domingo, 25 de octubre de 2026

 

SOÑANDO CON SER REY

 

 

(Obra teatral  en 3 Actos)

ACTO PRIMERO

(Enero de 1965. Chuchi tiene cinco añitos)

 

Mamá—Chuchi, hijo, ¿por qué estás enfadado?, ¿no estás contento con los juguetes que te han traído los Reyes?

Chuchi—No, mamá, son pocos.

Mamá—Pero, Chuchi, si son muchos. Además, piensa que los Reyes Magos tienen que repartir entre todos los niños del mundo. Algunos se quedarán sin regalos. Tú eres muy afortunado.

Papá—Lo que dice tu madre tiene mucha razón. Conténtate con los juguetes que te han traído y juega con ellos. Piensa que Sus Majestades han hecho un largo camino para llegar hasta aquí..

Chuchi—Pero yo quiero ser Rey.

Mamá—¿Y por qué quieres ser Rey, corazón?

Chuchi—Porque así tendría todos los juguetes del mundo. Podría escoger los que quisiera y cuando me cansara de ellos, los repartiría.

(Papá y mamá hablando entre ellos)—Todavía es muy pequeño para que comprenda: Vamos a ver si poniéndole la corona del Roscón se contenta.

Mamá—Mira, cariño, lo que te va a poner mamá en la cabeza: una corona de Rey

Chuchi—¡Qué guay mamá! ¡Una corona! Es el mejor regalo que he tenido. Ahora sí que soy un Rey.

Papá y mamá, satisfechos—¡Menos mal! Parece que hemos acertado. Ya ves con qué tontería se puede hacer feliz a un niño.

 

ACTO SEGUNDO

(Noviembre de 1975.  Juan Carlos I es proclamado Rey)

 

Papá— ¡Venid! ¡Venid! Mira lo que están poniendo por la tele. Están proclamando rey a Juan Carlos I.

Mamá—¡Qué acto tan bonito y qué elegancia tiene la reina. Me encanta.

Chuchi—A mí me parece una injusticia, No sé por qué ese señor tiene que ser rey y yo no.

Papá—Por la sencilla razón de que él es hijo de un Borbón y tú te apellidas García y eres hijo de un frutero.

Chuchi—Pero la ilusión de mi vida ha sido siempre ser rey y aunque me apellide García, un día lo llegaré a ser.

Mamá—Hijo mío, que obsesionado estás con esa idea. A mí también me gustaría ser reina y tener joyas y servidumbre y hacer viajes, pero me tengo que contentar con madrugar y estar con tu padre en el puesto todo el santo día vendiendo frutas... y que no falte.

Papá—Eso digo yo. Además, cuando voceo la fruta digo:¡Ay qué rica, pero qué rica tengo hoy la reineta! Y lo digo porque para mí, eso es tu madre.

Chuchi—Decid lo que queráis, pero yo un día seré rey.

Papá—Como sigas así acabarás mal. Ya eres un jovencito y tenías que tener más cabeza. De todas las formas toma veinte pesetas y vete al cine a ver a Tarzán, que al fin y al cabo, es el Rey de la Selva.

Chuchi—Gracias, papá. Parece que me has comprendido.

(Cuando Chuchi se ha ido al cine tan contento, los padres comentan acongojados)

Papá—Me preocupa la actitud de nuestro hijo. Ya es un mocito y sigue emperrado con la estúpida idea de llegar a ser rey. Menos mal que mientras pongan películas como "Rey de reyes", "Duelo de reyes" o "la Reina de Saba", iremos capeando el temporal, hasta ver si madura de una vez.

Mamá— Sí, esposo mío, tengamos paciencia. Parece que viendo películas sobre temas de reyes, el chico se calma. Ya ves de qué manera tan simple se puede hacer feliz a un adolescente.

Papá—Mientras no pongan en cartelera "Luis II de Baviera", el rey loco, vamos bien.

 

ACTO TERCERO

(Diciembre de 2020. Chuchi comenta su vida en verso)

 

Ojalá pudieran verme

mis padres, os lo confieso,

pues creían que mi seso

era escaso, deslucido

con pájaros en el nido,

calenturiento en exceso.

