¡TE RECUERDO TANTO!
Llueve como no lo había hecho nunca,
llueve sobre el mojado asfalto,
sobre mis huesos descoyuntados, llueve.
Hay un triste canto
en cada gota que perfora la atmósfera,
aun antes de su sigiloso contacto
con el muro infranqueable.
Un día más, pienso en ti,
quizás para sentirme vivo,
para que el doloroso recuerdo
reavive el latido oculto de mi pecho.
Me entretengo dibujando círculos,
rectas y curvas,
trazos sin sentido que no dicen nada,
salvo a mí.
Apoyada en mis rodillas
dibujabas flores y caras imperfectas;
canturreabas mientras lo hacías,
mientras te acariciaba la espalda
esperando que tu cara se volviera hacía mí
esperando la aprobación al garabato
con el que entretenías tu tiempo y el mío
cuando la tarde se despeñaba
en cataratas al otro lado del cristal.
Recuerdo que la lluvia, entonces,
no tenía la apariencia de lágrimas
desafiantes y frías, casi tétricas
como las que diviso despareciendo
a chorros por la alcantarilla.
La lluvia tiene hoy aires funestos
que humillan el alma
del que te ha querido tanto.
El recuerdo agridulce me mantiene vivo,
dolorosamente vivo.
en eterna desesperación.

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