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domingo, 26 de abril de 2026

 

SUEÑOS (V)

 

Por las miradas que dirigí al reloj que tengo en la mesilla, puedo asegurar que este sueño se produjo entre las 7 y las 9 de la mañana, aunque al despertarme, tuviera la sensación de haber durado mucho más tiempo.

En el sueño, no tendría más de veinte años y junto a unos amigos íbamos en coche a Madrid a una boda que debía de celebrarse por la tarde. Por una extraña razón decidimos esa misma mañana dirigirnos a una ciudad cercana (¿Aranjuez?, ¿Toledo?) a pasar momentos de disfrute.

Tampoco puedo aclarar el motivo por el que cerca de esa ciudad me bajé del vehículo a comprar algo, quedando en reunirme, más tarde, con mis amigos. Solo y en la ciudad transité por calles estrechas abarrotadas de público durante un buen rato sin poderles encontrar. Fue entonces, cuando comenzó mi desasosiego. Ante la imposibilidad de localizarles decidí buscar indicadores que me señalaran la salida hacia Madrid y regresar a tiempo para la boda. ¡Vano intento! Me había perdido en algún barrio periférico y era imposible encontrar alguna calle o avenida que me señalara la dirección correcta. Al fin, después de mucho andar golpeándome con los transeúntes, divisé una barriada de edificios de moderna construcción y sospeché que hallaría la solución fácilmente, pero mi decepción fue máxima al comprobar, que la avenida en la que se encontraban esas edificaciones, se interrumpía bruscamente con una montaña.

Tuve que dar la vuelta y de nuevo sumergirme en las calles antes pateadas buscando, desesperadamente, una salida a mi preocupante situación.

Poco menos que llorando me encontré con un matrimonio y un hijo de corta edad a los que pedí auxilio. El hombre, muy atento, se ofreció a sacarme del embrollo, pero cuando me las prometía muy felices, el hombre pareció desconcertado y tan perdido como yo. Completamente angustiado pensé que de ningún modo llegaría a tiempo a la boda.

Fue un alivio despertarme y comprobar que todo había sido un sueño.

Como en otras ocasiones, se admiten interpretaciones a este sueño. Gracias anticipadas.

 

domingo, 6 de abril de 2025

 

SUEÑOS (IV)

 

Durante mi infancia y adolescencia, tuve un amigo con el que tenía una amistad muy sólida hasta el punto de salir en pandilla con él en los años en que ambos éramos universitarios y coincidíamos en multitud de ocasiones aunque no estuviéramos estudiando la misma Carrera.

Algo muy gordo debió de ocurrirle, pues al finalizar sus estudios despareció de la ciudad sin despedirse de nadie y sin dejar rastro. Totalmente preocupado al principio, y siempre picado por la curiosidad, pregunté por él a amigos comunes y solo llegué a saber, en qué ciudad estaba trabajando, que se había casado y poco más. Hace dos años, de manera casual, me llegó la noticia de su fallecimiento, hecho que sentí y que puso fin a mi deseo de encontrarme algún día con él y poder aclarar la misteriosa desaparición ocurrida cincuenta años atrás.

Hace unos días soñé con este amigo. Físicamente no se parecía en nada, pues habiendo sido de estatura muy parecida a la mía, ahora me sacaba más de veinte centímetros. En el sueño, ambos éramos jóvenes ( de unos dieciocho años) sin embargo hablábamos como si tuviéramos la edad actual. Le pregunté por sus padres y me contestó que su madre había muerto, dando por sentado que su padre le había precedido. Aunque estaba extrañado por su presencia no se me ocurrió preguntarle por el motivo de su enigmática desaparición, al contrario, hablábamos con la cordialidad con lo que lo hacíamos años atrás. Después, fuimos a uno de los pisos en los que habitó cuando estudiábamos bachillerato. Era, evidentemente, su piso, pero la distribución de las habitaciones no se correspondía con la realidad. Con la misma afabilidad con la que apareció en sueños, despareció con el sol mañanero que entraba por la ventana despertándome.

Sigo interesado en contactar con algún amigo común que me pueda informar sobre su vida. Mi curiosidad no tiene límites.

 

jueves, 27 de junio de 2024

 

SUEÑOS (III)

 

Puede que haya sido solo coincidencia, o tal vez, consecuencia de los momentos de intensa actividad literaria que estoy viviendo en los últimos tiempos, pero el caso es que el sueño que he tenido esta noche tiene mucho que ver con mí trajinar literario.

En un pueblo, bien identificado y conocido por mí, monto el negocio de una librería. Es un pueblo de muy pocos habitantes que no posee más tienda con cierta prestancia que la mía, y que está instalada en un callejón en donde el escaparate ilumina toda la calle. Los habitantes del lugar se agolpan el día de la inauguración a sus puertas indicándome algo que ya sé: que es la única librería instalada en el municipio y que me va a resultar difícil vender algunos ejemplares, pero yo me siento orgulloso  de la hazaña cultural realizada y estoy seguro del éxito.

Siguiendo con el tema, pero en un ambiente totalmente diferente (en los sueños todo es posible) me encuentro en un amplio portal de un gran edificio. Allí ofrezco mis libros a todos los que van a tomar el ascensor, muchos de los cuales hojean mis publicaciones. Permanezco en el lugar hasta bien entrada la noche. A última hora, una joven penetra en el amplio hall con intención de llegar a su vivienda, pero no me acerco a ella por temor a asustarla.