 

No es extraño que pensaran

que no me encontraba cuerdo.

Me reñían, lo recuerdo,

cuando yo les explicaba

que un rey por mi boca hablaba.

Era joven, más no lerdo.

 

Cuando los años pasaron

ya fui cayendo en la cuenta

que llega a rey el que inventa

el modo de parecerlo,

coger nombre, retenerlo,

y que otros paguen tu renta.

 

Afiliándome a un Partido

busqué el modo de ligar

con los jefes, que al hablar,

solo decían mentiras.

¡Fingiendo que les admiras,

es muy fácil progresar!

 

En cinco años obtuve

lo que un rey pueda tener:

agasajos por doquier,

varios coches, un palacio,

caseríos de solacio...

 y una miss como mujer.

 

He  descubierto, señores,

que al pueblo se le conquista

ofreciéndole a la vista

lo que nunca poseerá.

Luego siempre se podrá

echar la culpa al turista.

 

He conquistado mi sueño.

aunque no sea monarca.

Qué me importa, si en mi arca

ya no cabe más dinero.

Sin trabajar de frutero,

soy para el pueblo un jerarca.

 

Ya no quiero la corona,

que puede dañar la sien.

Si llego a millones, cien

con la paga vitalicia

me retiro, ¡qué delicia!

!Que a ustedes les vaya bien!

 

(Entre pitos y aplausos de la España dividida, cae el telón)

 

FIN

 



 

 

 

 

 

 

 

jueves, 22 de octubre de 2026

 

NIEBLA EN OTOÑO

 

 

 

Me resulta difícil recordarte

juvenil y radiante, como eras.

Los años borran  las aristas

de la pasión encendida,

difuminando los contornos

que me enloquecían...

 

Las palabras antaño pronunciadas,

pierden la intencionalidad

con las que fueron dichas

y ya no estoy seguro de rememorar

el aroma que exhalaba tu cuerpo.

 

En el otoño de la vida,

se va formando una catarata

en los ojos de la mente;

una niebla persistente y fría

como la que hoy observo,

privándome la nítida visión

de los árboles lejanos.

 

Impaciente, espero el soleado mediodía

en que te ensoñaré tal cual eras,

entonces, los parterres desprenderán

el aroma de tu cuerpo

y comprenderé el exacto significado

del "Te quiero" con el que me saludabas

en cada amanecer.

 

domingo, 18 de octubre de 2026

 

PASAJES DE “CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA”(120)

CAPÍTULO XI

La Tertulia

 

 

…………………………………

Ya no tuve valor para preguntarle por otra de las dudas que me carcomía como era la de conocer su opinión acerca de que si después de pasado un tiempo no se sentiría cansado y defraudado con la decisión tomada. Era una cuestión que también me afectaba a mí, cuando me preguntaba si los años no acabarían por apagar la belleza de Cécile y, consiguientemente, mi amor por ella. Prudentemente, y teniendo en cuenta que se trataba de su propia hermana, permanecí en silencio. Esa cuestión que me inquietaba, la tenía reservada para don Julián.

Cerca de la plaza de la Universidad, Daniel me sorprendió con una invitación sorprendente:

―Acompáñame a casa. Quiero mostrarte aquello que supuso un verdadero obstáculo antes de dar el paso definitivo y comunicar al Padre Oquendo mi vocación.

En su casa, en aquellos momentos deshabitada, Daniel, muy desenvuelto y seguro de lo que iba a hacer, me condujo a su cuarto y me mostró de nuevo su colección de soldaditos de plomo, perfecta-mente alineados en una de las estanterías, y las mariposas, soportando estoicamente el alfiler que las mantenía sujetas a su soporte de corcho.

―Te puede parecer una gran tontería, pero estas pequeñeces ―dijo señalando a los soldaditos y a las mariposas― me impidieron por un tiempo decidirme a abrazar mi vocación. Suponían para mí horas y horas dedicadas a ellas, y sentía un nudo en la garganta cada vez que imaginaba desprenderme de su compañía. Hoy quiero des-hacerme de todo afecto material, para que su recuerdo no me invada de nostalgia. Me harías un gran favor aceptándolas como regalo. He pensado en tu hermano Tinín, para que juegue con los soldaditos, y para ti he reservado las mariposas. Siento no darte también el violín, pero el Padre Oquendo me ha dicho que con él puedo amenizar las eucaristías en el noviciado. También quiero que tu hermana Margarita tenga un recuerdo mío. Dale este libro de “Las Cien Mejores Poe-sías de la Lengua Castellana”. Su lectura la aliviará del enorme vacío que siente. Es un regalo que, conociendo tu afición por la poesía, querrá compartir contigo.

