domingo, 14 de junio de 2026

 

PASAJES DE “LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS” (117)

CAPÍTULO VIII

La Fiesta

 

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Sin más dilación, me levanté al momento para borrar de mi mente la odiosa imagen del grandullón y me dirigí al cuarto de baño, donde hube de hacer cola. El bisabuelo Damián, un adelantado a su época, al construir la mansión, dispuso que la habitación donde van a parar los desechos de la digestión, tuviera una amplia bañera, lo cual en aquellos tiempos suponía una gran innovación teniendo en cuenta que ni en ese verano ni mucho menos a principios de siglo, las casas disponían de agua corriente. Este problema fue solventado perforando el suelo en un extremo del jardín, hasta encontrar agua; una bomba conducía el agua a un depósito situado a una cota más elevada que la altura del tejado. Esto hacía posible que tanto en la cocina, como en el cuarto de baño, el agua fluyera con cierta presión. El problema del agua caliente se solucionaba calentando en la cocina bilbaína grandes ollas que las tatas vertían en la bañera para que luego, con el agua fría, cada uno hiciera la mezcla que le conviniera.

Limpio, desayunado y dispuesto a afrontar un día tan prometedor, aún tuve que esperar a que Tinín acabara con las tostadas, para vestirnos a un mismo tiempo con un conjunto idéntico para ambos, consistente en una camisa a rayas verde-azuladas y un pantalón corto de color verde más intenso. Ir demostrando al mundo que éramos hermanos por lucir idéntica vestimenta, hasta ahora no me había disgustado, pero hoy la situación era distinta teniendo en cuenta que mis piernas, de poco tiempo a esta parte, se iban cubriendo de delatoras hebras de pelo negro; por eso, antes de salir a la calle, ligeramente mosqueado, en cuanto vi a mi madre le dije:

―Mamá… ―indicando con el índice mi pelambrera.

Y ella, haciéndose cargo de mi situación, me susurró al oído con un cierto aire de complicidad:

―Sé que eres un hombre y deberías ir con pantalón largo, como Jeremías, pero tu padre no vería bien que desecháramos una prenda que está en buen uso. Te prometo que los próximos pantalones serán largos, como corresponde a un adulto, ¿de acuerdo?

―De acuerdo ―respondí a regañadientes para no disgustarla mientras contemplaba su esbelta figura vestida con sumo gusto con un traje azul cielo de cintura de avispa, que contrastaba con los guantes de tafilete y el velo, ambos de color negro.

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