domingo, 27 de septiembre de 2026

 

UNIDAS, PODEMOS

 

 

(Obra teatral en tres Actos)

ACTO PRIMERO

(En la mesa de una cafetería, cuatro amigos echan la partida)

Mariano—¡Veinte en bastos!

Fede—¡A ver si dejas de cantar esta tarde, Mariano! Estás sembrado.

Mariano—Es que las cartas me vienen de mano.

Inda—Para eso yo. Llevo dos horas en las que no ligo nada.

Fede—Júntate conmigo. Parece que estoy gafado con las figuras.

Paco—Es lo que tiene el juego unos días ligas cantidad y otros solo te entra morralla.

Mariano—Pues preparaos ahora que voy a cantar las cuarenta.

Inda—¡Abusón!

Fede—No sigas, Mariano. Este juego es para ti y nos evitamos contar. ¿Echamos otra partidita?

Paco—Por mí no hay problema. Elisa estará tan a gusto viendo la novela de la huerfanita…

Inda—Pues Merche con el programa ese de marujeo, se pasa las horas muertas. ¡Qué buena labor social hacen esos programas! Entretienen a las mujeres y nosotros, entre tanto, podemos disfrutar.

Fede—Y que lo digas, Inda. Mi Pilar se pone la tele y viendo a cuatro imbéciles hablando casi siempre de lo mismo, se plancha toda la colada.

Mariano—Yo tampoco tengo inconveniente en echar un par de manitas más. Además no quiero que penséis que porque voy ganando me retiro con la bolsa llena. Si tardamos un poco más ya se lo explico a la Nati. Ella me comprende y sabe que un marido entretenido es un marido feliz.

(Después de tres horas jugando, varios cubatas trasegados, habiéndose zampado dos bolsas de cacahuetes y de fumarse una caja de farias, los amigos se despiden hasta el día siguiente).

 

ACTO SEGUNDO

(Nati, Pilar, Merche y Elisa, intercambian opiniones en su grupo de wasap)

 

Nati—Chicas, ¿sabéis a qué hora se presentó ayer el carota de mi marido?

Merche—Pues como es amigo del mío, sería sobre las ocho.

Pilar—Y yo como una tonta planchando dos cestos de ropa.

Elisa—Yo ya le he dicho a Paco que bueno está lo bueno, pero que estar jugando cuatro horas la partida es casi vicio.

Merche—A mí Inda me tiene de los nervios. Cuando llega a casa dice que está cansado, se acomoda en el sofá y ya no salimos.

Merche—Estamos contando todas la misma historia. Esto hay que solucionarlo. No podemos seguir así.

Elisa—Tienes razón, Merche. Estoy más negra que la sirvienta de la serie “Criadas y señoras”

Pilar—Muy bien hablado, Pilar. Nosotras somos unas señoras. Tenemos que acabar con el machismo de nuestras parejas.

Nati—Si vamos a hacer algo, antes nos tenemos que poner de acuerdo. Una sola no conseguirá nada.

Merche—Eso está más claro que el agua. A partir de mañana voy a dedicar la mañana a ir de compras y si la comida no está hecha a su hora que se aguante el bandido de Inda.

Pilar—Me parece que Fede va a tener que aprender a planchar si quiere llevar la camisa como Dios manda.

Elisa—Yo a Paco le voy a dar un ultimatum, Como no esté en casa a las seis, sé de una que se va a ir a pasear sola y luego que discurra lo que se hace para cenar.

Nati—Me parece que Mariano no a ver la calle hasta que no me lave el vajillero. Eso de irse nada más comer, sin recoger la mesa, se ha terminado.

Merche—Chicas, unidas, podemos. Juntas lo conseguiremos. Decid todas conmigo; ¡Hip, hip, hurra!

(Todas suscriben este grito de ánimo y rebautizan el grupo de wasap como “Brigada antivicio!

 

ACTO TERCERO

(Los cuatro amigos conversan en la cafetería una semana después)

 

Paco—Buenas tardes, muchachos, ¿echamos una partidita?

Fede—Una sí, más no. Tengo un cesto enorme de ropa para planchar.

Mariano— A ver si puedo mover las cartas. Tengo las manos inflamadas de limpiar platos y vasos. Ya estoy mirando lo que cuesta un lavavajillas. Así no puedo seguir mucho tiempo.

Inda—No sé si aguantaré toda la partida sin desmayarme. Estoy sin comer. Merche se ha presentado hace media hora. Se ha debido ver todos los escaparates de la ciudad.

