domingo, 24 de marzo de 2019



FLORECIDA PRIMAVERA

Te vi abriéndote entre flores,
primavera del alma florecida,
una mañana que el sol templaba
el aire, templado el corazón en melodías.

Tenía veinte años, lo recuerdo,
tú, algunos menos ; sin apenas conocerte, te quería
pues ya sabes que el amor es un presagio,
como el devenir de la muerte, se adivina.

El aroma del campo y tu presencia
era el bien, en ese instante, apetecido.
A bocanadas aspiraba el aire puro
por si calmaba mi deseo de abrazarte
antes que surgiera la tarde
y después la negra noche
lacerara mi esperanza primera,
flor tentadora de fragancia
o, quizás, ilusión pasajera.

Primavera de amor ¡qué etérea eres!
revestida de hada pasas cerca
y al aprehenderte,
escapas dejándonos
el velo perfumado, el sueño,
quimera o fantasía, de poder imaginarte
toda plena a la luz que acaricia
y que no quema.

Uno tras otro, vuelan a mi alrededor
los abejorros libando el néctar
que aspiraba a retener en mi boca
la tuya;
una tras otra
ven mis ojos pasar las flores nuevas.
Es un delirio de imágenes vistosas
las que desfilan ante mí:
sugerentes azaleas, jazmines, rosas...
y al igual que Lakmé: " sobre la orilla de flores
en esta fresca mañana, me deslizo suavemente
por la corriente fugaz hasta ganar la otra orilla
en donde el pájaro canta."

Fotografía de Juan Jesús García Visa





jueves, 21 de marzo de 2019



PASAJES DE "CÉCILE. AMORÍOS Y MELANCOLÍAS DE UN JOVEN POETA" (55)

CAPÍTULO VII
La sanación
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A bote pronto, pensé decir: “las maracas”, un regalo de tía Gertru, con las que acompañaba, a veces, las canciones de Machín que tanto gustaban a tata Lola, pero me pareció harto vulgar la respuesta en un ambiente tan distinguido y decidí contestar con una frase que hiciera honor a mis progenitores, porque no en balde poseía genes de materna humildad en la misma proporción que otros de prepotencia paterna.
―No, no toco ningún instrumento porque no sé ni siquiera solfeo, pero no lo considero imprescindible. Ya he compuesto varias canciones, entre ellas un villancico que conoce Daniel.
―Mais... vous êtes un génie! ―exclamó mi anfitriona―. Ahora comprendo la admiración que despiertas en Cécile. Ella me habla constantemente de ti y de tus ocurrencias. Puesto que no sabes solfeo, si lo deseas, yo podría plasmar en una partitura tu villancico.
―De acuerdo ―respondí agradecido―. A Cécile también le hará mucha ilusión.
―Mi hija está francamente ilusionada contigo. Espero que con el tiempo seáis grandes amigos, aunque por el momento, dada vuestra juventud, os recomendaría a ambos paciencia. Desearía que, una vez disfrutadas las vacaciones y reiniciado el curso, espaciarais vuestros encuentros y no os vierais, salvo en momentos puntuales como cumpleaños y celebraciones. Créeme, lo más importante a vuestra edad es el estudio. Te lo digo por la experiencia que te aportan los años: sin la suficiente madurez, menudear los encuentros produce hartazgo y decepción. Quisiera para mi hija y para ti lo mejor. Lo comprendes, ¿verdad? Pero... ¿cuál era el objeto de tu visita?
Derrotado y herido de muerte en mis aspiraciones, me dieron ganas de inventarme cualquier excusa y largarme. Solamente pensar que faltaban dos meses largos para mi cumpleaños, que sería la próxima celebración, me angustiaba. ¡Dos meses para poder disfrazarme de Humphrey Bogart! Demasiado tiempo para un corazón que ardía cuando sentía el de Cécile latiendo cerca del mío. Sin embargo, instintivamente pensé que “algo” es mejor que “nada” y tal vez con las clases de francés tendría la oportunidad de verla, aunque fuera sólo un instante.
―Bueno, he venido a ver si fuera posible que pudiéramos conversar en francés. Los idiomas, según mi padre, son fundamentales.
―Y tiene razón tu padre. Hoy en día los idiomas son imprescindibles para conocer mundo y para obtener puestos de responsabilidad. Además, el francés está considerado como el idioma culto por excelencia. Debo confesarte que ambos saldremos beneficiados, pues a mí también me vendrá muy bien practicarlo. Sin un repaso adecuado, las normas gramaticales acaban por olvidarse. ¿Cuántos días vas a venir y cuándo quieres empezar? ―me preguntó con aparente interés.
Sobre la marcha, improvisé que con dos días a la semana sería suficiente. Pensé que uno de ellos fuera el sábado, por si la suerte me acompañaba y al término de la clase pudiera salir con Cécile. 
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Fotografía de Juli Garrido Velasco
                                                                          



