jueves, 10 de septiembre de 2026

 

CALOR TÓRRIDO

 

 

Con las primeras luces me levanto,

subo la persiana, y un aire fresco me revitaliza,

parece que el ciego furor del  anterior día

da un descanso a los cuerpos

y una tregua a las mentes para que reflexionen.

 

En el cielo brilla todavía algún lucero.

Dicen que cada destello es el alma inmortal de una persona,

Debe de ser así, y hoy deseo encontrar la de un amigo

recientemente fallecido.

Las luces van despareciendo, lentamente del firmamento,

como se van marchando, poco apoco, los conocidos

dándome su último adiós en una esquela.

¡Es Ley de vida!

 

Tengo curiosidad, que no prisa,

por observar a mi gente desde otra perspectiva.

Será la hora de comprobar los verdaderos afectos,

de los que de muchos, no tengo duda.

 

Aprovecho esta temprana hora de la mañana

para regar las plantas. Ellas con su colorido

me alegran la vista y sus aromas alejan de mí,

los apenados pensamientos.

 

Mientras desayuno, voy anotando aquello que se me ocurre:

La galleta que se hunde reblandecida por mi culpa,

el melocotón inmisericordemente despojado de su piel dorada

antes de ser troceado, y me pregunto si no sufrirán

al saberse zarandeados, como yo,

por una fuerza que no controlan.

 

Como veis, el calor me ha debido alterar la mente.

Procuraré ser prudente y no exponerme a este fuego agostador

que te abrasa, que te saca de quicio

y que convierte mi casa de campo

en apacible y umbrío lugar de meditación.

 

Fotografía de Nicolás Ventosa

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