jueves, 28 de junio de 2018



 "El JEREMÍAS"  ESTÁ  DE  ENHORABUENA

Cuando se cumplen seis años desde la publicación de mi primera novela "Las lamentaciones de mi primo Jeremías", la editorial galeón books está imprimiendo la 5ª edición de esta singular novela que verá la luz en fechas próximas.

Puedo afirmar que, desde sus comienzos, la novela tuvo una gran aceptación por parte de lectores de todas las edades, especialmente adolescentes,  lo que la hizo acreedora de recibir el "Galeón de Oro" al tratarse de la publicaciónmás vendida de la editorial durante el año 2012. A ello coadyuvó el prólogo que le dedicó el excelente músico y folclorista don Joaquín Díaz. quien dice de la misma que es un "Tratado de Antropología" pues refleja a la perfección la vida y costumbres de la España de mediados del siglo pasado.

Un año más tarde recibiría por parte de doña Mayte Azorín, bibliotecaria jefe del Instituto Cervantes de Londres, la recomendación de su lectura para el aprendizaje del español en el Reino Unido.

Idéntica recomendación haría a sus alumnos, Catie Anderson, Spanish teacher de la Waunakee High School. Wisconsin. USA, en comunicación recibida por esas fechas.

Desde entonces y hasta el día de hoy, la obra puede leerse en distintos países europeos   ( Reino Unido, Francia, Italia, Alemania, etc.) y en  otros de la América hispano parlante (México. Perú, Bolivia. Argentina, etc.) pero, como es lógico, el mayor número de ejemplares vendidos se concentra en España, preferentemente en las Comunidades de Madrid y de Castilla y León, en donde Colegios e Institutos lo han elegido como libro preferente dentro del Plan de Fomento de la Lectura.

Siempre que la distancia y mi agenda me lo permiten acudo a esos Centros, dialogo con los alumnos e imparto una charla, audiovisual incluido, totalmente gratis, puesto que la satisfacción que recibo con estos encuentros literarios compensa, sobradamente, las pequeñas incomodidades que acarrea el desplazamiento. Espero en el próximo curso académico 2018-19 continuar con esta labor con la que intento aportar mi granito de arena a la difusión de la cultura.

Gracias a todos los que habéis adquirido mi obra y a cuantos pensáis hacerlo en fechas próximas. ¡Larga vida al "Jeremías"!




jueves, 21 de junio de 2018


PASAJES DE " CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA" (47)