domingo, 17 de marzo de 2019



PASAJES DE "LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO JEREMÍAS" (55)
CAPÍTULO III
La casa del abuelo
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Jeremías no pudo contenerse y soltó una carcajada. Tinín se rió, sin saber por qué. Margarita, mi madre y tata Lola se enrojecieron sabiendo de qué, mientras yo me desternillaba de risa, con la mano tapándome la cara para que la risa no irritara a mi padre.
De esta manera acabó la primera comida en el pueblo: las mujeres llorando de pena, los chicos llorando de risa y mi padre muy serio y muy quieto en su silla, como si fuera un apóstol que se hubiera caído del cuadro de la Sagrada Cena que presidía el comedor.
Afortunadamente para mí, Jeremías, con el estómago más que lleno, olvidó mi proposición de enseñarme a pescar ranas y, en su lugar, me invitó a pasar la tarde en el lugar donde solía ir en ocasiones a pensar y a lamentarse de su escasa fortuna y de su condición de niño mal nacido. El paraje estaba situado a escasos quinientos metros de la iglesia, cerca de los lavaderos, pero lo suficientemente alejado del pueblo para que los ruidos del quehacer cotidiano no perturbaran la paz que se podía disfrutar en esa enorme pradera, surcada por un zigzagueante regato que discurría paralelo en aquel lugar, a las vías del ferrocarril Zamora-Salamanca, parte del recorrido Gijón-Sevilla, llamado con orgullo por los lugareños como «La Ruta de la Plata».
Allí nos tumbamos, permaneciendo un buen rato en silencio, dormitando. Jeremías se cambiaba de postura constantemente, en un intento de que su estómago girara como una hormigonera para digerir la copiosa comida, y yo miraba el cielo, salpicado de algodones cambiantes de forma, mientras el aire, moviéndome el flequillo, me traía de paso el inconfundible olor del agua fangosa, que discurría perezosamente muy cerca de nosotros, entre juncos, espadañas y carrizos.
―No entiendo cómo tu madre, en la bendición de la mesa ―dijo Jeremías, incorporándose ligeramente―, hablaba de comer mejores manjares en el Cielo; con que fueran parecidos a los que cominos al mediodía, ya me conformo.
―Es una forma de hablar ―respondí, acordándome de las clases de religión―; en el Cielo no se come, porque no tendremos cuerpo. Se goza únicamente de la presencia de Dios.
―¡Pues vaya gracia! El Cielo para mí ha perdido todo el interés. Por muy agradable que sea Dios, si le tienes que contemplar con el estómago vacío, va a ser lo mismo que cuando viene el cuenta chistes el día de la Fiesta.
―Anda macho, vaya comparación. De Dios no tienes ni idea. Lo único que piensas es en comer.
―Pues no comas y ya verás lo que te pasa. Además, la comida se ve, pero a Dios todavía no le he visto. ¿Lo has visto tú? ―dijo Jeremías dándome la espalda, a la vez que soltaba un sonoro pedo.
El inesperado trueno fue la forma más contundente de terminar nuestra conversación teológica, porque cuando el hedor, con aromas de legumbre, llegó a mis narices, me incorporé de un salto para alejarme del pestazo. Fue entonces cuando tomé conciencia de que, sin haber visto a Dios, podía asegurar la existencia del infierno.

