domingo, 26 de julio de 2026

 

ENTRE DOS AGUAS

 

 

Vio en el retrovisor cómo los edificios de su ciudad se iban achicando, mientras la autovía se abría en canal ante él, tal vez indicándole que el futuro que le esperaba seiscientos kilómetros más lejos, era prometedor y de mejor calidad que el que abandonaba. Así se lo habían asegurado en su empresa, luego de ascenderle, a su pesar, a un puesto mejor remunerado y de mayor responsabilidad.

El corazón se le desgarraba pensando en Ana, su novia de toda la vida, que el día anterior lo había despedido envuelta en un mar de lágrimas."Es por nuestro bien"—le había dicho Ramón, a modo de consuelo". " Mi bien eres tú"—contestó la joven, entre sollozos.

Tres meses intentando aclimatarse al ritmo de trabajo y al trajín de la gran ciudad, dejan poco tiempo libre y Ramón invertía buena parte de su ocio para comunicarse con Ana, en conversaciones que, en un principio, empezaron por reiterar su enorme deseo de abrazarla, para luego convertirse en mil maneras rutinarias de decirle que la amaba, deseando que el verano llegara pronto y, con él, el momento de hacer realidad lo que constantemente soñaba: poder vivir juntos. Los nuevos compañeros de trabajo se extrañaban de la monacal vida de Ramón y más de una vez intentaron, sin éxito, que conociera nuevas amistades en noches de vino y rosas, pero Ramón se mantenía fiel a su amada.

Una tarde, después de una comida y posterior reunión de trabajo, tuvo ocasión de conocer a Rocío, una mujer despampanante y desahogada que formaba parte del oponente grupo negociador. Rocío unía a su natural belleza, un trato cercano y afable; además, sin saber el porqué, se fijó en Ramón desde el primer momento y no paró hasta colocarse a su lado y sugerirle en tono confidencial: "Los negocios con amor, siempre se ven coronados por el éxito". Un intercambio de teléfonos y dos cubatas apresuradamente bebidos, dieron lugar a que los importantes temas comerciales que se estaban ventilando, se negociaran entre las suaves sábanas de un lujoso hotel...

Desde aquel día, los guasap de Rocío se multiplicaban casi tanto como las llamadas perdidas de Ana, que, preocupada por el excesivo trabajo de su novio, pensó que visitar por sorpresa a Ramón podría aliviarle de su estrés.

Ana no hubiera imaginado jamás que, al reencontrarse con su amado, un persistente aroma de colonia femenina inundara el apartamento, ni que varias prendas íntimas de mujer aparecieran esparcidas por el dormitorio. El tartamudeo de Ramón  intentando explicar lo inexplicable, abortaron de golpe sus ilusiones y precipitaron su rápido regreso a casa. El rellano de la escalera fue testigo de múltiples improperios, entre los que "malnacido" y  "sinvergüenza" se repitieron con inusitada intensidad.

Envuelto en una pegajosa y excitante tela de araña amorosa, nuestro ejecutivo no acusó el impacto de la ruptura y continuó alternando negocios y diversión con una mujer que le garantizaba pasión y divertimento en cada encuentro, pero que cortó, sorpresivamente, cualquier comunicación, cuando las negociaciones llegaron a su término. La atenta Rocío dejó de responder a sus mensajes y la única vez que pudo hablar con ella escuchó  desde su iphone estas duras palabras:"El proceso ha culminado con éxito. Ya no hay negociación y, por tanto, el amor no tiene razón de ser".

Ramón maldijo a la que hasta entonces le había colmado con toda suerte de delicadezas y se sintió ridículo, vilmente engañado y moralmente destrozado. Buceando entre dos aguas, un amor ilusorio le había hundido hasta tocar fondo en el proceloso mar de la vida.

Buscando salir a flote, solo veía en superficie la figura de Ana y a ella recurrió en llamadas que no alcanzaban su objetivo porque su número estaba bloqueado. Sin darse por vencido, le escribió varias cartas en las que intentaba justificar su error, pretextando bisoñez y mostrando su arrepentimiento, comprobando que las cartas eran devueltas sin haber sido abiertas.

Meses más tarde, supo por un amigo común que Ana vivía recluida en su domicilio y este hecho fue el detonante que le impulsó a tomar una drástica decisión: se despidió de la empresa e inició el camino de vuelta a su ciudad de origen con la única pretensión de volver a enamorar a Ana...

Fotografía de Juan Jesús García Visa

 

jueves, 23 de julio de 2026

 

LA VIDA DE MAGÍN PUERRO

-XXXIII-

 

 

 

 Yo notaba que las fuerzas

para hacer todas las cosas

me resultaban dolosas

con el paso de los años,

faltándome los redaños

en cuestiones trabajosas.

 

En el bar encomendaba

algunas nimias tareas

a Rufino, “pa que veas,

—le dije con cierta sorna—

cómo el trabajo orna

si de niño no niñeas”,

 

Esta forma de tratar

a mi hijo me dolía,

pero de chico sabía

que en este mundo cruel,

para alcanzar el vergel

no se admite la malcría.     

 

Sin que la viera la gente,

Constanza fregaba vasos

dando sus primeros pasos

en el familiar negocio

donde no cabía ocio

ni para servir retrasos

 

Con la ayuda de María

el trabajo se llevaba

de modo que funcionaba

con contento de la gente

que querían, mayormente,

el vino que les implaba.

domingo, 19 de julio de 2026

 

EL YANTAR DE MÍO CID

Revista gastronómica

GUÍA MICHARLYN

 

RESTAURANTE  LOS CURROS.  Playa de Levante s/n. SANTA POLA (Alicante)



 

 Lo que hace unos años era un modestísimo chiringuito a pie de playa, se ha convertido por su situación y por la continua afluencia de bañistas, en un remodelado edificio que ofrece unas modernas instalaciones y unas variedades gastronómicas que te hacen ensalivar con solo contemplarlas.

Quien acude a este lugar gastronómico debe alejarse de la idea de encontrar un restaurante que pretenda alcanzar alguna estrella Michelin, sin embargo, la variedad de platos o, más bien, de entrantes hacen que, con un fresca cerveza, quedes totalmente satisfecho y puedas regresar a tu hamaca y sombrilla situadas a pocos metros, para seguir gozando de los placeres que te ofrece la temporada veraniega.

Las fotos con las que acompaño este reportaje serán suficiente motivo para que, si tenéis la oportunidad, visitéis este apacible rincón marinero.

 



























jueves, 16 de julio de 2026

 

FÁBULA DE LA CALIZA HUMILDE



 

Su gestación fue costosa, hubo que esperar varios millones de años a que la Corteza terrestre se enfriara y los materiales que la componían se consolidaran. Hasta ese momento permaneció oculta en el subsuelo, hasta que una clara mañana del siglo XII la hicieron aflorar a la superficie. Tomó conciencia de que era un hermoso bloque calizo cuando  se percató de la interesada mirada de los canteros, que hacían cábalas sobre el destino que le darían. Por ellos supo que el lugar de su nacimiento era una localidad llamada Hontoría y por apellido “de la Cantera”, lo cual era marchamo de calidad y excelencia.

Sabía que alguna vez sería fragmentado, pero el impresionante bloque, lejos de apenarse, se alegraba de que con su división pudiera contribuir a consolidar el hogar  de una gran cantidad de lugareños. Soñaba con ser, cuanto antes, útil a los demás. Pero el tiempo pasaba y nadie se atrevía a trocear su impresionante tamaño, y empezó a creer que no poseía ninguna calidad y que, por tanto, no se realizaría su sueño de poder ser benefactora de la humanidad.

Hubieron de pasar tres siglos más  para que, ¡por fin!, el bloque fuera convenientemente partido y trasladado a la capital, concretamente a los pies de una catedral que se estaba construyendo en Burgos. La alegría de todos los fragmentos del bloque fue enorme cuando supieron que formarían parte de un edificio tan colosal; alegría que aumentó cuando sintieron cómo el cincel del cantero los modelaba para ser parte integrante de las agujas caladas con que se remataban las torres de la fachada principal.

Desde ese momento, la piedra caliza vio recompensada su humildad, atisbando desde lo más alto, día y noche, una ingente cantidad de personas que quedaban maravilladas al contemplar la belleza de la catedral, de la que ella era una parte visible e importante.