En dos grandes bolsas realicé el transporte de los encargos hasta mi casa. El peso soportado no era pequeño, pero caminaba alegre, sabiendo que por primeras vez hacía un favor a Daniel, librándole de la carga que durante un tiempo constituyó el obstáculo más importante para entregarse a Dios.

                                                                                  …………………………….



jueves, 15 de octubre de 2026

 

PASAJES DE “LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS” (120)

CAPÍTULO VIII

La Fiesta

 

…………………….

A ratos atento y a ratos distraído, seguí como pude la santa Misa. Me encontraba tan cerca del altar que el aroma a incienso me envolvía, como también me envolvió el sermón pronunciado por un sacerdote amigo de don Matías, que desde el púlpito expre-só, con gran vehemencia, cómo el amor de Dios se manifestaba aquella mañana; de la felicidad familiar que se alcanzaba, según él, rezando el rosario; de la suerte que tenían los habitantes del pueblo al contar con un santo patrón que era precisamente el funda-dor del rosario, de la pobreza como una Gracia especial que el Señor concedía a la mayoría de los asistentes, etc. etc., hasta que un ataque de tos producido por el intenso trabajo al que había sometido a sus cuerdas vocales, hizo concluir su alocución con el recurrente: «…hasta vernos un día todos juntos en la patria celestial. Amén». La Misa continuó entre latines adormecedores, hasta que en el momento de la consagración, la dulzaina y el tamboril interpretando el himno nacional, me sobresaltaron, poniéndome el vello de punta. De este momento dirían luego mi padre y corroboraría don Lucio, que había sido el punto culminante de la ceremonia, porque... «Si Dios ha ayudado a nuestra Patria, sería una ingratitud que la Patria no se hincara de rodillas ante su Salvador».

Poco después de escuchar «ite misa est», se organizó la procesión, mientras las campanas tañían, esta vez al capricho de los jóvenes, como una concesión que hacía Pedro el Repiques en su intento de despertar nuevas vocaciones.

Él mismo portaba la cruz alzada, flanqueado por dos monaguillos. Tras ellos, la mayoría de los presentes se situó a ambos lados de la carretera, formando dos hileras, situándose los participantes con el mismo orden que habían observado dentro del templo; procesionaban en primer lugar niños y niñas, a continuación las mujeres y después los hombres, todos con sus mejores galas, o como decía Jeremías: «con el traje de comer fideos». El fervor con que acompañaban al santo, no impedía que, con discreción, no apartaran la mirada del suelo para no hundir el elegante calzado en las boñigas que salpicaban el asfalto. Únicamente los hombres tenían el privilegio de portar al santo, turnándose en esta tarea; tras ellos iban don Matías y sus compañeros sacerdotes, revestidos con capas pluviales, flanqueados por el alcalde, el comandante de puesto de la guardia civil, don Lucio y mi padre como invitado especial. Cerraban la comitiva los dulzaineros y el tamborilero, que tocaban sin parar para disfrute de todos, especialmente de ancianos e impedidos que, asomados a las puertas y ventanas de sus casas, se emocionaban al paso de Domingo de Guzmán, que, aunque firmemente sujeto a la peana, se tambaleaba a impulsos de los portadores. A los pies del santo, un perro con la antorcha en la boca representaba el sueño que tuvo santa Juana de Haza, su madre, cuando le llevaba en las entrañas. «Tu hijo ―escuchó de santo Domingo de Silos ―con su celo apostólico, será una tea encendida que incendiará al mundo».

                                                           ……………………………………….



domingo, 11 de octubre de 2026

 

FÁBULA DE LA NOVIA CAPRICHOSA

 

 

Sin causa aparente y en pocos minutos, la mar apacible erizó las pequeñas crestas de las olas hasta convertirlas en muros de agua que  golpeaban con fuerza su débil embarcación. Casi al momento, una espesa neblina fue oscureciendo el cielo hasta hacer del mediodía noche cerrada. Aunque joven, en toda su vida de pescador nunca había sentido tal sensación de desamparo. Empapado, sin rumbo, achicando agua, temiendo por su vida, desbordado por tanta tribulación, perdió el conocimiento. Al recobrarlo, se encontró postrado en una cama de hospital. Una preciosa mujer, enfundada en un blanco uniforme, le miraba con dulzura. Quiso saber dónde se encontraba, pero no pudo articular palabra. Notó la suavidad de unas manos acariciándole la frente e invitándole a permanecer en silencio. "Estás a salvo. Descansa, descansa", fue lo último que escuchó, antes de que, agotado, volviera a cerrar los ojos, con la plácida sensación de estar flotando sobre un colchón de plumas.

El amor que sentía por Susana, le había llevado a afrontar una situación que pudo haber tenido graves consecuencias. Cuando la conoció, creyó encontrar en ella a la mujer soñada. Se miraban y se devolvían la mirada entre juegos de manos entrelazadas y besos furtivos, "Te quiero" —decía él. "Yo también, te quiero a ti, Tomás —respondía ella—. Pero el amor verdadero exige una prueba". "Y qué prueba es ésa" —pregunto el marinero enamorado. "Tienes que conseguir pescar para mí, un pez hermoso, que apenas pueda sostenerlo entre mis brazos". Al día siguiente, Tomás se echó a la mar y capturó una lubina de grandes dimensiones, que pese a su tamaño, no complació a su novia. "Más grande, quiero un ejemplar más grande. Un pez así me lo hubiera traído cualquiera, aunque no estuviera enamorado de mi". Esta respuesta hizo que Tomás se arriesgara a pescar en aguas lejanas, consiguiendo una merluza de mayor tamaño aún que el de la lubina. "No es suficientemente grande —comentó al verla, Susana—. Si estuvieras locamente enamorado de mí, como dices, tendrías que haberte esforzado más, y el pez hubiera sido mucho mayor". Herido en su amor propio, Tomás lo intentó por tercera vez, adentrándose en aguas desconocidas, con el propósito de satisfacer el capricho de su amada. Fue entonces, cuando la tormenta le sorprendió, sin posibilidad de regreso.

En el tiempo que permaneció recuperándose en el hospital, no le faltó la puntual visita de la bella enfermera, aún cuando no estuviera de servicio. Esperaba su llegada con impaciencia, notando que los sentimientos que le unían a Susana se iban difuminando a medida que crecían los que sentía por Alicia, esa preciosa criatura a la que confundió con un ángel cuando, al despertar, creyó estar en el Cielo, y que para su felicidad, notaba que le correspondía.

Ya recuperado, recompuso su embarcación y, pescando en las aguas tranquilas del verdadero amor, decidió vivir el resto de su existencia junto a Alicia, la mujer que le había dado cariño a cambio de nada.

MORALEJA: En el amor no debes exigir caprichosamente, sino dar gratuitamente.


Ilustraciones de Manuel Malillos Rodríguez

jueves, 8 de octubre de 2026

 

PROBLEMÁTICA  DECISIÓN

 

 

Tres meses le duró a Cuca la alegría de obtener trabajo en una Banco de la capital. Después, la protocolaria llamada al despacho del Director le confirmó la asignación a una sucursal  norteña de poco más de dos mil habitantes. Cuca aceptó resignada esta nueva oportunidad que el destino le deparaba y pensó que demostrando su valía, no le sería difícil que poco tiempo después, la reclamarían para ocupar en la misma entidad bancaria un puesto como Asesora de Finanzas dando por supuesto que sería en una ciudad como la que se veía obligada a abandonar.

La nueva ubicación gozaba de un verdor extraordinario y de un entorno idílico. En el mes de julio era el destino escogido por muchos veraneantes para pasar unos días rodeados de una naturaleza desbordante de belleza en la que se disfrutaba de una temperatura sumamente agradable.

