devenir diario.    

 

Lo comenté con Efrén,

marido de la partera

y me dijo que eso era

común en las parturientas.

—“No son cuestiones cruentas.

Se pasará, Dios lo quiera”—.

 

domingo, 8 de febrero de 2026

 

MUJER ETERNA

 

 

Cada vez percibo más cercano el momento

en que en el desierto de la incomprensión,

resuene ¡por fin! tu voz, mujer del tiempo nuevo.

Será entonces, cuando las palomas elevarán el vuelo

estremecidas por el chasquido de cadenas rotas.

Crines al viento, se quebrarán los silencios

de la impenetrable noche, cuando al atravesarla,

descubrirás los espacios que rasga el impulso de tu caballo alado.

 

El agua cantarina no cesará de brotar de tu garganta

y el mar se estremecerá emergiendo de su fondo

la voz de los misterios ocultos.

Revestida de comprensión, cicatrizarás las heridas

que las mentes necias te infringieron por siglos

y de tu virginal conciencia nacerán luminarias

indicando la senda del trayecto correcto.

 

Porque tú, mujer, anunciarás al mundo que creaste, amor y amores,

libres como el viento y hermosos como el acanto,

sosegarás a las almas inquietas que precisen de ti,

y calmarás la confusión de los desorientados

cual bálsamo que cura todo dolor contenido.

 

Mujer, construye con tu discurso el tránsito nuevo;

codo con codo me tendrás a tu lado

salvando  barreras, eliminando distancias.

El tiempo de convertir en realidad la ilusión, ha llegado.

 

¡Galopa sobre tu corcel alado,  

hasta que la justa igualdad deje de ser utopía!

 

 

Fotografía de David Dubnistkiy

 

 

 

 

jueves, 5 de febrero de 2026

 

FÁBULA DEL LINCE ASAMBLEARIO


 

 

Por primera vez, manantiales, árboles y matorrales, escucharon un llamamiento general,  promovido por una de las especies moradoras de aquel idílico paraje. Los linces, apremiados por una necesidad vital, quisieron congregar en un claro del bosque a los más diversos animales de la zona. La convocatoria resultó un éxito, pues en la citación se decía expresamente: "Se trata de una reunión de amigos para solventar un problema que en la actualidad afecta a nuestra especie. Nadie ha de temer por su vida, pues mientras dure la reunión, se suspenderán las acciones depredadoras. Más adelante, cada uno tendrá la oportunidad de convocar asambleas para que conozcamos los problemas que les afectan".

En el día fijado, un hermoso lince tuvo ocasión de exponer la difícil situación por la que atravesaba su especie: de poco tiempo a esta parte, había disminuido de tal manera el número de conejos, que pedía encarecidamente un aumento de la capacidad reproductora de éstos para no tener que recurrir al asesinato de campesinos, lo cual, a su entender, significaría la pérdida de su condición de especie protegida y, consiguientemente, su extinción. Los presentes se comprometieron, por unanimidad, a no hostigar a los conejos para que, en tranquilidad, pudieran llevar a buen término el aumento de su población.

Poco tiempo después, fueron los zorros los convocantes. Al parecer, trataban de solucionar un litigio suscitado con los lobos, a los que acusaban de que, al matar a ovejas, habían aumentado las batidas de los ganaderos. Los lobos prometieron no ser tan agresivos. A esta reunión no acudieron los linces.

En las siguientes semanas, los convocantes fueron ardillas, jabalíes y hasta una colonia de buitres leonados. A todos ellos les afectaban distintos problemas de supervivencia. Después de ser escuchados, amigable y asambleariamente, se encontró solución para sus demandas. En ninguna de las reuniones los linces hicieron acto de presencia.   

No habían pasado ni seis meses cuando, de nuevo, los linces propusieron otra  reunión. Al parecer, su primitivo problema no acababa de solucionarse.

Llegada la fecha, ninguno de los animales del bosque acudieron a su cita, en justa respuesta a la falta de asistencia de los linces, cuando el problema no les afectaba a ellos.


MORALEJA: Escucha a los demás, si quieres que a ti también te escuchen.




 Ilustraciones de Manuel Malillos Rodríguez

 

 


domingo, 1 de febrero de 2026

 

HAIKUS DEL MES BORRASCOSO

 

 

En los tejados

de las casa vacías

no veo gatos.

 

Llueve y llueve

empapando de agua

los viandantes

 

Quizás febrero

nos consuele muy pronto

con sol amable.

 

Si la borrasca

viniera esta semana

no sé qué haría.

 

Copos, granizo,

dibujando en blanco

los mil caminos.

 

jueves, 29 de enero de 2026

 

VIVOS QUE ESTÁN MUERTOS Y MUERTOS QUE SIGUEN VIVOS

 


 

Bajo una débil neblina y una temperatura acorde con los fríos días del invierno, Cristóbal acudió al cementerio para depositar sobre la tumba de su esposa un ramo de camelias rosadas. Ésas eran las flores que ella preferiría, aquellas que cultivaba con esmero en el jardín de su chalet, hasta que una terrible enfermedad, segó de golpe el hobby al que dedicaba su tiempo de ocio y que la hacía sentirse como una flor más del invernadero. Eso había sucedido hacía catorce años y, desde entonces, Cristóbal, no había faltado un solo año con ese rito que repetía cada veintinueve de enero. A pesar del tiempo transcurrido, no había olvidado la angelical sonrisa de la la mujer que le hiciera feliz, su profunda mirada y mucho menos, esa facilidad con la que le entendía y con la que sabía alumbrar las oscuridades de su existencia. En los meses que siguieron al óbito, creyó volverse loco: los cipreses contemplaron sus lloros y sintieron sus abrazos, en un deseo desesperado de sentir un ser vivo al que poder asirse. Después, el tiempo actuó como un poderoso cicatrizante que fue mitigando el supurante recuerdo, hasta convertirlo en el mejor de los sueños vividos. Sin hijos y aconsejado por una amigo, volcó sus afectos sobre un Boston Terrier que le acompañaba allá donde estuviera. Aquella mañana, al abandonar el camposanto, lo primero que hizo fue abrir el portón trasero de su coche y dejar que "Linda" correteara en la explanada por la que se accedía el recinto. Era tal la concentración de coches que había aquella tarde en el aparcamiento, que al cabo de unos minutos, temió que "Linda" se hubiera despistado y comenzó a inquietarse; sus temores cesaron cuando una mujer, sosteniendo en brazos a un Chihuahua, se acercó a él acompañada de "Linda".

 

—Es una perrita muy inteligente—afirmó la mujer—apenas la acaricié, me trajo hasta aquí.

—Le estoy muy agradecido—respondió Cristóbal—. Ya estaba empezando a preocuparme.

Tras las inevitables presentaciones por las que nuestro protagonista conoció que Rosa era el nombre de su nueva amistad y "Bob" el de su perrito, y tras charlar de la  compañía y el cariño que les proporcionaban sus respectivas mascotas, Rosa aceptó la invitación de Cristóbal para tomar un café en un establecimiento cercano. Allí, fue inevitable hablar de los motivos que les habían conducido aquella mañana a visitar a sus difuntos.

—Mi mujer, no ha muerto, sigue viva en mi recuerdo, jamás la olvidaré. Ya hace catorce años que enviudé, y puedo decir con toda sinceridad, que todavía creo escuchar su voz llamándome. Hasta la fecha, no he encontrado mujer alguna que pueda sustituirla. Desde el otro mundo sólo podrá sentir celos de las caricias que prodigo a "Linda"—dijo, Cristóbal, achuchando a su perrita.

—Mi caso es muy distinto—comenzó, diciendo, Rosa—. Esta mañana he venido desde la ciudad en que resido, a poner unas flores sobre las tumbas de mis padres. De mi marido, es casi mejor no hablar, tan sólo diré que el muy canalla me abandonó por otra mujer. Me han llegado noticias de que todavía vive con ella, pero para mí es como si hubiera muerto. No creo que pueda rehacer mi vida con hombre alguno, porque, desde entonces, ya no creo en promesas varoniles. Por el momento, es "Bob" quien me da el cariño y la compañía que necesito y además ¡no me engaña!—Dijo, Rosa, besando la menuda cabeza de su mascota.

Durante varias horas, tuvieron tiempo de charlar de sus respectivas vidas pasadas y de sus preocupaciones actuales y futuras. Vencida la mañana, se despidieron como dos buenos amigos, besándose en las mejillas. A causa de la mutua confesión, se sentían notablemente aligerados de la carga emocional que les embargaba al comenzar la jornada y se citaron para verse en el mismo lugar el año siguiente.

