SOÑANDO CON SER REY
(Obra
teatral en 3 Actos)
ACTO PRIMERO
(Enero de 1965. Chuchi tiene cinco añitos)
Mamá—Chuchi,
hijo, ¿por qué estás enfadado?, ¿no estás contento con los juguetes que te han
traído los Reyes?
Chuchi—No,
mamá, son pocos.
Mamá—Pero,
Chuchi, si son muchos. Además, piensa que los Reyes Magos tienen que repartir
entre todos los niños del mundo. Algunos se quedarán sin regalos. Tú eres muy
afortunado.
Papá—Lo
que dice tu madre tiene mucha razón. Conténtate con los juguetes que te han
traído y juega con ellos. Piensa que Sus Majestades han hecho un largo camino
para llegar hasta aquí..
Chuchi—Pero
yo quiero ser Rey.
Mamá—¿Y
por qué quieres ser Rey, corazón?
Chuchi—Porque
así tendría todos los juguetes del mundo. Podría escoger los que quisiera y
cuando me cansara de ellos, los repartiría.
(Papá
y mamá hablando entre ellos)—Todavía es muy pequeño para que comprenda: Vamos a
ver si poniéndole la corona del Roscón se contenta.
Mamá—Mira,
cariño, lo que te va a poner mamá en la cabeza: una corona de Rey
Chuchi—¡Qué
guay mamá! ¡Una corona! Es el mejor regalo que he tenido. Ahora sí que soy un
Rey.
Papá
y mamá, satisfechos—¡Menos mal! Parece que hemos acertado. Ya ves con qué
tontería se puede hacer feliz a un niño.
ACTO SEGUNDO
(Noviembre de 1975.
Juan Carlos I es proclamado Rey)
Papá—
¡Venid! ¡Venid! Mira lo que están poniendo por la tele. Están proclamando rey a
Juan Carlos I.
Mamá—¡Qué
acto tan bonito y qué elegancia tiene la reina. Me encanta.
Chuchi—A
mí me parece una injusticia, No sé por qué ese señor tiene que ser rey y yo no.
Papá—Por
la sencilla razón de que él es hijo de un Borbón y tú te apellidas García y
eres hijo de un frutero.
Chuchi—Pero
la ilusión de mi vida ha sido siempre ser rey y aunque me apellide García, un
día lo llegaré a ser.
Mamá—Hijo
mío, que obsesionado estás con esa idea. A mí también me gustaría ser reina y
tener joyas y servidumbre y hacer viajes, pero me tengo que contentar con
madrugar y estar con tu padre en el puesto todo el santo día vendiendo
frutas... y que no falte.
Papá—Eso
digo yo. Además, cuando voceo la fruta digo:¡Ay qué rica, pero qué rica tengo
hoy la reineta! Y lo digo porque para mí, eso es tu madre.
Chuchi—Decid
lo que queráis, pero yo un día seré rey.
Papá—Como
sigas así acabarás mal. Ya eres un jovencito y tenías que tener más cabeza. De
todas las formas toma veinte pesetas y vete al cine a ver a Tarzán, que al fin
y al cabo, es el Rey de la Selva.
Chuchi—Gracias,
papá. Parece que me has comprendido.
(Cuando
Chuchi se ha ido al cine tan contento, los padres comentan acongojados)
Papá—Me
preocupa la actitud de nuestro hijo. Ya es un mocito y sigue emperrado con la
estúpida idea de llegar a ser rey. Menos mal que mientras pongan películas como
"Rey de reyes", "Duelo de reyes" o "la Reina de Saba",
iremos capeando el temporal, hasta ver si madura de una vez.
Mamá—
Sí, esposo mío, tengamos paciencia. Parece que viendo películas sobre temas de
reyes, el chico se calma. Ya ves de qué manera tan simple se puede hacer feliz
a un adolescente.
Papá—Mientras
no pongan en cartelera "Luis II de Baviera", el rey loco, vamos bien.
ACTO TERCERO
(Diciembre de 2020. Chuchi comenta su vida en verso)
Ojalá pudieran verme
mis padres, os lo confieso,
pues creían que mi seso
era escaso, deslucido
con pájaros en el nido,
calenturiento en exceso.
No es extraño que pensaran
que no me encontraba cuerdo.
Me reñían, lo recuerdo,
cuando yo les explicaba
que un rey por mi boca hablaba.
Era joven, más no lerdo.
Cuando los años pasaron
ya fui cayendo en la cuenta
que llega a rey el que inventa
el modo de parecerlo,
coger nombre, retenerlo,
y que otros paguen tu renta.
Afiliándome a un Partido
busqué el modo de ligar
con los jefes, que al hablar,
solo decían mentiras.
¡Fingiendo que les admiras,
es muy fácil progresar!
En cinco años obtuve
lo que un rey pueda tener:
agasajos por doquier,
varios coches, un palacio,
caseríos de solacio...
y una miss
como mujer.
He
descubierto, señores,
que al pueblo se le conquista
ofreciéndole a la vista
lo que nunca poseerá.
Luego siempre se podrá
echar la culpa al turista.
He conquistado mi sueño.
aunque no sea monarca.
Qué me importa, si en mi arca
ya no cabe más dinero.
Sin trabajar de frutero,
soy para el pueblo un jerarca.
Ya no quiero la corona,
que puede dañar la sien.
Si llego a millones, cien
con la paga vitalicia
me retiro, ¡qué delicia!
!Que a ustedes les vaya bien!
(Entre pitos y aplausos de la España dividida, cae
el telón)
FIN


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