jueves, 2 de julio de 2026

 

LA SOSPECHA

 

 

Una duda constante me persigue.

No tengo la certeza, sólo sospecho que escuché

 el quejido de un  árbol cortado,  

junto a la fuente cantarina,

de la que nunca bebí cuando la sed

me urgía. Fue entonces cuando

 me sedujo el sueño

de construir a mi modo el Universo.

No quiero recordar las antorchas

encendidas del deseo

alumbrándome, sin reparar

en el fulgor de las estrellas,

ni el paño raído con el tapé mis vergüenzas

cuando el alba me sorprendió,

como Adán, viviendo el desengaño.

Únicamente quiero recordar que,

desde ese momento fatal, aprendí a vivir

de otra manera, cayéndome y levantándome

en el camino fangoso que elegí libremente.

Ahora, hombre mortal, al fin y al cabo,

transito por la tortuosa senda de la vida,

llevando como un fardo la sospecha

si fue cierto, o no, el dolor del árbol herido,

o si reprimí a tiempo la sed, que todavía siento,

de beberme de un sorbo el infinito.


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