domingo, 11 de mayo de 2025

 



CAMBIO DE SEXO

  (Obra teatral en tres Actos)

 

 

ACTO PRIMERO

(En una cafetería casi vacía)

 

PROTAGONISTA— Perdona, chico, que te haya citado a una hora tan intempestiva, pero necesitaba alguien que me diera su opinión sobre un tema que me angustia en los últimos tiempos y he pensado en ti porque me conoces desde niño.

AMIGO 1— No te preocupes por el madrugón. ¿Para qué estamos los amigos? Si te puedo ayudar, cuenta conmigo. Pero dime, ¿qué asunto te apremia tanto?

PROTAGONISTA— No me resultará fácil decirte lo que me pasa, porque además no estoy seguro de que puedas entenderme, pero lo intentaré. Verás, desde hace algún tiempo mis esquemas mentales se están desmoronando. No estoy tan contento como debiera con mi condición de varón. He perdido la pasión que sentía por mi novia; es más, quisiera ser como ella.

AMIGO 1— ¿Cuándo empezaste a sentir los primeros síntomas? ¿Cómo empezó todo? Es que me estás dejando de una pieza.

PROTAGONISTA— Ya lo vengo rumiando desde hace tiempo, pero últimamente siento una fuerza indescriptible que me empuja a querer tener los privilegios de que goza una mujer. Sin ruborizarme, me miro en los espejos con frecuencia, uso perfumes con esencias atrayentes y tengo que admitir que el rosa me gusta más que el azul.

AMIGO 1— Verdaderamente eso es bastante preocupante. Pero... ¿qué piensas hacer?

PROTAGONISTA— Creo que no voy a tener más remedio que cambiar de sexo.

AMIGO 1— ¡Eso es muy fuerte, colega!

PROTAGONISTA— Y tanto. Yo mismo estoy asustado. Sé que, aunque lo consiga, nunca podré llegar a ser madre, pero, al menos, podré entender qué es lo que pasa por la cabeza de las mujeres. Lo que ocurre es que no conozco a nadie que me pueda ayudar. Tal vez si tú supieras de alguien...

AMIGO 1— No sé, no sé... Déjame pensar. Quizás encuentre a alguien dispuesto a ayudarte. Lo que pasa es que así, tan de repente... Me encuentro impactado por la noticia. Si quieres hago alguna gestión y dentro de unos días quedamos aquí mismo; parece un lugar muy discreto.

PROTAGONISTA— Vale. Procura no tardar. Mi cabeza va estallar de tanta preocupación.

AMIGO 1— Descuida, te llamo y quedamos.

 

ACTO SEGUNDO

(En la misma cafetería, pocos días después)

 

AMIGO 1— Aquí te presento a este amigo que es de toda confianza. Trabaja en un hospital como cirujano y además es psicólogo. Es un experto en estos temas. Creo que él te puede ayudar.

PROTAGONISTA— Encantado de conocerle. Necesito una persona como usted que me ayude a superar las terribles incógnitas que se me plantean.

AMIGO 2— Tutéame, por favor, casi somos de la misma edad. Ya estoy informado de tu pretensión y, créeme, es un problema muy serio. Necesitas una preparación previa y pensar en los pros y los contras antes de tomar una decisión; luego ya no hay marcha atrás.

PROTAGONISTA— Supongo que sí, claro. Infórmame, por favor.

AMIGO 2— Antes de informarte, me gustaría saber qué es lo que bulle en tu cabeza para pensar en cambiar de sexo.

PROTAGONISTA— Ser mujer, pese a lo que se diga, es bastante mejor que ser hombre. Ellas pueden usar tanto falda como pantalón. En algunas oposiciones como para ser bombero o policía, las pruebas atléticas son mucho menos duras, y al final cobran lo mismo. No lo entiendo y me gustaría comprenderlo. ¡Quiero cambiar mi sexo cuanto antes!

AMIGO 2— A pesar de tus razonamientos, me parece que te estás precipitando en tu decisión.

AMIGO 1— Eso opino yo también. Piénsatelo un poco más.

PROTAGONISTA— ¿Pero por qué tiene que haber unas cuotas determinadas de mujeres a la hora de confeccionar listas electorales? ¿Por qué tenemos que cederlas el asiento en el bus? Es que no lo entiendo. El cambio de sexo me resulta imprescindible.

AMIGO 2— Tienes razón en algunas cuestiones, pero sigo creyendo que no son razones que justifiquen un cambio de sexo; de hecho, en todos los casos que he tratado, las motivaciones han sido muy diferentes. En cualquier caso, tómate un tiempo y si persistes en tu pretensión, te cito en mi clínica para realizar unos estudios previos y una analítica.

PROTAGONISTA— Así lo haremos. Muchas gracias. Nos vemos en la clínica, pues va a resultar muy difícil que cambie de opinión.

 

ACTO TERCERO

(En la clínica, tres semanas más tarde)

 

PROTAGONISTA— No entiendo nada de lo que está ocurriendo. Primero me han hecho un análisis de sangre y después he tenido que contestar a unas preguntas rarísimas.

AMIGO 1— ¿Pues qué te han preguntado?

PROTAGONISTA— Que si estaba seguro de que luego no podría ser padre. ¡Figúrate! Siempre he pensado en tener hijos con mi novia.

AMIGO 1— Ahora el que no entiende nada soy yo. Si decides cambiar el sexo, lo primero que te cortarán serán “tus cositas” (dice el amigo señalando el lugar en donde se encuentran “las cositas”)

PROTAGONISTA—¡Ahhhh! ¡Eso sí que no! No creo que para entender a las mujeres tenga que ser un eunuco.

AMIGO 1— Me parece que ya voy entendiendo. ¿Tú qué quieres, cambiar de sexo o cambiar de seso?

PROTAGONISTA— Yo lo que quiero es cambiar de mentalidad para poder entender a mi novia, que dice que el mismo derecho tiene ella a pasar una “tarde de chicas” que yo a irme al fútbol con los amigos.

AMIGO 1— ¡Acabáramos! Eso se llama cambiar de seso, de mentalidad. ¡Vaya días que me has hecho pasar! Y todo por no saber la diferencia entre sexo y seso.

PROTAGONISTA— Por favor, salgamos cuanto antes de esta clínica. Si no llega a ser por ti… Te prometo que serás el padrino de mi primer hijo.

AMIGO 1— Yo te prometo regalarte un buen Tratado de Gramática.

(Ambos amigos se funden en un gran abrazo).

 

FIN

 

 

 

jueves, 8 de mayo de 2025

 

PERTURBADORA PRIMAVERA

 

 

¡Cómo luce esa guirnalda de flores en tu cabeza!

Pareces tú misma, una bella flor

de esta primavera. Perfumadas las sienes

con esencias de jazmines y heliotropos, devuelves

vencedora y desafiante la mirada

a quien, como yo, se queda extasiado contemplándote.

 

La belleza siempre me ha fascinado,

pero no sabría decir, a ciencia cierta,

si me siento más atraído por la vorágine

de aromas y colores, o por esa tersa tez, cristalina

y brillante que envuelve tu rostro, despertando

el irrefrenable impulso de acariciarla.

 

Si quisieras dejar, bella mujer de ensueño,

que las yemas de mis dedos surcaran

torpes e indecisas el óvalo de tu faz,

tal vez pudiera revivir la olvidada primavera

de un corazón maltrecho y ajado por el tiempo.

 

Por un instante, regresaría al país de los sueños.

Por un momento, perdería la conciencia

del tiempo transcurrido, para que en este mayo

y en plena primavera, resurgiera

en mí, el impuso enérgico y juvenil de un Neptuno,

señor de ninfas y náyades, aunque, después, al despertar

a la dura realidad, sintiera la frustración de lo inalcanzable.


Fotografía de David Dubnistkiy

domingo, 4 de mayo de 2025

 

LA ELECCIÓN DE UN PONTÍFICE

 

 

La Iglesia de Roma estaba vacante. Tras la muerte del último Papa y sus tradicionales exequias, los Cardenales, algunos venidos de remotos lugares del planeta, aprovechaban sus días de estancia en el Vaticano para conocerse, cambiar impresiones y reunirse en Congregaciones Generales en donde obtenían información sobre la situación de la propia Iglesia, sus retos y la orientación con la que afrontar las circunstancias en las que se vería implicada una Institución secularmente rígida, ante los desafíos de los nuevos tiempos.

En un clima fraternal y distendido, los cardenales parecían estar de acuerdo en que el Cónclave, en el que únicamente podrían participar los purpurados menores de ochenta años, sería de corta duración y que pronto podrían regresar a sus Sedes en donde habrían de poner en marcha las nuevas directrices del que finalmente resultara elegido.

Iniciado el Cónclave y, consecuentemente, las votaciones, a nadie extrañó que, tras los dos primeros días, la fumata negra indicara que ninguno de los votantes había obtenido el apoyo de los dos tercios de sus compañeros para obtener el Papado. Así, pasaron algunos días, mientras, el humo negro certificaba, varias veces al día, el desacuerdo.

En la Capilla Sixtina crecían las posiciones enfrentadas y parecía imposible, a corto plazo llegar al consenso. Fue entonces, cuando uno de los asistentes pidió la palabra. Se trataba de fray Timoteo, un cardenal perteneciente a la Orden de Predicadores, elevado a la categoría de Príncipe de la Iglesia sin haber sido antes Obispo. Al parecer, tal distinción se debió al hecho del haber impartido, por dos veces, un retiro al Colegio Cardenalicio donde expuso sus ideas acerca de la Sinodalidad, tesis que agradaron sobremanera al Pontífice recién fallecido.

“¿No os sentís incómodos— afirmó fray Timoteo—porque no hayamos podido alcanzar un acuerdo después de varios días de deliberaciones? El pueblo de Dios se preguntará, si acaso, no estamos tan divididos como los no creyentes que persiguen el poder por el poder”.

Se hizo un profundo silencio tras el cual el purpurado continúo diciendo: “Os conmino a que mañana, a más tardar, nombremos al sucesor de Pedro”.

“Me parece muy oportuna vuestra reflexión—comento el Camarlengo— . Y, en consecuencia, propongo como candidato a vuestra eminencia”.

“Esa opción parece disparatada—replico fray Timoteo—Soy de los últimos en llegar al cardenalato y ya tengo setenta y nueve años, con lo que la probabilidad de llevar a término tareas importantes, parece poco probable”.

“El tiempo no existe para Dios—aseveró el Camarlengo—El Papa Juan XXIII es un buen ejemplo de ello”.

Celebrada la votación, el Cardenal Timoteo obtuvo la mayoría necesaria. Al ser preguntado sobre el nombre elegido para su Pontificado, sin titubear afirmó: “Pablo VII”.

El público congregado en la Plaza de San Pedro prorrumpió en una gran ovación al advertir que era la fumata blanca la que salía de la chimenea.

 

 

jueves, 1 de mayo de 2025

 

HAIKUS FLORALES

 

 

Las margaritas

son cuadros de meninas

recién pintados.

 

Días lluviosos,

siguientes soleados.

¡Ya viene mayo!

 

Fluyen arroyos

crecidos por el agua

de la tormenta.

 

El sol te brinda

más oportunidades

de puro gozo.

 

Atardeceres

dorados son las joyas

del postrer día.

