jueves, 15 de octubre de 2026

 

PASAJES DE “LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS” (120)

CAPÍTULO VIII

La Fiesta

 

…………………….

A ratos atento y a ratos distraído, seguí como pude la santa Misa. Me encontraba tan cerca del altar que el aroma a incienso me envolvía, como también me envolvió el sermón pronunciado por un sacerdote amigo de don Matías, que desde el púlpito expre-só, con gran vehemencia, cómo el amor de Dios se manifestaba aquella mañana; de la felicidad familiar que se alcanzaba, según él, rezando el rosario; de la suerte que tenían los habitantes del pueblo al contar con un santo patrón que era precisamente el funda-dor del rosario, de la pobreza como una Gracia especial que el Señor concedía a la mayoría de los asistentes, etc. etc., hasta que un ataque de tos producido por el intenso trabajo al que había sometido a sus cuerdas vocales, hizo concluir su alocución con el recurrente: «…hasta vernos un día todos juntos en la patria celestial. Amén». La Misa continuó entre latines adormecedores, hasta que en el momento de la consagración, la dulzaina y el tamboril interpretando el himno nacional, me sobresaltaron, poniéndome el vello de punta. De este momento dirían luego mi padre y corroboraría don Lucio, que había sido el punto culminante de la ceremonia, porque... «Si Dios ha ayudado a nuestra Patria, sería una ingratitud que la Patria no se hincara de rodillas ante su Salvador».

Poco después de escuchar «ite misa est», se organizó la procesión, mientras las campanas tañían, esta vez al capricho de los jóvenes, como una concesión que hacía Pedro el Repiques en su intento de despertar nuevas vocaciones.

Él mismo portaba la cruz alzada, flanqueado por dos monaguillos. Tras ellos, la mayoría de los presentes se situó a ambos lados de la carretera, formando dos hileras, situándose los participantes con el mismo orden que habían observado dentro del templo; procesionaban en primer lugar niños y niñas, a continuación las mujeres y después los hombres, todos con sus mejores galas, o como decía Jeremías: «con el traje de comer fideos». El fervor con que acompañaban al santo, no impedía que, con discreción, no apartaran la mirada del suelo para no hundir el elegante calzado en las boñigas que salpicaban el asfalto. Únicamente los hombres tenían el privilegio de portar al santo, turnándose en esta tarea; tras ellos iban don Matías y sus compañeros sacerdotes, revestidos con capas pluviales, flanqueados por el alcalde, el comandante de puesto de la guardia civil, don Lucio y mi padre como invitado especial. Cerraban la comitiva los dulzaineros y el tamborilero, que tocaban sin parar para disfrute de todos, especialmente de ancianos e impedidos que, asomados a las puertas y ventanas de sus casas, se emocionaban al paso de Domingo de Guzmán, que, aunque firmemente sujeto a la peana, se tambaleaba a impulsos de los portadores. A los pies del santo, un perro con la antorcha en la boca representaba el sueño que tuvo santa Juana de Haza, su madre, cuando le llevaba en las entrañas. «Tu hijo ―escuchó de santo Domingo de Silos ―con su celo apostólico, será una tea encendida que incendiará al mundo».

                                                           ……………………………………….



domingo, 11 de octubre de 2026

 

FÁBULA DE LA NOVIA CAPRICHOSA

 

 

Sin causa aparente y en pocos minutos, la mar apacible erizó las pequeñas crestas de las olas hasta convertirlas en muros de agua que  golpeaban con fuerza su débil embarcación. Casi al momento, una espesa neblina fue oscureciendo el cielo hasta hacer del mediodía noche cerrada. Aunque joven, en toda su vida de pescador nunca había sentido tal sensación de desamparo. Empapado, sin rumbo, achicando agua, temiendo por su vida, desbordado por tanta tribulación, perdió el conocimiento. Al recobrarlo, se encontró postrado en una cama de hospital. Una preciosa mujer, enfundada en un blanco uniforme, le miraba con dulzura. Quiso saber dónde se encontraba, pero no pudo articular palabra. Notó la suavidad de unas manos acariciándole la frente e invitándole a permanecer en silencio. "Estás a salvo. Descansa, descansa", fue lo último que escuchó, antes de que, agotado, volviera a cerrar los ojos, con la plácida sensación de estar flotando sobre un colchón de plumas.

