REFLEXIONES
CAROLINGIAS (LXXXI)
De ser un “don nadie” pasó a ser un “ilustrísimo señor”, el día que acertó el bote en el Euromillón.
Conoció a una inglesa de su signo favorito LIBRA,
con muchas libras, pero la relación no fue a más porque él era PISCIS sin
ninguna piscina.
De muchos alevines de besugo, pocos llegan a
adultos. En política, los besugos tienen más suerte.
Abunda la publicidad de alimentos proteicos, leches
desnatadas y complementos nutricionales sin azúcares añadidos. Todo ello, para
aumentar nuestra esperanza de vida. No sé todavía como mi yayo llegó a los 84
años.
“A veces la flor más pequeña es la de mayor aroma”.
Eso fue lo que me dijo una chavala que conocí de joven y que no alcanzaba el
1,50. Perdí su pista, y no puedo asegurar, si ya marchita, sigue conservando
esa envidiable propiedad.
Sufría mucho en la autoescuela cuando el profesor le
repetía: ”Primera, segunda y después, tercera”, porque le recordaba la
trayectoria seguida por el equipo de fútbol de sus amores.
Estoy dispuesto a emigrar a un país en donde los
impuestos y el IRPF se traduzcan en beneficio para la colectividad. Los que me
conocen, creen que estoy perdiendo facultades.
Era una mujer hermosa de una belleza difícilmente
superable. En el pueblo se la conocía por: “La primitiva”, dada la escasa
probabilidad de conseguirla.
Creía ser el mejor del mundo en la prueba de los 100
metros lisos, hasta que viajó a China y compitió con robots.
El boxeador Flaquito Pérez descubrió toda una gama
de colores, cuando su oponente le propinó un certero crochet que le envió a la
lona.
Dejó de entrenar en la especialidad olímpica de tiro
con arco cuando comprobó que era más certero el tiro con dron.
“No es lo mismo patatas con carne que carne con
patatas”—dijo en una Conferencia un eminente catedrático—comparando la etapa
estudiantil de patrona en una pensión y su actual estatus social.

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