 

 

 

 

domingo, 27 de abril de 2025

 

LA VIDA DE MAGÍN PUERRO

-XXII-

 

Todos contentos, la Ana

fue la única que dijo

que tal vez fuera prolijo

esperar que el casamiento

se retrasara. ”Lo miento…

¡por si esperaran un hijo!”

 

 

Sin recabar opiniones,

­don Cosme fijó la fecha

enseguida, pues la mecha

de la pasión consentida

no debe verse encendida

sin estar la boda hecha.

.

 

María y yo comentamos

de manera sosegada

cómo de forma pactada

se concertó nuestra boda

por la iglesia como toda

unión de amor bien gestada.

 

 

No teníamos padrinos,

ni aros de compromiso,

ni papeles, ni permiso

para podernos casar

tuvimos que postergar.

tanto boda como guiso.

 .

 

Poco gustó al sacerdote

retrasar la ceremonia,

pues ya pasó con Antonia

que cada año decía

que pronto se casaría

más, ni arroz ni ceremonia.

jueves, 24 de abril de 2025

 

LA GRANDEZA DEL MAR

 

 

Tengo ante mí

un mar abierto, voluptuoso,

encrestado de plata,

grandiosa plataforma

de azules ondulantes.

Nace de su seno una fuerza

inmensa, contagiosa,

que me anima a creerme poderoso

viéndole desde la playa,

en donde reposa mi alma

malherida, llagada por el dolor acumulado

de los días inciertos.

Me asombra la humildad

con la que se tiende a mis pies

y saludo con una sonrisa

el reflejo irisado de su cara amable

bajo un sol que reverbera

juguetón en el horizonte.

Hoy, más que nunca, quisiera ser mar,

mostrarme plácido o embravecido a voluntad,

siempre seguro, como él, del enorme potencial

que atesoran sus entrañas.

Hoy, más que nunca, quisiera sumergirme

en su elemento, nadar hasta alcanzar

la costa acantilada en donde 

encontrar ¡al fin! la presencia anhelada

de una diosa que repare de mi alma, la sustancia.

 

Fotografía de Joaquín de Jaudenes Ortuño

domingo, 20 de abril de 2025

 

RESURRECCIÓN

 

 

Percibo una luz difusa y sutil que me atrapa

y que penetra hasta “mi yo” desconocido

sumiéndome en la reflexión y en la zozobra,

pues agita los pilares de todo cuanto creo.

No tiene voz y me habla de lo eterno,

no es flor y desprende  aquel aroma

tan distinto al de un cuerpo putrefacto.

Me ofrece una escalera helicoidal

por la que subo y bajo

desde la Tierra al Cielo.

Cuando asciendo por ella,

cantan los pájaros internos,

aquellos que alegran la mañana

colmando de amor todo lo que alcanzo a imaginar.

Otras veces, las nubes me impiden comprender

tan gran misterio, aunque soy consciente de que mi vivir

no es casualidad, sino rescate del abismo.

¿Habrá resucitado?

¡Qué otra cosa podría explicar esto que siento!

 

 

 

 

 

jueves, 17 de abril de 2025

                                     
                                                 
EL ENCUENTRO

 

 

Cuál suave bálsamo que alivia el cuerpo seco,

Jesús encuentra en María, el Cielo abierto.

Por un momento, el dolor pasa deprisa,

una mirada de Amor es una brisa

que da fuerzas a un cuerpo medio muerto.

 

Arriba el sol, abajo dura piedra,

cerca el monte del dolor supremo

donde espera la soledad agónica…

Y la mirada maternal impulsa

a dar un paso más para cumplir

la voluntad divina.

¡Para todos habrá la salvación eterna!

 

El cielo rasgado, oscurecido

ve brotar del Redentor sangre y agua.

Todo está cumplido.

 

Cuando el Señor me llame, estoy bien cierto.

María, Madre de Amor, saldrá a mi encuentro.

