LA VIDA DE MAGÍN PUERRO
-XXVIII-
Cada día que pasaba,
nuestro
niño hacía peso,
se
notaba y, en eso,
tenía
que ver la madre
con
su leche. Como padre
solo
miraba, confieso.
Al
mes de nacer Rufino,
media
arroba ya pesaba
y
con ojazos miraba
aquello
que sucedía
en
su entorno, se diría
que
lo escuchado pensaba.
Queriendo
darle las aguas
bautismales
al pequeño,
a
don Cosme muy risueño
encontramos
en su casa;
quizás
pensara en la tasa
de
las parroquias ensueño.
“Pasad,
pasad, hijos míos.
—dijo,
al abrir la puerta,—
Como
vengo de la huerta
de
plantar a la solana
me
veis así, la sotana
me
la guardó la Roberta.
Dios
nos quiere como Padre
y
habló por los Profetas
que
estaban a Él sujetas
todas
las cosas que hizo.
Por
cierto, lo del bautizo,
son
veinticinco pesetas.”

Me superencanta !!!
ResponderEliminarMuchas gracias, amable seguidor de mis publicaciones. Te deseo un feliz día.
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