Paco— Bueno, pues entonces una partida y para casa. No vaya a ser que llegue tarde y me tenga que hacer la cena. Llevo tres días cenando una latilla de sardinas y luego en la cama, no veas el morro que me pone Elisa.

Mariano—¿Qué habrá podido pasarles a nuestras mujeres?

Paco— La televisión es muy mala. A saber qué programa habrán visto.

Fede—Las están envenenando con tanto feminismo. ¡Si mi abuelo levantara la cabeza!

Inda—Ya dijo el poeta que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Paco—No filosofemos y reparte las cartas, Paco. No quiero llegar tarde y que haya otra bronca.

(Antes de las cinco de la tarde, los maridos regresan a sus domicilios. La “Brigada antivicio” ha conseguido recuperar cuatro hombres para una sociedad moderna).

 


jueves, 24 de septiembre de 2026

 

LA VIDA DE MAGÍN PUERRO

-XXXV-

 

 

 

 

De aquella fiesta salí

con Rufino comulgado,

el ahorro evaporado

dispuesto a comenzar

para muy pronto tratar

de deuda no estar cargado.

 

“Debemos poner remedio

a gastos innecesarios,

dejarnos de comentarios

de amigos y compañeros

que no saben qué dineros

en comer son necesarios.

 

—Dijo mi mujer, María.

hartándose de razón—.

Siete son siempre legión

hambrientos en una mesa

y a mí lo que me interesa

es que coma el escuadrón”.

     

Lloró mi niña Constanza

sabiendo que la siguiente

le tocaba a ella, en su mente

pensó que se quedaría

sin regalos y quería

no ser la pobre pariente.

 

Se me ablandó el corazón

al ver la niña hecha fuente

y le dije de repente

que para mí son iguales

todos los hijos, caudales

de mi paternal simiente.

 

domingo, 20 de septiembre de 2026

 

PASAJES DE “CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA” (119)

CAPÍTULO XI

La Tertulia

 

…………………….

Hacía tiempo que con Daniel no sostenía una conversación que fuera más allá de comentarios que intercambiábamos sobre asuntos de estudios; entre otras razones porque mi amigo vivía cada vez más entregado a todas las obras caritativas y a los actos piadosos que el Padre Oquendo le solicitaba. Recordando que había sido muchas veces mi paño de lágrimas, quedé con él para salir a charlar y para desahogarme del malestar que arrastraba a raíz del incidente habido con mi padre. ¡Yo era así de egoísta!

Como esperaba, le encontré dispuesto a ayudarme. Me escuchó con toda la paciencia del mundo durante varios minutos, hasta que tuvo oportunidad de intervenir para aconsejarme con suma delicadeza que tuviera paciencia y que no me tomara los contratiempos tan a pecho, ya que, según él, la vida era tan hermosa que no merecía la pena estar disgustado ni un solo minuto.

―Las preocupaciones que nos angustian en estos momentos carecerán de sentido dentro de muy poco tiempo, porque las circunstancias actuales y quienes las provocan, se van continuamente modificando. La vida ―filosofó― es un recorrido corto o largo, según se mire, salpicado de alegrías y sinsabores que hemos de ir afrontando con serenidad, sabiendo que a su término nos conducirán a un final trascendente que, estoy seguro, será maravilloso y cuya felicidad no tendrá fin.

Animado por la profundidad y franqueza de su razonamiento, no tuve ningún reparo en formularle una pregunta que, en otras circunstancias, me hubiera abstenido de hacerle.

―Ahora que te veo muy animado a iniciar la carrera sacerdotal, ¿no has pensado que estarás de por vida sin sentir el afecto de una mujer? ¿No te preocupa el no dejar descendencia?

Daniel arqueó las cejas y me contestó, con una leve sonrisa en sus labios:

―¡Claro que lo he pensado! El goce de tener una mujer que te acompañe y te comprenda, debe de ser maravilloso; pero lo que ocurre en mi caso es que todas esas posibles satisfacciones carecen de valor ante la llamada que he recibido de Dios. “El Señor, ha incendiado mi pecho” ―me dijo― y en cada ocasión en que tengo la oportunidad de ayudar a algún necesitado, siento que colaboro con la labor redentora de Jesús, de manera que afianzo mi vocación porque esa actitud me hace sentirme inmensamente feliz.

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jueves, 17 de septiembre de 2026

 

PASAJES DE “LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS” (119)

CAPÍTULO VIII

La Fiesta

 

 

…………………………..