Al regresar a mi establecimiento primitivo observo como el escaparate está tan sucio como el callejón y se encuentra totalmente ennegrecido. Siento desilusión por el fracasado proyecto, justo en el momento en que me despierto.

Ya consciente, me sorprende que lo que acabo de soñar guarda cierta similitud con la película “La librería” cuya crítica realicé en este mismo blog el 26-X- 2017. ¿Coincidencias?

jueves, 4 de abril de 2024

 

SUEÑOS  (II)

 

Después de un largo viaje, al regreso de vacaciones, he cogido con gusto la cama y puedo decir que he tenido un sueño plácido y sobre todo, que, al despertar, he recordado con nitidez lo soñado, lo que no siempre ocurre.

Sin solución de continuidad, he tenido dos episodios totalmente distintos, con personajes diferentes y ambientes totalmente contrapuestos. En el primero de ellos, me encontraba en un pueblo bien reconocible en donde entablaba conversación con una joven y su marido a los que hace tiempo que no veo, pero que hace bastantes años formaban parte de mi círculo habitual de amistades. Ellos me preguntaban que si les acompañaba a la capital para participar en una tractorada, a la que yo respondía diciéndoles que acudiría más tarde y además que iría andando desde ese pueblo que dista aproximadamente 20Km. de la ciudad. Lo sorprendente era que pensaba hacerlo empuñando en ambas manos un cepillo y un recogedor (¿?).

En el otro episodio, mi mujer y yo, elegantemente vestidos, penetrábamos en una joyería con intención de comprar y mientras yo me entretenía observando los artículos expuestos en las vitrinas, mi mujer iba colocando en sus dedos una gran cantidad de sortijas. A la hora de pagar el joyero (un hombre de mediana edad y desconocido para mí, pero que me trataba con familiaridad) nos ofrecía su despacho que se comunicaba mediante una ventana con el establecimiento.

Para que la transacción fuera lo más discreta posible, corrió la cortina que nos aislaba visualmente de su comercio. Delicadamente, pero con firmeza, despojó de bastantes sortijas los dedos abigarrados de oro de mi mujer, mientras comentaba: "Este no le va bien", "este es demasiado grande" o "este no se lleva esta temporada", hasta conseguir que pocas sortijas permanecieran en los dedos de mi señoa. Después comentó: "Si yo fuera como los demás joyeros, no hubiera actuado así, pues a mayor venta más ingresos, pero soy un profesional y la elegancia debe de estar por encima de las ganancias".

Agradecido, le pedí el importe que debía, a lo que respondió sin vacilar: 400.000 euros.

La sorpresa que me llevé fue mayúscula, pues mi posibilidades excedían con mucho esa cantidad. Una risotada enorme salió de su boca en tanto me aclaraba que se trataba de una broma. "Perdón—dijo—,quítele dos ceros. Solo son 4.000 euros". Aliviado, yo también reí y me desperté. El reloj marcaba las 6,05h. Después seguí durmiendo, plácidamente, unas cuantas horas más.

 

 

 

 

jueves, 7 de diciembre de 2023

 

SUEÑOS  (I)

 

 

Estoy en Salamanca. En una habitación de estudiante no muy bien ordenada, me encuentro medio vestido y con una gran agitación. La causa de mi desazón no es otra que la de ir a la Facultad de Farmacia para asistir a clase de Microbiología. Este curso, solo me he matriculado en dos asignaturas, la otra no la podría decir. La programación debe estar avanzada y yo he asistido a una única clase, hace bastante tiempo… Ahora me vienen las prisas para recuperar el terreno perdido con un profesor que es una eminencia en la materia y muy exigente.

Busco, desesperadamente, el libro y los apuntes. No los encuentro. Uno de mis hermanos se presta a ayudarme, pero el libro no aparece, aunque sí los apuntes del día  que recibí clase y que apenas son unas cuantas líneas que no me indican nada de por dónde va la explicación.

Antes de dirigirme a la Facultad, termino de acicalarme. Me miro en el espejo y aparezco como un muchacho agraciado de unos veinte años con abundante cabello; cabello al que peino con exquisito cuidado, Visto camisa blanca con corbata y chaqueta blazer azul marino. Me siento atractivo y pienso que causaré una gran impresión entre las féminas.

El interior de la Facultad es amplio. Posee una enorme escalera barroca y las puertas que dan acceso a las aulas son de gran tamaño y bellamente talladas. Por los pasillos hay varios grupos de alumnos que charlan con sus profesores. No sé dónde dirigirme y pregunto al que parece ser un profesor. —“Soy de 3º. ¿Cuál es mi aula ”—le digo. “En el piso de arriba”—me responde.

Asciendo trabajosamente por la amplia escalera de pétreos peldaños y ante la puerta de acceso al aula un hombre alto y fuerte me cierra el paso, e intercalando enormes risotadas, me dice: “Hoy no hay clase. Se ha descubierto la verdad. El profesor es un alcohólico al que ahora mismo se llevan al hospital”. Escucho la sirena de la ambulancia.

Me despierto.


Fotografía de Ángeles Rebollo Hernández