LA VIDA DE MAGÍN PUERRO
-XXXIII-
para
hacer todas las cosas
me
resultaban dolosas
con
el paso de los años,
faltándome
los redaños
en
cuestiones trabajosas.
En
el bar encomendaba
algunas
nimias tareas
a
Rufino, “pa que veas,
—le
dije con cierta sorna—
cómo
el trabajo orna
si
de niño no niñeas”,
Esta
forma de tratar
a
mi hijo me dolía,
pero
de chico sabía
que
en este mundo cruel,
para
alcanzar el vergel
no
se admite la malcría.
Sin
que la viera la gente,
Constanza
fregaba vasos
dando
sus primeros pasos
en
el familiar negocio
donde
no cabía ocio
ni
para servir retrasos
Con
la ayuda de María
el
trabajo se llevaba
de
modo que funcionaba
con
contento de la gente
que
querían, mayormente,
el vino que les implaba.

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