domingo, 18 de octubre de 2026

 

PASAJES DE “CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA”(120)

CAPÍTULO XI

La Tertulia

 

 

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Ya no tuve valor para preguntarle por otra de las dudas que me carcomía como era la de conocer su opinión acerca de que si después de pasado un tiempo no se sentiría cansado y defraudado con la decisión tomada. Era una cuestión que también me afectaba a mí, cuando me preguntaba si los años no acabarían por apagar la belleza de Cécile y, consiguientemente, mi amor por ella. Prudentemente, y teniendo en cuenta que se trataba de su propia hermana, permanecí en silencio. Esa cuestión que me inquietaba, la tenía reservada para don Julián.

Cerca de la plaza de la Universidad, Daniel me sorprendió con una invitación sorprendente:

―Acompáñame a casa. Quiero mostrarte aquello que supuso un verdadero obstáculo antes de dar el paso definitivo y comunicar al Padre Oquendo mi vocación.

En su casa, en aquellos momentos deshabitada, Daniel, muy desenvuelto y seguro de lo que iba a hacer, me condujo a su cuarto y me mostró de nuevo su colección de soldaditos de plomo, perfecta-mente alineados en una de las estanterías, y las mariposas, soportando estoicamente el alfiler que las mantenía sujetas a su soporte de corcho.

―Te puede parecer una gran tontería, pero estas pequeñeces ―dijo señalando a los soldaditos y a las mariposas― me impidieron por un tiempo decidirme a abrazar mi vocación. Suponían para mí horas y horas dedicadas a ellas, y sentía un nudo en la garganta cada vez que imaginaba desprenderme de su compañía. Hoy quiero des-hacerme de todo afecto material, para que su recuerdo no me invada de nostalgia. Me harías un gran favor aceptándolas como regalo. He pensado en tu hermano Tinín, para que juegue con los soldaditos, y para ti he reservado las mariposas. Siento no darte también el violín, pero el Padre Oquendo me ha dicho que con él puedo amenizar las eucaristías en el noviciado. También quiero que tu hermana Margarita tenga un recuerdo mío. Dale este libro de “Las Cien Mejores Poe-sías de la Lengua Castellana”. Su lectura la aliviará del enorme vacío que siente. Es un regalo que, conociendo tu afición por la poesía, querrá compartir contigo.

En dos grandes bolsas realicé el transporte de los encargos hasta mi casa. El peso soportado no era pequeño, pero caminaba alegre, sabiendo que por primeras vez hacía un favor a Daniel, librándole de la carga que durante un tiempo constituyó el obstáculo más importante para entregarse a Dios.

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