jueves, 7 de mayo de 2026

 

LA FOTO DESEADA

 

(Obra teatral en tres Actos)

ACTO PRIMERO

(Ernesto y Pepe, se encuentran por la calle)

 

ERNESTO— ¡Qué alegría, Pepe! ¡Cuánto tiempo sin verte!

PEPE— Lo mismo te digo, Ernesto. Creo que la última vez que nos vimos fue en la comida de Empresa, por Navidades.

ERNESTO— Sí, me acuerdo perfectamente, porque allí fui donde conocí a Mayte.

PEPE— Los amigos también lo recordamos. ¡Vaya manera de acapararla!

ERNESTO— La verdad fue que me dio muy fuerte al principio...

PEPE— ¿Qué me dices? ¿Ya no sales con ella?

ERNESTO— Bueno, seguimos saliendo, pero no con aquella pasión. Ya sabes que en la disco había poca luz y yo estaba un poquitín bebido. Me dejé llevar por el calentón y tomé una decisión un pelín apresurada. En días sucesivos pude comprobar que Mayte, a pesar de ser una mujer que me agradaba, tenía el cutis de la cara un poco... ¿cómo te diría yo?, imperfecto. Además ahora con la llegada de la primavera, le han aflorado unos granos que para qué.

PEPE— ¿Y?

ERNESTO— Pues que, en estas condiciones, evito besarla y ni siquiera me atrevo a presentarla a mis padres.

PEPE— Entonces, ¿qué piensas hacer?

ERNESTO— Si alguien le hiciera una buena foto y luego la retocara, tal vez se la mostraría a mis padres y tendrían una primera buena impresión de la chica.

PEPE— Tú verás. Yo creo que con eso no vas a arreglar el problema, pero de todos modos ya sabes que tengo una gran afición por la fotografía, y si es por hacerte un favor... pues cuenta conmigo.

ERNESTO— Gracias. Pepe. No se hable más. Ahora te doy su teléfono y mañana mismo le hablo de ti. Pretextaré que no me encuentro bien y te presentas por mí.

PEPE— Vale. A ver si tenemos suerte y sale un día luminoso.

ERNESTO— Casi es mejor que esté nublado. A menos luz, menos tendrás que retocar. Digo yo.

PEPE— No seas cruel, Ernesto. No creo que sea para tanto.

ERNESTO— Se ve que todavía no la has visto. Bueno, ya me dirás que tal se te ha dado.

PEPE— Descuida. Te tendré informado.

 

ACTO SEGUNDO

(Mayte y Pepe, pasean por el Parque)

 

PEPE— ¡Están las flores preciosas! ¿Verdad, Mayte?

MAYTE— Sí. La primavera viste los campos de colores y es muy romántica. Claro que a mí no me favorece.

PEPE— ¿Por qué dices eso?

MAYTE— En esta época del año, la cara se me pone imposible con multitud de granitos. Afortunadamente, solo me duran unos días. Menos mal que el dermatólogo me ha asegurado que en cuanto me case y tenga descendencia, es posible que no padezca esta fastidiosa alergia.

PEPE— Pues yo, la verdad, es que no te veo mal. Para mí la belleza radica en el interior y tú me pareces un rato hermosa.

MAYTE— Gracias, Pepe. Eres muy amable al acompañarme ahora que Ernesto está un poco pachucho. Lo que me ha sorprendido de ti es que hayas acudido a la cita con una estupenda máquina fotográfica.

PEPE— Te resultará extraño, pero siempre la llevo conmigo. Hay que estar preparado por si te encuentras con encuadres imprevistos.

MAYTE— ¿Te gustaría hacerme una foto?

PEPE— Me encantaría, pero hoy está el cielo nublado y no saldrías del todo bien. ¿Y si salimos mañana? Tal vez tengamos suerte y haya mayor luminosidad.

MAYTE— Mañana a lo mejor Ernesto se encuentra bien.

PEPE— ¡Quia! Le vi muy desmejorado. Ha debido coger un catarro fuerte y menos de una semana... ¿Te parece que salgamos estos días en busca de nuevos parajes? Así tendremos más oportunidades de obtener buenas fotografías; además, para ser sincero, me agrada tu compañía.

MAYTE— A mí también me resultas simpático y muy detallista.

PEPE— No se hable más, Mayte. Vamos a seguir paseando y mañana probamos suerte con la luz. Aunque para mí la suerte es charlar contigo.

MAYTE— ¡Adulador...!

 

ACTO TERCERO

(Una semana después, Ernesto y Pepe toman café en una terraza)

 

ERNESTO— He querido quedar contigo para poder ver las fotos que te encargué. Han debido de quedar muy bonitas, porque unas veces por estar el cielo nublado y luego cuando Mayte me dijo que también estaba acatarrada, se me ha hecho el tiempo eterno.

PEPE— Desde luego, está mal que yo lo diga, pero las fotos han quedado francamente bien. Mayte es muy fotogénica.

ERNESTO— A ver, a ver...

PEPE— Mira ésta qué preciosidad. Y aquí en esta otra de primer plano, está de ensueño.

ERNESTO— Pues es verdad, apenas se le notan los granos.

PEPE— A mí tampoco me molestaron cuando juntando nuestras mejillas nos hicimos un selfie. Mira qué bien salimos.

ERNESTO— Oye, oye, que es mi novia. No te pases.

PEPE— Era tu novia, amigo Ernesto. Ahora está loca por mí y yo por ella. No te he querido enseñar la mejor, una en la que nos estamos besando con pasión.

ERNESTO— ¡Pero tú eres un... robanovias! ¡Has traicionado mi confianza! ¡Te voy a...!

PEPE— No soy nada de eso, Ernesto. Simplemente he descubierto que Mayte es una mujer de una gran sensibilidad a la que despreciabas por su aspecto externo. Tú te la has perdido. Ahora voy a verla, me estará esperando. ¡Ah! He dejado la consumición pagada en compensación por los daños ocasionados.

 

(Mientras cae el telón, Ernesto se retuerce en sus asiento sin dejar de pronunciar improperios)

FIN

 


 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario