Crónicas de mi Periódico 31 de de marzo de 2019

La duda que me
corroe es cómo pedir perdón a los que ya pasaron a mejor vida, y en mayor grado
de corrosión me encuentro si el mal fue hecho por alguno de mis ascendientes
directos de los que aún conservo algo de su sangre. Si se tratara de un fraude
contra la Administración, es bien sabido que Hacienda me reclamaría hasta el
último céntimo de la deuda en caso de que fuera el heredero, así hubieran
pasado mil años.
Para pedir
perdón por las malas acciones cometidas por quienes eran mis ascendientes en
este mundo, lo primordial es buscar información y saber, exactamente, quiénes
fueron. Un tío mío (q.e.p.d) se aventuró a buscar los antepasados que llevaron
su apellido que es el mío: Malillos, recorriéndose juzgados e iglesias de buena
parte de las provincias de Zamora y León en donde, al parecer, se asentaron
nuestros ancestros comunes. El estudio fue completísimo y se complicaba en múltiples
ramas a medida que retrocedía en el tiempo. Su investigación se interrumpió,
¡oh desilusión!, cuando a principios del XIX, las huestes napoleónicas
quemaron, además de más de un lugareño, los archivos de cuantas iglesias
encontraban a su paso y con ellos las Actas bautismales. Sus buenas
intenciones quedaron frustradas y aún estoy esperando que algún gobernante
francés haya reparado el mal causado o, al menos, haya pedido perdón a la
familia Malillos por este hecho. Si mi tío hubiera podido continuar su estudio,
sabe Dios cuántos árabes, visigodos, romanos, iberos, celtas, etc. me hubiera
visto en la necesidad de solicitar su perdón y cuántos tendrían con mi sangre y
mi apellido deudas pendientes.
Hacernos
responsables de lo que hicieron o dejaron de hacer (que también se peca por
omisión) los que nos precedieron, es una auténtica estupidez. Entre otras
cosas, porque al ser momentos históricos diferentes, lo que hoy sería delito o
una violación de los Derechos Humanos, no tenía la misma consideración tiempo
atrás. Piénsese que en los tiempos de la conquista de América, los indígenas,
no tenían la consideración de personas, es decir, se pensaba que no poseían
alma y gracias a Misioneros como fray Bartolomé de las Casas o fray Junípero
Serra. se les reconoció por la Corona de España la condición de tales.
A mí me hubiera gustado que el muy ilustre Presidente de la República de México, Andrés Manuel López Obrador, junto a la solicitud de petición de perdón exigida al actual Rey de España y al actual Pontífice, por los males causados a sus antepasados, añadiera una lista de todas las gracias antaño recibidas.
Es cierto que la
conquista, no se realizó repartiendo besos pero gracias a los conquistadores y
a sus mandatarios, se establecieron Leyes, se crearon Universidades y se evitó
el canibalismo y masacres entre los propios indígenas. Tres órdenes religiosas
: dominicos, franciscanos y jesuitas (el Papa Francisco es jesuita) fueron los
difusores de la fe cristiana y los mejores defensores de los siempre maltratados
indígenas.
Bien haría el
Señor Presidente en no andarse por las ramas y en ocuparse de los indígenas y
del lamentable estado en que se encuentran en la actualidad y dejar de reclamar
hechos ocurridos hace quinientos años. Como mucho, podría protestar que la
civilización no le alcanzó a él, visto que todavía nadie le bajó del árbol.