El amor que sentía por Susana, le había llevado a afrontar una situación que pudo haber tenido graves consecuencias. Cuando la conoció, creyó encontrar en ella a la mujer soñada. Se miraban y se devolvían la mirada entre juegos de manos entrelazadas y besos furtivos, "Te quiero" —decía él. "Yo también, te quiero a ti, Tomás —respondía ella—. Pero el amor verdadero exige una prueba". "Y qué prueba es ésa" —pregunto el marinero enamorado. "Tienes que conseguir pescar para mí, un pez hermoso, que apenas pueda sostenerlo entre mis brazos". Al día siguiente, Tomás se echó a la mar y capturó una lubina de grandes dimensiones, que pese a su tamaño, no complació a su novia. "Más grande, quiero un ejemplar más grande. Un pez así me lo hubiera traído cualquiera, aunque no estuviera enamorado de mi". Esta respuesta hizo que Tomás se arriesgara a pescar en aguas lejanas, consiguiendo una merluza de mayor tamaño aún que el de la lubina. "No es suficientemente grande —comentó al verla, Susana—. Si estuvieras locamente enamorado de mí, como dices, tendrías que haberte esforzado más, y el pez hubiera sido mucho mayor". Herido en su amor propio, Tomás lo intentó por tercera vez, adentrándose en aguas desconocidas, con el propósito de satisfacer el capricho de su amada. Fue entonces, cuando la tormenta le sorprendió, sin posibilidad de regreso.

En el tiempo que permaneció recuperándose en el hospital, no le faltó la puntual visita de la bella enfermera, aún cuando no estuviera de servicio. Esperaba su llegada con impaciencia, notando que los sentimientos que le unían a Susana se iban difuminando a medida que crecían los que sentía por Alicia, esa preciosa criatura a la que confundió con un ángel cuando, al despertar, creyó estar en el Cielo, y que para su felicidad, notaba que le correspondía.

Ya recuperado, recompuso su embarcación y, pescando en las aguas tranquilas del verdadero amor, decidió vivir el resto de su existencia junto a Alicia, la mujer que le había dado cariño a cambio de nada.

MORALEJA: En el amor no debes exigir caprichosamente, sino dar gratuitamente.


Ilustraciones de Manuel Malillos Rodríguez

jueves, 8 de octubre de 2026

 

PROBLEMÁTICA  DECISIÓN

 

 

Tres meses le duró a Cuca la alegría de obtener trabajo en una Banco de la capital. Después, la protocolaria llamada al despacho del Director le confirmó la asignación a una sucursal  norteña de poco más de dos mil habitantes. Cuca aceptó resignada esta nueva oportunidad que el destino le deparaba y pensó que demostrando su valía, no le sería difícil que poco tiempo después, la reclamarían para ocupar en la misma entidad bancaria un puesto como Asesora de Finanzas dando por supuesto que sería en una ciudad como la que se veía obligada a abandonar.

La nueva ubicación gozaba de un verdor extraordinario y de un entorno idílico. En el mes de julio era el destino escogido por muchos veraneantes para pasar unos días rodeados de una naturaleza desbordante de belleza en la que se disfrutaba de una temperatura sumamente agradable.

El trabajo no la agobiaba y contaba con la inestimable ayuda de Germán, un treintañero simpático y agradable con el que congenió rápidamente. Él fue quien se encargó de ponerla al corriente de las operaciones básicas que en la oficina se desarrollaban, quien le fue presentando a la clientela y quien la acompañaba en pequeñas excursiones para mostrarle los alrededores.

La coincidencia en gustos fue obrando el previsible acercamiento emocional, de manera que, aun sin mostrar explícitamente su amor, quedaba claro que entre ellos existían sentimientos que superaban la simple amistad.

