domingo, 9 de agosto de 2026

 

CALOR EN TU CUERPO



 

Sube de la tierra y, desde el cielo bajan,

efluvios de aire tórrido

que me invaden como el calor de tu cuerpo.

No hay gentes por la calle de mirada indiscreta

ni  mentes soñadoras que puedan

imaginar siquiera una parte

de la pasión que siento

a la sombra de tus pechos,

en el oasis en el que descansa mi mirada

en la tuya, cuando nos amamos.

Busco entre poemas aliviarme

del sofoco que me impide

abrir puertas y ventanas

como el corazón, como hiciera esta mañana.

 

Detecto sensaciones de flores agostadas

contemplando el jardín, humedecido al alba.

La savia se oculta cautelosa en geranios y rosales

esperando la frescura de la noche, para hacerles resurgir

enhiestos y olorosos, de nuevo.

Prodigio del amor, como el Guadiana, que alterna

gozo con olvido, al menos aparente,

cuando a veces creo estar solo y, sin embargo,

el calor de tu beso en mi frente me refresca.

 

¡Sol! ¡Calor! ¡Estío! ¿Qué me importan?

Si, sudoroso, te tengo a mi lado

mientras escribo este poema

en el que evoco el calor de tu cuerpo,

ofreciéndoseme, en las noches frías del alma.


Fotografía de Nicolás Ventosa.

 

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