 

 

 

domingo, 13 de abril de 2025

 

EL MILAGRO DE FRAY FLORIÁN

 

Sosteniendo a duras penas un caldero de cinc en su mano izquierda, ladeando el cuerpo hacia el lado derecho para que actuara de contrapeso, fray Florián caminaba lentamente hacia el surco donde  las lechugas esperaban, expuestas al sol de la tarde, el agua que las aportara los nutrientes y el frescor necesario para su supervivencia. Tras sufrir un ictus cerebral, había perdido sus portentosas dotes para la oratoria  y buena parte de la agilidad física y mental que le acompañaran tiempo atrás, y se refugiaba en los quehaceres de hortelano como un medio, pensaba, de contribuir  en lo posible al sostenimiento de la economía conventual.

En sus muchas idas y venidas por la huerta, en completa soledad, repasaba con minuciosidad su vida religiosa, alegrándose de los momentos felices disfrutados junto a sus hermanos y lamentándose, en ocasiones, de los fallos cometidos, de los que se arrepentía sinceramente. Sin embargo, tres hechos se habían grabado en su mente, de tal manera, que no conseguía apartarles de su pensamiento ni aún en los momentos de mayor recogimiento, y que correspondían a tres momentos en los que fue fuertemente tentado.

El primero de ellos sucedió a los pocos meses de su ordenación sacerdotal. Una joven bellísima, que se confesaba habitualmente con él, le manifestó abiertamente, en una ocasión, estar perdidamente enamorada de él, proponiéndole que colgara los hábitos. Fray Florián desechó de plano el ofrecimiento, pero no pudo evitar un sentimiento de tristeza al escuchar los sollozos de la joven al verse rechazada.

A punto de cumplir los cuarenta, cuando gozaba de una bien ganada fama de teólogo y predicador, recibió una visita secreta de quien dijo ser un enviado papal. Le ofrecía recalar en Roma como asesor, en donde tendría una vida muy tranquila y la posibilidad, no lejana, de convertirse en Príncipe de la Iglesia. “No he tomado los hábitos de fraile para vivir una vida regalada” fue su contestación. Pesaroso, comprobó cómo el enviado papal abandonaba la estancia, contrariado.

Sin dejar de acarrear el líquido elemento, el fraile recordó un tercer acontecimiento que acudía a su mente con la misma intensidad y frecuencia que los otros dos. Ocurrió hacía tan sólo unos años, cuando siendo Síndico Provincial escuchó la pretensión de un contratista, ofreciéndole una suculenta cantidad de dinero a cambio de que todas las obras que se realizaran en los conventos, fueran adjudicadas a su empresa. Fray Florián le despidió con cajas destempladas, pero no pudo evitar un cierto pesar cuando el desaprensivo contratista le justificó su intento de soborno en la necesidad de alimentar a su numerosa familia.

Desde entonces, fray Florián rezaba cada día por la bella joven, por el enviado pontificio y por el contratista, por si en algo les hubiera ofendido, a pesar de estar convencido de que con ellos había actuado correctamente. En esta plegaria estaba, cuando sintió girar la huerta a su alrededor, y trompicándose, cayó al suelo con tan poco aliento que no pudo pedir ayuda. Fue entonces cuando una figura de aspecto horripilante se interpuso entre su vista nubla y el sol.

—¡Maldito seas fray Florián! —dijo, lanzando por la boca llamaradas de fuego—. Hoy mismo vas a morir y siento no poder llevarte conmigo a los avernos. Cuantas veces he intentado que sucumbieras ante mis proposiciones; he fracasado. De nada me valió tentarte bajo la apariencia de una mujer hermosa, en los años de tu vigor juvenil. Tampoco tuve suerte al ofrecerte la dignidad de un Príncipe de la Iglesia, cuando me presenté ante ti revestido de delegado pontificio y ni siquiera mostraste interés por el dinero, aún cuando intente socavar tu entereza  presentándome como un padre de familia necesitado. Por todo ello te odio y vas a tener la peor de las muertes. ¡La que te mereces!: una muerte en soledad, abrasado por el sol, sin recibir el consuelo de la unción de los enfermos.

Dicho lo cual, la sombra funesta desapareció.

Cuando fray Florián agonizaba, mentalmente invocó a la Virgen: “Reina de la Orden de Predicadores, ruega por nosotros”. Al instante, percibió el consuelo de los brazos amorosos de la Virgen del Rosario: aquella que presidia el altar al que dirigía a diario sus rezos, y se sintió aliviado por una frescura sin igual y por un amor que transportaba su espíritu a un gozo indescriptible.

En la huerta, mientras los frailes del monasterio se lamentaban por la pérdida de uno de los suyos, un aroma finísimo, mezcla de narciso y de alhelí, brotaba del brocal del pozo, allí donde cayera desvanecido fray Florián.

 

 

 

 

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jueves, 10 de abril de 2025

 

EL HOMBRE DE LAS DIEZ NOVIAS

(Obra teatral en tres Actos)


 



 

ACTO PRIMERO

(En la consulta de un psiquiatra)

 

PSIQUIATRA XXX— Buenas tardes. Sea bienvenido, señor paciente; acomódese en el diván, relájese y dígame todo aquello que le preocupa y que ha motivado esta consulta.

PACIENTE— Verá, doctor, el caso es que me da mucha vergüenza, pues son temas muy íntimos que pertenecen a mi anterior vida amorosa. ¡Si mi mujer supiera que estoy en su despacho...!

PSIQUIATRA XXX— En ese sentido no tiene por qué preocuparse. Mi secreto profesional me obliga a no difundir quienes son mis pacientes, ni lo que aquí se diga, sin embargo, le advierto que toda la conversación quedará grabada para poder escucharla de nuevo; esto me ayudará a emitir un mejor diagnóstico.

PACIENTE— Siendo así...

PSIQUIATRA XXX— Comience, por favor.

PACIENTE— Ejem ejem. Dudo si no estaré cayendo en algún tipo de locura, pero desde hace algún tiempo me suceden cosas muy extrañas. Cuando me acuesto, caigo en un profundo y repetitivo sueño en el que me siento acompañado por todas las novias que tuve hace años. He de decirle que en mi juventud viví una sucesión de malos hábitos con mujeres de moral licenciosa y, ahora, revivo esos momentos de pasión desenfrenada y alocadamente feliz, disfrutada en cada uno de esos noviazgos, pero, si cabe, en una atmósfera de idílica placidez, con sensaciones más intensas y agradables de las que gocé en su momento. Cada noche pienso en Sandra, Merche, Lidia... todas son protagonistas de mis sueños y me hacen disfrutar lo inimaginable.

PSIQUIATRA XXX— Cuente, cuente...

PACIENTE— No me resultará fácil narrarlo, pero lo intentaré. En ese mundo imaginario, todo es felicidad. Las mujeres me complacen como odaliscas, los colores son sorprendentemente intensos, una música embriagadora acompaña cada una de nuestras acciones en escenarios suntuosos especialmente diseñados para nosotros... Al despertar, mi casa me parece poco menos que un establo y mi mujer..., ¡pobrecilla!, sufre muchísimo, porque al parecer pronuncio en sueños el nombre de alguna de mis antiguas novias. Ella sabe que antes de conocerla tuve algunas novietas, pero ignora que fueron tantas y desconoce, por supuesto, los escabrosos detalles de esas relaciones.

PSIQUIATRA XXX— Me parece interesantísimo su caso. Si le parece, entremos en materia: cuénteme esas experiencias; algunas veces, al contar el obsesivo sueño, éste desaparece.