A la puerta de la iglesia, los corrillos de hombres que echaban un último cigarro antes de penetrar en el templo, nos abrieron paso, escrutándonos con total falta de discreción. Para los lugareños, ver el empaque y la elegancia con las que la familia del señorito Tino accedía al recinto, resultaba un acontecimiento totalmente novedoso.

Ya dentro de la iglesia, completamente abarrotada, pude comprobar que la temperatura era más llevadera que la soportada en el «paseíllo», quizás porque los gruesos muros nos aislaban de la chicharrera exterior. A simple vista, se apreciaba en el colectivo una colocación por sexos y edades bien definida. Los niños y adolescentes éramos los primeros junto al altar; detrás de nosotros se situaban las mujeres, y tras la separación de bancos, obligada para dar entrada al personal, se colocaban los hombres, siendo los más jóvenes los que seguían la ceremonia desde un nivel más elevado, en el coro. Ése, justamente, era el lugar donde le hubiera gustado estar a Jeremías, porque con su flamante pantalón largo tenía el paso expedito a la ubicación juvenil y además desde ese privilegiado mirador podría contemplar a Rosita sin que la muchacha lo advirtiera; razones más que suficientes para que no pudiera evitar mostrar su disgusto, diciéndome:

―¡No sabes la vergüenza que estoy pasando! Me fastidia estar rodeado de niños con las viejas rezándote a la oreja. ¡No quiero imaginarme qué pensará de mí Rosita si me ve aquí!

En aquellos momentos comprendí la zozobra que invadía a Jeremías. Resultaba casi imposible no distinguir su apepinada cabeza sobresaliendo entre las de los niños e hice el propósito de compensar su gesto de compañerismo gratificándole de nuevo con más garrapiñadas, esa misma mañana.

                                                                               …………………………………



domingo, 13 de septiembre de 2026

 

 FÁBULA DEL BOXEADOR NOQUEADO

 

 

Un crochet de izquierda después de dos directos a la mandíbula, fueron más que suficientes para mandar a Edmundo a la lona. El mundo se le hizo de noche después de aguantar una tremenda lluvia de golpes en los cuatro asaltos y minuto y medio que se mantuvo en pie, ante un rival que le aventajaba en envergadura y experiencia.

Como muchos de sus amigos, Edmundo, un chaval que habitaba en uno de los barrios periféricos de la ciudad, encontró en el gimnasio y, más concretamente en el boxeo, la válvula de escape para soñar con un futuro que le proporcionaría fama y dinero a raudales. Movido por este deseo, más que por una verdadera afición, se entregó a un entrenamiento diario agotador. Sus ansias de gloria se vieron reforzadas cuando, en los primeros combates de aficionados, resultó vencedor. No le faltaron cantos de aduladores que le hicieron saber, una y otra vez, que llegaría a ser el rey de los cuadriláteros. Tan sólo Tomás, un entrenador serio y competente, le hizo saber, en la intimidad, que por mucho que se entrenara, sus cualidades y sus reflejos no poseían el ADN de los campeones. Edmundo hizo caso omiso a esta recomendación y prosiguió su triunfal carrera, enfrentándose a rivales de escasa entidad, arropado por los incondicionales fans que le aclamaban en cada actuación. Los vítores quedaron tan impresos en su subconsciente, que terminó por creer que el nuevo nombre con el que fue bautizado, "Edmon Rock", era un talismán que amedrentaba a sus oponentes.

Tras dos combates amañados, "Edmon Rock" fue designado aspirante al título nacional de su categoría. Para ese combate se preparó a conciencia, no descuidando, en sus ratos libres, la visita a concesionarios de automóviles de gran potencia, a donde acudía acompañado por una cuadrilla que decían ser sus amigos; cuadrilla en la que no faltaban bellas mujeres.

Celebrado el combate y tras el K.O., que le produjo una hemorragia cerebral importante, permaneció varios días en coma, debatiéndose entre la vida y la muerte. Afortunadamente para él, salvó la vida, aunque las secuelas le apartaron definitivamente del mundo pugilístico. Durante la larga convalecencia en el hospital, tan sólo recibió la visita de Tomás, que no cesaba de animarle, y que se comprometió a ayudarle a encontrar un trabajo acorde con las mermadas facultades físicas con las que el púgil tendría que aprender a convivir desde entonces.

MORALEJA: Haz caso de los consejos de quien bien te quiere y desecha los de los aduladores.



