jueves, 30 de julio de 2026

 

ATARDECER

 

Está el cielo plomizo,

falto de vida, cansado de calentar

campos y ciudades, después de agostar

toda brizna de hierba y de derretir

el asfalto sudoroso de la urbe.

 

Resguardados de los rigores estivales,

pocas aves trinan en los amaneceres

como cruel realidad de que este año,

apenas salidos del nidal

mis jóvenes amigos, no han podido soportar

el calor que quemó sin llama su estructura.

 

Las flores blancas de las truhanas

no han atraído con su dulce aroma,

legiones de avispas y abejorros

que el año pasado zumbaban de continuo

avisándome de la posible picadura.

 

¡Mal presagio!

Dicen los lugareños que la ausencia de estos insectos

es una advertencia de la Naturaleza de que

el próximo año la cosecha cerealista será floja.

¡Pobres agricultores!

Los que van quedando

son auténticos poetas del Medio Ambiente.

El precio de la maquinaria y los insumos

crecen vertiginosamente y el valor de su producción

apenas experimenta variación.

 

La febril actividad de este mundo

camina por otros derroteros

de lucha y destrucción.

 

La luz se pierde en la bóveda celeste

y una paloma torcaz busca refugio

 al otro lado de la carretera

asustada por unos faros deslumbrantes.

 

En el silencio del paraje en calma,

respiro profundamente y pienso

en que mañana tampoco vendrán pardales a mi ventana.

 

Una duche me vendrá bien para alejar pensamientos

del calor infernal y sus consecuencias.

 

Fotografía del autor.

 

 

 

 

 

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