FÁBULA DEL GRANJERO MALNACIDO
En el pueblo tenía fama de trabajador, pero muchos
opinaban que su celo por aumentar la producción del ganado de su propiedad,
excedía con creces los límites de lo sensatamente permitido, hasta el punto de
que era considerado por sus vecinos como un auténtico maltratador de animales.
En su avaricia, ordeñaba repasando hasta dos y tres veces las ubres de las
sufridas vacas y ovejas, para conseguir que la cantidad de leche extraída alcanzara
límites de récord. Si no lo conseguía, les disminuía su ración de pienso o les
fustigaba con un mimbre que tenía para la ocasión, mientras, entre juramentos,
se dirigía a las bestias como si pudieran entenderle: "Malditas criaturas
—decía—; no valéis para nada. Ya os enseñaré a que dupliquéis el valor de
cuanto coméis".
El discurso y el enfado continuaba en su casa, donde
su mujer tenía que seguir soportando una retahíla de absurdos razonamientos:
"Mientras yo viva, ningún animal tendrá cabida en mi granja si no produce
en relación con lo que come, y me importa un pito si está preñada o no".
En su misma casa vivían su hija y su yerno, que le
habían hecho abuelo de tres hermosas criaturas, las dos últimas nacidas hacía
muy pocas fechas de un parto doble, al año de que hubiera venido al mundo la primera.
Dada la juventud de la madre y el escaso tiempo habido entre embarazos, de sus
pechos no brotaba leche suficiente para
alimentar a los recién nacidos. Una tarde, cuando nuestro granjero regresaba de
los establos, escuchó la voz rotunda del yerno, increpando a su hija, en una
alocución preparada de antemano, para intentar que el granjero cayera en la
cuenta de su malvado proceder: "¡Vaya mujer más enclenque que tengo! En
dos años de matrimonio sólo has tenido tres hijos y no tienes leche suficiente,
a pesar de que comes cuanto quieres. !No sé que voy a hacer contigo!"
Al oírlo, el granjero, enfurecido, salió en defensa
de su hija: "No vuelvas a hablar así a mi hija. Si no tiene leche es
porque los embarazos han venido muy seguidos y no ha podido recuperar todas las
energías". "Exactamente igual. le ocurre ganado que usted
explota" le replicó el yerno, que había estado esperando la ocasión para
afear su despótica postura.
El granjero malnacido, a regañadientes, comprendió
el razonamiento, y dicen que a partir de ese momento fue más cuidadoso en el
trato con los animales de su granja.
MORALEJA: No maltrates a los animales. Son como tú,
seres vivos.
Ilustraciones
de Manuel Malillos Rodríguez.

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