Estos sentimientos se hicieron más patentes cuando el verano concluyó y con él la presencia de veraneantes y la llegada del tiempo húmedo y desapacible, lo que les proporcionaba la oportunidad de establecer mayores ratos de convivencia,

Una tarde en la que ambos intercambiaban confidencias en un bar, al resguardo de la lluvia, Germán se sinceró y confesó su amor por Cuca

—Creo estar ciegamente enamorado de ti y no quisiera pecar de presuntuoso si te digo que tú debes sentir por mí un sentimiento similar. Hasta el momento nada te he dicho sobre este asunto porque nuestra situación laboral es francamente complicada. Hoy estamos destinados aquí y mañana tal vez uno o incluso los dos podemos encontrarnos a kilómetros de distancia.

—Así es, Germán. Yo también te quiero, pero algo me impide dar ese paso decisivo que nos una en un amor que suponga en poco tiempo un sufrir en la distancia.

Germán, guardó silencio y apostilló:

—Lo que es cierto, es que estar esperando lo que pueda suceder en unos meses o años, es desperdiciar un tiempo precioso. Yo creo que deberíamos afrontar la aventura. ¿Quién sabe lo que nos deparará el futuro?

—Dame unos días para pensarlo. Te prometo que no han de ser muchos. Mientras tanto, únicamente nos veremos en el trabajo. Quiero que la decisión que tome sea la adecuada.

Dos semanas más tarde, aprovechando que la lluvia caía con fuerza y en la sucursal bancaria no había ningún cliente, Cuca le dijo a Germán lo que pensaba sobre su relación…

 


 

 

domingo, 4 de octubre de 2026

 

HAIKUS DEL SORPRESIVO OCTUBRE

 


En este mes,

los geranios aguantan

en los balcones.

 

Quizás es mucha,

para algunos escasa,

la torrentera.

 

Por más que llueva

nunca será bastante

¡tierra sedienta!

 

Sol, acaricia

con rayos otoñales

todo mi ser.

 

Recojo firmas

para que pronto vuelva

la primavera.

 

Fotografía de Nicolás Ventosa.

jueves, 1 de octubre de 2026

 

EL OTOÑO HA LLEGADO

 

 

Un amigo se acerca a mi escritorio,

me visita, sin demora, cada año

cuarenta días antes que el Tenorio

declare a doña Inés amor y engaño.

Me saluda mostrando un envoltorio

con hojas amarillas de un castaño

por las lluvias y vientos despeinado.

Soy el otoño, me dice: ya he llegado.

 

Fotografía de Santos Pintor Galán.

domingo, 27 de septiembre de 2026

 

UNIDAS, PODEMOS

 

 

(Obra teatral en tres Actos)

ACTO PRIMERO

(En la mesa de una cafetería, cuatro amigos echan la partida)

Mariano—¡Veinte en bastos!

Fede—¡A ver si dejas de cantar esta tarde, Mariano! Estás sembrado.

Mariano—Es que las cartas me vienen de mano.

Inda—Para eso yo. Llevo dos horas en las que no ligo nada.

Fede—Júntate conmigo. Parece que estoy gafado con las figuras.

Paco—Es lo que tiene el juego unos días ligas cantidad y otros solo te entra morralla.

Mariano—Pues preparaos ahora que voy a cantar las cuarenta.

Inda—¡Abusón!

Fede—No sigas, Mariano. Este juego es para ti y nos evitamos contar. ¿Echamos otra partidita?

Paco—Por mí no hay problema. Elisa estará tan a gusto viendo la novela de la huerfanita…

Inda—Pues Merche con el programa ese de marujeo, se pasa las horas muertas. ¡Qué buena labor social hacen esos programas! Entretienen a las mujeres y nosotros, entre tanto, podemos disfrutar.

Fede—Y que lo digas, Inda. Mi Pilar se pone la tele y viendo a cuatro imbéciles hablando casi siempre de lo mismo, se plancha toda la colada.

