LA VIDA DE MAGÍN PUERRO
-XXIX-
Celebramos
el bautizo
con
toda la algarabía
que
da la chiquillería
en
trance tan señalado
y
como estaba mandado
se
desahogó la María:
—“Ya
no quiero más preñeces
¡ay,
maridito del alma!
es
necesaria la calma
en
el contacto sexual
sin
que sea inusual
perder
un día la salma.
Tengo
ganas de volar,
dejar
atrás la rutina
de
este bar; la medicina
para
volver a tener
ese
cuerpo de mujer
que
tiene la Josefina”—.
Cuando
dijo, “Josefina”,
(la
hija del secretario)
creí
en el comentario
adivinar
unos celos
inventados
o recelos,
en
el devenir diario.
Lo
comenté con Efrén,
marido
de la partera
y
me dijo que eso era
común
en las parturientas.
—“No
son cuestiones cruentas.
Se
pasará, Dios lo quiera”—.

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