Fotografía de Pedro de la Fuente.




jueves, 14 de marzo de 2019


GREEN  BOOK

Este es el título de la película merecedora del máximo galardón en la 91º Gala de los premios Óscar, recientemente celebrada. Tal honor parecía reservado, al decir de la crítica especializada, a la cinta "Roma", pero parece ser que a la Academia le ha parecido demasiado premio galardonar en dos años consecutivos al cine mexicano, máxime cuando la cinta se escuchaba en español, limitándose a conceder a la favorita los Óscar a la mejor fotografía, a la mejor película extranjera y a Alfonso Cuarón como mejor Director. ¡Cosas de Hollywood!

Pero, centrándonos en "Green Book", diré que recibir el Premio del público en el Festival de Toronto y tres Globos de Oro como mejor comedia, mejor reparto y mejor guión, pareció al jurado del más influyente Festival de Cine, suficientes avales para ser nominada y conseguir a la postre, la preciada estatuilla.

Basada en hechos reales, el estupendo guión confeccionado por Peter Farrelly, Brian Hayes Currie y Nick Vallelonga, ha visto la luz tras la muerte de los protagonistas reales de la cinta. La aportación de Nick Vallelonga, descendiente directo de uno de los protagonistas cuya vida se narra, ha sido fundamental, pues los escritos y correspondencia por él aportados han dado rigor a la historia que se plasma en la película.

Corre el año 1962 cuando el pianista de color Donald Shirley  (Mahersshala Ali) precisa de los servicios de un chofer que ejerza también la función de guardaespaldas a fin de realizar una gira por algunos estados sureños de EE.UU. por aquel entonces afectados por un exacerbado racismo. Es así como contrata a Tony Vallelonga (Viggo Mortensen), un ex portero y chico para todo del importante Club Copacabana, del que ha sido recientemente despedido. Comienza de esta manera, la aventura común de dos personalidades bien distintas. De una parte, un refinado y snob pianista, desubicado entre dos mundos, el del éxito pianístico y el del color de su piel que le segrega, y de otra parte, el de un esteriotipado italiano del Bronx, con toda clase de amigos y toda suerte de problemas, incluidos los que le aporta su ruidosa familia.

Salvando todas las distancias, ocurre un hecho similar al de Don Quijote y Sancho. Desde caracteres bien distintos, el roce y las conversaciones habidas entre ellos, hacen que ambos suavicen sus iniciales formas de ser. Ni uno es tan estirado como parece, ni el otro tan torpe como aparenta. No diré más acerca de los acontecimientos que se desarrollan a lo largo del metraje. Sí indicarles, que el título, "Gren Book" (Libro Verde) corresponde al de una guía editada por los años sesenta en EE.UU. que indicaba los alojamientos seguros para personas de color.

La interpretación de los dos protagonistas es espléndida, recibiendo Mahershala Ali, por este motivo, el Óscar al mejor actor de reparto. Premio muy merecido, así como el de la preciada estatuilla por el mejor guión original.

En definitiva, una historia que entretiene y eleva el ánimo por el esfuerzo que ambos protagonistas realizan en su afán de entenderse. Que nadie pretenda encontrar en su visionado, más allá de una historia bien contada e interpretada sin intentar hallar los hitos de las grandes superproducciones.









domingo, 10 de marzo de 2019


REFLEXIONES CAROLINGIAS (XXXIII)


Se levantaba muy temprano para ver amanecer. Eso le impedía conocer los atardeceres.

Puede ser una casualidad, pero con el inicio de la Cuaresma, se aprecia una aumento de "Procesionarias".

Estreñido de palabras, intentó curarse asistiendo a todos los mítines políticos. Aquello le produjo una verborrea incontenible.

Creía que con su voz de trueno convencería a las masas, pero su oponente, rápido como el relámpago, hizo llegar antes su mensaje.

Evitaba poner en sus escritos palabras como: Tubérculo, habitáculo, obstáculo...no fuera a ser que alguien pensara que no era una persona de estricta moral.

Supo que su mujer se había afiliado a una organización feminista cuando respondía a sus requerimientos con la h muda.

A sus ochenta años buscaba una relación estable. Unos amigos que le querían mucho, le regalaron un bastón.

Si oís el maullido de dos gatos y uno emite miau y otro miauuuuu ¿Sabríais decirme quién es el macho y quién la hembra?

El inconsecuente siempre pedirá sacarina para endulzar el café después de una gran comida.

Que alguien me explique, cuál es el consejo que dan los ministros tras celebrarse un "Consejo de Ministros".

Me han comentado, que para contrarrestar los efectos de la polución, se obligará a los vehículos a no sobrepasar los 30 Km/h y a los viandantes a caminar a la pata coja.

Era tan rico, que en vez de pecar de gula, pecaba de angula.


Fotografía de María Teresa Álvarez







jueves, 7 de marzo de 2019


MUJER ETERNA

Cada vez percibo más cercano el momento
en que en el desierto de la incomprensión,
resuene ¡por fin! tu voz, mujer del tiempo nuevo.
Será entonces, cuando las palomas elevarán el vuelo
estremecidas por el chasquido de cadenas rotas.
Crines al viento, se quebrarán los silencios
de la impenetrable noche, cuando al atravesarla,
descubrirás los espacios que rasga el impulso de tu caballo alado.

El agua cantarina no cesará de brotar de tu garganta
y el mar se estremecerá emergiendo de su fondo
la voz de los misterios ocultos.
Revestida de comprensión, cicatrizarás las heridas
que las mentes necias te infringieron por siglos
y de tu virginal conciencia nacerán luminarias
indicando la senda del trayecto correcto.

Porque tú, mujer, anunciarás al mundo que creaste, amor y amores,
libres como el viento y hermosos como el acanto,
sosegarás a las almas inquietas que precisen de ti,
y calmarás la confusión de los desorientados
cual bálsamo que cura todo dolor contenido.

Mujer, construye con tu discurso el tránsito nuevo;
codo con codo me tendrás a tu lado
salvando  barreras, eliminando distancias.
El tiempo de convertir en realidad la ilusión, ha llegado.

¡Galopa sobre tu corcel alado,  
hasta que la justa igualdad deje de ser utopía!

Fotografía de David Dunistkiy


domingo, 3 de marzo de 2019


LA DUDA DE ALBERTO

Siete años siendo el apoyo incondicional de Elvira, habían modelado el espíritu de Alberto hasta convertirlo en un hombre completamente diferente de aquel otro que había iniciado diez años atrás una relación que se prometía feliz y llena de proyectos.

La primera vez que Elvira detectó en uno de sus pechos un pequeño bulto, nada hacía presagiar que, primero el quirófano, más tarde la quimio y después las incontables estancias en el hospital, arruinaran los viajes, las excursiones y las gozosas veladas de los primeros años de su  matrimonio. 

En todo este tiempo,  la rabia mal disimulada y la frustración fueron socavado el alegre carácter de la pareja, hasta que el gesto grave y la expresión preocupada, daban pocas oportunidades al diálogo distendido y a la esperanza de jornadas sin sobresaltos.
En todo este calvario de preocupaciones, Alberto se mostró cercano y dispuesto a complacer cualquier requerimiento de Elvira, aun a riesgo de transformar sus gustos personales en beneficio de la persona amada.

El tiempo pasaba lento y la enfermedad progresaba hasta que un fatídico día se produjo el desenlace. Alberto sintió desmoronarse sobre él la inmensa torre de recuerdos y de momentos compartidos y una incipiente depresión le mantenía aislado del mundo, encerrado tras las paredes de su casa, con la mente empeñada en recordar los tristes momentos pasados.

Con ayuda de familiares y amigos fue venciendo la indolencia y como vía de escape se apuntó a una Asociación que realizaba excursiones domingueras a diferentes enclaves en los que poder admirar parte de nuestro vasto Patrimonio Cultural.

En las primeras salidas, Alberto permanecía distante del animado grupo de acompañantes y esta circunstancia pronto fue detectada por María José, una mujer encantadora que aparentaba una edad próxima a la suya y que se interesó por su voluntario aislamiento.

—Me llamo María José—le dijo. He observado que no viene acompañado y que no intercambia palabra con el grupo. Eso no es bueno. El poder comunicarse y opinar sobre lo que vemos, aumenta nuestro bagaje cultural y nos hace disfrutar más de estas salidas.

Alberto asintió, pero apenas intercambió unas cuentas palabras con la joven. Sin embargo, al reemprender la marcha, no tuvo más remedio que entablar una fluida conversación  con María José, que, estratégicamente, se había situado en el asiento contiguo.