 

jueves, 10 de septiembre de 2026

 

CALOR TÓRRIDO

 

 

Con las primeras luces me levanto,

subo la persiana, y un aire fresco me revitaliza,

parece que el ciego furor del  anterior día

da un descanso a los cuerpos

y una tregua a las mentes para que reflexionen.

 

En el cielo brilla todavía algún lucero.

Dicen que cada destello es el alma inmortal de una persona,

Debe de ser así, y hoy deseo encontrar la de un amigo

recientemente fallecido.

Las luces van despareciendo, lentamente del firmamento,

como se van marchando, poco apoco, los conocidos

dándome su último adiós en una esquela.

¡Es Ley de vida!

 

Tengo curiosidad, que no prisa,

por observar a mi gente desde otra perspectiva.

Será la hora de comprobar los verdaderos afectos,

de los que de muchos, no tengo duda.

 

Aprovecho esta temprana hora de la mañana

para regar las plantas. Ellas con su colorido

me alegran la vista y sus aromas alejan de mí,

los apenados pensamientos.

 

Mientras desayuno, voy anotando aquello que se me ocurre:

La galleta que se hunde reblandecida por mi culpa,

el melocotón inmisericordemente despojado de su piel dorada

antes de ser troceado, y me pregunto si no sufrirán

al saberse zarandeados, como yo,

por una fuerza que no controlan.

 

Como veis, el calor me ha debido alterar la mente.

Procuraré ser prudente y no exponerme a este fuego agostador

que te abrasa, que te saca de quicio

y que convierte mi casa de campo

en apacible y umbrío lugar de meditación.

 

Fotografía de Nicolás Ventosa

domingo, 6 de septiembre de 2026

 

       REFLEXIONES CAROLINGIAS (LXXXI)        

 

 

De ser un “don nadie” pasó a ser un “ilustrísimo señor”, el día que acertó el bote en el Euromillón.

Conoció a una inglesa de su signo favorito LIBRA, con muchas libras, pero la relación no fue a más porque él era PISCIS sin ninguna piscina.

De muchos alevines de besugo, pocos llegan a adultos. En política, los besugos tienen más suerte.

Abunda la publicidad de alimentos proteicos, leches desnatadas y complementos nutricionales sin azúcares añadidos. Todo ello, para aumentar nuestra esperanza de vida. No sé todavía como mi yayo llegó a los 84 años.

“A veces la flor más pequeña es la de mayor aroma”. Eso fue lo que me dijo una chavala que conocí de joven y que no alcanzaba el 1,50. Perdí su pista, y no puedo asegurar, si ya marchita, sigue conservando esa envidiable propiedad.

Sufría mucho en la autoescuela cuando el profesor le repetía: ”Primera, segunda y después, tercera”, porque le recordaba la trayectoria seguida por el equipo de fútbol de sus amores.

Estoy dispuesto a emigrar a un país en donde los impuestos y el IRPF se traduzcan en beneficio para la colectividad. Los que me conocen, creen que estoy perdiendo facultades.

Era una mujer hermosa de una belleza difícilmente superable. En el pueblo se la conocía por: “La primitiva”, dada la escasa probabilidad de conseguirla.

Creía ser el mejor del mundo en la prueba de los 100 metros lisos, hasta que viajó a China y compitió con robots.

El boxeador Flaquito Pérez descubrió toda una gama de colores, cuando su oponente le propinó un certero crochet que le envió a la lona.

Dejó de entrenar en la especialidad olímpica de tiro con arco cuando comprobó que era más certero el tiro con dron.

“No es lo mismo patatas con carne que carne con patatas”—dijo en una Conferencia un eminente catedrático—comparando la etapa estudiantil de patrona en una pensión y su actual estatus social.

 

 

 

 

 

jueves, 3 de septiembre de 2026

 

HAIKUS DEL ESPERANZADOR SEPTIEMBRE

 

No habrá cambios

en la temperatura

sin ser agosto.

 

Por la persiana,

el sol se interesa en

versos que escribo.

 

Este septiembre

prolongará el verano.

¡Era de esperar!

.

Amarillea

el sol, pero calienta

como un mes antes.

 

¿Dónde las nubes?

¿Dónde buscarán el agua

los secarrales?

 

Fotografía de Nicolás Ventosa.

 

domingo, 30 de agosto de 2026

 

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

 

 

Después de tres años de ausencia en el que había sido siempre su hogar, los primeros días tras el regreso, no fueron fáciles. Pese a que su madre le ofreció todo su cariño y se esforzaba en allanarle la readptación, le parecía distinguir en la  mirada paterna un cierto reproche, como si estuviera esperando el momento  de echarle en cara su  huída apresurada.

Cloti, su hermana mayor, no estaba muy de acuerdo con que hubiera sido desalojada de la habitación que dejara libre su hermano cuando decidió marcharse y tuviera que ocupar su antiguo alojamiento, de menores dimensiones y Suan, la pequeña, le observaba con la incredulidad de quien le cuesta reconocer en un joven barbudo, a su propio hermano. Hasta Miki, una preciosa gata de angora, eludía dejarse acariciar por un desconocido.

Tener que estudiar Ciencias Exactas, cuando su afición se centraba en dibujar arquetipos de esculturas griegas y romanas, plasmar en acuarela el bello colorido de un atardecer o, simplemente, trazar en carboncillo la imagen de una ciudad en ebullición, fue una dura prueba que Miguel no pudo superar. En un principio, decidió acatar la decisión paterna después de meses de enfrentamiento en los que se hartó de escuchar: "Del Arte, jamás se vive", y se matriculó en aquella odiosa carrera de "porvenir". Acceder al emblemático edificio de la Facultad le producía náuseas. Dos meses fueron más que suficientes para constatar que aquello no iba con él. Los folios emborrados con formas de retratos inacabados de compañeros, era lo que llevaba a casa tras la escucha en la Facultad de "Retículos y álgebras de Boole" y de una pavorosa lista de Teoremas. Eso originaba, por la estrecha vigilancia al que le sometían sus padres, discusiones diarias que cesaron cuando Miguel decidió marcharse a Madrid sin previo aviso, si bien tranquilizó a sus progenitores, dejando en la mesita de noche, una nota explicativa.

En poco tiempo, conoció los pasillos de todas las estaciones de "Metro", supo lo que era vivir en libertad y el alto precio a pagar. Deambuló por infinidad de calles, visitó iglesias para poder entrar en calor, confraternizó con la bohemia madrileña e incluso se permitió el lujo de enamorarse de una joven que soñaba con llegar a ser bailarina del Bolshòi y escuchar junto a ella la melodía de sus tripas vacías. Teniendo en la intemperie una competencia brutal, raro era el día en que podía permitirse el lujo de pagar una cama en una mugrienta pensión de sábanas oscuras. Desesperado, buscó de mil maneras la forma de compatibilizar su vocación con otras actividades que le aportaran un mínimo para poder sobrevivir: descargó camiones de fruta en el Mercado Central, actuó de titiritero en más de una ocasión, fingió estar ciego y pidió limosna en San Ginés, comprobando que toda actividad acarrea riesgos como en esta última en la que pudo perder realmente la visión, vapuleado por la mafia que controlaba los puestos de mendicidad.

Como en la parábola del Hijo Pródigo, se acordó del calor de su hogar, de la comida que nunca le faltaba y del cariño que recibía en familia y tras meditarlo largamente, comiéndose el orgullo, inició, finalmente, el camino de regreso a casa.

Aunque fue recibido con alegría, su padre distaba mucho de ser el amoroso Padre del Evangelio y tras un breve periodo de recuperación, le planteó la necesidad de estudiar si quería seguir gozando de los beneficios familiares. "Te doy una semana para que te lo pienses—aseveró—. O estudias como tus hermanas y te haces un hombre de provecho o dejarás de comer de mi sueldo".

Nuestro protagonista pasó unos días de intensa angustia con un dilema a resolver: o entraba por el aro de las exigencias paternas, con renuncia expresa a su vocación o volvía a intentar convertir sus sueños en realidad.

Cuando el séptimo día amanecía, seguía dudando qué camino elegir...

 

 

 

 

jueves, 27 de agosto de 2026

 

LA VIDA DE MAGÍN PUERRO

-XXXIV-

 

 

 

 

Con siete años cumplidos

sabiendo las oraciones,

sin entrar en más razones,

creyó don Cosme que era

el momento que venciera

Rufino las tentaciones.

 

—”Está viviendo Rufino

esa etapa de la vida

en que el demonio convida

a acciones deshonestas

que para el niño son fiestas

al no conocer medida.

 

—Dijo serio el sacerdote—

Por eso creo, Magín,

aunque no sepa latín,

debe comulgar el niño

en mayo. —hizo un guiño—

Comer a Dios es festín”.

