CALOR EN TU CUERPO
Sube
de la tierra y, desde el cielo bajan,
efluvios
de aire tórrido
que me invaden como el calor de tu cuerpo.
No
hay gentes por la calle de mirada indiscreta
ni mentes soñadoras que puedan
imaginar
siquiera una parte
de
la pasión que siento
a
la sombra de tus pechos,
en
el oasis en el que descansa mi mirada
en la tuya, cuando nos amamos.
Busco
entre poemas aliviarme
del
sofoco que me impide
abrir
puertas y ventanas
como
el corazón, como hiciera esta mañana.
Detecto
sensaciones de flores agostadas
contemplando
el jardín, humedecido al alba.
La
savia se oculta cautelosa en geranios y rosales
esperando
la frescura de la noche, para hacerles resurgir
enhiestos
y olorosos, de nuevo.
Prodigio
del amor, como el Guadiana, que alterna
gozo
con olvido, al menos aparente,
cuando
a veces creo estar solo y, sin embargo,
el
calor de tu beso en mi frente me refresca.
¡Sol!
¡Calor! ¡Estío! ¿Qué me importan?
Si,
sudoroso, te tengo a mi lado
mientras
escribo este poema
en
el que evoco el calor de tu cuerpo,
ofreciéndoseme, en las noches frías del alma.
Fotografía de Nicolás Ventosa.

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