A partir de entonces, ella le guardaba sitio a su lado en todas las excursiones y, como era de esperar, de los intranscendentes temas pasaron a otros de mayor calado, sintiendo ambos que un hilo de empatía cada vez más potente se establecía entre ellos. De las salidas en días festivos a citarse en días laborables solo mediaron semanas y de ahí a que entrelazaran sus manos e intercambiaran sus primeros besos, apenas unos días. La relación se iba afianzando y como los dos habían doblado la esquina de la cuarentena, se plantearon qué camino tomaría su relación. Enamorados como estaban, empezar una vida juntos parecía para María José la única alternativa posible, sin embargo para Alberto suponía una decisión de no fácil respuesta. Apenas había pasado un año desde su viudedad y la relación con sus ex suegros y ex cuñados permanecía tan afectiva e intacta como años atrás.

—Déjame que lo piense—comentó a María José— . Necesito meditarlo. Supone para mí un gran dilema la decisión que debo adoptar. Si te parece bien, esta semana no nos veremos; estaré sopesando los pros y los contras sobre la postura a tomar. Si el domingo voy a la excursión, es que deseo pasar el resto de mis días junto a ti. En caso contrario... Espero que en ambas situaciones comprendas mi postura.

—Te amo y lo comprenderé—respondió María José.

El domingo amaneció con una luminosidad y temperatura impropias de principios de marzo...

Fotografía de Santos Pintor Galán.



jueves, 28 de febrero de 2019


FÁBULA DEL HOMBRE BAJIT0

ació tan débil y de tan poca talla que, al bautizarle, sus padres decidieron otorgarle un nombre que tuviera, aun sin serlo, las características de un diminutivo, y fue a partir de ese momento cuando tuvo por patrono a San Benjamín. De niño, llamaba la atención por ser sumamente activo, escurridizo y gracioso, pero cuando ingresó en la Primaria, sufrió las chanzas de sus compañeros y la humillante realidad de ver cómo a la hora de escoger componentes para cualquier actividad o juego, sabía de antemano que formaría parte de la última pareja, en caso de que fueran pares o sería regalado como añadido al peor lote, en caso de nones.

Más dura resultó su adolescencia y juventud. A la hora de relacionarse con las chicas, notaba que, debido a su baja estatura, no se fijaban en él y con cualquier excusa rechazaban sus ofrecimientos de compañía, pues siempre preferían muchachos más altos, sin importarles las cualidades intelectuales de sus compañeros; cualidades en las que Benjamín creía superarles.

Durante algunos años, buscó el medio de aumentar su metro y medio, recurriendo a ejercicios apropiados de estiramientos, píldoras recetadas por más de un endocrino y a mil  y una recomendaciones que leía en revistas especializadas... pero todo resultaba inútil.

En su desesperación llegó incluso a acusar a sus padres de falta de interés por no ejercitarse en procurar alargar su estatura antes de engendrarle, pues daba como cierta la errónea teoría evolucionista de Jean-Baptiste Lamarck, según la cual, "la función crea el órgano".
Sumido en la desesperación, taciturno y obsesionado,  se pasaba el tiempo cardándose el pelo o buscando zapatos que tuvieran buen tacón y mejor plataforma. Todo con tal de elevarse unos centímetros del suelo.

La casualidad o el destino quiso que un día, conduciendo su vehículo, tuviera un accidente en el que una viga que sobresalía de un camión arrancó de cuajo el techo de su automóvil. Llevado al hospital, los médicos le curaron de heridas leves, a la vez que le comunicaron que de haber sido un poco más alto, junto con el techo hubiera volado también su cabeza. En ese momento se dio cuenta de que su baja estatura tenía una razón de ser, y desde aquel día, Benjamín supo encarar su existencia con actitud muy distinta, siendo a partir de entonces, un hombre jovial y alegre, enamorado de la vida. Así, no fue extraño que, al poco tiempo, su felicidad alcanzara la dicha completa al enamorarse de una bella mujer. Eso sí, un poco más alta que él.   

MORALEJA: Acéptate tal como eres. Dios te ha hecho a su medida.