     

Me quedé muy pensativo

sin saber qué responder,

porque una cosa es creer

en los santos sacramentos

y otra saber los momentos

de querer y no poder.

 

Cuando le dije a María

las pretensiones del cura

se le mudó la figura

por el gasto que supone

la fiesta que se propone

sin poder pagar factura.

domingo, 23 de agosto de 2026

 

FÁBULA DE LA MODELO JUICIOSA



 

Nació Renzo en la Florencia de los Médici y, desde muy pequeño, dibujaba de manera precoz y con gran gusto, todo aquello que  atraía su atención. Le bastaban una cuartilla y un carboncillo para trazar siluetas o plasmar en retratos la expresión exacta de quien ocasionalmente se prestaba a ser su modelo.

Pronto sus padres comprendieron que la inclinación y la habilidad de su hijo para el dibujo, era excepcional, y decidieron enviarle a las academias de los más prestigiosos maestros de pintura de la época. El muchacho, llevado de su afición, puso tanto interés y esfuerzo que, al cabo de unos años, en plena juventud, era ya un artista muy reputado que se ganaba la vida retratando a quien tenía el poder adquisitivo suficiente para permitirse este capricho. A su taller acudían artistas, próceres de la política y de la banca, nuevos ricos, miembros de la realeza y todo  abad u obispo que se viera obligado por su rango a que su retrato se añadiera a la larga lista de sus predecesores.

Un día solicitó sus servicios un riquísimo comerciante, para que inmortalizara en un lienzo el retrato de su joven hija. La muchacha, sin ser excesivamente hermosa, poseía un rostro agraciado y era muy sensata y juiciosa. En los días en que posó para Renzo, le cautivó con su conversación, pues demostraba tener, pese a su juventud, una madurez impropia de su edad, y lo que era más importante: transparentaba un alma noble y una gran pureza de intención. Auxiliadora de pobres y visitadora de enfermos, la dulzura de su voz encantaba al pintor, que dilataba cuanto podía la frecuencia de sus pinceladas para poder disfrutar el mayor tiempo posible de aquel fascinante coloquio con su modelo, mientras notaba que, día a día, iba ganando su corazón.

Cuando ya no le fue posible prolongar por más tiempo los encuentros, mostró a la joven el retrato, quedando ésta sorprendida porque, según sus propias palabras: "La mujer del cuadro supera con creces en hermosura a la que me mira cada mañana en el espejo". A lo que Renzo respondió:  "Intento captar no sólo el cuerpo, sino el alma de quien retrato. Así veo yo a la mujer del cuadro que me ha enamorado".

Cuentan las crónicas que el comerciante, sumamente satisfecho con el buen trabajo del pintor, no tuvo inconveniente en otorgarle la mano de su hija.

MORALEJA: La verdadera hermosura de las personas, radica en su interior.


Ilustraciones de Manuel Malillos Rodríguez



 

jueves, 20 de agosto de 2026

 

 RVDO. FRAY. MANUEL GONZÁLEZ DE LA FUENTE O.P. (†)

 

Ayer, en la iglesia conventual de San Pablo de Valladolid, presidida por el arzobispo de la diócesis y presidente de la Conferencia Episcopal Española, D. Luis Argüello, tuvo lugar una Misa funeral por el alma de Fray Manuel González de la Fuente recientemente fallecido en la Residencia que los P.P. dominicos poseen en La Virgen del Camino (León).

Han sido múltiples los lazos que me unían al finado durante más de cuarenta años. Primero, a través de los Equipos de Nuestra Señora del que era consiliario y, posteriormente, siguiendo su ejemplar dirección en la Orden Seglar Dominicana de la que formo parte.

Su talante y modo de evangelizar ha sido un modelo para todos los que tuvimos la suerte de tratarle y quedará  impreso de por vida en nuestros corazones.

Para él he compuesto este soneto que fue leído, antes de concluir la ceremonia, por el prior del convento P. Salustiano Mateos a quien doy mi más expresivas gracias.

 

ELEGÍA

 

En la lucha final salió triunfante

la blanca pureza ante la muerte

alcanzando la meta, de tal suerte,

que hízose la noche luz brillante.

 

Padre Manuel, precioso diamante,

fue una dicha, sin duda, el conocerte

y más tarde un gozo por tenerte

como guía de antorcha llameante.

 

Tú, que nos ves ahora desde el Cielo,

aviva en nosotros la esperanza

cuando estamos sumidos en el duelo

 

añorando los días de bonanza

aquellos que ponías por modelo

al Señor del que eras la semblanza.