El trabajo no la agobiaba y contaba con la inestimable ayuda de Germán, un treintañero simpático y agradable con el que congenió rápidamente. Él fue quien se encargó de ponerla al corriente de las operaciones básicas que en la oficina se desarrollaban, quien le fue presentando a la clientela y quien la acompañaba en pequeñas excursiones para mostrarle los alrededores.

La coincidencia en gustos fue obrando el previsible acercamiento emocional, de manera que, aun sin mostrar explícitamente su amor, quedaba claro que entre ellos existían sentimientos que superaban la simple amistad.

Estos sentimientos se hicieron más patentes cuando el verano concluyó y con él la presencia de veraneantes y la llegada del tiempo húmedo y desapacible, lo que les proporcionaba la oportunidad de establecer mayores ratos de convivencia,

Una tarde en la que ambos intercambiaban confidencias en un bar, al resguardo de la lluvia, Germán se sinceró y confesó su amor por Cuca

—Creo estar ciegamente enamorado de ti y no quisiera pecar de presuntuoso si te digo que tú debes sentir por mí un sentimiento similar. Hasta el momento nada te he dicho sobre este asunto porque nuestra situación laboral es francamente complicada. Hoy estamos destinados aquí y mañana tal vez uno o incluso los dos podemos encontrarnos a kilómetros de distancia.

—Así es, Germán. Yo también te quiero, pero algo me impide dar ese paso decisivo que nos una en un amor que suponga en poco tiempo un sufrir en la distancia.

Germán, guardó silencio y apostilló:

—Lo que es cierto, es que estar esperando lo que pueda suceder en unos meses o años, es desperdiciar un tiempo precioso. Yo creo que deberíamos afrontar la aventura. ¿Quién sabe lo que nos deparará el futuro?

—Dame unos días para pensarlo. Te prometo que no han de ser muchos. Mientras tanto, únicamente nos veremos en el trabajo. Quiero que la decisión que tome sea la adecuada.

Dos semanas más tarde, aprovechando que la lluvia caía con fuerza y en la sucursal bancaria no había ningún cliente, Cuca le dijo a Germán lo que pensaba sobre su relación…

 


 

 

domingo, 4 de octubre de 2026

 

HAIKUS DEL SORPRESIVO OCTUBRE

 


En este mes,

los geranios aguantan

en los balcones.

 

Quizás es mucha,

para algunos escasa,

la torrentera.

 

Por más que llueva

nunca será bastante

¡tierra sedienta!

 

Sol, acaricia

con rayos otoñales

todo mi ser.

 

Recojo firmas

para que pronto vuelva

la primavera.

 

Fotografía de Nicolás Ventosa.

jueves, 1 de octubre de 2026

 

EL OTOÑO HA LLEGADO

 

 

Un amigo se acerca a mi escritorio,

me visita, sin demora, cada año

cuarenta días antes que el Tenorio

declare a doña Inés amor y engaño.

Me saluda mostrando un envoltorio

con hojas amarillas de un castaño

por las lluvias y vientos despeinado.

Soy el otoño, me dice: ya he llegado.

 

Fotografía de Santos Pintor Galán.

domingo, 27 de septiembre de 2026

 

UNIDAS, PODEMOS

 

 

(Obra teatral en tres Actos)

ACTO PRIMERO

(En la mesa de una cafetería, cuatro amigos echan la partida)

Mariano—¡Veinte en bastos!

Fede—¡A ver si dejas de cantar esta tarde, Mariano! Estás sembrado.

Mariano—Es que las cartas me vienen de mano.

Inda—Para eso yo. Llevo dos horas en las que no ligo nada.

Fede—Júntate conmigo. Parece que estoy gafado con las figuras.

Paco—Es lo que tiene el juego unos días ligas cantidad y otros solo te entra morralla.

Mariano—Pues preparaos ahora que voy a cantar las cuarenta.

Inda—¡Abusón!

Fede—No sigas, Mariano. Este juego es para ti y nos evitamos contar. ¿Echamos otra partidita?

Paco—Por mí no hay problema. Elisa estará tan a gusto viendo la novela de la huerfanita…

Inda—Pues Merche con el programa ese de marujeo, se pasa las horas muertas. ¡Qué buena labor social hacen esos programas! Entretienen a las mujeres y nosotros, entre tanto, podemos disfrutar.