CAPÍTULO VI
La ilusión

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El día de Reyes Nacho fue recibido en nuestra casa como si se tratara de una alta dignidad. En el recibidor mi madre, le estampó dos cariñosos besos que sonaron con la misma rotundidad que la estampilla sobre un documento tras registrarse en el correspondiente libro de entradas. Mi padre, más comedido, le estrechó la mano, ofreciendo “su humilde morada”, en tanto las tatas, al fondo, perfectamente uniformadas permanecían atentas al recibimiento componiendo una escena que hubiera podido utilizar Berlanga en su recién estrenada película “Novio a la vista”. Margarita permanecía junto a él sin atreverse a manifestar cualquier muestra de cariño, en tanto Tinín empezaba a asimilar los complicados prolegómenos de cualquier noviazgo. Las puertas del salón se abrieron a continuación para mostrar una mesa de comedor excepcionalmente bien presentada, en la que no faltaban los adornos florares ni los bajoplatos dorados como soporte de una vajilla que veía la luz por vez primera.
―Doña Consuelo, tiene usted un gusto exquisito ―manifestó Nacho, en su deseo de halagar a la anfitriona.
―Bueno ―intervino mi padre, impidiendo que mi madre respondiera para que él pudiera darse “un pegotazo”―, no es que todos los días comamos con tanto fasto, pero solemos celebrar así las fiestas litúrgicas más importantes del año, otras de trascendencia nacional, que suponen un hito en el devenir de nuestra patria, como el uno de abril y, puntualmente, cuando, como hoy, nos visita alguien a quien apreciamos.
―Muchas gracias, don Álvaro; me siento halagado con esta acogida. Mis padres se sentirán muy honrados cuando les comente el recibimiento que me han dispensado ―respondió Nacho, mirando de soslayo a Margarita.
El taconeo de las tatas trayendo en una sopera la crema de champiñones y el cestillo con el pan, impidieron que se oyera con nitidez la protesta de Tinín:
―Jooo, no quiero tantos vasos. Con uno tengo bastante.
―Tiene razón el niño. Puesto que no ha de beber vino ni licores, Petra, retira por favor, las copas de Tinín ―dijo mi madre.
―A mí también ―suplicamos al unísono Margarita y yo, que de esta manera solucionábamos un problema, aunque persistiera el de saber elegir cuál era el cubierto apropiado.
Petra, que para entonces conservaba la cofia en su sitio, obedeció presta el requerimiento, no comprendiendo el ajetreo que nos traíamos con la cristalería, como tampoco comprendió que tuviera que retirar los platos hondos en los que se había servido la crema de champiñones. Después, en una enorme bandeja soportada por ambas tatas, hizo su aparición, humeante, el pavo relleno. Su entrada provocó un “¡Ohhh!” entre los comensales. Dorado, majestuoso, decúbito supino con los muslos apuntando hacia el techo, se posó lentamente sobre la mesa sin que se derramara ni una sola gota de la salsa que bañaba el dorso de su anatomía. Parecía un Neptuno emergente, con el tridente amenazador a su lado pero protegido, de momento, del inevitable desmembramiento, por toda una corte de patatas parisinas que le rodeaban como guarnición. La colocación de las bolitas patateras no era fruto del azar. La de mayor tamaño, ocultaba púdicamente la cloaca del ave y zonas próximas.
―Come, come ―indicó, mi padre a Nacho―. No hay tajada más jugosa que la de este pavo alimentado con trigo de nuestra tierra. Ha sido un regalo de un cliente de Cigales al que escrituro las fincas que va adquiriendo. Yo le digo que, con la minuta, ya me paga convenientemente los servicios que le presto, pero se encuentra tan agradecido a mi persona que insiste, insiste... y no tengo valor para rechazar esta joya gastronómica.
Nacho asintió. Callaba prudente ante cualquier comentario paterno, temeroso de que su opinión fuera considerada inoportuna. Pero se quedó perplejo cuando Petra sirvió de postre un espectacular flan, y, emulando a mi padre, quiso explicar también su procedencia:
―Este flan no tiene química, lo he hecho con una docena de huevos gordos como mi puño, que yo misma he elegido en la pollería. ¡Cómo recuerdo con estas cosas a mi difunto! ¡Qué buen carácter tenía! ―evocó, la mujer―. Cuando discutíamos, siempre me decía: “Si no vas a hacerme un flan, no andes tocándome los huevos” y a luego, cuando pasaba a su lado, me daba un azote en la cachuela y, deseguida, hacíamos las paces. Ya sabía yo que aquella noche, preparábamos el estropicio―. Rió, Petra.
Tinín fue el único que, dada su inocencia, no se percató del comentario. Margarita bajó la cabeza, roja como una amapola, no queriendo intercambiar su mirada con la de Nacho, al que tenía enfrente. Y mi madre, con el pavo subido, no precisamente el del plato anterior, no tuvo más remedio que intervenir:
―Disculpa el comentario, Nacho. Esta mujer lleva poco tiempo a nuestro servicio y todavía no conoce las normas de urbanidad más elementales.
―Por favor, doña Consuelo, no tiene por qué disculparse. En mi casa también tenemos en el servicio gente llana de los caseríos.
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domingo, 17 de junio de 2018