Acuarela de Manuel Malillos Rodríguez

domingo, 24 de febrero de 2019


Crónicas de mi Periódico              24 de de febrero de 2019

ANTONIO MACHADO: RECUERDO E INSPIRACIÓN

Se han cumplido ochenta años de la muerte del inigualable Antonio Machado. Todas las publicaciones del país han recordado esta efemérides resaltando las múltiples bondades  de su honda poesía, cimentada, según muchos, en un halo solitario y romántico que le acompañó durante toda su existencia.

Reproducir en mi crónica anécdotas de su azarosa vida sentimental, su amor a España desde su perspectiva republicana o su exilio final con trágico desenlace, no tendría mucho sentido, toda vez que plumas más versadas que la mía han descrito con multitud de detalles su trayectoria humana y poética.

Sí deseo comentaros el impacto que su poesía ejerció y sigue ejerciendo en mí. Tendría menos de quince años cuando algunas de sus obras, como Campos de Castilla, La tierra de Alvargonzález  y más tarde, un voluminoso ejemplar de Poesías completas, ocupaban mi mesilla de noche y me ayudaban a sumergirme en el descanso nocturno, con la mente gozosamente iluminada con versos inspirados. También nutría mi imaginación con lo que se publicaba sobre su azarosa vida amorosa; primero, con la joven Leonor y posteriormente con doña Guiomar, nombre ficticio de Pilar de Valderrama, cuyo papel como amante, musa o ambas cosa, admite todo tipo de conjeturas.

 Idealizar, es una actividad bastante acentuada en la adolescencia y me conmovía pensar que otra Leonor pudiera aparecer en mi vida a la que pudiera enamorar con mi balbuciente poesía. Como veis, la utopía comenzaba a instalarse en mi pensamiento como enfermedad común que afecta a gran cantidad de poetas. Recuerdo, que en el examen de la extinta Reválida de sexto de bachillerato, tuve la fortuna de que fuera Antonio Machado el autor sobre el que tuviera que versar mi comentario. Ni que decir tiene que obtuve en Literatura la nota de sobresaliente y eso que terminé mi escrito apostillando que era una vergüenza que su cuerpo reposara, aún, en tierra francesa. Al enterarse mi profesor de que había concluido el escrito de esta manera, se echó las manos a la cabeza diciéndome: "Puede que te hayas cargado el examen". Afortunadamente no fue así, seguramente porque por las venas del corrector correría la misma sangre revolucionaria que impulsaba, entonces, mi joven corazón.

El poema "A un Olmo seco" me ha parecido siempre uno de los más bellos de la Lengua castellana. Me los sabía de menoría y cuando tuve la ocasión de publicar "Cécile. Amoríos y melancolías de un joven poeta", no dudé en que Álvaro, mi álter ego, escribiera el poema que a continuación os reproduzco, fiel copia estructural del poema machadiano, y que expresa mi  homenaje y  mi modesta aportación a rememorar las virtudes poéticas de tan singular autor.

Al río Pisuerga

Aguas dulces del río verde y plata;
el resplandor dorado
realza la belleza que arrebata,
al humillarse el sol, enamorado.
Deja que admire, corazón en vilo,
el porte con que bañas las orillas,
reflejando al deslizar tranquilo,
árboles de hojas verdes y amarillas.
Discurres sin saciar el ansia toda,
de huertos, pedregales y sequeros,
que pidieron tu mano y no hubo boda.
Faltos de ti, pastores y labriegos,
lamentan tanto líquido perdido
rumbo al mar, sin haberlo retenido.
Otra vez, mi Castilla, siempre seca,
será todo un clamor de voz reseca;
otra vez, quedarán los campos yertos,
esperando la lluvia que no llega,
mudando los sembrados en desiertos;
llorará el labrador la dura brega
¡tanto dolor sin fruto!
hasta hacer del trigal, campo de luto;
otra vez ante los ojos, curioso,
del puente que te ve pasar callado,
suspiraré celoso
de los muros que gozan lisonjeros
por siempre contemplando tu belleza.
Pisuerga: viajeros,
quieren volar mis versos con certeza,
para ser de mi voz, los mensajeros.

Retrato de Antonio Machado por Joaquín Sorolla.