Fede—Y que lo digas, Inda. Mi Pilar se pone la tele y viendo a cuatro imbéciles hablando casi siempre de lo mismo, se plancha toda la colada.

Mariano—Yo tampoco tengo inconveniente en echar un par de manitas más. Además no quiero que penséis que porque voy ganando me retiro con la bolsa llena. Si tardamos un poco más ya se lo explico a la Nati. Ella me comprende y sabe que un marido entretenido es un marido feliz.

(Después de tres horas jugando, varios cubatas trasegados, habiéndose zampado dos bolsas de cacahuetes y de fumarse una caja de farias, los amigos se despiden hasta el día siguiente).

 

ACTO SEGUNDO

(Nati, Pilar, Merche y Elisa, intercambian opiniones en su grupo de wasap)

 

Nati—Chicas, ¿sabéis a qué hora se presentó ayer el carota de mi marido?

Merche—Pues como es amigo del mío, sería sobre las ocho.

Pilar—Y yo como una tonta planchando dos cestos de ropa.

Elisa—Yo ya le he dicho a Paco que bueno está lo bueno, pero que estar jugando cuatro horas la partida es casi vicio.

Merche—A mí Inda me tiene de los nervios. Cuando llega a casa dice que está cansado, se acomoda en el sofá y ya no salimos.

Merche—Estamos contando todas la misma historia. Esto hay que solucionarlo. No podemos seguir así.

Elisa—Tienes razón, Merche. Estoy más negra que la sirvienta de la serie “Criadas y señoras”

Pilar—Muy bien hablado, Pilar. Nosotras somos unas señoras. Tenemos que acabar con el machismo de nuestras parejas.

Nati—Si vamos a hacer algo, antes nos tenemos que poner de acuerdo. Una sola no conseguirá nada.

Merche—Eso está más claro que el agua. A partir de mañana voy a dedicar la mañana a ir de compras y si la comida no está hecha a su hora que se aguante el bandido de Inda.

Pilar—Me parece que Fede va a tener que aprender a planchar si quiere llevar la camisa como Dios manda.

Elisa—Yo a Paco le voy a dar un ultimatum, Como no esté en casa a las seis, sé de una que se va a ir a pasear sola y luego que discurra lo que se hace para cenar.

Nati—Me parece que Mariano no a ver la calle hasta que no me lave el vajillero. Eso de irse nada más comer, sin recoger la mesa, se ha terminado.

Merche—Chicas, unidas, podemos. Juntas lo conseguiremos. Decid todas conmigo; ¡Hip, hip, hurra!

(Todas suscriben este grito de ánimo y rebautizan el grupo de wasap como “Brigada antivicio!

 

ACTO TERCERO

(Los cuatro amigos conversan en la cafetería una semana después)

 

Paco—Buenas tardes, muchachos, ¿echamos una partidita?

Fede—Una sí, más no. Tengo un cesto enorme de ropa para planchar.

Mariano— A ver si puedo mover las cartas. Tengo las manos inflamadas de limpiar platos y vasos. Ya estoy mirando lo que cuesta un lavavajillas. Así no puedo seguir mucho tiempo.

Inda—No sé si aguantaré toda la partida sin desmayarme. Estoy sin comer. Merche se ha presentado hace media hora. Se ha debido ver todos los escaparates de la ciudad.

Paco— Bueno, pues entonces una partida y para casa. No vaya a ser que llegue tarde y me tenga que hacer la cena. Llevo tres días cenando una latilla de sardinas y luego en la cama, no veas el morro que me pone Elisa.

Mariano—¿Qué habrá podido pasarles a nuestras mujeres?

Paco— La televisión es muy mala. A saber qué programa habrán visto.

Fede—Las están envenenando con tanto feminismo. ¡Si mi abuelo levantara la cabeza!

Inda—Ya dijo el poeta que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Paco—No filosofemos y reparte las cartas, Paco. No quiero llegar tarde y que haya otra bronca.

(Antes de las cinco de la tarde, los maridos regresan a sus domicilios. La “Brigada antivicio” ha conseguido recuperar cuatro hombres para una sociedad moderna).