PACIENTE— Esperemos que así sea, doctor. Verá, la primera aventura fue con Sandra. Recuerdo el viaje tan maravilloso que nos llevó a disfrutar una semana entera en una suite de un hotel de Ibiza, desde el que se dominaba toda la costa. Ella me besaba a cada instante y......... (media hora más tarde)......... Fue extraordinario el baño que nos dimos a la luz de la Luna, después....... (una hora más tarde)....... Entonces me desperté y el embrujo de lo soñado desapareció, porque me vi zarandeado por mi mujer, que me preguntaba sobre la Sandra en cuestión. De maravilloso sueño, pasé a tener, despierto, una pesadilla.

PSIQUIATRA XXX— Me parece tan interesante todo lo que me ha contado que le cito para la próxima semana y le reservo la tarde entera.

PACIENTE— Pero eso me costará un montón de dinero, ¿no?

PSIQUIATRA XXX— Por el dinero no tiene por qué preocuparse: le cobraré como una sesión normal. Espero, impaciente, el martes próximo. Que tenga una feliz semana.

PACIENTE— Adiós, doctor, y gracias.

 

ACTO SEGUNDO

(En el mismo escenario, una semana más tarde)

 

PSIQUIATRA XXX— ¿Qué tal? ¿Todo bien?

PACIENTE— Buenas tardes, doctor. Desde la anterior sesión he notado un cambio sustancial. Sandra ha desaparecido de mis sueños y ya solo imagino lo sucedido con las otras nueve novias.

PSIQUIATRA XXX— Parece que la terapia va dando sus frutos. Pero no perdamos tiempo, continúe su interesante relato hablándome de su segunda novia.

PACIENTE— Merche tenía una sonrisa encantadora y un busto imponente. Su pasión era el baile, en concreto, el tango. Nos fuimos a Argentina. Allí bailamos.............. En las Cataratas de Iguazú nos ocurrió algo maravilloso, cuando.............. De regreso en el aeropuerto, desperté del sueño y me encontré con mi mujer. ¡Qué despertar tan amargo!

PSIQUIATRA XXX— Dejemos la realidad y regresemos a los sueños. ¿Qué sucedió con Lidia, que creo fue su tercera novia?

PACIENTE— Lidia, era rubita pero, ensoñándola, su cabello relucía como el mismo sol. No era excesivamente cariñosa, pero recorriendo con ella la fría noche de Moscú, sus brazos y su cuerpo me proporcionaban el calor necesario, es más, en un momento en que........... después, visitando en San Petersburgo el Hermitage, vi que tenía un cuerpo exactamente igual que la Afrodita de uno de los cuadros que allí se exhiben, fue entonces cuando................ Al final, sentí frío y grité: ¡Lidia! ¡Lidia! y me desperté totalmente destapado. Mi mujer empleó esa artimaña para que dejara de gritar su nombre.

PSIQUIATRA XXX— ¡Qué sueños tan apasionantes! Continúe, por favor, con el resto de sus compañeras sentimentales.

PACIENTE— En el Festival de Río disfruté lo indecible con Yolanda, mi cuarta novia en el sambómetro...................... (dos horas más tarde)............................... Antonella, la séptima, era una bella siciliana, juntos recorrimos Palermo............... (tres horas más tarde).......................... Comiendo percebes en las Rías Baixas con Maruxa, mi décima novia, me despertó mi mujer. En esta ocasión no pronuncié el nombre de mi amor gallego pero, al parecer, proferí quejidos de placer. Me libré de la bronca pretextando haber cenado mucho.

PSIQUIATRA XXX—Bien, bien, mi querido amigo. Creo que ya tengo material suficiente para emitir un juicio, Estoy convencido de que su caso pertenece a un tipo de sueño obsesivo que se cura sin medicación. Al contármelo, usted se ha liberado de su ajetreada vida anterior. Debe estar tranquilo y hacer cenas muy ligeras, ya verá como esos sueños desaparecerán. Le cito para dentro de cuatro semanas y ya me cuenta su evolución. Le cobro la tarifa normal, son doscientos euros.

PACIENTE—Gracias, doctor. Nos vemos en un mes.

 

ACTO TERCERO

(En el mismo escenario, un mes después)

 

PSIQUIATRA XXX— ¿Qué tal, amigo?, ¿Cómo fue todo?

PACIENTE— ¡Genial! ¡Increíble, doctor! No he vuelto a tener aquellos sueños de recuerdos tan pecaminosos.

PSIQUIATRA XXX—¿No se lo dije? El suyo era un caso muy fácil de diagnosticar y de curar.

PACIENTE— Le estoy muy agradecido, doctor. No solo ha curado mis sueños obsesivos, sino que la felicidad ha vuelto a mi matrimonio. Mi mujer me quiere como cuando nos casamos. Cree ser mi primer amor, han desaparecido sus celos y, por mi parte, ahora vivo el amor verdadero, nada de tonterías en sueños imposibles.

PSIQUIATRA XXX— Me alegro mucho, joven. Está usted totalmente curado, Le doy el alta y si volviera a las andadas, cosa que no creo, ya sabe dónde me tiene. Por cierto, son doscientos euros.

PACIENTE— Gracias, doctor. Sus honorarios me parecen ajustados. Lo que ha hecho usted por mí no tiene precio, Gracias, muchas gracias

 

FIN

 

 

Una vez caído el telón una voz en off comunica al auditorio que, un año más tarde, el Psquiatra XXX, resultó ser el ganador del Concurso Literario más importante de España de Relatos de Amor, por su novela titulada: "El hombre de las diez novias"

 

 






 

domingo, 6 de abril de 2025

 

SUEÑOS (IV)

 

Durante mi infancia y adolescencia, tuve un amigo con el que tenía una amistad muy sólida hasta el punto de salir en pandilla con él en los años en que ambos éramos universitarios y coincidíamos en multitud de ocasiones aunque no estuviéramos estudiando la misma Carrera.

Algo muy gordo debió de ocurrirle, pues al finalizar sus estudios despareció de la ciudad sin despedirse de nadie y sin dejar rastro. Totalmente preocupado al principio, y siempre picado por la curiosidad, pregunté por él a amigos comunes y solo llegué a saber, en qué ciudad estaba trabajando, que se había casado y poco más. Hace dos años, de manera casual, me llegó la noticia de su fallecimiento, hecho que sentí y que puso fin a mi deseo de encontrarme algún día con él y poder aclarar la misteriosa desaparición ocurrida cincuenta años atrás.

Hace unos días soñé con este amigo. Físicamente no se parecía en nada, pues habiendo sido de estatura muy parecida a la mía, ahora me sacaba más de veinte centímetros. En el sueño, ambos éramos jóvenes ( de unos dieciocho años) sin embargo hablábamos como si tuviéramos la edad actual. Le pregunté por sus padres y me contestó que su madre había muerto, dando por sentado que su padre le había precedido. Aunque estaba extrañado por su presencia no se me ocurrió preguntarle por el motivo de su enigmática desaparición, al contrario, hablábamos con la cordialidad con lo que lo hacíamos años atrás. Después, fuimos a uno de los pisos en los que habitó cuando estudiábamos bachillerato. Era, evidentemente, su piso, pero la distribución de las habitaciones no se correspondía con la realidad. Con la misma afabilidad con la que apareció en sueños, despareció con el sol mañanero que entraba por la ventana despertándome.

Sigo interesado en contactar con algún amigo común que me pueda informar sobre su vida. Mi curiosidad no tiene límites.

 

jueves, 3 de abril de 2025

 

HAIKUS DEL TIEMPO INESTABLE

 

 

Miles de gotas

inundan los senderos

de mis paseos.

 

Se adivinan

en esta primavera

menos gorriones.

 

Mañana fría,

templado mediodía

hasta la noche.

 

Humildes flores.

Nace la primavera

de mil colores.

 

El olmo seco

está reverdecido,

dijo Machado.

 

Fotografía de Nicolás Ventosa López