MORALEJA: …” El que se humille será ensalzado”  (Lucas 14:11)

Ilustraciones de Manuel Malillos Rodríguez

 


 

 

domingo, 12 de julio de 2026

 

VERANO



 

 Zumban a un tiempo

abejas y avispas

en la copa de los árboles

blanquecinos de flores.

Pían a lo lejos dos gorriones,

resguardados en la sombra que da vida.

Hierve estremecido el asfalto

en el año en que no emigraron las cigüeñas.

Noto el ardor de la tierra reseca

y me apena contemplar la sed de los arbustos

y el agua avara de la acequia.

¿Qué tendrá el verano en la meseta?

Fiebre del trigo hecho y de centeno

que te encierra en la cárcel de tu casa,

hasta que cante el grillo

y se pueblen los cielos de luceros.

 

Entonces, creeré que gira el orbe

que ahora está parado con el sol en el cenit

y el espasmo en el cerebro, desolado

por no pensar más que en la frescura

del tiempo pasado, que ya no es nada.

 

¿Qué fue del verano en nuestras vidas?

Pasión encendida, abrasadora,

sofoco en las tardes de siesta,

deseo inacabado, siempre a la espera

del porvenir que nos daría más frutos,

después de habernos saciado

con los mil maduros dones

de cada huidiza primavera.

 

Y mientras pienso que todo pudo ser mejor,

la impertinente mosca me recuerda

que un día soñé con este calor,

cuando me perdí una tarde en el monte,

despistado por la niebla.

 


jueves, 9 de julio de 2026

 

SOBRESALTO

 

Tardó mucho tiempo en conciliar el sueño. Fue al baño para intentar romper la dinámica del desvelo, pero resultó inútil. Tras media hora de clavar la mirada en la luz que se colaba por los resquicios de la persiana, volvió a levantarse y encendió la televisión. Comprobó que la programación era aún más aburrida que en horas de amplia audiencia. Por un momento, cerró los ojos y creyó llegado el momento del sueño. Al acostarse la recibieron unas sábanas frías y un incipiente dolor de cabeza. Cambió de postura unas cuantas veces más y repasó el último episodio vivido aquella misma tarde con Josema. 

Nunca debió de suceder una cosa así. Quizás la intolerancia mutua abortó el diálogo de buena voluntad que pone fin a todas las desavenencias, pero el hecho fue que seis meses de besos encendidos y de futuras promesas de vida en común, se deshicieron en un instante.

Todo empezó por una discusión banal que fue adquiriendo dimensiones insospechadas a medida que el enfrentamiento verbal continuaba. De un tema se pasaban a otro con una celeridad sorprendente. De la elección del coche adquirido a medias al recuerdo del nefasto fin de semana por culpa de una mala elección del restaurante; de la familia del uno a las peculiaridades de la familia de su pareja; de la sentida falta de cariño a los celos infundados…

Josema fue el primero en tomar una determinación tajante: “¡No aguanto más. Mañana me voy a Madrid y acepto el trabajo que me ofrecieron!”, “Cómo si quieres ir al fin del mundo—respondió ella—, para mí ya no supones nada”.

Lourdes vio cómo la oscuridad nocturna engullía la espalda de Josema y llena de rabia esperó en la marquesina del autobús, el vehículo que le acercaría a su casa.

Las seis de la mañana y salvo pérdidas de conocimiento puntuales, Lourdes continuaba esperando la claridad de la mañana. Encendió la radio y escuchó en media hora, no menos de tres veces las consecuencias de unos políticos ineptos y los destrozos ocasionados por las última concentraciones de colectivos LGTBIQ+. Estas noticias tampoco tuvieron el efecto somnífero pretendido. De repente, el locutor añadió una desgraciada noticia al “bucle” de las ya emitidas: “Debido al exceso de velocidad, un vehículo se ha salido de la vía en la N-VI a la entrada de Madrid. Su único ocupante, un joven de veinticuatro años, ha resultado muerto”.

Un grito desgarrador inundó todos los espacios de la casa y, Lourdes se desplomó sollozando sobre la alfombra. Cuando consiguió salir del shock, se apresuró a llamar a Josema. Los tonos de llamada se sucedían y nadie contestaba. Volvió a intentarlo de nuevo y, cuando estaba a punto de desmayarse, una voz somnolienta atendió su llamada.

“Son las siete de la mañana. Qué haces llamándome a estas horas—contestó Josema.

“Perdóname. He tenido un terrible presagio. Más tarde te lo explicaré todo. Te quiero”.

“Yo también a ti, cariño. Mañana hablamos y hacemos planes. Ahora, duérmete.

domingo, 5 de julio de 2026

 

HAIKUS DEL AXFISIANTE JULIO



 

Un buen piropo:

“Te quiero más que brisa

marina fresca”.

 

No me preguntes

por las tierras segadas

ni las alfalfas.

 

Negar el sol

en espacios cerrados

para vivir.

 

Este infierno

de punzantes calores

ya me desquicia.

 

Añoro flores

de fragantes aromas

por las mañanas.

 

Fotografía de Nicolás Ventosa.

jueves, 2 de julio de 2026

 

LA SOSPECHA

 

 

Una duda constante me persigue.

No tengo la certeza, sólo sospecho que escuché

 el quejido de un  árbol cortado,  

junto a la fuente cantarina,

de la que nunca bebí cuando la sed

me urgía. Fue entonces cuando

 me sedujo el sueño

de construir a mi modo el Universo.

No quiero recordar las antorchas

encendidas del deseo

alumbrándome, sin reparar

en el fulgor de las estrellas,

ni el paño raído con el tapé mis vergüenzas

cuando el alba me sorprendió,

como Adán, viviendo el desengaño.

Únicamente quiero recordar que,

desde ese momento fatal, aprendí a vivir

de otra manera, cayéndome y levantándome

en el camino fangoso que elegí libremente.

Ahora, hombre mortal, al fin y al cabo,

transito por la tortuosa senda de la vida,

llevando como un fardo la sospecha

si fue cierto, o no, el dolor del árbol herido,

o si reprimí a tiempo la sed, que todavía siento,

de beberme de un sorbo el infinito.


domingo, 28 de junio de 2026

 

EL LIGÓN CONFINADO

 


(Obra teatral en tres Actos, a representar cuando se pueda)

ACTO PRIMERO

El escenario está dividido en dos partes. En el lado izquierdo está Jorge en el salón de su casa, teléfono en mano, y en el lado derecho se encuentra Marisa sentada en un sofá.

 

Jorge— Voy a ver si tengo suerte y está disponible Marisa. (Llamando...)

Marisa—¿Diga?

Jorge—Hola, cariño. Soy Jorge. ¿Te acuerdas?

Marisa—¿Qué Jorge...?

Jorge—¡Qué Jorge va a ser! El que salió contigo este otoño.

Marisa—Es decir, el sinvergüenza que me dejó plantada el quince de noviembre. Aún  recuerdo la fecha ¡Estúpido!

Jorge— No te dejé plantada. Es que ese día era el "cabo de año" de mi abuela y tuve que ir a Misa.

Marisa—Después de la Misa, debiste de guardar el luto mucho tiempo, ¿no? Porque ya no te volví a ver el pelo.

Jorge—Era una abuela muy querida y no me parecía bien que en los siguientes días fuéramos de copas, a bailar, a divertirnos... Luego, ya sabes, que si las Navidades, que si Reyes, y ahora con el confinamiento... se fue pasando el tiempo y hoy me he dicho: "tengo que llamar a Marisa a ver qué es de su vida".

Marisa—Tienes un morro que te lo pisas. Si hubieras tenido una pizca de hombría me habrías dicho por qué me dejaste.

Jorge—Que no se trata de hombría. Las mujeres a veces no comprendéis los estados anímicos de los hombres.

Marisa— Mira, majo. No me vengas intentando justificarte. A mí la gente como tú no me va. Yo busco una relación formal y no un niñato caprichoso.

Jorge—Que no, Marisa, que no. Soy un tipo responsable, lo que pasa es que las circunstancias...

