LA VIDA DE MAGÍN PUERRO
-XXXII-
En
pasando los cincuenta,
corre
la vida deprisa
de
manera que la risa
no
suele ser tan frecuente
porque
se atora la mente
cuando
la vejez avisa.
Las
cinco preciosas joyas
habidas
del matrimonio
fueron
creciendo ¡demonio!
sin
apenas darnos cuenta.
pues,
a pesar de la renta,
eran
de amor testimonio.
Todos
crecieron muy sanos
sabiendo
desde bien chicos
que
si querían ser ricos
en
el día de mañana
era
a toque dc campana
trabajar
como borricos.
De
manera que Rufino
y
después, niña Constanza,
se
pusieron sin tardanza
al
frente del mostrador
demostrando
con ardor
saber
ganar la pitanza.
Sancho
y los dos pequeños
de
sus hermanos tuvieron
maestros
que les supieron
enseñar
en el oficio
de
estar prestos al servicio
como
sus padres hicieron.
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