LA LLAMADA
Te llamé por tu nombre,
y enmudeció el silencio.
Te invoqué en mi interior,
cerré los ojos, respiré profundo
salmodiando un rosario
de plegarias, y apareciste sonriéndome
como la primera vez en que vi,
tus ojos centelleando
en la oscuridad de mi noche.
Luché por retener tu sonrisa
atrapada en el tiempo,
pero se desvaneció como sombra
herida por la luz.
¡Feliz recuerdo que me traslada al
pasado!
¡Milagrosa decisión de no dejar escapar
la contemplación del rostro
que alegró y alegra mi vida!


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