Marisa—¡Pero qué circunstancias!. ¿Te crees que he nacido ayer? Me has llamado porque estás más aburrido que una ostra. No soy tan tonta como te piensas.

Jorge—Te he llamado porque cuando podamos salir sin mascarilla. ya será otoño de nuevo y tal vez revivamos los momentos románticos del año pasado.

Marisa—Aunque en el otoño ya se pudiera salir sin mascarilla, yo si te viera, me la pondría por si acaso, en un arrebato, tuvieras intenciones de besarme de nuevo.

Jorge—¡Qué carácter! ¿Para ti no existe el perdón? Dicen que después de la Pandemia vamos a ser diferentes. Si te parece, para entonces, lo podríamos intentar de nuevo.

Marisa—¡Y un jamón con chorreras! ¡Una y no más, santo Tomás! No sé si me agarrará el virus, pero lo que está claro es que el que no me a agarrar más eres tú. ¿Te ha quedado clarito?

Jorge—Bueno, mujer. En estos días hay mucho tiempo para reflexionar, si piensas otra cosa, me llamas y ya está.

Marisa—Ni lo sueñes, amiguito. Que te vaya bien y que tengas mucha suerte en encontrar pareja, aunque sin conocerla, me da pena la pobrecilla. Piii, piii, piii...

Jorge—¡Me ha colgado!

 

ACTO SEGUNDO

(Ahora, en la parte derecha del escenario, está la habitación de Marta)

 

Jorge—(Llamando)

Marta—¿Síííí?

Jorge—¡Hola, cielo! ¡Qué haces?

Marta—¿Pero otra vez tú?

Jorge—Sí, bonita. Paso muchas horas en vela pensando en ti.

Marta—Pero ya te he dicho varias veces que no me vuelvas a llamar. Lo nuestro terminó.

Jorge—Más bien lo terminaste tú, porque en toda mi vida he pasado unas Navidades tan felices como estas últimas.

Marta—Ni yo unas tan aburridas. El caso es que como me dijiste que te había dejado la novia, me diste pena y quise que me acompañaras, pero, hijo mío, siento decirte que fue la equivocación de mi vida. ¡Eres un plasta!

Jorge— Yo sin embargo encontré en ti el apoyo que acompañó mi soledad.

Marta—Pues yo sufría viendo que te estabas ilusionando y no sabía cómo decirte que no sentía nada por ti.

Jorge—La verdad es que nunca pensé que me dejarías. Te veía tan cariñosa...

Marta—Querrás decir amable, porque no te di motivos para que pensaras otra cosa.

Jorge—El caso es que, cuando bailábamos tan apretaditos...

Marta—¡No me lo recuerdes, Jorge! Me dejaste los pies destrozaditos. Ya puedes ir a una Academia de baile, si quieres tener éxito con otra ingenua.

Jorge—Presiento que no voy a encontrar otra mujer como tú.

Marta—¡Que sí, hombre! Hay muchas mujeres en el mundo, además, ¿por qué no intentas volver con tu ex?

Jorge—¡Eso jamás! Después de conocerte a ti no hay otra que te iguale. Si no es contigo, no voy a salir con ninguna. Ya verás cómo me quedo soltero.

Marta—Ja, ja, ja. No será para tanto. Estoy convencida de que cuando acabe el confinamiento no vas a tener problemas. Nunca falta un roto para un descosido. Bueno, chaval, que tengas una buena tarde. Voy a ver si leo un poco.

Jorge—Gracias, Marta. Si eso, ya te llamo otro día.

Marta—Mejor no me llames, Jorge. No ahondes tu herida. Además ahora, por si las moscas, te voy a bloquear.  Que te vaya bonito. Adiós.

 

ACTO TERCERO

(A la derecha del escenario hay una joven en un balcón aplaudiendo a los sanitarios y moviéndose al ritmo de una música que anima a los vecinos)

 

Jorge— (llamando)

Inés— ¿Quién me llama?

Jorge—Buenas tardes, Inés. Hace varios días que  a las ocho te veo aplaudiendo a los sanitarios y le he pedido a tu vecino Rafa, el que pone la música, que me dijera tu nombre y me facilitara tu número de teléfono.

Inés—¡Qué sorpresa!