CAPÍTULO I
El Viaje
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Consuelo era mi madre, o Doña Consuelo, para amigos, vecindario y sobre todo para la tata Lola cuando se refería a ella. Si para la inmensa mayoría de los mortales, la madre es lo mejor del mundo, en mi caso era una realidad palpable. Mi madre era para mí una Virgen María con pecado original. Desde que mi padre la pidió en matrimonio, ella había pronunciado «fiat» y desde entonces su vida era «por» y «para» su marido. Por él nunca ejerció su licenciatura en Filosofía y Letras, y para no disgustarle, jamás le recriminó nada. Llevaba el mando de la casa, aunque supervisada por él, con quien obligatoriamente consultaba cualquier decisión, por pequeña que fuera, Hablaba muy poco, era afectuosa, rezaba con frecuencia y en más de una ocasión ejercía de pararrayos cuando la carga de trabajo en la notaría hacía que la irritación paterna se cebara con nosotros.
Me acuerdo cómo, en cierta ocasión, mi tía Gertru dijo, dirigiéndose a ella: «Consuelo, hija, ¡qué acertado estuvo el cura al ponerte el nombre!».
Y es que, en efecto, mi madre era, en los momentos difíciles, nuestro paño de lágrimas, pero sobre todo poseía una gran virtud: «escuchaba». A cada uno le dedicaba el tiempo necesario. Margarita ―¡la muy pesada!― estaba casi siempre pegada a ella; le cuchicheaba al oído mil y una confidencias, seguramente relacionadas con su estrenada pubertad, (digo esto, porque a veces, haciéndome el distraído, escuchaba: «…Margarita, no debes comportarte así, con tus catorce años, ya eres una señorita») y jamás, por muy cargante que estuviera, la apartaba de su lado. Con mi hermano Tinín jugaba cuanto fuera preciso, al tiempo que reía sus «gracias», mientras le cubría de besos. Y conmigo… bueno, me da un poco de vergüenza decirlo, pero se ganó mi confianza desde el momento que le confesé estar enamorado de Cristina, la amiga íntima de Margarita y al oír la noticia, no se rió de mí, al contrario, con gesto grave, se me acercó, susurrándome en tono confidencial: «Pórtate como un caballero; Cristina es una gran chica y tú debes ser digno de ella». Esta respuesta confirmaba, de manera inequívoca, lo que desde hacía algún tiempo venía observando al ducharme: equidistante de mis tetillas, sobre la piel blanca que cubría mi esternón, afloraba una incipiente pelambrera. Efectivamente, a pesar de mi voz un tanto aflautada, a mis doce años ya era un hombre «de pelo en pecho», apto para iniciarme en galanteos amorosos. Cristina encontraría en mí el hombre de sus sueños, del que se sentiría orgullosa cuando paseáramos nuestro amor en la plazuela Santa Cruz. ¡Qué importaba la edad! ¡Qué importaban unos cuantos centímetros de menos! El amor acabaría imponiéndose, aún a pesar de que ella coqueteara con Felipe, un grandullón de quinto de bachillerato que pasaba por ser el botín más codiciado entre las féminas de las Carmelitas. ¡Qué plastón de tío!
Desde hacía algún tiempo, en determinados momentos, sentía en mi interior una imperiosa necesidad de comunicar mis sentimientos. Era una fuerza acongojante, acompañada de un deseo estúpido de llorar sin motivo aparente, mientras el corazón latía apresurado, entrecortándome la respiración. La sonrisa radiante de Cristina, aparecía y se desvanecía a cada instante en la pared situada frente a mi cama, justo al lado del banderín de mi Real Valladolid. Por eso, a los pocos días, pretextando dolor de cabeza, esperé pacientemente a que mi madre se preocupara por mi estado, momento apropiado para coger sus manos entre las mías y comentarle: «Cristina ni siquiera me miró cuando le dije que estaba muy guapa». Y también en esta ocasión, mi madre, supo animarme: «Las mujeres somos muy complicadas. Da tiempo al tiempo» ―dijo―, besándome en la frente. Cuando cerró la puerta de mi habitación, permanecí un buen rato pensando en Cristina y en lo afortunado que era teniendo una madre que me acompañaba en los momentos cruciales de mi existencia.
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jueves, 14 de junio de 2018



LA REFORMA

Crónicas de mi Periódico                        14 de junio de 2018

GRAFITEROS

Siento un profundo respeto que deviene en admiración, en muchos casos, por las manifestaciones pictóricas de determinados grafiteros que ilustran con bellos murales, espacios reservados para este fin- Algunos de ellos, además de permitirse el lujo de tener un representante, cobran elevadas sumas de dinero por sus trabajos. Seguramente que Basnky, Ricardo Cavolo, Obey, Blu o el español Suso 33 (acabo de informarme de quienes son los más famosos del mundo)  tuvieron unos orígenes clandestinos no exentos de pernoctaciones en comisarías y de tener que asumir todo tipo de sanciones  por el deterioro urbanístico ocasionado. A pesar de ello, a los mencionados hay que reconocerles una indudable vena artística y un deseo incontenible de mostrar al mundo la belleza de sus creaciones pictóricas.

Por contra, detesto de manera rotunda a esos pseudografiteros que se dedican a borrajear cualquier espacio como pueden ser puertas de garajes, quioscos. tapias, etc., manchando estúpidamente lo que no es de su propiedad, con el agravante de sentir predilección por los espacios recién adecentados.

Hace unos dos años, mi ciudad se vio "ilustrada" con una serie de dibujos que representaban al "ojo del diablo" y a una colección de aviones de papel, cuidadosamente numerados, que aparecían en los más insospechados y céntricos emplazamientos. Parece ser que el presunto autor fue detenido y acusado de un delito de daños por el que tendría que pagar más de 7.000 euros de multa y otra cantidad en concepto de indemnización. Celebrado el juicio, el hombre, que debía ser la leche a juzgar por sus iniciales (R.A.M.), resultó absuelto al no poderse confirmar la autoría de los dibujos.

Independientemente de que R.A,M. resultara o no ser el artista, me he preguntado muchas veces qué es lo que lleva a una persona a reproducir repetidamente tan insulsos dibujos. ¿Quizás una mente diabólica? ¿Un deseo insatisfecho de viajar? ¿El retorno a una infancia de sueños imposibles? El número de "avioncitos" llegó a aproximarse a los doscientos, lo que indica, bien a las claras, el deseo de volar de su autor. que por otra parte, es muy recordado por todos los afectados a los que ha deteriorado su propiedad.

