jueves, 8 de enero de 2026

LA VIDA DE MAGÍN PUERRO

-XXVIII-

 

 

 

 

Cada día que pasaba,

nuestro niño hacía peso,

se notaba y, en eso,

tenía que ver la madre

con su leche. Como padre

solo miraba, confieso.

 

Al mes de nacer Rufino,

media arroba ya pesaba

y con ojazos miraba

aquello que sucedía

en su entorno, se diría

que lo escuchado pensaba.

 

Queriendo darle las aguas

bautismales al pequeño,

a don Cosme muy risueño

encontramos en su casa;

quizás pensara en la tasa

de las parroquias ensueño.    

 

“Pasad, pasad, hijos míos.

—dijo, al abrir la puerta,—

Como vengo de la huerta

de plantar a la solana

me veis así, la sotana

me la guardó la Roberta.

 

Dios nos quiere como Padre

y habló por los Profetas

que estaban a Él sujetas

todas las cosas que hizo.

Por cierto, lo del bautizo,

son veinticinco pesetas.”


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