Jorge—Pues sí, Inés, es que me fijado lo bien que bailas. Lo mismo se te dan las rumbas que las sevillanas. Llevas el ritmo en las venas.

Inés—Pues sí, la verdad es que gusta mucho bailar,

Jorge— A mí me sucede lo mismo. Es mi pasión. Yo también me muevo con soltura.

Inés— Pues no he visto a ningún chico bailar en el balcón.

Jorge—Es que soy muy tímido. Mañana te saludo con la mano y me reconoces.

Inés—Vale. Me parece bien.

Jorge—La pena es que estemos confinados. Si no, podríamos salir.

Inés—Desde luego y también dar un paseíto.

Jorge—Eso está hecho, o mejor, eso estará hecho en cuanto podamos. Aunque pensándolo bien tú podrías salir ya. Eres una niña.

Inés—Guasón. ¿Ibas a hacer tú de papá?

Jorge—Por ti  hago lo que quieras, prenda.

Inés—Ja,ja,ja, Labia no te falta. Bueno, ya veremos.

Jorge—Si quieres, mañana te llamo y así matamos el tiempo. ¿Te parece?

Inés—De acuerdo. De cuatro a cinco es la mejor hora.

Jorge—Entonces, hasta mañana.

Inés— Bye bye,

Jorge— (Despidiéndose con la mano, mientras dice para sí) Otra que tengo en el bote. Esto es el no parar. ¡Cómo me harían mis padres tan guapo!

 

FIN

 


 

 

 

 

jueves, 25 de junio de 2026

 

FÁBULA DE LA PERDIZ ALICORTADA


En un paisaje idílico, entre la pinada y el carrascal, discurría la vida de un gran número de especies animales y vegetales. Ambos biotopos se encontraban encumbrados sobre dos elevaciones del terreno y separados, el uno del otro, por unos cuantos centenares de metros y por una nava, en cuya parte más profunda se podía percibir el sonido de las aguas cantarinas de un arroyo, que saciaba la sed de los animales y actuaba, para algunos de ellos, como frontera infranqueable.

En este bucólico paraje nació y creció nuestra perdiz que, antes de abandonar la compañía de sus protectores padres, supo que la fortaleza de sus alas le proporcionaba la facultad de atravesar la nava sin ninguna dificultad. Contando con la compañía de sus hermanos y congéneres, esquivaba la posibilidad de caer en manos de sus depredadores, segura de que la juventud le proporcionaba fuerza y reflejos para escapar del riesgo que corría cada día.

Un domingo otoñal de límpido cielo azul, ella y el bando de sus acompañantes se sobresaltaron con el estruendo de sonidos cuya intensidad iba en aumento, y decidieron volar repulladas, intentando atravesar cuanto antes la nava. Escuchó, entonces, un sonido seco, al tiempo que una de sus alas recibía un impacto que le hizo perder altura, hasta dar con sus huesos en tierra. Sintiendo el ladrido de los perros y el griterío de los cazadores, aún tuvo fuerzas para peonar y esconderse entre los carrascos, burlando a los perseguidores. A partir de ese día, la vida de nuestra protagonista fue un auténtico suplicio. No sólo tenía que soportar un agudo dolor en su extremidad, sino que debía protegerse de los depredadores sin la ayuda del resto del bando. Sacando fuerzas de donde no las había, peonando unas veces y en otras con pequeños vuelos, fue reponiéndose del percance. El tiempo en que estuvo forzosamente aislada, aprendió mil trucos para sobrevivir: agudizó vista y olfato; supo distinguir el canto de un macho en libertad del que lo hacía como reclamo, encerrado en una jaula; se aplicó en el conocimiento del terreno y, escarmentada, se alejaba cuanto podía al advertir la presencia humana y los odiosos sonidos que les acompañaban. Valiéndose únicamente de su coraje y de su deseo de superación, consiguió poseer un vuelo casi normal, de manera que, al finalizar la temporada de caza, con la herida cicatrizada, se unió al primitivo bando, gozando desde las alturas del impresionante paisaje que se contemplaba a sus pies.

MORALEJA: Con tesón y constancia, puedes superar los momentos difíciles.

Ilustraciones de Manuel Malillos Rodríguez