Mariano—Yo tampoco tengo inconveniente en echar un par de manitas más. Además no quiero que penséis que porque voy ganando me retiro con la bolsa llena. Si tardamos un poco más ya se lo explico a la Nati. Ella me comprende y sabe que un marido entretenido es un marido feliz.

(Después de tres horas jugando, varios cubatas trasegados, habiéndose zampado dos bolsas de cacahuetes y de fumarse una caja de farias, los amigos se despiden hasta el día siguiente).

 

ACTO SEGUNDO

(Nati, Pilar, Merche y Elisa, intercambian opiniones en su grupo de wasap)

 

Nati—Chicas, ¿sabéis a qué hora se presentó ayer el carota de mi marido?

Merche—Pues como es amigo del mío, sería sobre las ocho.

Pilar—Y yo como una tonta planchando dos cestos de ropa.

Elisa—Yo ya le he dicho a Paco que bueno está lo bueno, pero que estar jugando cuatro horas la partida es casi vicio.

Merche—A mí Inda me tiene de los nervios. Cuando llega a casa dice que está cansado, se acomoda en el sofá y ya no salimos.

Merche—Estamos contando todas la misma historia. Esto hay que solucionarlo. No podemos seguir así.

Elisa—Tienes razón, Merche. Estoy más negra que la sirvienta de la serie “Criadas y señoras”

Pilar—Muy bien hablado, Pilar. Nosotras somos unas señoras. Tenemos que acabar con el machismo de nuestras parejas.

Nati—Si vamos a hacer algo, antes nos tenemos que poner de acuerdo. Una sola no conseguirá nada.

Merche—Eso está más claro que el agua. A partir de mañana voy a dedicar la mañana a ir de compras y si la comida no está hecha a su hora que se aguante el bandido de Inda.

Pilar—Me parece que Fede va a tener que aprender a planchar si quiere llevar la camisa como Dios manda.

Elisa—Yo a Paco le voy a dar un ultimatum, Como no esté en casa a las seis, sé de una que se va a ir a pasear sola y luego que discurra lo que se hace para cenar.

Nati—Me parece que Mariano no a ver la calle hasta que no me lave el vajillero. Eso de irse nada más comer, sin recoger la mesa, se ha terminado.

Merche—Chicas, unidas, podemos. Juntas lo conseguiremos. Decid todas conmigo; ¡Hip, hip, hurra!

(Todas suscriben este grito de ánimo y rebautizan el grupo de wasap como “Brigada antivicio!

 

ACTO TERCERO

(Los cuatro amigos conversan en la cafetería una semana después)

 

Paco—Buenas tardes, muchachos, ¿echamos una partidita?

Fede—Una sí, más no. Tengo un cesto enorme de ropa para planchar.

Mariano— A ver si puedo mover las cartas. Tengo las manos inflamadas de limpiar platos y vasos. Ya estoy mirando lo que cuesta un lavavajillas. Así no puedo seguir mucho tiempo.

Inda—No sé si aguantaré toda la partida sin desmayarme. Estoy sin comer. Merche se ha presentado hace media hora. Se ha debido ver todos los escaparates de la ciudad.

Paco— Bueno, pues entonces una partida y para casa. No vaya a ser que llegue tarde y me tenga que hacer la cena. Llevo tres días cenando una latilla de sardinas y luego en la cama, no veas el morro que me pone Elisa.

Mariano—¿Qué habrá podido pasarles a nuestras mujeres?

Paco— La televisión es muy mala. A saber qué programa habrán visto.

Fede—Las están envenenando con tanto feminismo. ¡Si mi abuelo levantara la cabeza!

Inda—Ya dijo el poeta que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Paco—No filosofemos y reparte las cartas, Paco. No quiero llegar tarde y que haya otra bronca.

(Antes de las cinco de la tarde, los maridos regresan a sus domicilios. La “Brigada antivicio” ha conseguido recuperar cuatro hombres para una sociedad moderna).

 


jueves, 24 de septiembre de 2026

 

LA VIDA DE MAGÍN PUERRO

-XXXV-

 

 

 

 

De aquella fiesta salí

con Rufino comulgado,

el ahorro evaporado

dispuesto a comenzar

para muy pronto tratar

de deuda no estar cargado.

