PASAJES DE “LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS” (114)
CAPÍTULO
VII
Se
acerca la Fiesta
………………………………..
Con el día tan ajetreado que habíamos tenido, el
cansancio y la digestión de las pastas hicieron que al poco rato Tinín empezara
a frotarse los ojos y a mí a abrírseme la boca.
―Vamos Tinín a casa, que mañana, tenemos que
levantarnos pronto ―dije a mi hermano dejando a Jeremías como único engullidor
de pastas, en tanto escuchaba los chascarrillos del tío Caparras.
Gracias a los carburos, los puestos de chucherías
eran luciérnagas iluminando la Plaza. Congregados a su luz, todavía quedaban
algunos muchachos contemplando las golosinas cuando los dos hermanos llegamos
exhaustos a nuestra casa. A la puerta del bar de Rufino las cuadrillas,
fumando, comentaban acerca de la fiesta, en tanto que los porrones iban de mano
en mano. De pie, envalentonado por el alcohol, Rafa, el Gasolina, cantaba
intentando imitar a su tocayo Farina, con estrofas que le salían del alma.
Salamanca campero
Toro, torito fiero
Con divisa verde y
blanca
Ay que te quiero, te
quiero
Ay que te quiero, te
quiero
Ay que te quiero
Cuanto te quiero ay… mi
Salamanca.


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