POR SAN BLAS, LA CIGÜEÑA VERÁS
(Obra teatral en tres Actos)
ACTO PRIMERO
(Reunión de
amigos tomando unas cañas)
FELIPE—
Me da pena que Cosme ya se haya marchado a casa, cuando todavía tenemos que
tomarnos otro par de cañitas antes de despedirnos.
JUAN—
De poco tiempo a esta parte le noto triste, sobre todo desde que lo dejó con
Juli, o mejor dicho, desde que le dejó Juli.
FRAN—
Eso es cierto. Se ha vuelto un poco huraño y poco hablador. Además, no sé de
quién fue la idea de regalarle un libro de refranes. Ahora, como te descuides,
te sentencia con uno de ellos.
PEPE—
Es verdad. El otro día cuando le vi le dije: "¡Cómo por aquí tan
temprano!" Y me contestó: "Al
que madruga, Dios le ayuda".
FELIPE—
Está claro que además de Dios, entre todos tenemos que ayudarle. Propongo que
cada uno le presente una chica a ver si alguna le cae bien y conseguimos
emparejarle.
FRAN—
Eso me parece una buena idea. Se las iremos presentando de manera que, si con
la primera no liga, que el siguiente de nosotros le presente otra y así hasta
que logremos nuestro objetivo.
JUAN—
¿Qué os parece si nos volvemos a reunir dentro de dos meses y vemos los
resultados?
TODOS—
¡De acuerdo!
ACTO SEGUNDO
(Dos meses más
tarde, en casa de Felipe)
FELIPE— Me apena deciros que parece que la
tristeza de Cosme continúa. Ahora os cuento lo que me sucedió con él, aunque prefiero
que antes, cada uno relate su experiencia.
PEPE—
Yo fui el primero que le presentó a Patricia, una amiga de mi novia. Fuimos los
cuatro a bailar a un local con poca luz y parece que se divirtió. Quedó con
ella para el día siguiente y fue entonces cuando advirtió que la chica tenía la
cara llena de granos además de descubrir que era un poco bisoja. Así que cuando
le pregunté que cómo le había ido, únicamente me contestó: "De noche todos
los gatos son pardos".
FRAN—
Como Pepe me dijo que su estratagema no había tenido éxito, así como el que no
quiere la cosa, le dije una mentira piadosa: que una vecina mía se moría por
sus huesos y que deseaba conocerle. Dicho y hecho. Concerté la cita, pero debió
darse cuenta de que la chica no sentía nada hacia él, por lo que en la primera
ocasión en que nos vimos, me espetó: "Del dicho al hecho hay mucho trecho".
JUAN—
Sabiendo lo que me contó Fran, mi táctica consistió en ponderar las virtudes de
Clara, a la que vosotros conocéis bien. Le dije que era hermosa, noble de
corazón, enamoradiza, de buena familia, de trato exquisito y que reunía todas
las virtudes que cabe imaginar en una futura novia. Cosme aceptó de buen grado
verse con ella, pero la experiencia no debió de resultar tan positiva como yo
creía, pues pocos días después me comentó: No te creas, Juan, lo que te digan
de una mujer. He comprobado con Clara que "no es oro todo lo que reluce".
FELIPE—
Ahora os voy a contar de qué manera se me ocurrió motivarle. Sabiendo el poco
éxito que tuvieron vuestras propuestas y que para todos los rechazos les
aplicaba un refrán, decidí utilizar su propia manera de hablar y le dije: Mira,
Cosme, has hecho bien en no querer comprometerte con ninguna muchacha, porque
aunque "El que espera desespera", "Sobre gustos no hay nada
escrito" y si ninguna te llenaba del todo, "Agua que no has de beber,
déjala correr". Sabes de sobra que "Hombre prevenido vale por dos".
A partir de ahora debes ser tú quien se preocupe de su porvenir. Aciertes o no
en la elección, todo el mundo conoce que "No hay bien ni mal que cien años
dure". Cosme agradeció mis indicaciones y se despidió, como no podía ser
de otra manera, con un "El que no se consuela es porque no quiere".
Desde entonces no sé nada de él.
TERCER ACTO
(Días después, Paco,
Fran y Juan se están tomando el aperitivo cuando ven venir a Felipe todo
acalorado)
FELIPE—
¡Notición, amigos! ¡Notición! Acabo de estar con Cosme.
TODOS—
¿Y?
FELIPE—
Pues que he visto a Cosme del brazo de un pivón de cerca de dos metros.
PACO—
¡Cuenta! ¡Cuenta!
FELIPE—
Pues nada, me la ha presentado y le he dado la enhorabuena porque era una chica
sensacional. Eso sí, para contemplarla tenías que estar mirando al cielo; le
sacaba más de una cabeza a Cosme. Me ha dicho que pasaría por aquí para
saludaros y presentárosla. Al darse cuenta de que me había sorprendido la
altura de su chica, me ha dicho en un aparte: Felipe, lo dice el refrán:
"Por san Blas, la cigüeña verás" y yo con esta pienso anidar.
(Suena una
estruendosa carcajada de todos los amigos mientras cae el telón)
FIN


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