Desde hace algún tiempo, ambos grafitis han dejado de aparecer, lo que refuerza mi teoría de que se trataba de un sueño obsesivo y que, como todos sabemos, menos del sueño eterno, de los demás acaba uno por despertarse.

Fotografías del autor.





domingo, 10 de junio de 2018


FERIA DEL LIBRO. REPORTAJE GRÁFICO

He querido resumir en unas pocas fotografías, parte de la emotiva firma de ejemplares que tuvo lugar en la Feria del Libro de Valladolid, el pasado jueves. El reencuentro con viejos amigos, la visita de rostros que únicamente conocía de facebook, la animada charla con personas que se acercaban a conocer mi obra y, en definitiva, el contacto con el público lector, es una experiencia que difícilmente se puede olvidar.

Agradezco a Marco Antonio Blanco Lobato, la gentileza que tuvo al invitarme a la caseta de su librería: "Don Quijote Digital", así como el esmerado acompañamiento de Henar Gallegos. Juntos disfrutamos de una jornada en la que la lluvia no hizo aparición y eso sí que fue noticia en esta desapacible semana. Gracias a todos por vuestra presencia.

jueves, 7 de junio de 2018




I  CERTAMEN PROVINCIAL DE POESÍA DEL IES MARÍA DE MOLINA.

Es junio un mes pródigo en publicaciones literarias que nacen apresuradas para poder lucir sus mejores galas en las Ferias del Libro, muchas de ellas coincidentes. El pasado día 2 tuve ocasión de asistir en la Biblioteca Pública de Zamora, dentro de las programaciones de su afamada Feria del Libro, al Acto de entrega de premios del I Certamen de Poesía que ha organizado el IES María de Molina.

La iniciativa puede ser un ejemplo para otros Centros Educativos de cómo se puede estimular la afición por la lectura a través de Concursos en los que los alumnos ponen a prueba sus capacidades creativas.

Esta idea, apoyada por el Claustro de profesores, en la que el alma mater de la misma ha sido el profesor don Julio Eguaras, ha sido un éxito de organización y de participación, pues, por el hecho de concurrir, los trabajos presentados pasaban a formar parte una Antología. En ella, junto a los aspirantes, fuimos invitados a enviar poemas otros escritores adultos, entre los que me encontraba. ¡Gracias, Julio!

El resultado ha sido un bellísimo libro, cuya portada os muestro. También os dejo mi aportación poética, dedicada a Zamora, ciudad que frecuentaba en mi adolescencia y que despierta en mí, múltiples afectos.

 ZAMORA

Eterna ciudad soñada,
gentil, amable, coqueta,
al tiempo que por discreta,
te guardas amurallada.
Entre el celaje, perlada,
contemplas el río Duero
que refleja ese joyero
de piedra de encaje fino,
pues sabes que el don divino
de ti se prendó primero.

Por eso, cuando te miro
y siempre que te recuerdo,
en mi juventud me pierdo
porque el tiempo es un suspiro.
No sabes cuánto te admiro,
del alma, bella raptora,
al llegárseme la hora
de ver tus torres al viento.
Emoción es lo que siento
cuando te evoco ¡Zamora!

domingo, 3 de junio de 2018



51 FERIA  DEL  LIBRO  DE  VALLADOLID. FIRMA DE EJEMPLARES

Del 1 al 10 de Junio, se está celebrando en Valladolid la 51 edición de la  Feria del Libro, que congrega en la Plaza Mayor de la ciudad a un gran número de expositores y en la que habrá encuentro literarios, recitales, charlas, diálogos, etc., con la siempre demandada actividad de firma de ejemplares por parte de sus. autores.

Este año, en el que se acoge a Portugal como país invitado, se prestará especial atención a nuestro futuros lectores, jóvenes y niños en un loable intento para que, a través de la lectura, descubran el universo de la novela y la poesía.

Por eso agradezco, sobremanera, la invitación cursada por Marco Antonio Blanco,  presidente del Gremio de Libreros, para que firme ejemplares de cuanto tengo publicado y que, como sabéis, en su mayor parte está dirigido a un público adolescente y juvenil. Será el próximo jueves, día 7, en sesiones de mañana y tarde  en la caseta nº 16 de la Feria que corresponde a la afamada librería, Don Quijote Digital.

Espero tener el placer de que me honréis con vuestra visita. Tendré sumo gusto en poder saludaros. ¡Os espero!

¡Feliz domingo!