 

“Debemos poner remedio

a gastos innecesarios,

dejarnos de comentarios

de amigos y compañeros

que no saben qué dineros

en comer son necesarios.

 

—Dijo mi mujer, María.

hartándose de razón—.

Siete son siempre legión

hambrientos en una mesa

y a mí lo que me interesa

es que coma el escuadrón”.

     

Lloró mi niña Constanza

sabiendo que la siguiente

le tocaba a ella, en su mente

pensó que se quedaría

sin regalos y quería

no ser la pobre pariente.

 

Se me ablandó el corazón

al ver la niña hecha fuente

y le dije de repente

que para mí son iguales

todos los hijos, caudales

de mi paternal simiente.

 

domingo, 20 de septiembre de 2026

 

PASAJES DE “CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA” (119)

CAPÍTULO XI

La Tertulia

 

…………………….

Hacía tiempo que con Daniel no sostenía una conversación que fuera más allá de comentarios que intercambiábamos sobre asuntos de estudios; entre otras razones porque mi amigo vivía cada vez más entregado a todas las obras caritativas y a los actos piadosos que el Padre Oquendo le solicitaba. Recordando que había sido muchas veces mi paño de lágrimas, quedé con él para salir a charlar y para desahogarme del malestar que arrastraba a raíz del incidente habido con mi padre. ¡Yo era así de egoísta!

Como esperaba, le encontré dispuesto a ayudarme. Me escuchó con toda la paciencia del mundo durante varios minutos, hasta que tuvo oportunidad de intervenir para aconsejarme con suma delicadeza que tuviera paciencia y que no me tomara los contratiempos tan a pecho, ya que, según él, la vida era tan hermosa que no merecía la pena estar disgustado ni un solo minuto.

―Las preocupaciones que nos angustian en estos momentos carecerán de sentido dentro de muy poco tiempo, porque las circunstancias actuales y quienes las provocan, se van continuamente modificando. La vida ―filosofó― es un recorrido corto o largo, según se mire, salpicado de alegrías y sinsabores que hemos de ir afrontando con serenidad, sabiendo que a su término nos conducirán a un final trascendente que, estoy seguro, será maravilloso y cuya felicidad no tendrá fin.

Animado por la profundidad y franqueza de su razonamiento, no tuve ningún reparo en formularle una pregunta que, en otras circunstancias, me hubiera abstenido de hacerle.

―Ahora que te veo muy animado a iniciar la carrera sacerdotal, ¿no has pensado que estarás de por vida sin sentir el afecto de una mujer? ¿No te preocupa el no dejar descendencia?

Daniel arqueó las cejas y me contestó, con una leve sonrisa en sus labios:

―¡Claro que lo he pensado! El goce de tener una mujer que te acompañe y te comprenda, debe de ser maravilloso; pero lo que ocurre en mi caso es que todas esas posibles satisfacciones carecen de valor ante la llamada que he recibido de Dios. “El Señor, ha incendiado mi pecho” ―me dijo― y en cada ocasión en que tengo la oportunidad de ayudar a algún necesitado, siento que colaboro con la labor redentora de Jesús, de manera que afianzo mi vocación porque esa actitud me hace sentirme inmensamente feliz.

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jueves, 17 de septiembre de 2026

 

PASAJES DE “LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS” (119)

CAPÍTULO VIII

La Fiesta

 

 

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A la puerta de la iglesia, los corrillos de hombres que echaban un último cigarro antes de penetrar en el templo, nos abrieron paso, escrutándonos con total falta de discreción. Para los lugareños, ver el empaque y la elegancia con las que la familia del señorito Tino accedía al recinto, resultaba un acontecimiento totalmente novedoso.

Ya dentro de la iglesia, completamente abarrotada, pude comprobar que la temperatura era más llevadera que la soportada en el «paseíllo», quizás porque los gruesos muros nos aislaban de la chicharrera exterior. A simple vista, se apreciaba en el colectivo una colocación por sexos y edades bien definida. Los niños y adolescentes éramos los primeros junto al altar; detrás de nosotros se situaban las mujeres, y tras la separación de bancos, obligada para dar entrada al personal, se colocaban los hombres, siendo los más jóvenes los que seguían la ceremonia desde un nivel más elevado, en el coro. Ése, justamente, era el lugar donde le hubiera gustado estar a Jeremías, porque con su flamante pantalón largo tenía el paso expedito a la ubicación juvenil y además desde ese privilegiado mirador podría contemplar a Rosita sin que la muchacha lo advirtiera; razones más que suficientes para que no pudiera evitar mostrar su disgusto, diciéndome:

―¡No sabes la vergüenza que estoy pasando! Me fastidia estar rodeado de niños con las viejas rezándote a la oreja. ¡No quiero imaginarme qué pensará de mí Rosita si me ve aquí!

En aquellos momentos comprendí la zozobra que invadía a Jeremías. Resultaba casi imposible no distinguir su apepinada cabeza sobresaliendo entre las de los niños e hice el propósito de compensar su gesto de compañerismo gratificándole de nuevo con más garrapiñadas, esa misma mañana.

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domingo, 13 de septiembre de 2026

 

 FÁBULA DEL BOXEADOR NOQUEADO

 

 

Un crochet de izquierda después de dos directos a la mandíbula, fueron más que suficientes para mandar a Edmundo a la lona. El mundo se le hizo de noche después de aguantar una tremenda lluvia de golpes en los cuatro asaltos y minuto y medio que se mantuvo en pie, ante un rival que le aventajaba en envergadura y experiencia.

Como muchos de sus amigos, Edmundo, un chaval que habitaba en uno de los barrios periféricos de la ciudad, encontró en el gimnasio y, más concretamente en el boxeo, la válvula de escape para soñar con un futuro que le proporcionaría fama y dinero a raudales. Movido por este deseo, más que por una verdadera afición, se entregó a un entrenamiento diario agotador. Sus ansias de gloria se vieron reforzadas cuando, en los primeros combates de aficionados, resultó vencedor. No le faltaron cantos de aduladores que le hicieron saber, una y otra vez, que llegaría a ser el rey de los cuadriláteros. Tan sólo Tomás, un entrenador serio y competente, le hizo saber, en la intimidad, que por mucho que se entrenara, sus cualidades y sus reflejos no poseían el ADN de los campeones. Edmundo hizo caso omiso a esta recomendación y prosiguió su triunfal carrera, enfrentándose a rivales de escasa entidad, arropado por los incondicionales fans que le aclamaban en cada actuación. Los vítores quedaron tan impresos en su subconsciente, que terminó por creer que el nuevo nombre con el que fue bautizado, "Edmon Rock", era un talismán que amedrentaba a sus oponentes.

Tras dos combates amañados, "Edmon Rock" fue designado aspirante al título nacional de su categoría. Para ese combate se preparó a conciencia, no descuidando, en sus ratos libres, la visita a concesionarios de automóviles de gran potencia, a donde acudía acompañado por una cuadrilla que decían ser sus amigos; cuadrilla en la que no faltaban bellas mujeres.

Celebrado el combate y tras el K.O., que le produjo una hemorragia cerebral importante, permaneció varios días en coma, debatiéndose entre la vida y la muerte. Afortunadamente para él, salvó la vida, aunque las secuelas le apartaron definitivamente del mundo pugilístico. Durante la larga convalecencia en el hospital, tan sólo recibió la visita de Tomás, que no cesaba de animarle, y que se comprometió a ayudarle a encontrar un trabajo acorde con las mermadas facultades físicas con las que el púgil tendría que aprender a convivir desde entonces.

MORALEJA: Haz caso de los consejos de quien bien te quiere y desecha los de los aduladores.



 

jueves, 10 de septiembre de 2026

 

CALOR TÓRRIDO

 

 

Con las primeras luces me levanto,

subo la persiana, y un aire fresco me revitaliza,

parece que el ciego furor del  anterior día

da un descanso a los cuerpos

y una tregua a las mentes para que reflexionen.

 

En el cielo brilla todavía algún lucero.

Dicen que cada destello es el alma inmortal de una persona,

Debe de ser así, y hoy deseo encontrar la de un amigo

recientemente fallecido.

Las luces van despareciendo, lentamente del firmamento,

como se van marchando, poco apoco, los conocidos

dándome su último adiós en una esquela.

¡Es Ley de vida!

 

Tengo curiosidad, que no prisa,

por observar a mi gente desde otra perspectiva.

Será la hora de comprobar los verdaderos afectos,

de los que de muchos, no tengo duda.

 

Aprovecho esta temprana hora de la mañana

para regar las plantas. Ellas con su colorido

me alegran la vista y sus aromas alejan de mí,

los apenados pensamientos.

 

Mientras desayuno, voy anotando aquello que se me ocurre:

La galleta que se hunde reblandecida por mi culpa,

el melocotón inmisericordemente despojado de su piel dorada

antes de ser troceado, y me pregunto si no sufrirán

al saberse zarandeados, como yo,

por una fuerza que no controlan.

 

Como veis, el calor me ha debido alterar la mente.

Procuraré ser prudente y no exponerme a este fuego agostador

que te abrasa, que te saca de quicio

y que convierte mi casa de campo

en apacible y umbrío lugar de meditación.

 

Fotografía de Nicolás Ventosa

domingo, 6 de septiembre de 2026

 

       REFLEXIONES CAROLINGIAS (LXXXI)        

 

 

De ser un “don nadie” pasó a ser un “ilustrísimo señor”, el día que acertó el bote en el Euromillón.

Conoció a una inglesa de su signo favorito LIBRA, con muchas libras, pero la relación no fue a más porque él era PISCIS sin ninguna piscina.

De muchos alevines de besugo, pocos llegan a adultos. En política, los besugos tienen más suerte.

Abunda la publicidad de alimentos proteicos, leches desnatadas y complementos nutricionales sin azúcares añadidos. Todo ello, para aumentar nuestra esperanza de vida. No sé todavía como mi yayo llegó a los 84 años.

“A veces la flor más pequeña es la de mayor aroma”. Eso fue lo que me dijo una chavala que conocí de joven y que no alcanzaba el 1,50. Perdí su pista, y no puedo asegurar, si ya marchita, sigue conservando esa envidiable propiedad.

Sufría mucho en la autoescuela cuando el profesor le repetía: ”Primera, segunda y después, tercera”, porque le recordaba la trayectoria seguida por el equipo de fútbol de sus amores.

Estoy dispuesto a emigrar a un país en donde los impuestos y el IRPF se traduzcan en beneficio para la colectividad. Los que me conocen, creen que estoy perdiendo facultades.

Era una mujer hermosa de una belleza difícilmente superable. En el pueblo se la conocía por: “La primitiva”, dada la escasa probabilidad de conseguirla.

Creía ser el mejor del mundo en la prueba de los 100 metros lisos, hasta que viajó a China y compitió con robots.

El boxeador Flaquito Pérez descubrió toda una gama de colores, cuando su oponente le propinó un certero crochet que le envió a la lona.

Dejó de entrenar en la especialidad olímpica de tiro con arco cuando comprobó que era más certero el tiro con dron.

“No es lo mismo patatas con carne que carne con patatas”—dijo en una Conferencia un eminente catedrático—comparando la etapa estudiantil de patrona en una pensión y su actual estatus social.

 

 

 

 

 

jueves, 3 de septiembre de 2026

 

HAIKUS DEL ESPERANZADOR SEPTIEMBRE

 

No habrá cambios

en la temperatura

sin ser agosto.

 

Por la persiana,

el sol se interesa en

versos que escribo.

 

Este septiembre

prolongará el verano.

¡Era de esperar!

.

Amarillea

el sol, pero calienta

como un mes antes.

 

¿Dónde las nubes?

¿Dónde buscarán el agua

los secarrales?

 

Fotografía de Nicolás Ventosa.