 Los animales con dos cortos ladridos, captaron la tristeza de la despedida. 





domingo, 25 de enero de 2026

 

¡TE RECUERDO TANTO!

 

Llueve como no lo había hecho nunca,

llueve sobre el mojado asfalto,

sobre mis huesos descoyuntados, llueve.

Hay un triste canto

en cada gota que perfora la atmósfera,

aun antes de su sigiloso contacto

con el muro infranqueable.

 

Un día más, pienso en ti,

quizás para sentirme vivo,

para que el doloroso recuerdo

reavive el latido oculto de mi pecho.

Me entretengo dibujando círculos,

rectas y curvas,

trazos sin sentido que no dicen nada,

salvo a mí.

 

Apoyada en mis rodillas

dibujabas flores y caras imperfectas;

canturreabas mientras lo hacías,

mientras te acariciaba la espalda

esperando que tu cara se volviera hacía mí

esperando la aprobación al garabato

con el que entretenías tu tiempo y el mío

cuando la tarde se despeñaba

en cataratas al otro lado del cristal.

 

Recuerdo que la lluvia, entonces,

no tenía la apariencia de lágrimas

desafiantes y frías, casi tétricas

como las que diviso despareciendo

a chorros por la alcantarilla.

La lluvia tiene hoy aires funestos

que humillan el alma

del que te ha querido tanto.

 

El recuerdo agridulce me mantiene vivo,

dolorosamente vivo.

en eterna desesperación.

 

jueves, 22 de enero de 2026

 

PASAJES DE “CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA”(113)

CAPÍTULO X   

La Ambición

 

 

………………………………….

A finales de mayo, Margarita recibió una carta de la Sección Femenina de Falange, donde se le indicaba que en el mes de julio debería incorporarse al castillo de la Mota, en Medina del Campo, para iniciar su prestación del “Servicio Social”. Aquella comunicación sirvió para que, con los preparativos, se fuera olvidando del asunto con Nacho y nuevas preocupaciones ocuparan su mente.

El impacto que causó en mi familia y en mí mismo el fallido noviazgo de mi hermana con Nacho, hizo que, a modo de reflexión dolorida, compusiera este ovillejo:

 

EL ENGAÑO

¿Quién puede herir la constancia?

Distancia.

¿Quién maltrata estando lejos?

Los celos.

¿Y quién causa desengaño?

Engaño.

Es conocido de antaño:

sobra toda conjetura,

de amores hacen ruptura,

distancia, celos o engaño.

 

En cuanto lo tuve terminado, se lo presenté a don Julián para que me diera su visto bueno, como hacía con todo lo que últimamente escribía.

                                                                          ………………………………………….




domingo, 18 de enero de 2026

 

         REFLEXIONES CAROLINGIAS (LXXX)         

 

 

En un lugar de la España vaciada, poseo  una pequeña finca y, bajo un cobertizo, unos cuanto bidones de gasoil. Espero que Trump no haya reparado en ella.

Compraba en el supermercado cualquier producto que se ofertara bajo el lema: “Lleve tres y pague dos”, hasta que se dio cuenta de que llevaba tres y pagaba cuatro.

Su prima era muy guapa. Cuando iban juntos escuchaba cómo le dedicaban muchos piropos. Entonces fue cuando comprendió lo que significaba tener una prima de riesgo muy alta.

Cada vez que escucho que la gasolina es más barata en nuestro país que en algunos otros europeos, me pongo a temblar.

La muchacha no era agraciada de cara, pero ella decía que los fotógrafos no conseguían captar su lado bueno.

Con la peste aviar, el precio de los huevos se ha disparado. ¿Qué nos apostamos a que cuando el virus remita, el precio seguirá estando por las nubes?

Me comentan de un vecino del barrio llamado Félix, que después de ser investigado por blanqueo de capitales, pasaron a llamarle FelisUCO.

Dicen los que saben de esto, que aunque te hayas portado como un cerdo, la peste porcina no te afecta. Y es que Dios es bueno.

Con su novia era muy cariñoso, pero se contenía. Había oído que algunos estaban en la cárcel por dar “mordidas”.

No sabía qué profesión le aportarías más dinero: ser fontanera o estudiar Artes escénicas y salir por televisión. Al final, consiguió compaginar ambas vocaciones y alcanzó su objetivo aunque, de momento, tenga prohibido salir de España.

La subida de precios en alimentos básicos ha sido en estas Navidades espectacular. Si mucho ha incrementado su precio el pollo de corral, el que más lo ha hecho ha sido el del pollo Carvajal.

Delcy es el nombre que se ha puesto de moda entre las recién nacidas, por si en vez de venir con un pan bajo el brazo, vienen con un montón de maletas repletas de dinero.

 

 

 

 

 

 

jueves, 15 de enero de 2026

 

PASAJES DE “LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS” (113)

CAPÍTULO VII

Se acerca la Fiesta

 

 

…………………………………..

Mientras colocaba el hule y los vasos, nos indicó cariñosamente:

―Bebed, hijos, antes de que os quedéis como la mojama; y tú, Caparras, resérvate, que luego me has de dar opinión del cordero que he preparado para mañana y así, de paso, ya te vas cenado. Por cierto, si ves pasar a Nieves, pregúntala por su madre, doña Gloria, que con eso de irse a vivir a Madrid va para dos años que no la veo.

―Descuida María, que si me la tropiezo, ya te daré noticias.

 Cuando María abandonó la habitación, el viejo nos comentó en voz baja:

―En la capital de España, dicen los chulapos que: «de Madrid, al Cielo» y así le pasó a la madre de Nieves. Al poco de llevarla a vivir con ella a Madrid, se conoce que al estar entre cuatro paredes, o al no respirar el aire de la pinada, o por lo que fuera, el caso es que dicen que murió de pena. De manera que doña Gloria creo yo que estará ahora gozando en el sitio que lleva su nombre, y que allí nos espere muchos años ―concluyó.

―¿Por qué no se lo has dicho a la Perdiz? ―preguntó Jeremías.

―Mira hijo, cuando se pasa de los ochenta, los amigos que quedan vivos son amarras de esperanza que te sujetan a esta vida. Dejemos que María siga creyendo que le viven todas sus amigas.

                                                                                         ………………………




domingo, 11 de enero de 2026

FÁBULA DEL RISCO QUE QUERÍA HABLAR

 

 

Sustentado sobre la base de una espléndida montaña, el risco sobresalía esbelto sobre la cordillera de la que formaba parte. Su figura, gallarda y arrogante, constituía, por su difícil accesibilidad, un reto imposible de conseguir para cuantos alpinistas soñaban con poder alcanzar su cima. A tan gran altitud, pensaban, el espectáculo que se podría divisar sería inigualable, pues sin tener que llegar a tan elevada altura, el paisaje de prados y de riachuelos que corrían a sus pies por la falda de la montaña, componían un paisaje de una plasticidad bucólica.

En invierno, como rey coronado,  la nieve le vestía de armiño, otorgándole una belleza sin par, como inigualable era su resplandor cuando en los días de fuerte calor, refulgía como piedra preciosa.

Pese a este cúmulo de cualidades, el risco no era feliz; añoraba el don que poseían otros: poder emitir sonidos. Envidiaba el chillido de las águilas que merodeaban en sus proximidades, el acompasado susurrar de los cencerros del ganado que pastaba a sus pies, o el débil tañido emitido por el campanario de una lejana ermita. Él no se contentaba con el bufido del viento al golpear sus salientes y a cada momento pedía al Ser Supremo la facultad que no poseía.

 

El destino quiso que un día, un movimiento sísmico sacudiera la cordillera con notable intensidad, haciendo que el risco se desprendiera y en su caída emitiera ―¡por fin!― sonidos en cada colisión que sufría contra otras rocas: ¡Crakkk!, ¡Broomm!, ¡Troommm!, a costa de irse dividiendo. Su último estruendo se produjo cuando una pétrea muralla frenó en seco su descontrolada caída. Desde entonces, enmudeció mientras contemplaba desolado cómo parte de su estructura eran fragmentos desperdigados  a medio camino entre el valle y la cúspide privilegiada que ocupara. Ya era tan sólo un pequeño promontorio de la montaña, sin que nadie reparara en su presencia.

 

MORALEJA:  No quieras poseer los dones que la Naturaleza no te otorgó.

 

Ilustraciones de Manuel Malillos Rodríguez