domingo, 13 de septiembre de 2026

 

 FÁBULA DEL BOXEADOR NOQUEADO

 

 

Un crochet de izquierda después de dos directos a la mandíbula, fueron más que suficientes para mandar a Edmundo a la lona. El mundo se le hizo de noche después de aguantar una tremenda lluvia de golpes en los cuatro asaltos y minuto y medio que se mantuvo en pie, ante un rival que le aventajaba en envergadura y experiencia.

Como muchos de sus amigos, Edmundo, un chaval que habitaba en uno de los barrios periféricos de la ciudad, encontró en el gimnasio y, más concretamente en el boxeo, la válvula de escape para soñar con un futuro que le proporcionaría fama y dinero a raudales. Movido por este deseo, más que por una verdadera afición, se entregó a un entrenamiento diario agotador. Sus ansias de gloria se vieron reforzadas cuando, en los primeros combates de aficionados, resultó vencedor. No le faltaron cantos de aduladores que le hicieron saber, una y otra vez, que llegaría a ser el rey de los cuadriláteros. Tan sólo Tomás, un entrenador serio y competente, le hizo saber, en la intimidad, que por mucho que se entrenara, sus cualidades y sus reflejos no poseían el ADN de los campeones. Edmundo hizo caso omiso a esta recomendación y prosiguió su triunfal carrera, enfrentándose a rivales de escasa entidad, arropado por los incondicionales fans que le aclamaban en cada actuación. Los vítores quedaron tan impresos en su subconsciente, que terminó por creer que el nuevo nombre con el que fue bautizado, "Edmon Rock", era un talismán que amedrentaba a sus oponentes.

Tras dos combates amañados, "Edmon Rock" fue designado aspirante al título nacional de su categoría. Para ese combate se preparó a conciencia, no descuidando, en sus ratos libres, la visita a concesionarios de automóviles de gran potencia, a donde acudía acompañado por una cuadrilla que decían ser sus amigos; cuadrilla en la que no faltaban bellas mujeres.

Celebrado el combate y tras el K.O., que le produjo una hemorragia cerebral importante, permaneció varios días en coma, debatiéndose entre la vida y la muerte. Afortunadamente para él, salvó la vida, aunque las secuelas le apartaron definitivamente del mundo pugilístico. Durante la larga convalecencia en el hospital, tan sólo recibió la visita de Tomás, que no cesaba de animarle, y que se comprometió a ayudarle a encontrar un trabajo acorde con las mermadas facultades físicas con las que el púgil tendría que aprender a convivir desde entonces.

MORALEJA: Haz caso de los consejos de quien bien te quiere y desecha los de los aduladores.



 

No hay comentarios:

Publicar un comentario