PASAJES DE “LAS LAMENTACIONES DE MI PRIMO
JEREMÍAS” (113)
CAPÍTULO VII
Se acerca la Fiesta
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Mientras colocaba el
hule y los vasos, nos indicó cariñosamente:
―Bebed, hijos, antes de
que os quedéis como la mojama; y tú, Caparras, resérvate, que luego me has de
dar opinión del cordero que he preparado para mañana y así, de paso, ya te vas
cenado. Por cierto, si ves pasar a Nieves, pregúntala por su madre, doña
Gloria, que con eso de irse a vivir a Madrid va para dos años que no la veo.
―Descuida María, que si
me la tropiezo, ya te daré noticias.
Cuando María abandonó la habitación, el viejo
nos comentó en voz baja:
―En la capital de
España, dicen los chulapos que: «de Madrid, al Cielo» y así le pasó a la madre
de Nieves. Al poco de llevarla a vivir con ella a Madrid, se conoce que al
estar entre cuatro paredes, o al no respirar el aire de la pinada, o por lo que
fuera, el caso es que dicen que murió de pena. De manera que doña Gloria creo
yo que estará ahora gozando en el sitio que lleva su nombre, y que allí nos
espere muchos años ―concluyó.
―¿Por qué no se lo has
dicho a la Perdiz? ―preguntó Jeremías.
―Mira hijo, cuando se
pasa de los ochenta, los amigos que quedan vivos son amarras de esperanza que
te sujetan a esta vida. Dejemos que María siga creyendo que le viven todas sus
amigas.
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