domingo, 28 de junio de 2026

 

EL LIGÓN CONFINADO

 


(Obra teatral en tres Actos, a representar cuando se pueda)

ACTO PRIMERO

El escenario está dividido en dos partes. En el lado izquierdo está Jorge en el salón de su casa, teléfono en mano, y en el lado derecho se encuentra Marisa sentada en un sofá.

 

Jorge— Voy a ver si tengo suerte y está disponible Marisa. (Llamando...)

Marisa—¿Diga?

Jorge—Hola, cariño. Soy Jorge. ¿Te acuerdas?

Marisa—¿Qué Jorge...?

Jorge—¡Qué Jorge va a ser! El que salió contigo este otoño.

Marisa—Es decir, el sinvergüenza que me dejó plantada el quince de noviembre. Aún  recuerdo la fecha ¡Estúpido!

Jorge— No te dejé plantada. Es que ese día era el "cabo de año" de mi abuela y tuve que ir a Misa.

Marisa—Después de la Misa, debiste de guardar el luto mucho tiempo, ¿no? Porque ya no te volví a ver el pelo.

Jorge—Era una abuela muy querida y no me parecía bien que en los siguientes días fuéramos de copas, a bailar, a divertirnos... Luego, ya sabes, que si las Navidades, que si Reyes, y ahora con el confinamiento... se fue pasando el tiempo y hoy me he dicho: "tengo que llamar a Marisa a ver qué es de su vida".

Marisa—Tienes un morro que te lo pisas. Si hubieras tenido una pizca de hombría me habrías dicho por qué me dejaste.

Jorge—Que no se trata de hombría. Las mujeres a veces no comprendéis los estados anímicos de los hombres.

Marisa— Mira, majo. No me vengas intentando justificarte. A mí la gente como tú no me va. Yo busco una relación formal y no un niñato caprichoso.

Jorge—Que no, Marisa, que no. Soy un tipo responsable, lo que pasa es que las circunstancias...

Marisa—¡Pero qué circunstancias!. ¿Te crees que he nacido ayer? Me has llamado porque estás más aburrido que una ostra. No soy tan tonta como te piensas.

Jorge—Te he llamado porque cuando podamos salir sin mascarilla. ya será otoño de nuevo y tal vez revivamos los momentos románticos del año pasado.

Marisa—Aunque en el otoño ya se pudiera salir sin mascarilla, yo si te viera, me la pondría por si acaso, en un arrebato, tuvieras intenciones de besarme de nuevo.

Jorge—¡Qué carácter! ¿Para ti no existe el perdón? Dicen que después de la Pandemia vamos a ser diferentes. Si te parece, para entonces, lo podríamos intentar de nuevo.

Marisa—¡Y un jamón con chorreras! ¡Una y no más, santo Tomás! No sé si me agarrará el virus, pero lo que está claro es que el que no me a agarrar más eres tú. ¿Te ha quedado clarito?

Jorge—Bueno, mujer. En estos días hay mucho tiempo para reflexionar, si piensas otra cosa, me llamas y ya está.

Marisa—Ni lo sueñes, amiguito. Que te vaya bien y que tengas mucha suerte en encontrar pareja, aunque sin conocerla, me da pena la pobrecilla. Piii, piii, piii...

Jorge—¡Me ha colgado!

 

ACTO SEGUNDO

(Ahora, en la parte derecha del escenario, está la habitación de Marta)

 

Jorge—(Llamando)

Marta—¿Síííí?

Jorge—¡Hola, cielo! ¡Qué haces?

Marta—¿Pero otra vez tú?

Jorge—Sí, bonita. Paso muchas horas en vela pensando en ti.

Marta—Pero ya te he dicho varias veces que no me vuelvas a llamar. Lo nuestro terminó.

Jorge—Más bien lo terminaste tú, porque en toda mi vida he pasado unas Navidades tan felices como estas últimas.

Marta—Ni yo unas tan aburridas. El caso es que como me dijiste que te había dejado la novia, me diste pena y quise que me acompañaras, pero, hijo mío, siento decirte que fue la equivocación de mi vida. ¡Eres un plasta!

Jorge— Yo sin embargo encontré en ti el apoyo que acompañó mi soledad.

Marta—Pues yo sufría viendo que te estabas ilusionando y no sabía cómo decirte que no sentía nada por ti.

Jorge—La verdad es que nunca pensé que me dejarías. Te veía tan cariñosa...

Marta—Querrás decir amable, porque no te di motivos para que pensaras otra cosa.

Jorge—El caso es que, cuando bailábamos tan apretaditos...

Marta—¡No me lo recuerdes, Jorge! Me dejaste los pies destrozaditos. Ya puedes ir a una Academia de baile, si quieres tener éxito con otra ingenua.

Jorge—Presiento que no voy a encontrar otra mujer como tú.

Marta—¡Que sí, hombre! Hay muchas mujeres en el mundo, además, ¿por qué no intentas volver con tu ex?

Jorge—¡Eso jamás! Después de conocerte a ti no hay otra que te iguale. Si no es contigo, no voy a salir con ninguna. Ya verás cómo me quedo soltero.

Marta—Ja, ja, ja. No será para tanto. Estoy convencida de que cuando acabe el confinamiento no vas a tener problemas. Nunca falta un roto para un descosido. Bueno, chaval, que tengas una buena tarde. Voy a ver si leo un poco.

Jorge—Gracias, Marta. Si eso, ya te llamo otro día.

Marta—Mejor no me llames, Jorge. No ahondes tu herida. Además ahora, por si las moscas, te voy a bloquear.  Que te vaya bonito. Adiós.

 

ACTO TERCERO

(A la derecha del escenario hay una joven en un balcón aplaudiendo a los sanitarios y moviéndose al ritmo de una música que anima a los vecinos)

 

Jorge— (llamando)

Inés— ¿Quién me llama?

Jorge—Buenas tardes, Inés. Hace varios días que  a las ocho te veo aplaudiendo a los sanitarios y le he pedido a tu vecino Rafa, el que pone la música, que me dijera tu nombre y me facilitara tu número de teléfono.

Inés—¡Qué sorpresa!

Jorge—Pues sí, Inés, es que me fijado lo bien que bailas. Lo mismo se te dan las rumbas que las sevillanas. Llevas el ritmo en las venas.

Inés—Pues sí, la verdad es que gusta mucho bailar,

Jorge— A mí me sucede lo mismo. Es mi pasión. Yo también me muevo con soltura.

Inés— Pues no he visto a ningún chico bailar en el balcón.

Jorge—Es que soy muy tímido. Mañana te saludo con la mano y me reconoces.

Inés—Vale. Me parece bien.

Jorge—La pena es que estemos confinados. Si no, podríamos salir.

Inés—Desde luego y también dar un paseíto.

Jorge—Eso está hecho, o mejor, eso estará hecho en cuanto podamos. Aunque pensándolo bien tú podrías salir ya. Eres una niña.

Inés—Guasón. ¿Ibas a hacer tú de papá?

Jorge—Por ti  hago lo que quieras, prenda.

Inés—Ja,ja,ja, Labia no te falta. Bueno, ya veremos.

Jorge—Si quieres, mañana te llamo y así matamos el tiempo. ¿Te parece?

Inés—De acuerdo. De cuatro a cinco es la mejor hora.

Jorge—Entonces, hasta mañana.

Inés— Bye bye,

Jorge— (Despidiéndose con la mano, mientras dice para sí) Otra que tengo en el bote. Esto es el no parar. ¡Cómo me harían mis padres tan guapo!

 

FIN

 


 

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario